Citas
Citas para inspirar y reflexionar
No sé [qué armas se usarán en la Tercera Guerra Mundial]. Pero puedo decirle cuáles se usarán en la Cuarta: ¡piedras!
La creación de los Estados Unidos de Europa es una necesidad económica y política. Aunque resulta difícilmente predecible si contribuirá a la estabilización de la paz internacional. Creo más bien que sí.
Los científicos, cuyo destino trágico ha sido contribuir a que los métodos de aniquilación sean aún más terribles y efectivos, debemos considerar nuestro deber solemne y trascendental hacer todo lo que esté en nuestro poder para evitar que dichas armas sean usadas con el propósito brutal para el que fueron inventadas.
Es cierto que los adelantos realizados en física han hecho posible la aplicación de los resultados científicos con objetivos técnicos y militares que implican un gran peligro. No obstante, la responsabilidad radica en los que hacen uso de las nuevas herramientas y no en los que han contribuido al progreso del conocimiento: en consecuencia, en los políticos y no en los científicos.
La guerra victoriosa contra la Alemania nazi y Japón ha provocado la influencia malsana de nuestros militares y de las actitudes militares que ponen en peligro las instituciones democráticas de nuestro país y la paz en el mundo.
El propósito de militarizar la nación no sólo nos amenaza inmediatamente con la guerra, sino que también socavará lentamente el espíritu democrático y la dignidad del individuo en nuestra tierra.
Cuando la creencia en la omnipotencia de la fuerza física predomina en la vida política, esta fuerza cobra vida propia y demuestra que es más fuerte que los hombres que creen que la utilizan como una herramienta.
Todos los que estamos preocupados por la paz y por el triunfo de la razón y la justicia debemos ser muy conscientes de la escasa influencia que la razón y la buena voluntad honesta ejercen sobre los acontecimientos en el ámbito político.
Mientras exista el hombre, habrá guerra.
Como no preveo que la energía atómica se convierta en un gran bien durante mucho tiempo, debo decir que por el momento es una amenaza. Quizá sea bueno que sea así. Es posible que obligue a la raza humana a poner orden en sus relaciones internacionales, que, sin las presiones del miedo, no haría.
No estoy diciendo que los Estados Unidos no deban construir y almacenar la bomba, porque creo que deben hacerlo; deben ser capaces de disuadir a otras naciones de lanzar un ataque nuclear.
No se debería olvidar que la bomba atómica se construyó en este país como una medida preventiva; debía evitar su uso por parte de los alemanes si llegaban a descubrirla.
La disuasión debería ser el único propósito del almacenamiento de bombas. […] Mantener un depósito de bombas atómicas sin la promesa de no iniciar su uso será una explotación de la posesión de las bombas con fines políticos. […] [En caso contrario] será difícil evitar una guerra nuclear.
La fuerza del sistema comunista en el este es tal que adquiere algunas características de una religión e inspira las emociones de una religión. A menos que la fuerza de la paz, fundamentada en la ley, reúna a su espalda la fuerza y el celo de la religión, será difícil albergar cualquier esperanza de que tenga éxito. […] Se le debe añadir el profundo poder de la emoción, que es un ingrediente básico de la religión.
Resulta característico de la mentalidad militar que los factores no humanos (bombas atómicas, bases estratégicas, armas de todo tipo, la posesión de materias primas, etc.) se consideren esenciales, mientras que el ser humano, sus deseos y pensamientos –en resumen, los factores psicológicos– se consideran sin importancia y secundarios. […] Se degrada al individuo […] como «material humano».
El bombardeo de centros civiles fue iniciado por los alemanes y adoptado por los japoneses. Por eso, los aliados respondieron en cierta medida –y resultó que con mayor efectividad– y estuvieron moralmente justificados para hacerlo.
Si hubiera sabido que los alemanes no iban a tener éxito en la producción de una bomba atómica, nunca habría levantado la mano.
Los científicos reconocemos nuestra responsabilidad ineludible para transmitir a nuestros conciudadanos el conocimiento de los hechos básicos de la energía atómica y de sus implicaciones para la sociedad. En esto radica nuestra única seguridad y nuestra única esperanza.
Con la aparición de la energía atómica, nuestra generación ha traído al mundo la fuerza más revolucionaria desde que el hombre descubrió el fuego.
La no colaboración en temas militares debería ser un principio moral esencial para todos los científicos de verdad […] que se dedican a la investigación básica.
La ciencia ha traído este peligro, pero el problema real se encuentra en la mente y el corazón de los hombres. No vamos a cambiar el corazón de los demás hombres mediante un mecanismo, sino cambiando nuestro corazón y hablando con valentía… Cuando tengamos claro el corazón y la mente, entonces encontraremos el valor para superar el miedo que persigue al mundo.
El poder desencadenado por la bomba atómica lo ha cambiado todo excepto nuestra manera de pensar y por eso navegamos hacia una catástrofe sin precedentes.
Las balas de fusil matan hombres, pero las bombas atómicas matan ciudades. Un tanque es una defensa contra una bala, pero no existe ninguna defensa contra el arma que puede destruir la civilización. […] Nuestra defensa está en la ley y el orden.
En épocas anteriores la vida y la cultura de una nación podían quedar protegidas hasta cierto punto mediante el crecimiento de los ejércitos en una carrera entre naciones. En la actual debemos abandonar totalmente la competición y asegurar la cooperación.
Se ha ganado la guerra, pero no la paz. Las grandes potencias, unidas en la lucha, ahora están divididas sobre los acuerdos de paz.
