Escritas

El Dios olvidado , de El Viaje

Edgar Brau
La d茅bil voz se confund铆a con el rumor del oleaje, que ascend铆a como una plegaria por los flancos verdosos y herrumbrados de la monta帽a. El tit谩n retir贸 la mano del rostro y atisb贸 el cielo. El joven, entretanto, continuaba balbuceando su nombre. Despu茅s se adelant贸 unos pasos y se afirm贸 en una saliente de la roca; desde all铆 sigui贸 nombrando al dios. Este permanec铆a con la cabeza vuelta hacia arriba. Desde esa posici贸n su mirada se encontr贸 con la del joven, y por un instante tuvo la impresi贸n de observarse a s铆 mismo con los ojos del otro. Se volvi贸 hacia un lado y cerr贸 los ojos. El joven comenz贸 a hablar atropelladamente. Pero Prometeo no lo escuchaba: sumergido en sus recuerdos, buscaba un momento. Hall贸, al cabo, las tinieblas acogedoras en las que un yo agradecido se hab铆a disuelto lentamente, al fin olvidado. Se aventur贸 un poco m谩s... justo hasta el borde donde empezaba el acoso de la agitaci贸n, del dolor... Regres贸 de inmediato a su refugio de sombra. Pero otro acoso llegaba hasta ese sitio de dicha: el acoso de una tozudez candorosa, que insist铆a en su llamado... Se volvi贸 otra vez y abri贸 los ojos: el asombrado rumor de un mundo parec铆a crepitar en torno del joven, cuya mirada era radiante. Los cerr贸 nuevamente. Enseguida fue sobresaltado por un chillido; sus manos se crisparon y una mueca de dolor le desfigur贸 el rostro. Despu茅s de un momento gir贸 hacia el joven, que trataba de hacerse entender, y le hizo una se帽a para que cesara de hablar; luego le mostr贸 las cadenas. El joven, cuyo semblante se ilumin贸 de inteligencia, le contest贸 con un gesto y abandon贸 su sitio. Empez贸 a trepar cuidadosamente, aferrado a la roca. Prometeo lo alentaba con se帽as. Al final lleg贸 junto al tit谩n. Un filoso escalonamiento de precipicios refulg铆a alrededor de la roca. El joven se incorpor贸 para tirar de las cadenas; pero se detuvo al ver que Prometeo trataba de unir los brazos. Las miradas se encontraron. Y aun cuando el joven percibi贸 el empuj贸n, sus ojos no se apartaron de esa mirada triste que lo acompa帽贸 al abismo.