Un día, un hombre llamó a la puerta y dijo al dueño de la casa que apareció detrás de la ventana: «¡Baja, debo comunicarte algo muy importante!». El dueño de la casa bajó y el otro le pidió limosna. Entonces hizo subir al pobre, pero lo despidió enseguida, sin darle nada. El mendigo, decepcionado e irritado, le preguntó por qué razón le había hecho subir. El dueño de la casa le respondió: «¿Y tú, por qué me has hecho bajar?».