Lista de Poemas
La pintura sobrepasa en excelencia y señorío a la música, porque no muere luego de haber dado a luz sus creaciones, como le ocurre a la desventurada música; la pintura, al contrario, prolonga su existencia mostrándonos sobre una simple superficie toda su vitalidad.
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No debemos llamar la música con otro nombre que el de hermana de la pintura, ya que está subordinada al oído, sentido que viene después del de la visión. Ella compone la armonía, mediante la conjunción de sus partes proporcionales en un mismo tiempo, está obligada a nacer en uno o en varios espacios armónicos; esos espacios circundan la proporcionalidad de los miembros que componen, a la manera como lo hace el contorno de los miembros que constituyen la belleza humana.
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Ésta es la ventana del humano cuerpo; a través de ella, el alma contempla y goza la belleza del mundo, gracias a ella, soporta su humana cárcel, que, sin ella, sería su tortura; por ella, la industria humana ha descubierto el fuego, mediante el cual el ojo reconquista lo que las tinieblas le robaban; ha ornado, en fin, la naturaleza con la agricultura y con jardines deleitables.
¿Pero a qué extenderme en tan alto y largo discurso? ¿Qué cosa existe que no se haga con su mediación? Él mueve a los hombres del Oriente al Occidente, ha inventado la navegación, y supera a la naturaleza en esto: que las variedades de los minerales, vegetales y animales son finitas, mientras que las obras que el ojo encomienda a las manos, son infinitas, como lo demuestra el pintor en las ficciones de innumerables formas de animales y hierbas, plantas y sitios.
El que pierde la vista, pierde, en efecto, la percepción de la belleza del universo y queda como encerrado en un sepulcro, aunque vivo y capaz de movimiento.
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Para concluir, la poesía ocupa el grado más alto de comprensión para los ciegos; y la pintura, para los sordos. Diremos, pues, que la pintura es superior a la poesía por cuanto apela a un sentido mejor y más noble; y esta nobleza ya hemos probado que es tres veces mayor que la de cada uno de los tres sentidos del oído, del olfato y del tacto, mostrando que, de tener que elegir, preferiríamos perder juntamente el oído, el olfato y el tacto, antes que la vista.
Alabemos, pues, al que satisface al oído con palabras; y al que con sus pinturas satisface al gusto de los ojos; pero menos al primero que al segundo, porque las palabras son creaciones accidentales del hombre y no obras de la naturaleza, como las que el pintor imita, y que se le presentan en forma de figuras definidas por las superficies que las determinan.
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