Lista de Poemas
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José Lezama Lima
Para Las Décimas De Nicolás Guillén
Júpier ya no merienda,
y que el instante comprenda
la lucidez sin ceder
el rasguño de la venda.
La naturaleza fascina
la escama que se inclina
tanto al aire que al cristal,
cuando hiende el calamar
a la cipriota divina.
Pregunta, deja el reverso
el cumpleaño del verso,
sonrisa de la toronja
la amarilla luz esponja.
Fiesta y final de la luz,
brillan los huesos en cruz.
Azul oscuro la trampa,
la tapa sopla y levanta.
Salta hasta los mismos ojos,
clásicos ya sus antojos.
Viene como los cantores,
taburete, compás y fines.
Silenciosa la sitiería,
cumple la orden día por día.
Felizmente su papeleta
tiene la fecha y la glorieta
de los cantores en la noche,
condecorado va en un coche.
Las mulas son cascabeles
mascan mosquitos y papeles.
Francisco Villaespesa
Las Lágrimas Sonoras De Una Copla
con el perfume de la noche entran
por mi balcón, y todo cuanto duerme
en mi callado corazón despierta.
«¡Amor, amor, amor! Sangre de celos»,
gime la triste copla callejera:
blanca paloma herida que sangrando
a refugiarse a mis recuerdos llega.
¿Ya no recuerdas aquel rostro pálido,
las pupilas tan grandes y tan negras
que te hicieron odiar al amor mismo
y maldecir la vida y la belleza,
y amar el crimen y gustar la sangre
que tibia mana de la herida fresca?
Duerme ya, corazón... Se va la música
aullando de pasión por la calleja.
Y en la paz de la noche sólo late
el tiempo en el reloj que, lento, cuenta
las venturas perdidas para siempre
y los dolores que sufrir te quedan.
«¡Amor, amor, amor». ¡Que nadie bese
lo que ni en sueños mi esperanza besa!
¡Antes que en brazos de otro amor, prefiero
entre mis brazos contemplarte muerta!
Gutierre de Cetina
Yo, Señora, Pensaba Antes, Creía
mas, ¡ay!, que no sabía lo que pensaba,
que era amado el que amaba, y no entendía
que el hado a mi porfía contrastaba.
El Amor me engañaba y me decía
que la fe que os tenía se apagaba;
pero si ciego andaba y no lo vía,
la justa opinión mía me engañaba.
Ya el temor me muestra el desengaño,
si el gusto del engaño consintiera
que apartarme pudiera de mi daño.
Mas el mayor engaño, ¡ay, suerte fiera!,
es que aunque claro viera que era engaño,
por un bien tan extraño el mal quisiera.
Ramón López Velarde
Tenías Un Rebozo De Seda
(A Eduardo J. Correa)
Tenías un rebozo en que lo blanco
iba sobre lo gris con gentileza
para hacer a los ojos que te amaban
un festejo de nieve en la maleza.
Del rebozo en la seda me anegaba
con fe, como en un golfo intenso y puro,
a oler abiertas rosas del presente
y herméticos botones del futuro.
(En abono de mi sinceridad
séame permitido un alegato:
entonces era yo seminarista
sin Baudelaire, sin rima y sin olfato).
¿Guardas, flor del terruño, aquel rebozo
de maleza y de nieve,
en cuya seda me adormí, aspirando
la quintaesencia de tu espalda leve?
José Antonio Ramos Sucre
La Espía
El licenciado escribe una breve novela de
equivocaciones y de casos imprevistos, ocupando las demoras de una
corte en donde juzga, mal remunerado y holgazán.
El licenciado no pernocta en la ciudad, sino en su
contorno. Se retira a una casa de corredores largos y cámaras
solemnes, revestidas de cal, agazapada en una aldea anónima. Los
ingenuos lugareños reparan en la acedía de la faz.
El licenciado se repone del tedio inventando lances
y percances. Imagina las ansias y las querellas de los amantes y las
graba en letras indelebles. Reclina, de vez en cuando, la frente del
pergamino, llena de memorias, en la mano derecha. Prolonga la faena
hasta el asomo de la mañana, bajo la mortecina luz de cera.
El licenciado abandona la pluma cuando la aurora
muestra su cara de moza rubicunda.
Pasa al aderezo de su persona ante un espejo de
Lorena, de esplendor mustio, y cuando retira los cabellos grises,
observa la calavera astuta de la muerte.
