Lista de Poemas
Teoría De La Agricultura
a medio cocer.
Viene por el sendero el labrador adormecido
con la pesada carga de los años,
saluda al prójimo con su mano encallecida
y mira, qué lástima, la tierra tan bonita,
con su puesta de sol, y el silencio, y los primeros cantos de los
grillos
cuando los pájaros se han puesto a dormir,
qué lástima, con lo que cuesta todo,
piensa que no compensa romperse los huesos,
hacerse viejo y sentencioso y arrugarse
mientras se escucha, idéntica, la campana,
mientras el hijo salta del terrón al cuartel,
y viceversa.
El labrador acostumbrado a rascarse los bolsillos
mira la tierra que no es suya,
vuelve la vista atrás y contempla el panorama,
qué lástima, tan bonito que parece una tarjeta
postal, con los surcos, con la noria, con la remolacha,
con los sarmientos, con las gavillas, con los garbanzos
fidelísimamente retratados al atardecer ,
cuando las amapolas tienen un brillo póstumo
y el labrador se acuerda de su padre
por el sendero si venía con la carga
de panes amarillos ya mirar se ponía
la serena amplitud de este paisaje
que había de comérsele.
Viene por el sendero adormecido
el labrador mirando a las hormigas, qué lástima, tan
diminutas,
tan olvidadas, que cualquiera las pisa
sin que nadie por ello sienta atropellados
los derechos humanos.
Viene para cederle al hijo la herramienta.
Pequeña Elegía A Manolo Rueda
Condenado a muerte y fusilado a los 17 años
Por aquí dicen que apareció su cadáver
y olía mi corazón a cementerio.
Bajo las charcas húmedas en la distancia
se pusieron las ranas a llorar.
Apenas había amanecido y el aire tenía
una tristeza trágica, infinita,
una tristeza como de pozo,
como de mar que se retira, como de ruina que se hunde,
como de corazón que ya no crece.
Fue aquélla la última vez. Las rosas mojadas,
qué bien olían, Dios. La geografía se iba quemando
al tiempo que los muebles y las horas.
Y la sangre nos golpeaba las sienes,
y la vergüenza nos subía a las mejillas,
y la rabia a los puños,
pero todo era inútil.
Pero todo fue inútil, porque
debajo de la tumba que nadie sabe
hoy los huesos de muchos se juntan con los tuyos.
Parecía imposible, cosa de broma, pero ahí está
tu calavera que todavía se horroriza.
Ahí está tu podredumbre para testimoniarlo,
tu juventud tronchada preguntando razones,
tu vivo idioma permanente
pidiendo un puesto en las tribunas.
El agua rueda al mar, y los amigos
de la escuela te colocamos flores
sobre el jardín de nuestros juegos
que una mañana se bañó de pólvora.
Existo Por Milagro
Un miércoles recuerdo que iba yo de paseo
y se me posó una paloma en el pecho.
La paloma, blanca, tenía un tamaño gigantesco
y era como si un agua torrencial lloviese desde el cielo,
o lo mismo, tal vez, acaso, que un incendio
con las llamas subiendo hasta el techo,
o lo mismo, tal vez, acaso, que mi pelo
puesto a secar sobre el terreno,
o como la niña aquella que conocí en el pueblo,
y que luego volví a ver en el huerto
trabajando la tierra y preservándose del sol con un sombrero.
Aquella niña dicen que era prima mía,
pero también recuerdo
que la paloma no me cabía dentro,
y que todo era como si el agua siguiera cayendo
torrencialmente por mi pelo.
Y yo subía al monte despacito,
veía el mar a lo lejos
ya mi lado las vacas comiendo
debajo de los pinos del sendero.
Luego llegó el caballo y trotando me llevó de nuevo
a aquella mágica alquería donde pasé mucho tiempo
leyendo y escribiendo,
meditando en silencio,
como dicen que hacen los que a morir se preparan
cuando, por si acaso, pronuncian un rezo
para tener a los ángeles y los santos con ellos.
Otro miércoles más y yo estaría muerto.
Teoría De La Construcción
A vuestros materiales sometidos.
P. N.
Siento y me crezco y me recrezco oyendo
gemir la grúa, el compresor, la hormigonera
dentro de mí. Venía
tu material, oh pueblo, a punto.
Se levantaba el edificio
jácenas y pilares, riostras y bovedillas.
Iba creciendo la estructura,
los paramentos de ladrillo visto,
los enlucidos de tu yeso negro,
las manos empeñadas y rendidas
a vuestros materiales sometidos.
Yo me crecía al ver a las cuadrillas
los cercos recibir. Los oficiales
alicataban la pared. Yo hacía
como que no veía, pero abría
tu primer saco de cemento
y, oh pueblo, ¿para qué?
