Lista de Poemas
Pienso muchas veces que deberíamos aplicarle al joven la ley nueva y al viejo la vieja ley. Cuando los viejos oficiales de la dinastía manchú cometen un crimen, deberíamos azotarles la espalda.
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China es como una habitación de muros invisibles contra los cuales podemos golpearnos la cabeza. El vencedor es el hombre que está dispuesto a luchar contra sus muros y a golpearse la cabeza sin preocuparse por el dolor.
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Los chinos tienen sólo denominaciones para las razas extranjeras: una es raza extranjera, la otra es vuestra majestad.
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No te sientas obligado a saludar a tu fogoso adversario, pues actuando así hieres tu corazón. No manifiestes respeto para con tu adversario halagándolo, pues el espíritu de venganza se infiltrará en ti. Muéstrate siempre atento y activo con todos, y si ganas un pelo, transfórmalo en viga. Ya no tendrás enemigos porque creerán que eres un poderoso y ganarás muchos amigos que temerán perderte debido a tu poder.
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La sustancia del hombre es la misma que la del Cielo y la Tierra. Su corazón es el corazón del Cielo y la Tierra. Teniendo en cuenta su norma y su materia, el ser humano forma un todo con el Cielo y la Tierra. El Cielo, la Tierra y todos los seres forman una sola cosa conmigo. En efecto, participo de las mismas cosas. El Cielo es mi padre, la Tierra es mi madre, los hombres son por lo tanto mis hermanos, todos los seres vivos se han unido, todo el universo forma conmigo un ser único.
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Hay algo que vive y algo que da la vida: hay algo que tiene una forma y algo que se la proporciona. Aquello para lo cual la forma es forma es la realidad; lo que proporciona la forma es una cosa que jamás se ha manifestado; aquello para lo cual el sonido es sonido es el oído; lo que hace sonido al sonido jamás se ha manifestado; aquello para lo cual el color es color es la vida; lo que hace color al color jamás se ha manifestado.
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«No apruebo tu resolución. Sólo te sugeriré una cosa. Cava fosos más profundos, aumenta la altura de las murallas, defiende la ciudad con tus hombres, disponte a afrontar la muerte y haz que el pueblo no te abandone. En eso consiste el mejor vasallaje».
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El príncipe Wen de Ten preguntó una vez a un sabio: «Mi Estado es pequeño, y puesto que se extiende entre los Estados de Ts’i y Chu, ¿de cuál de los dos debo declararme vasallo?». El sabio respondió:
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Un día, un ladrón desvalijó una casa. El dueño recogió los pocos objetos que le habían quedado, persiguió al ladrón e intentó entrar en su casa. Al ladrón, estupefacto, dio esta explicación: «¿No hemos intercambiado nuestras casas?».
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Un día, un hombre llamó a la puerta y dijo al dueño de la casa que apareció detrás de la ventana: «¡Baja, debo comunicarte algo muy importante!». El dueño de la casa bajó y el otro le pidió limosna. Entonces hizo subir al pobre, pero lo despidió enseguida, sin darle nada. El mendigo, decepcionado e irritado, le preguntó por qué razón le había hecho subir. El dueño de la casa le respondió: «¿Y tú, por qué me has hecho bajar?».
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