Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Librar una guerra significa matar a inocentes y permitir que te maten inocentemente. […] ¿Cómo es posible que una persona decente y que se respete pueda participar en un asunto tan trágico? ¿Cometería perjurio si su gobierno le pidiese que lo hiciera? Desde luego que no. Entonces, ¿no es mucho peor masacrar a personas inocentes?
Mientras existan los ejércitos, cualquier conflicto serio conducirá a la guerra. Un pacifismo que no luche activamente contra el armamento de las naciones es y será siempre impotente.
Admito que el país que decida no defenderse asume un gran riesgo. No obstante, este riesgo debe ser aceptado por la sociedad en su conjunto y se corre en interés del progreso humano. El verdadero progreso nunca ha sido posible sin sacrificios. […] Mientras las naciones sigan preparándose sistemáticamente para la guerra, el miedo, la desconfianza y las ambiciones egoístas conducirán de nuevo a la guerra.
Las personas de todos los países insistirán en que su nación es víctima de una agresión y lo harán con toda su buena fe. […] No se puede educar una nación para la guerra y, al mismo tiempo, conseguir que la gente crea que la guerra es un crimen vergonzoso.
Creo que la contribución más grande a la paz puede realizarla la prensa, [que] con demasiada frecuencia ayuda a la guerra o contribuye a alentar la intranquilidad política. Si la prensa de todos los países se uniera en un plan de paz, se daría un paso decisivo hacia el logro de nuestro ideal de armonía, hermandad y reparto universal de bienes en el mundo.
A pesar de tantas esperanzas e ilusiones, la guerra siempre será posible. No parece que el mundo le tenga miedo ni siquiera a la inhumanidad más extrema, catastrófica y asesina de la guerra.
El internacionalismo que existía antes de la guerra, antes de 1914, el internacionalismo de la cultura, el cosmopolitismo del comercio y de la industria, la amplia tolerancia de las ideas: este internacionalismo era esencialmente correcto. No habrá paz en la tierra, las heridas infligidas por la guerra no curarán, hasta que este internacionalismo quede restaurado.
Las raíces psicológicas de la guerra están, en mi opinión, enraizadas biológicamente en la naturaleza agresiva de la criatura masculina. […] Algunos animales –el toro y el gallo– nos superan en este aspecto.
Incluso los académicos de diversos países han estado actuando como si les hubieran amputado el cerebro.
Es muy posible que la lucha intensa que se está produciendo en la actualidad no dé lugar a ningún vencedor. […] Por eso, no sólo parece adecuado desde el punto de vista ético, sino amargamente necesario, que los intelectuales de todas las naciones utilicen su influencia para que los términos de la paz no se conviertan en causa de guerras futuras.
En todos los casos en los que es posible una resolución razonable de las dificultades, estoy a favor de una cooperación honesta y, si esto no es posible en las circunstancias presentes, el método de Gandhi de resistencia pacífica contra el mal.
Siempre he sido pacifista, es decir, me he negado a reconocer la fuerza bruta como un medio para la solución de los conflictos internacionales. Aun así, en mi opinión, no resulta razonable aferrarse a ese principio de una manera incondicional. Es necesario establecer una excepción si una potencia hostil amenaza con la destrucción completa del grupo al que se pertenece.
Soy un pacifista dedicado, pero no absoluto; esto significa que me opongo al uso de la fuerza en cualquier circunstancia, excepto cuando nos enfrentamos a un enemigo cuyo propósito es la destrucción de la vida como un fin en sí mismo.
En mi carta a Kaizo , no dije que era un pacifista absoluto, sino que siempre he sido un pacifista convencido. Aunque soy un pacifista convencido, creo que existen circunstancias en las que es apropiado el uso de la fuerza: ante un enemigo que tiene el objetivo incondicional de destruirnos a mí y a mi pueblo.
Creo que la muerte de seres humanos en una guerra no es mejor que un asesinato común.
Cuantas más armas fabrica un país, más inseguro se vuelve: si tienes armas te conviertes en el objetivo de un ataque.