José Lezama Lima
Cubre De Nieve Solícita Figura
Las selvas hizo navegar, y el viento
al cáñamo en sus velas respetaba,
QUEVEDO
Cubre de nieve solícita figura
que alada medianoche esplende.
Negro festón granada que se tiende,
como un astro en su fría luz impura.
Cansado el aire su esbeltez procura
en el cobre del halo que desprende,
pues si cáñamo de cobre es atadura,
la cabellera como cordel extiende.
Calza la sombra en la figura, dormía
más allá de los brazos, atanor
el aliento, las nubes, las pisadas,
ya que con luz violada desafía
el sonido miniado en las nevadas
y el rostro huido en frío rumor.
Ismael Enrique Arciniegas
Las Garzas
La aurora alumbra el peñascal sombrío,
y de garzas el vuelo ligera bandada
tiende en la quietud del río.
En sus alas la luz se atornasola,
y del oriente entre rosados velos
parecen, blancas, en la orilla sola,
un adiós silencioso de pañuelos.
Nicanor Parra
Resurrección
una paloma vino a morir a mis pies
agonizó durante algunos segundos
y murió
pero lo que nadie me va a creer
es que resucitó de inmediato
sin darme tiempo para reaccionar
y emprendió el vuelo
como si nunca hubiera estado muerta
y yo me quedé mirándola zigzaguear
entre los edificios de departamentos
y me quedé pensando tantas cosas
era un día de otoño
pero que parecía primavera
Gutierre de Cetina
De Error En Error, De Daño En Daño
de una desdicha en otra desventura,
de un desvío en otra gran locura,
de un viejo engaño en otro viejo engaño,
de un grave mal en otro mal extraño,
de una necesidad a otra yactura,
me ha traído el Amor y mi ventura
a que huya mi propio desengaño.
Conozco que me ofende el pensamiento,
y sólo de pensar me pasmo y vivo;
en él hallo el descanso y el tormento.
¡Oh nuevo padecer extraño, esquivo,
que nacen de una causa el mal que siento
y el bien que me hace ir soberbio, altivo!
Ramón López Velarde
En El Reinado De La Primavera
a Josefa de los Ríos
* 17 de marzo de 1880
+ 7 de mayo de 1917
Amada, es Primavera.
Fuensanta, es que florece
la eclesiástica unción de la cuaresma.
Hay un alivio dulce
en las almas enfermas,
porque abril con sus auras les va dando
la sensación de la convalecencia.
Se viste el cielo del mejor azul
y de rosas la tierra,
y yo me visto con tu amor... ¡Oh gloria
de estar enamorado, enamorado,
ebrio de amor a ti, novia perpetua,
enloquecidamente enamorado,
como quince años, cual pasión primera!
Y con la dicha de palomas que huyen
del convento en que estaban prisioneras
y se ven lejos, bajo la promesa
azul del firmamento
y sobre la florida de la tierra,
así vuelan a verte en otros climas
¡oh santa, oh amadísima, oh enferma!
estos versos de infancia que brotaron
bajo el imperio de la Primavera.
Mario Benedetti
Síndrome
casi todos mis cabellos y poquísimas canas
puedo hacer y deshacer el amor
trepar una escalera de dos en dos
y correr cuarenta metros detrás del ómnibus
o sea que no debería sentirme viejo
pero el grave problema es que antes
no me fijaba en estos detalles.
Efraín Huerta
Un Cuaderno De Dibujo De Nunik Sauret
Lo fugaz ha transcurrido como un día lamidísimo. La
orquídea padeció dulcemente lo suyo, bajo una hoguera
constante y el breve, nervioso incendio de un clavel que no
reventó a tiempo. Se ha cumplido una misión. Una doble
misión, y los labios vuelven a su lugar de origen y la espada
del extraño ojo se dispone al oleaje final. La piel se eriza,
acrece la fiebre, arden las mordeduras; en estos labios una menuda
espuma ilumina el silencio.
Unas manos afiladas toman la rojiza espada.
Una rosada, anhelante primavera va a ser hendida.
Se está a la orilla de lo incierto, con las olas y una ardiente
arena como el cielo donde los ensalivados tulipanes se despiertan a la
luz, mientras allá arriba los pechos se aplastan como dos
guitarras adormidas de ansioso dolor.
Flamea la espada hoy dorada: vigorosa, endurecida insignia.
Todo es húmedo y es real y es embriagante y es oloroso y es aromático.
