Citas
Citas para inspirar y reflexionar
No puedo encontrar tiempo para escribir porque estoy ocupado con cosas realmente grandes. Día y noche exprimo mi mente en un esfuerzo para penetrar con mayor profundidad en las cosas que he ido descubriendo gradualmente durante los dos últimos años y que representan un avance sin precedentes en los problemas fundamentales de la física.
Ahora estoy trabajando exclusivamente en el problema de la gravedad. […] Una cosa es cierta: nunca antes en mi vida me había preocupado tanto por algo, y he ganado un respeto enorme por las matemáticas, cuyas partes más sutiles había considerado hasta ahora […] ¡como puro lujo! Comparado con este problema, la teoría de la relatividad original es un juego de niños.
La «teoría de la relatividad» es correcta en la medida en que son correctos los dos principios en los que se basa. Como parece que son en gran medida correctos, la teoría de la relatividad en su estado actual parece que representa un avance importante. ¡No creo que haya obstaculizado el desarrollo ulterior de la física teórica!
Cuanto más éxito tiene la teoría cuántica, más absurda parece. ¡Cómo iban a burlarse los no físicos si fueran capaces de seguir el extraño curso de los acontecimientos!
Las personas que han tenido el privilegio de contribuir en algo al desarrollo de la ciencia no deberían dejar que [la discusión sobre las prioridades] oscureciera su alegría por los frutos de la tarea común.
Parece que la capacidad científica y las cualidades personales no van siempre de la mano. Yo valoro mucho más a una persona armoniosa que al experimentador o campeón de las fórmulas más dotado.
Gracias a mi idea afortunada de introducir el principio de la relatividad en la física, tú (y otros) están sobreestimando enormemente mis habilidades científicas, hasta el punto de que me siento incómodo.
Una teoría física sólo puede ser satisfactoria si su estructura está compuesta de fundamentos elementales. En última instancia, la teoría de la relatividad es tan poco satisfactoria como, por ejemplo, lo era la termodinámica clásica antes de que Boltzmann interpretara la entropía como probabilidad.
Hasta ahora hemos aplicado el principio de la relatividad, es decir, la asunción de que las leyes físicas son independientes del estado de movimiento del sistema de referencia, sólo a los sistemas de referencia sin aceleración. ¿Se puede concebir que el principio de la relatividad también se aplique a sistemas que se aceleran relativamente los unos respecto a los otros?
(1) Las leyes por las cuales cambia el estado de un sistema físico no dependen de a cuál de los dos sistemas de coordinadas se refieren dichas leyes, en un movimiento uniforme relativo. (2) Cada rayo de luz se mueve en un sistema de coordenadas «en descanso» con una velocidad definitiva c , ya se emita desde una fuerza estática o en movimiento.
De esto concluimos que un reloj de rueda de balanza colocado en el ecuador de la Tierra debe girar ligeramente más lento que otro reloj exactamente igual situado en uno de los polos en idénticas condiciones.
Todos nuestros juicios en los que el tiempo desempeña un papel son juicios sobre acontecimientos simultáneos. Si digo, por ejemplo, «el tren llega a las 7», significa que la coincidencia de la aguja pequeña de mi reloj con el número 7 y la llegada del tren son acontecimientos simultáneos.
He resuelto completamente el problema. Mi solución ha sido analizar el concepto de tiempo. El tiempo no se puede definir de una manera absoluta, y existe una relación inseparable entre el tiempo y la velocidad de la señal.
Se me ha ocurrido otra consecuencia del artículo sobre la termodinámica. El principio de la relatividad, junto con las ecuaciones de Maxwell, requiere que la masa sea una medida directa de la energía contenida en un cuerpo; la luz transfiere masa. […] Contemplarlo resulta divertido y atractivo, pero no sé si el buen Señor se está riendo de mí y me está conduciendo por el camino equivocado.
De acuerdo con los presupuestos considerados aquí, en la propagación de un rayo de luz emitido desde un punto focal, la energía no se distribuye de manera continuada en un volumen creciente de espacio, sino que consiste en un número finito de cuantos de energía localizados en puntos del espacio que se mueven sin dividirse y sólo se pueden absorber o generar como unidades completas.
No podemos otorgar un sentido absoluto al concepto de simultaneidad; en su lugar, dos acontecimientos que son simultáneos cuando se observan desde un sistema de coordenadas particular no se pueden seguir considerando simultáneos cuando se observan desde un sistema que está en movimiento relativo con relación a aquel sistema.
Pasaron cinco o seis semanas desde la concepción de la idea de la teoría especial de la relatividad y la finalización de la destacada publicación.
Mi camino directo hacia la teoría especial de la relatividad estuvo determinado en gran parte por la convicción de que la fuerza electromotora inducida en un conductor que se mueve en un campo magnético no es nada más que un campo eléctrico.
La teoría especial de la relatividad debe sus orígenes a las ecuaciones del campo magnético de Maxwell. Y a la inversa, estas sólo se pueden comprender formalmente de una manera satisfactoria mediante la teoría especial de la relatividad.
Que la teoría especial de la relatividad sólo era el primer paso de un desarrollo necesario sólo me quedó completamente claro con mis esfuerzos para representar la gravitación en el marco de esta teoría.
Para mí siempre ha sido incomprensible por qué la teoría de la relatividad, cuyos conceptos y problemas están tan alejados de la vida cotidiana, ha podido encontrar un eco tan vivo e incluso apasionado en los círculos más amplios de la población durante tanto tiempo.
Me desesperé ante la posibilidad de descubrir las verdaderas leyes a través de los esfuerzos constructivos basados en los hechos conocidos. Cuanto más desesperadamente lo intentaba a lo largo del tiempo, más convencido estaba de que sólo el descubrimiento de un principio formal universal podía conducirnos a unos resultados seguros. El ejemplo que veía delante de mí era la termodinámica.
