Lista de Poemas

Y resoplando y llenando de estampidos y centellas el hogar, las llamas agrandadas se elevaban unidas hacia el aire… Cuando las llamas más altas fueron a pegar contra el fondo de la marmita colocada sobre ellas…
Cuando se vio ya muy crecido y grande sobre los leños del hogar, empezó a hincharse, transformando su ánimo tranquilo y manso en soberbia inaguantable, como jactándose de atraer todo el elemento del fuego sobre aquellos pocos leños.
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El fuego, contento de encontrar leños en el hogar, se acercó a ellos y dio en divertirse, tejiéndoles un velo de pequeñas llamas por entre los huecos que dejaban. Y así, gozoso y festivo, aparecía aquí y allá, siguiendo su camino por las alegres ventanas que él mismo se abría.
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Habiendo así convertido los intersticios por donde introducía su aliento en alegres ventanas para su uso, iluminaba, con el brillo de las rutilantes chispas que iluminaba, con el brillo de las rutilantes chispas que despedía el espacio de la cerrada cocina, disipando la oscuridad que la entenebrecía. Las llamas, desbordando al fin, se mezclaban con el aire circundante y mostraban su regocijo cantando con dulces murmullos de suaves sonidos…
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Un resto de fuego que en un pequeño trozo de carbón había quedado entre las tibias cenizas, se nutría escasa y pobremente del poco alimento que conservaba todavía. Sobrevino entonces la criada de cocina, para preparar la comida ordinaria; colocó algunos leños sobre el hogar, reavivando en él con una pajuela el ya casi extinguido fuego; agregó sobre la llama otros leños, puso la marmita sobre ellos, y sin ninguna preocupación más se alejó tranquila.

La llama y la marmita

Y ocurrió entonces que el fuego, invadiendo los secos leños puestos sobre él, comenzó a elevarse, desalojando el aire de los intervalos que los separaban y deslizándose por éstos con alegres y juguetones movimientos.

La envidia ofende con ficciones de infamia, es decir con palabras calumniosas que atemorizan la virtud.

La envidia

Apenas nace la virtud, cuando ya genera contra sí la Envidia, pues antes verás un cuerpo sin sombra que la virtud sin la Envidia.

Le representarás hiriéndose con un cuchillo, y mostrando haberse desgarrado las ropas con las manos. Sus pies estarán separados, sus piernas un poco dobladas, toda su persona inclinada a tierra y arrancándose y dispersando sus cabellos.

El desesperado

A la figura airada, la harás cogiendo a un hombre por los cabellos, obligándolo a volver la cabeza hacia el suelo y apoyándole una rodilla al costado. Elevará un puño en alto, tendrá los cabellos echados para arriba, las cejas bajas y fruncidas, los dientes apretados y las proximidades de cada extremo de la boca arqueados. El cuello será grueso y lleno de arrugas por delante, debidas a la postura inclinada sobre el enemigo.

El colérico

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