Muchas personas han preguntado preocupadas por un mensaje mío reciente sobre que «es esencial un nuevo tipo de pensamiento si la humanidad quiere sobrevivir y avanzar hacia un nivel superior». […] El pensamiento y los métodos del pasado no evitaron las guerras mundiales. El pensamiento futuro debe prevenir las guerras.
No me considero el padre de la aparición de la energía atómica. He desempeñado un papel bastante indirecto. De hecho, no llegué a prever que pudiera aparecer durante mi vida. Sólo creía que era teóricamente posible. Su puesta en práctica se ha debido únicamente al descubrimiento accidental de la reacción en cadena y eso no es algo que hubiera podido predecir.
El secreto de la bomba debería estar en manos de un gobierno mundial. […] ¿Temo la tiranía de un gobierno mundial? Por supuesto que sí. Pero temo aún más la llegada de otra guerra o guerras. Cualquier gobierno es malvado hasta cierto punto. Pero un gobierno mundial es preferible al mal mucho mayor de las guerras.
El lanzamiento de la energía atómica no ha creado un nuevo problema. Sólo ha hecho que sea más urgente la necesidad de resolver el que ya existía. Se podría decir que ha afectado cuantitativa, pero no cualitativamente.
No creo que la civilización desaparezca a causa de una guerra librada con bombas atómicas. Quizá mate a las dos terceras partes de la población de la Tierra, pero quedarían suficientes hombres capaces de pensar y suficientes libros para empezar de nuevo, y la civilización quedaría restaurada.
Mientras las naciones exijan una soberanía sin restricciones no cabe duda de que tendremos que enfrentarnos a guerras aún más grandes, libradas con armas más potentes y tecnológicamente más avanzadas.
¡Querido Albert! Mi trabajo científico no tiene nada más que una conexión muy indirecta con la bomba atómica.
No he hecho ningún trabajo [para la bomba atómica], ningún trabajo en absoluto. Estoy interesado en la bomba lo mismo que cualquier persona, quizá un poquito más interesado.
Al poder organizado sólo se puede oponer el poder organizado. Por mucho que lo lamente, no existe otro modo.
Una obra reciente de E. Fermi y L. Szilard, que me ha llegado en manuscrito, me lleva a esperar que el elemento uranio pueda convertirse en una fuente de energía nueva e importante en un futuro inmediato. Ciertos aspectos de la situación parece que llaman a la prudencia y, si es necesario, a una acción rápida por parte de la Administración.
Resulta indigno de una gran nación quedarse ociosa mientras países pequeños de gran cultura están siendo destruidos con un desprecio cínico por la justicia.
Los poderosos grupos industriales que se ocupan de la fabricación de armas están haciendo todo lo posible en todos los países para evitar un acuerdo pacífico de las disputas internacionales, y los gobernantes sólo pueden alcanzar esta gran meta si están seguros del apoyo vigoroso de la mayoría de su pueblo. En esta época de gobierno democrático, el destino de las naciones depende de la propia gente; cada individuo debe tenerlo siempre presente.
Sin ninguna duda, las dificultades económicas actuales traerán consigo algún tipo de legislación que asegure un ajuste entre la oferta y la demanda de trabajo, así como entre producción y consumo, a través del control gubernamental. Pero también este problema tienen que resolverlo los hombres libres.
El servicio militar obligatorio me parece el síntoma más desgraciado de la deficiencia en dignidad personal que sufre en la actualidad la humanidad civilizada.
Se debe abolir el servicio militar obligatorio, como caldo de cultivo de un nacionalismo malsano; y, lo que es más importante, se tiene que proteger a nivel internacional a los objetores de conciencia.
Cualquiera que quiera realmente abolir la guerra debe declararse con firmeza a favor de que su propio país renuncie a una parte de su soberanía a favor de las instituciones internacionales.
Este es el problema: ¿existe alguna manera de librar a la humanidad de la amenaza de la guerra? Es de conocimiento general que con el avance de la ciencia moderna este tema se ha convertido en cuestión de vida o muerte para la civilización tal como la conocemos; pero, aun así, a pesar de todo el celo desplegado, todos los intentos para solucionarlo han acabado en un lamentable fracaso.
Debemos […] dedicar nuestra vida a secar la fuente de la guerra: las fábricas de munición.
Esto no es una comedia. Esto es una tragedia […] a pesar de los repiques y las bufonadas. Nadie tiene derecho a tratar a la ligera esta tragedia o reír cuando debería llorar. Todos deberíamos subir a las azoteas y denunciar esta conferencia como una farsa.
Estoy totalmente convencido de que debemos utilizar todos los medios posibles para fortalecer el movimiento de resistencia a la guerra. No se puede subestimar su significado moral. […] Inspira el valor individual, presenta un reto a la conciencia de los hombres y socava la autoridad del sistema militar.
El desarme moral, como el problema de la paz en su conjunto, resulta difícil porque los hombres con poder nunca están dispuestos a entregar una parte de la soberanía de su país, que es exactamente lo que deben hacer para abolir la guerra.
Ojalá se despierten la conciencia y el sentido común de las personas, de manera que alcancemos una nueva fase en la vida de las naciones, en la que la gente mirará hacia atrás y verá la guerra como una aberración incomprensible de sus antepasados.
La guerra no es un juego de salón en el que los jugadores siguen obedientemente las reglas. Cuando están en juego la vida y la muerte, las reglas y las obligaciones saltan por la borda. En este caso sólo puede ser útil el repudio absoluto de todas las guerras.