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Rubén Darío

Rubén Darío

Lodo vil que se hace

Lodo vil que se hace nube,
es preferible, por todo,
a nube que se hace lodo:
ésta cae y aquélla sube.
272
Rubén Darío

Rubén Darío

¡Qué bonitos los versitos!...

¡Qué bonitos
los versitos!...
—me decía
don Julián—.
Y aquella frase tenía
del diente del can hidrófobo,
del garfio del alacrán.
285
Rubén Darío

Rubén Darío

Pues si el torno de

Pues si el torno de la Inclusa
es un buzón verdadero,
¿adónde llevan los ángeles
las cartas para el infierno?
319
Rubén Darío

Rubén Darío

¿Quién es candil de la

¿Quién es candil de la calle
y oscuridad de su casa?
—Quien halla en aquélla flores
y en ésta abrojos y lágrimas.
235
Rubén Darío

Rubén Darío

Advierte si fue profundo

¡Advierte si fue profundo
un amor tan desgraciado,
que tuve odio a un hombre honrado
y celos de un moribundo!
300
Rubén Darío

Rubén Darío

Mira, no me digas más:

Mira, no me digas más:
¡que otra palabra como ésa
tal vez me pueda matar!
261
Rubén Darío

Rubén Darío

¡Qué cosa tan singular!

¡Qué cosa tan singular!
¡Ese joven literato
aún se sabe persignar!
256
Rubén Darío

Rubén Darío

A aquel pobre muchacho

¡A aquel pobre muchacho
le critica una copa y un albur,
ese viejo borracho
que tiene cincuenta años de tahúr!...
228
Rubén Darío

Rubén Darío

¿Dar posada al peregrino?

¿Dar posada al peregrino?
A uno di posada ayer;
y hoy, prosigió su camino,
llevándose a mi mujer.
321
Rubén Darío

Rubén Darío

De lo que en tu

De lo que en tu vida entera
nunca debes hacer caso:
La fisga de un envidioso,
el insulto de un borracho,
el bofetón de un cualquiera
y la patada de un asno.
332
Rubén Darío

Rubén Darío

He aquí el coro que

He aquí el coro que entonan
los vagos y los mendigos:
—¡Guerra a muerte a los banqueros
que repletan sus bolsillos!
Regla general: —Los pobres
son los que odian a los ricos.
291
Rubén Darío

Rubén Darío

La estéril gran señora desespera

La estéril gran señora desespera
y odia su gentil talle
cuando pasa la pobre cocinera
con seis hijos y medio por la calle.
265
Rubén Darío

Rubén Darío

¡Oh mi adorada niña!

¡Oh mi adorada niña!
Te diré la verdad:
tus ojos me parecen
brasas tras un cristal;
tus rizos, negro luto,
y tu boca sin par,
la ensangrentada huella
del filo de un puñal.
436
Rubén Darío

Rubén Darío

A un tal que asesinó

A un tal que asesinó a diez
y era la imagen del vicio,
muerto, el Soberano Juez
le salvó del sacrificio
sólo porque amó una vez.
220
Rubén Darío

Rubén Darío

Pues tu cólera estalla,

Pues tu cólera estalla,
justo es que ordenes hoy, ¡oh Padre Eterno!
una edición de lujo del infierno
digna del guante y frac de la canalla.
228
Rubén Darío

Rubén Darío

Al oír sus razones

Al oír sus razones
fueron para aquel necio
mis palabras, sangrientos bofetones;
mis ojos, puñaladas de desprecio.
226
Rubén Darío

Rubén Darío

¿Cómo decía usted, amigo mío?

¿Cómo decía usted, amigo mío?
¿Que el amor es un río? No es extraño.
Es ciertamente un río
que uniéndose al confluente del desvío,
va a perderse en el mar del desengaño.
310
Rubén Darío

Rubén Darío

Día de dolor, aquel

¡Día de dolor,
aquel en que vuela para siempre el ángel
del primer amor!
254
Rubén Darío

Rubén Darío

¡Y gloria! ¡Gloria a los

¡Y gloria! ¡Gloria a los patricios,
bordeadores de precipicios
y escaladores de montañas
como el abuelo secular,
que, fatigado de triunfar
y cansado de padecer,
se fue a morir de cara al mar,
lejos, allá en Boulogne-sur-Mer!
315
Rubén Darío

Rubén Darío

En tus ojos un misterio;

En tus ojos un misterio;
en tus labios un enigma.
Y yo fijo en tus miradas
y extasiado en tus sonrisas.
199
Rubén Darío

Rubén Darío

El mundo en sus ejes

El mundo en sus ejes rueda
en continuo movimiento
sobre el humano cimiento...
Así rueda el pensamiento
de Don José de Espronceda.
333
Rosalía de Castro

Rosalía de Castro

Aunque mi cuerpo se hiela,

Aunque mi cuerpo se hiela,
me imagino que me quemo;
y es que el hielo algunas veces
hace la impresión del fuego.
380
Rosalía de Castro

Rosalía de Castro

Son los corazones de algunas

Son los corazones de algunas criaturas
como los caminos muy transitados,
donde las pisadas de los que ahora llegan,
borran las pisadas de los que pasaron:
no será posible que dejéis en ellos,
de vuestro cariño, recuerdo ni rastro.
385
Rosalía de Castro

Rosalía de Castro

Cuando en las nubes hay

Cuando en las nubes hay tormenta
suele también haberla en su pecho;
mas nunca hay calma en él, aun cuando
la calma reine en tierra y cielo;
porque es entonces cuando torvos
cual nunca riñen sus pensamientos.
353