E = mc 2 .
¿Qué ocurriría si tuviéramos que correr detrás de un rayo de luz? […] ¿Qué ocurriría si fuéramos montados sobre el rayo? […] Si alguien pudiera correr lo suficientemente rápido, ¿dejaría de moverse? […] ¿Qué es la «velocidad de la luz»? Si está en relación con algo, este valor no mantiene ninguna relación con algo que también está en movimiento.
No sabemos absolutamente nada de él [Dios, el mundo]. Todo nuestro conocimiento sólo es el conocimiento de un escolar. Posiblemente deberíamos saber un poco más de lo que sabemos ahora. Pero la naturaleza real de las cosas no la conoceremos nunca.
Papagoyim.
Mientras reces a Dios y le pidas algo, no eres un hombre religioso.
Lo que me interesa realmente es si Dios pudo crear el mundo de manera diferente; en otras palabras, si los requisitos de la simplicidad lógica admiten un margen de libertad.
¿No parece como si toda la filosofía estuviera escrita con miel? Parece maravillosa a primera vista, pero, cuando vuelves a mirar, se ha desvanecido. Sólo queda el aroma.
La valía moral de un hombre no se mide por sus creencias religiosas, sino por los impulsos emocionales que ha recibido de la naturaleza.
No creo en un Dios personal y nunca lo he negado, sino que lo he expresado con claridad. Si existe algo en mí que pueda llamarse religioso, se trata de la admiración ilimitada por la estructura del mundo hasta el punto que la revela la ciencia.
No intento imaginarme a Dios; es suficiente asombrarme con la estructura del mundo, en la medida en que nos la permiten apreciar nuestros sentidos inadecuados.
Considero que la Sociedad de Amigos es la comunidad religiosa que tiene los principios morales más elevados. Por lo que sé, nunca han aceptado compromisos con el mal y siempre se guían por su conciencia. Especialmente en la vida internacional, su influencia me parece muy beneficiosa y efectiva.
Si Dios creó el mundo, desde luego su preocupación principal no fue que pudiéramos comprenderlo con facilidad.
La palabra «Dios» no es para mí nada más que la expresión y el producto de la debilidad humana, y la Biblia una colección de leyendas honorables, pero primitivas, e incluso infantiles. Ninguna interpretación, por elegante que sea, puede cambiarlo [para mí].
No creo en la inmortalidad del individuo y considero que la ética es un asunto exclusivamente humano sin ninguna autoridad suprahumana detrás de ella.
Asumir la existencia de un ser imperceptible […] no facilita la comprensión del orden que encontramos en el mundo perceptible.
La idea de un Dios personal me resulta extraña e incluso me parece ingenua.
Mi sentimiento es religioso mientras esté imbuido de la conciencia de la insuficiencia de la mente humana para comprender con mayor profundidad la armonía del universo que intentamos formular como «leyes de la naturaleza».
No creer en un Dios personal no se convierte en absoluto en una filosofía.
No he encontrado una expresión mejor que «religiosa» para la confianza en la naturaleza racional de la realidad, en cuanto es accesible a la razón humana. Cuando está ausente este sentimiento, la ciencia degenera en un empirismo sin inspiración.
Mi postura ante Dios es la de un agnóstico. Estoy convencido de que una conciencia viva sobre la importancia primaria de los principios morales para la mejora y el ennoblecimiento de la vida no necesita de la idea de un legislador, en especial de un legislador que trabaja sobre la base de la recompensa y el castigo.
Un ser humano forma parte del conjunto que llamamos «universo», una parte limitada en tiempo y espacio. Se experimenta a sí mismo, a sus pensamientos y sus sentimientos como algo separado del resto: una especie de ilusión óptica de su conciencia. La lucha para liberarse de esta ilusión es el objetivo de la verdadera religión. No se trata de alimentarla, sino de superarla para alcanzar una medida razonable de paz mental.
Aunque es cierto que los resultados científicos son totalmente independientes de las consideraciones religiosas o morales, los individuos a los que debemos los grandes logros creativos en la ciencia están imbuidos de la convicción verdaderamente religiosa de que este universo es algo perfecto y responde ante la búsqueda racional de conocimiento.
Es este […] contenido simbólico de las tradiciones religiosas lo que es más probable que entre en conflicto con la ciencia. […] Resulta de vital importancia para preservar la verdadera religión que se eviten dichos conflictos cuando surgen de temas que, en realidad, no son verdaderamente esenciales para alcanzar las metas religiosas.
Mis puntos de vista son cercanos a los de Spinoza: admiración por la belleza y creencia en la simplicidad lógica del orden y la armonía que se pueden conocer humilde y sólo imperfectamente. Creo que debemos conformarnos con nuestro conocimiento y comprensión imperfectos, y tratar los valores y las obligaciones morales como problemas puramente humanos.
Más allá se encontraba este mundo enorme, que existe independientemente de los seres humanos y que se alza ante nosotros como un acertijo gigantesco y eterno, que sólo es parcialmente accesible a nuestro análisis y pensamiento. La contemplación de este mundo actuó como una liberación y muy pronto me di cuenta de que muchos hombres que había aprendido a estimar y admirar habían encontrado la libertad y la seguridad interiores al ocuparse devotamente de él.
Así llegué […] a una religiosidad profunda que, sin embargo, tuvo un final abrupto a la edad de 12 años. A través de la lectura de libros de ciencia popular pronto llegué a la convicción de que gran parte de las historias de la Biblia no podían ser verdad. […] De esta experiencia creció una suspicacia ante todo tipo de autoridad, […] una actitud que no me ha abandonado nunca.