Lista de Poemas
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José Martí
La Madre Está Sentada
Junto a la cuna:
Por la ventana gótica calada
Entran risueños quiebros de luna.
La madre está espantada,
La cuna junto,
Más blanca que la sábana calada
Brilla a la luna su hijo difunto
¿Sombra... por qué te llevas
Mi Serafín?
Yo necesito de flores nuevas
En mi jardín.
Ahí murió la madre arrodillada
Junto a la cuna:
Por la ventana gótica calada
Entraba quieta la mansa luna:
¡Loco el que al cielo o a los astros fía
Su pena o su alegría!
Se es en la vidaleño abandonado,
Al capricho del mar alborotado:
Y flor, húmeda y seca, que los vientos
Arrebatan violentos;
O respetan y halagan caprichosos;
¡Juguetes ¡ay! de locos poderosos!
Corderos ¡ay! nacidos
A manchar su vellón, y a andar perdidos!
¡Sin más mentor, desde la blanca cuna
Que la razón vendada, y la fortuna!
¿Música? Si es un hurto: si la muerte
A esa edad infantil no tiene derecho;
Si el pesar no se ahorra,
Si la sentencia es fiera,
Si volverá aunque corra,
Si volverá a vivir, ¡aunque se muera!
Verdad que no es perdido
El tiempo ya vivido
Y como de la tierra lo arrebata
La muerte en su sencilla edad de plata:
Cuando torne ese espíritu en forma nueva,
¡Volverá con la edad que ahora se lleva!
No hay muerto, por bien muerto
Que en las entrañas de la tierra yazga,
Que en otra forma, o en su forma misma,
Más vivo luego y más audaz no salga.
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima Xix
la melancólica frente,
una azucena tronchada
me pareces.
Porque al darte la pureza
de que es símbolo celeste,
como a ella te hizo Dios
de oro y nieve.
Santiago Montobbio
Praga
escaparates llenos de temblorosos misterios y también
que los tranvías se alejan justo con la extraña forma
que cursi como soy siempre me ha hecho
llorar por los falsos recuerdos.
Si llega la noche populoso soy y la atravieso
o me pierdo en una fiesta y no entiendo
por qué estoy ante las ventanas
que se esconden en las anónimas piernas
preguntándome con insistencia cómo fue
que le crecieron a nuestro amor tantos nenúfares
y a la vez dándome por fin perfecta cuenta
de que la soledad siempre ha sido una flor seca
que alguien se dejó olvidada en un ojal.
Y es que aunque yo nunca he estado en Praga
le sueño ya lo ves jardindes, tranvías,
baile y despedida y cosas parecidas;
y sueño también que con tan frágil materia
un día hago un poema, que tú lo lees
y que con cualquier motivo me traes sorpresa
dos billetes de tren para el sitio
que me ha dado por llamar de esta manera
y que entonces yo tengo que aúnar
afecto y paciencia para decirte aquello
de no despertéis al amor con vuestros pasos,
aquello que no sé ahora quién lo ha escrito
pero sí que dice distinto según el ánimo o el día
y que quizá simplemente es ¿lo entiendes
ya, estúpida mía? aquello mismo.
Gabriela Mistral
Canción De Pescadoras
que con viento y olas puedes,
duerme pintada de conchas,
garabateada de redes.
Duerme encima de la duna
que te alza y que te crece,
oyendo la mar-nodriza
que a más loca mejor mece.
La red me llena la falda
y no me deja tenerte,
porque si rompo los nudos
será que rompo tu suerte...
Duérmete mejor que lo hacen
las que en la cuna se mecen,
la boca llena de sal
y el sueño lleno de peces.
Dos peces en las rodillas,
uno plateado en la frente,
y en el pecho, bate y bate,
otro pez incandescente...
José Antonio Ramos Sucre
El Asno
Yo no podía sufrir la vivienda lóbrega
y discurría por la vega de la ciudad escolar.
Yo disfrutaba la soledad montado sobre un asno y me
detenía en presencia de un río sereno. Los pájaros
volaban al alcance de la mano y al amor de una ráfaga del
infinito. Yo buscaba en el seno de las nubes rasantes el origen de una
música de laúdes.
El senescal de un rey santo me había separado
de solicitar la salud por medio de las letras y me invitaba a abrazar
la humildad de las criaturas insipientes. El trato del senescal me
reposaba de la meditación febril.
