Lista de Poemas

Viendo el castaño a un hombre que, trepado sobre una higuera, doblaba sus ramas hacia sí y de ellas arrancaba los maduros frutos que iba metiendo en la abierta boca para romperlos y dilacerarlos con los duros dientes, empezó a sacudir sus largas ramas y a decir:

El castaño y la higuera

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La viña envejecida sobre el viejo árbol, arrastrada por su triste compañero, compartió su ruina.

Las malas compañías

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Cayó, pues, del cielo y fue bebida por la seca tierra, en la cual por mucho tiempo encarcelada hizo penitencia de su pecado.
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Encontrándose el agua en el soberbio mar, que es su elemento, le vino el deseo de subir sobre el aire, y ayudada por el fuego elemental, elevándose en sutil vapor, parecía casi tan ligera como el aire mismo. Subiendo en alto, llegó adonde la atmósfera es menos densa y más fría, y allí fue abandonada del fuego; y las pequeñas partículas condensándose y uniéndose, se hicieron pesadas. Su descenso, convirtió la soberbia en fuga.

El agua

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Así acontece a los que, alejándose de la vida solitaria y contemplativa, vienen a vivir en las ciudades y entre gentes llenas de infinitos vicios.
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Una piedra de buen tamaño, cubierta por el agua hasta hacía poco, se mostraba sobre un lugar elevado, en el límite de un bosquecillo deleitoso y junto a un áspero camino. Rodeábanla hierbas y diversas flores de bellos colores, pero al ver las muchas piedras que debajo de ella estaban desparramadas en el camino, entrole el deseo de dejarse caer sobre ellas, diciéndose a sí misma: «¿Qué hago yo aquí con estas hierbas? Es en compañía de estas hermanas mías donde deseo instalarme».

La piedra

El torrente arrastró tanta tierra y tantas piedras en su lecho que tuvo que cambiar su curso.

La agitación

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Viéndose el papel todo manchado de la negrura de la tinta, se lo reprocha; pero ella le demuestra que las palabras escritas sobre él serán motivo de su perduración.

El papel y la tinta

Colgada en la cumbre de un peñasco situado sobre la altura extrema de una altísima montaña, se hallaba un puñado de nieve que, recogiéndose en sí misma, empezó a trabajar con su imaginación y a decirse para sus adentros:

Quien se humilla será exaltado

Saliéndose un día la hoja de afeitar de su mango, que le sirve también de estuche, y habiéndose expuesto al sol, lo vio reflejado en su cuerpo, de lo que se envaneció grandemente y volviendo atrás su pensamiento, exclamó:

La navaja de afeitar

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