Pero el sordo, privado del sentido menos noble, aunque haya perdido juntamente el lenguaje, porque nunca oyó hablar, y no haya podido aprender ninguna lengua, podría, sin embargo, percibir cualquier detalle del cuerpo humano mejor que uno capaz de hablar y oír; y comprenderá también las obras del pintor y todo lo que en ellas se represente con figuras apropiadas.
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