El rey santo vivía afligido por los reparos
de una conciencia mórbida y se calificaba de soberbio al aceptar
de sus hermanos el ministerio de criados de su mesa. La etiqueta se
inspiraba en un paso de la Biblia.
El rey santo me había dirigido a pensar en
los rodeos y asaltos del diablo a las almas de los moribundos. El trote
modesto de mi cabalgadura facilitaba el arrobo y la pérdida de
mis facultades. El asno frugal y resignado, presente en las ceremonias
del culto, dividía conmigo la cuita suprema. Me salvó en
una carrera súbita al descubrir, en el enredo de unas
espadañas y lentejas fluviales, la obesidad innoble de una
esfinge de ojos oblicuos.
José Martí
Pues A Vivir Venimos
Esta existencia que los hombres hacen
A su final purezaaunque el veneno
De un cruel amor la ardiente sangre encienda,
Aunque a su indómita bestia arnés echemos
De ricas piedras persas recamado,
Aunque de daga aguda el pecho sea
Con herida perenne traspasado
Vengan daga, y corcel, y amor que mate:
¡Eso es al fin vivir!
El bardo, como un pájaro, recoge
Pajas para su nidode las voces
Que pueblan el silencio, de la triste
Vida común, en que las almas luchan
Como animadas perlas en los senos
Enclavadas de un monte lucharían.
Enrique Villagrasa González
Verso Fugaz
La primavera no tardará en llegar
y su luz iluminará los ocupados poemas
de nuestras atroces mentes.
Será un momento
o un rato,
o tal vez la eternidad.
Oliverio Girondo
Hay Que Buscarlo
ausencia
enlunadados muslos de estival epicentro
tumultos extradérmicos
excoriaciones fiebre de noche que burmúa
y aola aola aola
al abrirse las venas
con un pezlampo inmerso en la nuca del sueño hay que buscarlo
al poema
Hay que buscarlo dentro de los plesorbos de ocio
desnudo
desquejido
sin raíces de amnesia
en los lunihemisferios de reflujos de coágulos de espuma de
medusas de arena de los senos o tal vez en andenes con aliento a zorrino
y a rumiante distancia de santas madres vacas
hincadas
sin aureola
ante charcos de lágrimas que cantan
con un pezvelo en trance debajo de la lengua hay que buscarlo
al poema
Hay que buscarlo ignífero superimpuro leso
lúcido beodo
inobvio
entre epitelios de alba o resacas insomnes de soledad en creciente
antes que se dilate la pupila del cero
mientras lo endoinefable encandece los labios de subvoces que brotan
del intrafondo eufónico
con un pezgrifo arco iris en la mínima plaza de la frente hay
que buscarlo
al poema
Gabriela Mistral
El Establo
y al romper en llanto el Niño,
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo.
Y se fueron acercando,
y alargaron hasta el Niño
los cien cuellos anhelantes
como un bosque sacudido.
Bajó un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos
como llenos de rocío.
Una oveja lo frotaba,
contra su vellón suavísimo,
y las manos le lamían,
en cuclillas, dos cabritos...
Las paredes del establo
se cubrieron sin sentirlo
de faisanes, y de ocas,
y de gallos, y de mirlos.
Los faisanes descendieron
y pasaban sobre el Niño
la gran cola de colores;
y las ocas de anchos picos,
arreglábanle las pajas;
y el enjambre de los mirlos
era un velo palpitante
sobre del recién nacido...
Y la Virgen, entre cuernos
y resuellos blanquecinos,
trastocada iba y venía
sin poder coger al Niño.
Y José llegaba riendo
a acudir a la sin tino.
Y era como bosque al viento
el establo conmovido...
Santiago Montobbio
Ese Tácito Rito Que Me He Impuesto
es posible que hiciera grandes cosas.
Pero tras su espesa piel el tiempo alienta
una sutil maraña de trampas y estrategias;
tras su espesa piel o en su disperso puzzle
ocasionalmente brinda adoquín de besos
para que torpes como somos
nos demos menos cuenta
de que a través de ajedreces, adioses,
inutilidades, esperas y otros juegos
poco a poco y sin saber
se vaya haciendo teoría confirmada
el que la vida nos aplasta
(y esto me gusta decirlo con un verbo que suena
como un saco de patatas).
