«¿No sabes tú que nuestra alma se compone de armonía, y que ésta exige contemporaneidad de las partes, en la cual los objetos se hagan ver u oír en justas proporciones? ¿No ves que en tu ciencia, esa contemporaneidad no existe, sino que antes bien una parte nace de la otra sucesivamente, y no nace la subsiguiente si la antecedente no muere?».