Tiene crines sobre el cuello, como el caballo; pero es semejante al toro en el resto del cuerpo, salvo en sus vasos, doblados hacia adentro, le impiden dar coces; y por eso no tiene otro medio de salvación que la fuga, durante la cual va arrojando estiércol en un trayecto de cuatrocientas brazas. Ese estiércol quema cuanto toca, como fuego.