Pequeña Elegía A Manolo Rueda

PEQUEÑA ELEGÍA A MANOLO RUEDA

Condenado a muerte y fusilado a los 17 años


Por aquí dicen que apareció su cadáver

y olía mi corazón a cementerio.


Bajo las charcas húmedas en la distancia

se pusieron las ranas a llorar.

Apenas había amanecido y el aire tenía

una tristeza trágica, infinita,

una tristeza como de pozo,

como de mar que se retira, como de ruina que se hunde,

como de corazón que ya no crece.


Fue aquélla la última vez. Las rosas mojadas,

qué bien olían, Dios. La geografía se iba quemando

al tiempo que los muebles y las horas.


Y la sangre nos golpeaba las sienes,

y la vergüenza nos subía a las mejillas,

y la rabia a los puños,

pero todo era inútil.


Pero todo fue inútil, porque

debajo de la tumba que nadie sabe

hoy los huesos de muchos se juntan con los tuyos.

Parecía imposible, cosa de broma, pero ahí está

tu calavera que todavía se horroriza.

Ahí está tu podredumbre para testimoniarlo,

tu juventud tronchada preguntando razones,

tu vivo idioma permanente

pidiendo un puesto en las tribunas.


El agua rueda al mar, y los amigos

de la escuela te colocamos flores

sobre el jardín de nuestros juegos

que una mañana se bañó de pólvora.

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