Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Hablad suavemente, y sostened un grueso bastón; iréis lejos.
Uno busca un partero para sus pensamientos; otro a alguien a quien pueda ayudar a parirlos. Así nace un diálogo fructuoso.
El hombre verdaderamente libre es el que puede rechazar una invitación a comer sin excusarse.
Nada impide tanto ser natural como el deseo de parecerlo.
He observado muchas veces que para prosperar en este mundo hay que tener aire de tonto, pero sin serlo.
No hay que apagar la luz del otro para lograr que brille la nuestra.
La conversación más agradable es aquella de la que no se recuerda nada con precisión, pero deja una impresión general agradable.
Recuerde que no basta con decir una cosa correcta en el lugar correcto, es mejor todavía pensar en no decir algo incorrecto en un momento tentador.
Sé cortés con todos; sociable con muchos; familiar con pocos; amigo con uno; enemigo con ninguno.
Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.
No esperes a que te toque el turno de hablar: escucha de veras y serás diferente.
Sólo hay una cosa en el mundo peor que estar en boca de los demás, y es no estar en boca de nadie.
Resulta de todo punto monstruosa la forma en que la gente va por ahí hoy en día criticándote a tus espaldas por cosas que son absoluta y completamente ciertas.
Un chisme es como una avispa: si no puedes matarla al primer golpe, mejor no te metas con ella.
La mejor manera para hacer que la gente hable bien de ti es hacerlo bien.
Hablan. ¿Qué hablan? ¡Que hablen!
Nadie cotillea sobre las virtudes secretas de los demás.
Las calumnias son enfermedades de los demás que se declaran en nuestro cuerpo.
A la gloria de los más famosos se adscribe siempre algo de la miopía de los admiradores.
Lo bueno de ser una celebridad es que, cuando la gente se aburre contigo, piensa que la culpa es suya.
Si un hombre es objeto de mucha conversación, pronto será motivo de mucha crítica.
Para escapar a la crítica, no hagas nada, no digas nada, no seas nada.
Si el sabio no aprueba, ¡malo!; si el necio aplaude, ¡peor!
Sólo me interesa la opinión ajena cuando resuelve algo, cuando es afirmativa. Bastantes problemas tengo con los míos.
El rumor es como un cheque: no hay que darlo por bueno hasta que no se compruebe que tiene fondo.
Nada en la vida es tan estimulante como el que te disparen y no te acierten.
Las mordeduras más peligrosas son las del calumniador entre los animales salvajes y las del adulador entre los animales domesticados.
La celebridad es la ventaja de que te conozcan... todos los que no te conocen.
Es muy fácil obtener fama, pero es muy difícil merecerla.
Conviene recibir las calumnias con más calma que las pedradas.
El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.
Mucho cuidado con el hombre que no os devuelve una bofetada.
Desconfía del hombre que dice que desconfíes.
Sazona tu admiración por algún tiempo.
Con el tiempo aprendí que es un error sonreírle a quien nos ha engañado.
Tened cuidado con el hombre que pide un perdón: puede caer fácilmente en la tentación de merecer dos.
Lo peor de un pelmazo no es que no quiera dejar de hablar, sino que no quiera que tú dejes de escuchar.
Desconfiad del hombre que todo lo encuentra bien, del hombre que todo lo encuentra mal y, más todavía, del hombre que se muestra indiferente a todo.
El ofensor nunca perdona.
Los peores enemigos son aquellos de los que el hombre no piensa defenderse.
No hay gente inútil, sólo hay gente perjudicial.
Hay quien cree contradecirnos cuando no hace más que repetir su opinión sin atender a la nuestra.
Los imbéciles: es decir, los que no piensan como nosotros.
La mayoría de los hombres no se escuchan cuando hablan. Repetidles sus palabras cuando las acaban de pronunciar y no las reconocerán.
Sólo respeto a los que me hacen frente, pero no puedo soportarlos.
De quien se rinde enseguida ha de temerse una emboscada.
No hay que temer a los que tienen otra opinión, sino a aquellos que tienen otra opinión pero son demasiado cobardes para manifestarla.
El enemigo sólo empieza a ser temible cuando empieza a tener razón.