Puedo identificar mis puntos de vista casi completamente con los de Gandhi. Pero (individual y colectivamente) resistiría con violencia cualquier intento de matar o quitarme a mí o a mi gente los medios básicos de subsistencia.
La meta del pacifismo sólo es posible a través de una organización supranacional. La defensa incondicional de esta causa es […] la piedra de toque del pacifismo de verdad.
El objetor de conciencia es un revolucionario. Al tomar la decisión de desobedecer la ley sacrifica sus intereses personales ante la causa mucho más importante de trabajar para la mejora de la sociedad.
Creo que el problema de conseguir la paz para el mundo sobre una base supranacional sólo se resolverá utilizando a gran escala los métodos de Gandhi.
Si la idea de un gobierno mundial no es realista, entonces sólo existe una visión realista de nuestro futuro: la destrucción total del hombre por el hombre.
La humanidad sólo se puede salvar si se crea un sistema supranacional, basado en la ley, para eliminar los métodos de la fuerza bruta.
Sólo existe un camino hacia la paz y la seguridad: la senda de una organización supranacional. El armamento unilateral con base nacional sólo aumenta la incertidumbre y la confusión generales sin constituir una protección efectiva.
Defiendo un gobierno mundial porque estoy convencido de que no existe otro camino posible para eliminar el peligro más terrible con el que se ha encontrado nunca el hombre. El objetivo de evitar la destrucción total debe tener prioridad sobre cualquier otro objetivo.
Todo lo que se hace en las relaciones internacionales se debería emprender a partir del siguiente punto de vista: ¿ayudará o dificultará el establecimiento de un gobierno mundial?
Se debe crear un gobierno mundial que sea capaz de resolver los conflictos entre las naciones con decisiones judiciales. […] Este gobierno debe basarse en una constitución clara que sea aprobada por los gobiernos y por las naciones, y debe ser el único que tenga a su disposición armas ofensivas.
Con el elevado nivel actual de industrialización y de interdependencia económica, es impensable que podamos lograr la paz sin una organización genuinamente supranacional que gobierne las relaciones internacionales. Si queremos evitar la guerra, todo lo que no sea una solución de conjunto me parece ilusorio.
No existe otra salvación para la civilización e incluso para la raza humana que la creación de un gobierno mundial, con la seguridad de las naciones fundamentada en la ley. Mientras existan estados soberanos con armamento propio y secretos armamentísticos, no se podrán evitar nuevas guerras mundiales.
En los años veinte, cuando no existía ninguna dictadura, defendí que el rechazo a ir a la guerra haría que la guerra fuera considerada indecente. Pero, en cuanto aparecieron condiciones coercitivas en ciertas naciones, sentí que eso debilitaría a las naciones menos agresivas frente a las más agresivas.
Estoy convencido de que una organización política internacional no es sólo posible, sino que será incondicionalmente necesaria si la situación de nuestro planeta acaba volviéndose al final insostenible.
Sostengo con firmeza el principio de que la solución real al problema del pacifismo sólo se puede lograr con la organización de una corte de arbitraje supranacional que, a diferencia de la actual Sociedad de Naciones en Ginebra, tendrá a su disposición los medios para aplicar sus decisiones. En resumen, una corte de justicia internacional con un brazo militar permanente… o mejor, una fuerza policial.
El pacifismo es su propio enemigo en ciertas circunstancias, como lo sería actualmente en Alemania. […] Tenemos que trabajar con la gente para crear un sentimiento público que ilegalice la guerra: (1) crear la idea de suprasoberanía; […] (2) enfrentarnos a las causas económicas de la guerra.
Sólo si conseguimos abolir por completo el servicio militar obligatorio será posible educar a la juventud en el espíritu de reconciliación, alegría de vivir y amor hacia todas las criaturas vivas.
Armar significa entregar la voz y realizar preparativos, no para la paz, sino para la guerra. Por eso la gente no se va a desarmar paso a paso; o se desarma de golpe o no lo hará en absoluto.