En el momento en que subo en el ascensor
es una nocturna hora intermedia.
El espejo adivina el alcohol
y parece decir que tengo aire
de guardar alguna historia
perdida por algún lado del abrigo
y también varias posguerras. (Quizá
porque a veces pienso que es probables
que yo hubiera sido más leve o más feliz
en la polvorienta Barcelona de los años cincuenta,
y aunque haya procurado no abusar nunca
mucho de ellas, este tipo de imágenes
siempre me atrayeron con firmeza).
La nostalgia realquilada d emi cara
va a proyectarse ahora en otro espejo,
fien el cumplir ese tácito rito que me he impuesto
y que consiste en observarme como un actor retirado
mientras fumo y bebo a solas
frente a la pica del lavabo.
Y para poblar esta habitual circunstancia
van a cruzarme desamparadas imágenes
hechas con recalentadas infancias,
recuerdos o posturas que me cansaría escribir
pero que si lo hiciera acabarían entercándose
en intentar explicar por qué nuestro amor merece
un lugar señero en la anónima enciclopedia
de las historias ridículas.
Historias que me cansaría escribir,
con las que perdería el tiempo.
Porque todo es pasado no sé si cierto,
todo es presente esta tonta mancha de polvo
y además aquí, en el lavabo de mi cuarto,
sobre esta ya como ajeno rostro ajado
y con tonadilla de tango
sospecho o sé que no he perdido la vida
(que eso ya sería algo); que no la he perdido, no,
que estúpidamente sólo la voy perdiendo
y que tampoco me produce un especial descanso
el saber que voy a poder dejar por unas horas
mis canosas miserias en suspenso.
Meira Delmar
Soledad
de sentirme tan sola
en mitad de la tarde
y en mitad del trigal;
bajo el cielo de estío
y en los brazos del viento
soy una espiga más.
Nada tengo en el alma
ni una pena pequeña
ni un recuerdo lejano
que me hiciera soñar...
Sólo tengo esta dicha
de estar sola en la tarde
¡con la tarde no más!
Un silencio muy largo
va cayendo en el trigo,
porque ya el sol se aleja
y ya el viento se va
¡quién me diera por siempre
esta dicha indecible
de ser, sola y serena,
un milagro de paz!
Enrique Villagrasa González
Vida
A Jesús Hilario Tundidor
Canté el dolor, llorando la alegría.
Gabriel Bocángel
Con una rosa en la mano paseas y ves
del sol el sol y del pueblo sus montañas;
y del río que corre el agua que lleva
tras los juncos de tu infancia:
naces a la vida y un mayo florece
y tu padre en la escuela el tejado echaba.
Y te alejas de la página,
de la palabra no escrita;
del tiempo y de su espacio,
de la espera del signo.
Y por huir huyes de la huida:
del silencio y de su sombra,
por ruinas y conventos.
Amanecer
Amanece cada día,
temprano, y el alma
al frío oscuro,
de los más frágiles;
en el umbral, siempre,
en contenida sombra,
la caricia de sus labios.
Busco de la tarde los destellos,
del quiebro de su sonrisa
y cristal herido por su luz
cortejo el mar. Eco de celo.
El fulgor de sus ojos quiero.
La memoria del dolor y su vértigo,
para contemplar el asombro.
Y la vida duele,
en su oscura mirada,
Cuando nieve
derramaba noviembre,
en el parque donde jugábamos
al mediodía.
Olvido
En el olvido siempre
la más tímida página,
que vuela lejos,
tras el eco de los poetas.
Fluye el invierno,
no la poesía;
nievan susurros;
por la noche,
alrededor del fuego.
En el hogar,
la voz es caricia.
Fija la distancia la memoria,
los anhelos heridos,
las lágrimas,
el frío soneto de la tarde.
Pero, tras la palabra tú,
ahí, sin más, espejo,
en desnudez de cuerpos
con la vida.
José Martí
Obra Y Amor
Y el amor, remolino avaricioso,
El alma entera arrastra al hondo centro;
La obra perecey el amor celoso,
Luego que por su culpa el hombre yerra,
Con culpa y sin vigor lo deja en tierra.
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima Xviii
encendido el color, breve el aliento,
apoyada en mi brazo,
del salón se detuvo en un extremo.
Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento.
Como en cuna de nácar
que empuja el mar y que acaricia el céfiro,
tal vez allí dormía
al soplo de sus labios entreabiertos.
¡Oh, quién así pensaba
dejar pudiera deslizarse el tiempo!
¡Oh, si las flores duermen,
qué dulcísimo sueño!
Santiago Montobbio
Sólo Un Nombre Podría Llevar La Dedicatoria
en el acuario municipal que están estos días derribando
habíamos pasado no sé qué desmesurado número de tardes,
y recuerdo cómo sólo llegar nos dirigíamos
a saludar a tío Alfonso convertido en un besugo,
aquel besugo afable, exacto a él y que creíamos
que a la fuerza tenía ya que conocernos.
El tiempo del que hablo era entonces tan extraño
que aún no se habían inventado
esas modernas variantes de los parkings
que creo que se llaman guarderías, y si me esforzara
podría de mañanas y tardes trazar un prolija geografía
la catedral y los paseos, la feria de belenes y de libros,
jardines cerca de las autopistas o autos de choque
o museos infinitos: calles, rosas y cuadros
probablemente más hermosos pero también
un poquitín más aburridos que el besugo.
Pero no me interesa y entonces no me esfuerzo.
Porque más que eso son los pequeños y diarios infiernos
que salpican lo que se dice una vida de familia,
ese modo de estar siempre un cazador oculto y fiero en casa
y los insoportables ritos de la estupidez y de la histeria
de los que muy pronto tuve que aprender
a huir íntimamente, para seguir viviendo,
lo que siempre recuerdo y lo que me hace pensar siempre
que puede no haber modo más titánico de ganarse a pulso el cielo
ni oficio más gravoso que el buen oficio de ser madre
y pensar también que cuando pienso eso mejor es que me calle
sino quiero acabar enhebrando una con otra las cursilerías
y más que nada estar convencido de que si algún día consiguiera
cifrar en un cuadri, en media página o en cualquier otra
imposible forma del tiempo o de la música
alguna sombra de mi despedazada vida
sólo un nombre podría llevar la dedicatoria.
Gabriela Mistral
Canción Amarga
a la reina con el rey!
Este verde campo es tuyo.
¿De quién más podría ser?
Las oleadas de la alfalfa
para ti se han de mecer.
Este valle es todo tuyo.
¿De quién más podría ser?
Para que los disfrutemos
los pomares se hacen miel.
(¡Ay! ¡No es cierto que tiritas
como el Niño de Belén
y que el seno de tu madre
se secó de padecer!)
El cordero está espesando
el vellón que he de tejer.
Y son tuyas las majadas,
¿De quién más podrían ser?
Y la leche del establo
que en la ubre ha de correr,
y el manojo de las mieses
¿de quién más podrían ser?
(¡Ay! ¡No es cierto que tiritas
como el Niño de Belén
y que el seno de tu madre
se secó de padecer!)
¡Sí! ¡Juguemos, hijo mío,
a la reina con el rey!
José Antonio Ramos Sucre
El Alumno De Violante
Un ciprés enigmático domina el
horizonte de mi infancia.
Yo prefería el éxtasis vespertino, me
retiraba de la aldea y me perdía a voluntad en el recato de los
montes. Un poder invisible me encaminaba a la presencia de unos
sepulcros, a descubrir la serenidad y la esperanza en el semblante de
unas imágenes de mármol.
Una sombra clemente, distinta de las figuras del
miedo, me envolvía con sus agasajos y me situaba en el camino
del retorno. Su faz anunciaba un dolor celeste y el ciprés de su
refugio despedía el lamento de una cítara.
Yo me sumergía en un sueño libre de
visiones y alcanzaba un olvido cabal.
Una virgen atenta dirigió mis primeros
años con el ejemplo de sus facultades. Su canto fugitivo
despertaba el júbilo de los silfos del aire. Sus dedos
fáciles herían una mandolina de Francia.
Su voz cándida enajenaba mis sentidos al
recorrer los episodios de un romancero. Conjuraba del limbo de mis
sueños la sombra clemente y la rodeaba con el atavío de
una balada legendaria.
José Martí
Siempre Que Hundo La Mente
La saco con un haz de luz de aurora:
Yo percibo los hilos, la juntura,
La flor del Universo: yo pronuncio
Pronta a nacer una inmortal poesía.
