Lista de Poemas
El gran elefante posee por naturaleza lo que rara vez se encuentra en los hombres: probidad, prudencia, equidad y observancia religiosa. Al renovarse la Luna, va a purificarse en los ríos, lavándose solemnemente y, después de saludar el planeta, vuelve a las selvas. Cuando se enferma, se echa con el lomo sobre e suelo y arroja hierbas hacia el cielo como si quisiera hacer un sacrificio.
De sus dos dientes, emplea uno para excavar las raíces de que se alimenta; el otro, que conserva puntiagudo, le sirve para combatir. Cuando es vencido por los cazadores y el cansancio le abate, rompe sus dientes, se los arranca, y con ellos se rescata.
Los bactrianos tienen dos jorobas; los árabes una. Son veloces en los combates y utilísimos como bestias de carga. Es observador muy exacto de reglas y medidas. No se mueve, sí lo cargan más de lo acostumbrado; y también si se le quiere obligar a hacer un viaje demasiado largo, bruscamente se detiene, forzando a los viajeros a acampar allí mismo.
Tiene la forma de una leona, pero es más alta de patas y más delgada y larga. Es toda blanca, punteada de manchas negras y redondas. Todos los animales se deleitan en mirarla. Estarían de buena gana a su alrededor, si no fuera por lo terrible de su aspecto. Ella, que lo sabe, esconde la cara, deja que los animales la rodeen, creyendo poder gozar seguros de tanta belleza; se arroja entonces sobre el que está más cerca y lo devora.
Cuéntase del oso que va a las colmenas a robar la miel a las abejas y que, picado por éstas, deja la miel y busca el modo de vengarse. Queriendo vengarse de todas, no logra vengarse de ninguna. Lleno de rabia se arroja al suelo y, sacudiendo pies y manos, trata, pero en vano, de defenderse de sus atacantes.
Los leones, leopardos, panteras y tigres encierran las uñas en su estuche, y no las desenvainan sino para lanzarse sobre la presa o sobre el enemigo.
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