Soy el mismo pacifista ardiente que era antes. Pero creo que la medida de la negativa al servicio militar sólo se podrá exigir de nuevo en Europa cuando haya dejado de existir la amenaza militar de unas dictaduras agresivas contra los países democráticos.
La paz no se puede mantener con la fuerza. Sólo se puede conseguir con el entendimiento. No se puede subyugar a una nación por la fuerza, a menos que barras a todos los hombres, mujeres y niños. A menos que se quieran aplicar unas medidas tan drásticas, se debe encontrar una manera de resolver las disputas sin recurrir a las armas.
Es posible que la negativa a realizar el servicio militar nos exponga a una persecución severa; ¿esta persecución es menos vergonzosa para la sociedad que la persecución a la que fueron sometidos los mártires religiosos en siglos pasados?
No sólo soy un pacifista, sino un pacifista militante. Estoy dispuesto a luchar por la paz. […] ¿No es mejor para un hombre morir por la causa en la que cree, como es la paz, que sufrir a causa de lo que no cree, es decir, la guerra?
El estado existe para el hombre, no el hombre para el estado. […] Creo que la misión más importante del estado es la protección del individuo para que le sea posible desarrollar una personalidad creativa. El estado debería ser nuestro sirviente; no deberíamos ser esclavos del estado. El estado viola este precepto cuando nos obliga a realizar el servicio militar.
Cualquiera que quiera abolir de verdad la guerra debe declararse con firmeza a favor de que su país renuncie a una parte de su soberanía a favor de las instituciones internacionales: debe estar dispuesto a que, en caso de una disputa, su país esté dispuesto a acudir a una corte internacional. Debe […] apoyar el desarme en todas partes.
Apelo a todos los hombres y mujeres, ya sean eminentes o humildes, para que declaren que se negarán a seguir ofreciendo ayuda a la guerra o a la preparación de la guerra.
Existen dos maneras de resistirse a la guerra: la vía legal y la vía revolucionaria. La vía legal implica el ofrecimiento de servicios alternativos, no como un privilegio para unos pocos, sino como un derecho para todos. La senda revolucionaria implica una resistencia a ultranza, con el objetivo de romper el poder del militarismo en tiempos de paz o de los recursos del estado en tiempos de guerra.
Creo que sólo se podrá conseguir un progreso serio [en la abolición de la guerra] cuando los hombres se organicen a escala internacional y se nieguen, en su conjunto, a participar en el servicio militar o de guerra.
Pocos de nosotros nos aferramos a la idea de que los actos de violencia en el marco de las guerras no son ventajosos ni dignos de la humanidad como método para resolver los problemas internacionales. Pero no somos lo suficientemente consistentes para realizar esfuerzos vigorosos a favor de las medidas para prevenir la guerra, esta reliquia salvaje e indigna de una era de barbarie.
Aunque sólo el dos por ciento de los que se supone que deben realizar el servicio militar se declarasen contrarios a la guerra y afirmaran: «No vamos a luchar. Necesitamos otros métodos para resolver las disputas internacionales». Los gobiernos quedarían impotentes porque no pueden meter en la cárcel a semejante masa.
El hombre que disfruta marchando en fila al ritmo de la música tiene todo mi desprecio. Este heroísmo a la orden, esta violencia sin sentido, este maldito alarde de patriotismo… ¡con qué intensidad los desprecio! La guerra es baja y despreciable, y prefiero que me hagan pedazos a participar en algo así.
Bajo el sistema actual de servicio militar obligatorio todo el mundo se ve obligado a cometer un crimen: el crimen de matar a personas por su país. El objetivo de todos los pacifistas debe ser convencer a los demás de la inmoralidad de la guerra y librar al mundo de la esclavitud vergonzosa del servicio militar.
Cuando los que están unidos por ideales pacifistas se reúnen, siempre se asocian exclusivamente con los de su especie. Son como ovejas reunidas mientras los lobos esperan en el exterior. […] La voz de la oveja no supera este círculo y por eso es ineficaz.