Si un árbol pierde una parte de su corteza, la naturaleza proveerá el remedio dirigiendo a esa parte del árbol una cantidad mucho mayor de savia; de manera que, para compensar la falta, hará crecer en ese punto una corteza mucho más fuerte que en cualquier otro; y la savia, llegada al lugar donde su socorro es necesario, surgirá en alto, pululando y borbotando, como un agua que hierve impetuosamente.
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