Suavísimamente, primero, la lenta y pulida rama espadeante busca
su casa, la caliente casa donde construirá su guerra compartida,
su agitada batalla florecida entre ayes de infinita transparencia.
Un índice macho se ha extraviado en la ensoñadora puerta
estrecha.
La tarea alcanza la perfección de la rosa sexual.
Mar adentro, la mar de licores, leche y miel de nardos es adentrada.
«Tus caderas rechinaron como la última carroza del cortejo».
Abril de 1980
José Lezama Lima
A Santa Teresa Sacando Unos Idolillos
...por hacerme placer, me vino a dar
el idolillo, el cual hice echar luego en un río.
SANTA TERESA: Vida
Los ídolos de cobre sobre el río
pusiste en obra del amor llagado.
Su casta fuera, redoble enamorado
tuerce la mueca de inhumano brío.
Cuando la imagen balbuciente al frío
lastima su rostro, espejo despreciado,
y demonio alado disfraza el poderío
que es menester para no ser penado.
Navega el ídolo y no se cierra,
flor especial en noche eterna crece,
cerca al rocío, ángel de la tierra.
Y así en enojos al barro se decrece.
Sólo el fuego libera si se encierra
y sin buscar el fuego, palidece.
Francisco Villaespesa
Ofelia
reflejó nuestras trémulas imágenes,
extáticas de amor, bajo el crepúsculo,
en la enferma esmeralda del paisaje...
Era el frágil olvido de las flores
en el azul silencio de la tarde,
un desfile de inquietas golondrinas
sobre pálidos cielos otoñales...
En un beso muy largo y muy profundo
nos bebimos las lágrimas del aire,
y fueron nuestras vidas como un sueño
y los minutos como eternidades...
Al despertar del éxtasis, había
una paz funeraria en el paisaje,
estertores de fiebre en nuestras manos
y en nuestras bocas un sabor de sangre...
Y en el remanso turbio de tristeza
flotaba la dulzura de la tarde,
enredada y sangrante entre los juncos,
con la inconsciencia inmóvil de un cadáver.
Ramón López Velarde
Muerta
oh flor de paraíso,
cabías en el vértice
del corazón en fiesta que te quiso.
Salíamos al campo
y tu cuerpo minúsculo
se destacaba airoso
en la grana y el oro del crepúsculo.
¡Oh noches enlunadas
oh provinciana orquesta,
oh, tu alma piadosa!
¡Oh mi incansable corazón en fiesta!
Y una noche moriste
con la paz de un lamento
que se va con la brisa
al brocado ideal del firmamento.
Se derramó tu espíritu
cual vaso de ambrosía,
y en tu mano difunta
puso mi amor una azucena pía.
Sorda estás para siempre,
el recuerdo me abrasa
y al tocar en la puerta
turba el ruido el silencio de la casa.
¡Oh ilusión fallecida
en abril! ¡Oh alma presta
a todos los ensueños
del incansable corazón en fiesta!
Gutierre de Cetina
Padre Me Llama El Sol Del Alegría
a mí la vista del más entristece;
apenas alejándose anochece
cuando muero por ver venido el día.
Todo cuanto en la tierra el cielo cría
reposa con la noche, en mí parece
que con fuerza mayor a la par crece
también la obscuridad del alma mía.
Y si del que mal hace es deseada,
que no querría ver luz en todo el año,
¿por cuál razón a mí me desagrada?
que demás de tratar de día mi daño,
en la noche, al descanso aparejada,
soy más cierto ministro de mi engaño.
José Antonio Ramos Sucre
El Ciego
El teólogo se había tornado macilento
y febril. Meditaba sin tregua una idea mortal y recorría, en
solicitud de alivio, los infolios cargados sobre los facistoles o
derramados sobre el pavimento.
Los autores de aquellos volúmenes
habían envejecido en el retiro escuchando los avisos de una
conciencia tímida. Salían de sus celdas para despertar,
con sus argumentos, el asombro de las universidades.
El teólogo demandaba el socorro de un
crucifijo sangriento, después de registrar con la mirada las
imágenes de unos diablos de tres cabezas y armados de tridentes,
en memoria y representación de los pecados capitales. Un
escultor de la edad media había usado tales figuras al componer
la filigrana de una abadía.
Yo me insinué en la amistad del penitente y
lo insté a confiarme la razón de su inquietud.
Pretendió retraerme de la pregunta usando alternativamente de
efugios y amenazas. Se paseaba en ese momento bajo el estímulo
de una alucinación apremiante.
