Cuentan que el día del natalicio del rey Matías, cierto poeta le ofreció una obra suya que celebraba la fecha memorable en que, para bien del mundo, había nacido el ilustre monarca; y agrega la tradición que un retrato de su amada le fue presentado en el mismo acto por un artista que lo había pintado con tal fin. El rey, apenas tuvo en sus manos la pintura, sin hacer más caso del libro, fijó en ella sus ojos con gran admiración.