Contemplando me paso ese trajín
de los camiones que descargan áridos,
oigo también las cantos digitales
de las manos partidas y entregadas.
a vuestros materiales sometidos.
Más tarde lo recuerdo iba en aumento
la popular indignación. Tenemos
de común las baldosas, el forjado,
los tubos de la luz, la cal, la noble
carpintería de taller, quién sabe,
pero, pueblo, quién sabe la herramienta
que habrá que manejar. Si gimo,
si tú gimes, si él tiembla, si gemimos,
si vosotros gemís y si ellos tiemblan,
tarde o temprano habrá que abrir las puertas
a vuestros materiales sometidos.
Siento y me crezco y me recrezco oyendo
chirriar la grúa, el compresor, la hormigonera
dentro de mí. Y está,
tu voluntad, oh pueblo, apunto.
y el edificio crece
jácenas y pilares, riostras y bovedillas,
crece pausadamente, pero crece
e inevitablemente irá creciendo
hasta adquirir la forma de la estrella
que ha de prestarles dimensiones válidas
a vuestros materiales sometidos.
Tiempo Cuarto
crecen voces diurnas, casi desmesuradas.
Llueve a menudo en el portal.
Son varias las postales
que en el armario gimen.
Son varios los metales
con remembranzas de cuchillo.
Se olvida fácilmente,
pero, ¿qué?
Después nadie sabrá que tú existías.
En el lienzo, pintada,
aparece una rosa.
2. Una rosa pintada puede ser un enigma.
La discordia nació por una rosa
que aún estaba en el aire.
y después la ambulancia.
¿Merece el pedestal mi triste suerte?
No alumbra el agua que discurre
debajo de la puerta.
3. ¿Qué fue del sapo mismo?
A la hora de la cita estaba ausente.
Alguien clamó en la noche algo recóndito.
Alguien suspira por temor tal vez.
Alguien que no es ninguno, es lo posible.
Nadie nada dirá cuando pregunten.
y el centenar de víctimas sonríe
debajo de las aguas.
¡Oh playa artificial! El delirio era.
Todos quedaron mudos.
Es hora de rezar.
4. Los rotativos recuerdan
que una vez hubo un sapo saltimbanqui
cosido a la pared.
¡Vaya inhumana suerte!
Un crimen pasional es algo tonto. Sin embargo,
dígame, majestad:
¿Es lícito el preámbulo?
Tantas veces andando de puntillas
que al final uno acaba en la tronera.
Como decía el músico:
Perdón.
5. Pido perdón a los cuadrúpedos.
¡Qué calle más oscura
con su cierzo finísimo quemándote!
Vamos, alza, aldeano,
la cabeza y retén
en tu retina cuanto nos rodea.
Crezca el árbol, desmáyese la fuente,
pónganle una corona al hombre ilustre.
Yo como de lo mío.
Quisiera ser caballo
para andar por la noche
sin miedo a la tormenta.
6. Después un cero largo,
un navío siguiéndote la pista,
una flauta robándote el aliento,
un reto a la penumbra.
El sapo llora todavía ahora.
¿Por qué? ¿Por quién?
El Niño Muerto
Nadie se sorprendía, por ejemplo,
de que la madre se pusiera triste,
de que el domingo nada de concierto,
de que, por ejemplo, el padre paseara pensativo
de la mañana a la noche por su colocación.
Por ejemplo, naturalmente, murió el niño:
se fue, pobrecito, al cielo a jugar con los caballitos del cielo.
La madre, claro, no se consolaba,
andaba de cabeza su marido con los papeles
y la vecina decía lástima de criatura,
por ejemplo.
Quieras que no tuvieron que pensar en sacarlo:
el niño olía mucho, por ejemplo.
Las cintitas azules,
una caja elegida con esmerado gusto,
por ejemplo, dos curas, una corona, un coche
y pián pianito, al cementerio,
con los niños detrás que amigos suyos fueran,
muy vestiditos, eso sí, por ejemplo.
Por ejemplo, por ejemplo,
pronto se pasó la pena,
y la madre se pintaba asiduamente,
y en seguida volvía al ginecólogo análogo
para hablar, por ejemplo, de otro niño posible,
y el padre mientras tanto a ganarlo en la oficina,
y a decir la vecina poco bien que estará,
por ejemplo, señores, el angelito en el cielo.
Breve Historia De Los Muertos
en el transcurso de las santas noches.
Llevan como un son lento de campanas
en las peladas piernas
y, si hablan, aseguran que hay un mundo
que nadie conocemos.
Vienen de lejos y andan por las trochas
como dolientes algas;
verdes están los hombres que murieron
lo mismo que estálo el río;
guardan recuerdos que no olvidan
y, lentos, cruzan lentamente
aquella esquina oscura que descubren,
aquella calle fría y solitaria
el patio aquel de la mansión,
el corredor envuelto en nubes,
la habitación aquella en que soñaron,
la vida toda, espeluznante y tonta.
