Si la naturaleza ha hecho capaces de sufrir dolor a las almas vegetativas dotadas de movimiento (los animales), velando por la conservación de los instrumentos que el movimiento podría deteriorar o destruir, las almas vegetativas sin movimiento (las plantas), que no están expuestas a chocar contra obstáculos exteriores, no necesitan de tal defensa, y por esa razón se las puede romper sin ocasionarles dolor como a los animales.