La naturaleza ha concedido a los animales no sólo el conocimiento de sus ventajas, sino, además, el de las desventajas de sus enemigos. El delfín tiene conciencia de lo que vale el filo de las aletas que lleva sobre el lomo. Sabe también cuán fácilmente penetrable es la panza del cocodrilo. Así, cuando combate con él, se le acerca por debajo y lo mata abriéndole el vientre. El cocodrilo es temible para el que huye de él, pero en extremo cobarde con el que lo persigue.