No de dioses de altar ni libros viejos
No de flores de Grecia, repintadas
Con menjurjes de moda, no con rastros
De rastros, no con lívidos despojos
Se amansará de las edades muertas:
Sino de las entrañas exploradas
Del Universo, surgirá radiante
Con la luz y las gracias de la vida.
Para vencer, combatirá primero:
E inundará de luz, como la aurora.
Enrique Villagrasa González
Poesía
como fuego provocado.
Y para que ésta tenga presencia
ha de comunicar belleza el signo.
Apenas reconoces la blanca página.
Apenas te rodea, ni su aliento ni su vértigo.
Conocimiento. Comunicación: umbral abierto
de par en par el asombrado párpado.
Oliverio Girondo
Islas Sólo De Sangre
colindantes opacos
orígenes del tedio al ritmo gota
topes digo que ingieren el desgano con distinta apariencia
Son borra viva cato descompases tirito de la sangre
Un poco nubecosa entre sienes de ensayo
y algo mucho por cierto indiscernible esqueleteando el aire
dados ay en derrumbe hacia el final desvío de ya herbosos durmientes
paralelos
son estertores malacordes óleos espejismos terrenos
milagro intuyo vermes
casi llanto que rema
de la sangre
Sus remordidas grietas
laxas fibras orates en desparpada fiebre musito por mi doble
son pedales sin olas
huecos intransitivos entre burbujas madres
grifosones infiero aunque me duela
islas sólo de sangre
Gabriela Mistral
La Madre Triste
sin zozobra, sin temor,
aunque no se duerma mi alma,
aunque no descanse yo.
Duerme, duerme y en la noche
seas tú menos rumor
que la hoja de la hierba,
que la seda del vellón.
Duerma en ti la carne mía,
mi zozobra, mi temblor.
En ti ciérrense mis ojos:
¡duerma en ti mi corazón!
Santiago Montobbio
La Caligrafía Del Amor
mientras se redondea una o masculla un lobo, en el palito de la «t» un tonto jazmín suspira,
y asimismo hay que decir que la caligrafía del amor se parece a la de la vida
porque es bastante más que extraña, que la caligrafía y el amor
son peores que la tristeza y que la lluvia, mucho peores, sí,
y que ningún destino es tan horrible y tan hermoso
como el de quienes se envían sueños de pechos y cinturas
aprisionados bajo sellos de diecisiete o sesenta y pico pesetas
eso depende de la urgencia, también del sitio
y que en los abortados celofanes del adiós y sus distancias
con gran terquedad fingen creer que para cosas como éstas
aún resulta mínimamente útil el correo.
Desde luego: la caligrafía del amor está hecha de mariposas y de sangre,
mientras se redondea una o sí que más de una vez masculla un lobo, etcétera.
Pero no me habléis de eso, de eso no me digáis nada, por favor,
nada de nada. Porque en tiempos como ése yo llegué a estar muerto
varias veces en un día, y por otra parte muy bien sé
que no existe mayor ruina
que la de saberse condenado al extrañísimo oficio
del ir sin ningún eco levantando
innumerables actas de cómo
tu propia vida te fracasa.
Meira Delmar
Secreta Isla
sin que pueda mudarnos alma y alma.
Hemos quedado fijos, uno y otro,
con impasible soledad de estatuas,
tu rostro al fondo de mis ojos quietos,
mi rostro en tu mirada.
En vano están los pájaros, las nubes,
y el cielo siempre huyendo
hacia el ocaso.
El mar, el mar del corazón innúmero
con sus velas tendidas y sus faros.
Los árboles que llegan sonriendo
a través de las hojas iniciales,
la lluvia que modela finas torres
del vidrio, las mañanas,
el estío...
Como ciegos estamos. Como ciegos
de un viento luminoso que nos alza
y nos lleva tenaz, ávidamente,
nadie sabe hasta dónde.
Y todo nos rodea sin tocarnos
en este alucinante amor de amor
y de silencio.
Enrique Villagrasa González
Abril
del mundo sus ecos,
y cómo recibo tu brisa húmeda.
Entre mis brazos olvidas
cómo es del bosque su luz,
cómo del lenguaje, su palabra.
El coito y la página
fueron poemas.
Tu luz y mi destino
son versos evidentes.