Yo vine a quedar de rodillas al dirigirle el ruego
más apasionado.
Él impuso la mano sobre mi frente y
consintió en asociarme a su visión terrible
La vista de los suplicios infernales se fijó
profundamente en mis sentidos y me siguió de día y de
noche, hundiéndome en la desesperación.
Encontré mi salud cegando voluntariamente. He
abolido mis ojos y estoy libre y consolado.
Juan Liscano
Niño
A Reinaldo Pérez Só
Inmóviles mujeres vegetales
en torno al lecho
mueven sus grandes abanicos.
El niño mira el mapa
del muro empapelado,
cuenta una y otra vez las vigas
hasta confundirse,
hasta perderse y quedarse dormido
entre las húmedas sábanas de su fiebre.
Hojas flabeladas, laciniadas.
Seis palmeras para el juego
y las enfermedades
suscitan presencias
de vainas caídas, canoas
para las aventuras marítimas;
esbeltos talles anillados,
altas serpientes
erguidas en la selva.
Oleaje del patio bajo las palmas,
mar de baldosas hasta donde llega
el olor de fiera y hormiguero
de las selvas nubladas.
La desaparecida casa resurge, entera,
en cualquier parte del recuerdo.
Efraín Huerta
Lluvia Nueva
La lluvia tejía
su encaje plateado.
Las nubes negrísimas
sombreaban la noche morena.
En el plano brillante
de un charco intranquilo
sorprendí tu forma gris.
La inquietud de las gotas
sonaba llevando el compás
de tu paso ligero en la niebla.
El encaje plateado
moría con el frío deshecho
envolviendo tu cuerpo
llovido.
Nicanor Parra
Yo Jehová Decreto
que se termine todo de una vez
hago la cruz al sistema solar
hay que volver al útero materno
doy por finiquitada la cosa
que no se escape nadie
que se termine todo de golpe
para qué vamos a andar con rodeos
está muy bien la Guerra de Viet-Nam
está muy bien la Operación a la próstata
Yo Jehová decreto la vejez
ustedes me dan risa
ustedes me ponen los nervios de punta
sólo un cretino de nacimiento
se arrodilla a venerar una estatua
francamente no sé qué decirles
estamos al borde de la Tercera Guerra Mundial
y nadie parece darse cuenta de nada
si destruyen el mundo
¿creen que yo voy a volver a crearlo?
Ramón López Velarde
Rumbo Al Olvido
que perdieron el nido
y que van arrastradas
en la falsa corriente del olvido!
Y pensar que extraviamos
la senda milagrosa
en que se hubiera abierto
nuestra ilusión, como perenne rosa.
Pudieron deslizarse,
sin sentir, nuestras vidas
con el compás romántico
que hay en las músicas desfallecidas.
Y pensar que pudimos
enlazar nuestras manos
y apurar en un beso
la comunión de fértiles veranos.
Y pensar que pudimos,
al acercarse el fin de la jornada,
alumbrar la vejez en una dulce
conjunción de existencias,
contemplando, en la noche ilusionada,
el cintilar perenne del Zodíaco
sobre la sombra de nuestras conciencias...
Mas en vano deliro y te recuerdo,
oh virgen esperanza,
oh ilusión que te quedas
en no sé qué lejanas arboledas
y en no sé qué remota venturanza.
Sigamos sumergiéndonos... Mas, antes
que la sorda corriente
nos precipite a lo desconocido,
hagamos un esfuerzo de agonía
para salir a flote
y ver, la última vez, nuestras cabezas
sobre las aguas turbias del olvido.
Gutierre de Cetina
Un Temor Me Destruye El Pensamiento
siendo sólo el pensar cuanto bien tengo;
mi mal no es grave, mas por ser más luengo,
miedo es el que me acaba el sufrimiento.
Cuando estás más caído el sentimiento,
cuando más desvalido a sus pies vengo,
pensando me sustento y me entretengo:
que no ocupo otra gloria en mi tormento.
¡Ay Dios, qué nuevo mal, cuán sin remedio!,
que ni la voluntad siento partida,
ni está, salvo en morir, entera en cosa.
Señora, ¿qué haré? Dad vos remedio.
Acábame el dolor luego la vida,
y no me llegue a prenda tan preciosa.
Mario Benedetti
Contraofensiva
le dan
palos de ciego
la única
respuesta eficaz
es dar
palos
de vidente.
Efraín Huerta
Mgn
Podría
Escribir
Ayer y hoy
La historia
De un paso
En
Falso