Lista de Poemas
Cuentan que el día del natalicio del rey Matías, cierto poeta le ofreció una obra suya que celebraba la fecha memorable en que, para bien del mundo, había nacido el ilustre monarca; y agrega la tradición que un retrato de su amada le fue presentado en el mismo acto por un artista que lo había pintado con tal fin. El rey, apenas tuvo en sus manos la pintura, sin hacer más caso del libro, fijó en ella sus ojos con gran admiración.
«¿No sabes tú que nuestra alma se compone de armonía, y que ésta exige contemporaneidad de las partes, en la cual los objetos se hagan ver u oír en justas proporciones? ¿No ves que en tu ciencia, esa contemporaneidad no existe, sino que antes bien una parte nace de la otra sucesivamente, y no nace la subsiguiente si la antecedente no muere?».
No hay parte alguna de la astrología que no dependa de los rayos visuales y de la perspectiva, hija de la pintura —porque es el pintor quien engendró la perspectiva por necesidad de su arte—. Esa perspectiva enseña a trazar las líneas que limitan las figuras todas de los diversos cuerpos creados por la naturaleza. Sin ella la ciencia del geómetra no existiría.
Si el geómetra reduce toda superficie circundada por líneas a la figura del cuadrado, y todo cuerpo a la figura del cubo, y la aritmética hace lo mismo con sus raíces cúbicas y cuadradas, estas ciencias no van más allá de la noción de cantidad continua y discontinua; pero de la cualidad no se preocupan, la cual es belleza de las obras de la naturaleza y ornamento del mundo.
Tal ocurre con las bellezas de cualesquiera creaciones del poeta, de las cuales, por ser sus partes recitadas separadamente, en tiempos separados, la memoria no puede percibir ninguna armonía.
La pintura se muestra directamente, con la manifestación para la cual su autor la generó, y da al sentido máximo todo el placer que puede dar cosa creada por la naturaleza. En este caso, el poeta, que envía las mismas cosas al común sentido por el camino del oído, sentido inferior, no da otro placer que el experimentado escuchando el relato de una cosa.
Pero el sordo, privado del sentido menos noble, aunque haya perdido juntamente el lenguaje, porque nunca oyó hablar, y no haya podido aprender ninguna lengua, podría, sin embargo, percibir cualquier detalle del cuerpo humano mejor que uno capaz de hablar y oír; y comprenderá también las obras del pintor y todo lo que en ellas se represente con figuras apropiadas.
La pintura es una poesía muda y la poesía una pintura ciega, y una y otra van imitando la naturaleza en cuanto les sea posible, y por una y otra pueden mostrarse muchos hábitos morales, como hizo Apeles con su Calumnia.
La pintura es una poesía que se ve sin oírla; y la poesía es una pintura que se oye y no se ve; son, pues, estas dos poesías o, si lo prefieres, dos pinturas, que utilizan dos sentidos diferentes para llegar a nuestra inteligencia. Porque si una y otra son pintura, pasarán al común sentido a través del sentido más noble que es el ojo; y si una y otra son poesía, habrán de pasar por el sentido menos noble, es decir, el oído.
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Y sí tú dices: «La pintura es de por sí una poesía muda si no hay alguien que nos explique lo que ella representa», ¿no ves que tu libro está en peores condiciones? Porque, suponiendo que alguien hable por él, todavía te será imposible ver las cosas de que habla, como se verán las cosas que una pintura representa, si en la misma las escenas y los hechos son tan bien ordenados mentalmente que entendemos la pintura como si nos hablara.
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