Lista de Poemas
Pero las verdaderas ciencias son las que la experiencia ha hecho penetrar por los sentidos imponiendo silencio a los argumentadores y no nutriendo de sueños a sus investigadores; las que, sobre los primeros principios conocidos, proceden sucesivamente y con verdadera ilación hasta el fin, como se ve en los elementos de las matemáticas, o sea en el número y la medida (en la aritmética y la geometría), que tratan con suma verdad de la cantidad continua y de la discontinua.
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Pero vanas y llenas de errores me parecen aquellas ciencias que no nacen de la experiencia, madre de toda certidumbre, ni terminan en una noción experimental; es decir, tales que, ni su origen ni su medio, ni su fin pasan por ninguno de los cinco sentidos.
Llamaremos mecánico al conocimiento engendrado por la experiencia, científico al que empieza y termina en el espíritu, y, en fin, semimecánico al que nace de la ciencia y termina en operación manual.
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Luego el punto es el primer principio de la geometría, y no hay nada en la naturaleza ni en la mente humana que pueda dar principio al punto. Porque si dijeras que en el contacto establecido sobre una superficie por la agudeza última de la punta de un punzón se halla la creación del punto, esto no sería verdad, sino que diríamos que tal contacto es una superficie que circunda un centro, y que en ese centro reside el punto.
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Se llama ciencia al discurso mental que toma su origen en los primeros principios, más allá de los cuales nada puede hallarse que forme parte de ella. La geometría, por ejemplo, que estudia la cantidad continua, empezando por la superficie de los cuerpos, viene a tener su origen en la línea, término de esas superficies; pero con esto no quedamos satisfechos, porque sabemos que la línea termina en el punto, y que el punto es la cosa más pequeña que podemos concebir.
Si la naturaleza ha hecho capaces de sufrir dolor a las almas vegetativas dotadas de movimiento (los animales), velando por la conservación de los instrumentos que el movimiento podría deteriorar o destruir, las almas vegetativas sin movimiento (las plantas), que no están expuestas a chocar contra obstáculos exteriores, no necesitan de tal defensa, y por esa razón se las puede romper sin ocasionarles dolor como a los animales.
Si un árbol pierde una parte de su corteza, la naturaleza proveerá el remedio dirigiendo a esa parte del árbol una cantidad mucho mayor de savia; de manera que, para compensar la falta, hará crecer en ese punto una corteza mucho más fuerte que en cualquier otro; y la savia, llegada al lugar donde su socorro es necesario, surgirá en alto, pululando y borbotando, como un agua que hierve impetuosamente.
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