Un resto de fuego que en un pequeño trozo de carbón había quedado entre las tibias cenizas, se nutría escasa y pobremente del poco alimento que conservaba todavía. Sobrevino entonces la criada de cocina, para preparar la comida ordinaria; colocó algunos leños sobre el hogar, reavivando en él con una pajuela el ya casi extinguido fuego; agregó sobre la llama otros leños, puso la marmita sobre ellos, y sin ninguna preocupación más se alejó tranquila.

La llama y la marmita

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