Lista de Poemas
La liebre tiembla de temor perpetuamente. Basta para asustarla y hacerla huir el ruido de las hojas que caen de los árboles en otoño.
Se ha escrito que el castor, cuando los cazadores lo persiguen a causa de la virtud medicinal de sus testículos, sabiéndolo, se detiene, si no puede huir, los corta con sus afilados dientes, y los abandona a sus enemigos.
Cuando quiere renovar su piel se despoja de ella, empezando por la cabeza. La operación dura un día y una noche.
Tiene crines sobre el cuello, como el caballo; pero es semejante al toro en el resto del cuerpo, salvo en sus vasos, doblados hacia adentro, le impiden dar coces; y por eso no tiene otro medio de salvación que la fuga, durante la cual va arrojando estiércol en un trayecto de cuatrocientas brazas. Ese estiércol quema cuanto toca, como fuego.
La naturaleza ha concedido a los animales no sólo el conocimiento de sus ventajas, sino, además, el de las desventajas de sus enemigos. El delfín tiene conciencia de lo que vale el filo de las aletas que lleva sobre el lomo. Sabe también cuán fácilmente penetrable es la panza del cocodrilo. Así, cuando combate con él, se le acerca por debajo y lo mata abriéndole el vientre. El cocodrilo es temible para el que huye de él, pero en extremo cobarde con el que lo persigue.
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