Los muertos salen por la noche
acicalados y recién planchados
y con temor se acercan de hacer ruido
para tocar la silla en que sentaban,
la mesilla de noche y el tintero
y hasta el plumero para el polvo.
Luego, como si nada sucediera o hubiera
sucedido una vez,
abren las cartas que llegaron tarde,
concluyen la lectura del periódico
del día de su fallecimiento,
hurgan un poco en la despensa,
contemplan a los hijos que reposan
y se van por la puerta, sigilosos,
un algo tristes, pero confortados
porque no hay novedad, porque aun sin ellos,
parece que todo marcha,
pues está recogida la cocina
y el grifo no gotea.
Pequeño Tratado Del Mundo
de renacuajos vivos que pernoctando cantan,
de ratas y de abetos, de saltamontes crudos
y de otras mil especies de animales.
El mundo en que vivimos es algo que no entiendo:
no entiendo que hay un hombre sentado en esa puerta
ni que hay peces por dentro de los ríos,
los peces que se pescan en las pescaderías
(los panes que se comen en las panaderías),
ni que hay un hombre mudo sentado en ese muro.
Cualquiera entiende el mundo sentado en esa puerta,
cualquiera reflexiona sobre el abstracto mundo,
el tremebundo mundo compuesto de animales,
de males que no curan
y gentes que no duran;
cualquiera entiende el mundo que yo nunca lo entiendo.
Cualquiera se levanta contento y se pasea,
cualquiera que no tenga sentidos en la frente
se levanta o se siente
contemplando este mundo sentado en esa puerta.
El mundo se compone, compónese de cosas,
de libros y de rosas
y de otras mil especies de animales.
De sendas y corderos,
de sapos y senderos,
de ventanas abiertas está compuesto el mundo.
Pero cualquiera entiende del mundo la oficina
donde se arreglan todos los papeles del mundo
y se hace el pasaporte para la patria amarga
de donde nadie vuelve.
A Veces, Cuando Llueve
y entonces pienso que el gentío se moja.
Se siente frío, es la verdad, no todos
comprenden que estar solo no es alegre.
A veces llueve, es cierto, en la alameda
donde los chicos juegan en verano
con sus fusiles que recuerdan cosas
que nunca quiero recordar ni debo.
A veces es abril; otras, otoño.
A veces cuando escribo a la familia
o bien sentado sueño en la ventana,
contemplo cómo pastan las ovejas.
Y a veces me despeno cuando llueve;
entonces me imagino en la colina
con la paz en los ojos divisando
la tranquila ciudad que abraza el Duero.
Pero estoy en la cama simplemente
y escuchando llover tras los cristales
con una soledad no compartida
que nunca puedo digerir del todo.
Dibujo entonces, seres no nacidos
que buscan a su padre en mi despensa,
figuras de latón junto a la estufa,
madres que hacen carbón con los cartones.
A veces, cuando llueve, no distingo
la luz pintada y, entre tanto, nada
me impide ver el mundo y su amargura,
la vida y su desnuda realidad.
Pero a veces, también, contemplo el mundo,
cuando llueve, con ojos comedidos,
y leyendo los diarios de la tarde
las horas paso haciendo crucigramas.
Cuando llueve es mejor poner la Radio
Nacional y escuchar al locutor:
un pato que se ha ahogado en el estanque
y un discurso del Papa alas monjitas;
una revista en el Martín, pantanos
que se inauguran cada dos por tres,
una venta de restos post-balance,
Gibraltar, muebles López y un refresco.
Pero a veces, también, y cuando llueve
contemplo que no hay cómodas ni mesas
en la casa, ni nadie que te mire
con ternura y te vele por la noche;
ni leche que tomar por la mañana
cuando. despiertas, como en un susurro,
ni quien novia te dé los buenos días
ni nada cuando llueve en el alféizar.
Por eso lloro amargamente entonces...
Recomendaciones Para Domesticar A Un Avestruz
luego se le propina un puntapié,
más tarde se le da un terrón de azúcar
y acto seguido pan y leche y palos.
Transcurridos seis meses por lo menos
diciendo abracadabra se le cuelga
de un árbol muy frondoso de tal guisa
que pasar pueda ver los autobuses.
Después de encomendarle a San Pancracio
patrono de las aves de corral,
se le cortan las alas, se le pinta
de amarillo y azul la cresta y basta.
Y a esperar, esperar... Todo en la vida
ya sabemos que es cosa de paciencia.
Si esto hacéis, yo os prometo que algún día
podréis llevar a un avestruz al cine.
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