Lista de Poemas
Los Dos Conejos
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.
De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente
amigo, ¿qué es esto?».
«¿Qué ha de ser?», responde;
«sin aliento llego...;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».
«Sí», replica el otro,
«por allí los veo,
pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos».
«¿Qué? ¿podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo».
«Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso».
«Son galgos, te digo».
«Digo que podencos».
En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.
Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.
El Ricote Erudito
más necio que rico),
cuya casa magnífica adornaban
muebles exquisitos.
«¡Lástima que en vivienda tan preciosa»
le dijo un amigo,
«falte una librería!, bello adorno,
útil y preciso.»
«Cierto», responde el otro. «¡Que esa idea
no me haya ocurrido!...
A tiempo estamos. El salón del Norte
a este fin destino.
»Que venga el ebanista, y haga estantes
capaces, pulidos,
a toda costa. Luego trataremos
de comprar los libros.
»Ya tenemos estantes. Pues, ahora»,
el buen hombre dijo,
«¡echarme yo a buscar doce mil tomos!
¡No es mal ejercicio!
»Perderé la chaveta, saldrán caros,
y es obra de un siglo...
Pero ¿no era mejor ponerlos todos
de cartón fingidos?
»Ya se ve: ¿por qué no? Para estos casos
tengo yo un pintorcillo
que escriba buenos rótulos e imite
pasta y pergamino.
»¡Manos a la labor!» Libros curiosos
modernos y antiguos
mandó pintar, y a más de los impresos,
varios manuscritos.
El bendito señor repasó tanto
sus tomos postizos,
que aprendiendo los rótulos de muchos,
se creyó erudito.
Pues ¿qué más quieren los que sólo estudian
títulos de libros,
si con fingirlos de cartón pintado
les sirven lo mismo?
El Oso, La Mona Y El Cerdo
se ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza ensayaba en dos pies.
Queriendo hacer de persona,
dijo a una mona: «¿Qué tal?»
Era perita la mona,
y respondióle: «Muy mal».
«Yo creo», replicó el oso,
«que me haces poco favor.
Pues ¿qué?, ¿mi aire no es garboso?
¿no hago el paso con primor?».
Estaba el cerdo presente,
y dijo: «¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín más excelente
no se ha visto, ni verá!».
Echó el oso, al oír esto,
sus cuentas allá entre sí,
y con ademán modesto
hubo de exclamar así:
«Cuando me desaprobaba
la mona, llegué a dudar;
mas ya que el cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar».
Guarde para su regalo
esta sentencia el autor:
si el sabio no aprueba, ¡malo!
si el necio aplaude, ¡peor!
El Té Y La Salvia
se encontró con la salvia en el camino.
Ella le dijo: «Adónde vas, compadre?»
«A Europa voy, comadre,
donde sé que me compran a buen precio».
«Yo», respondió la salvia, «voy a China,
que allá con sumo aprecio
me reciben por gusto y medicina.
En Europa me tratan de salvaje,
y jamás he podido hacer fortuna.
Anda con Dios. No perderás el viaje,
pues no hay nación alguna
que a todo lo extranjero
no dé con gusto aplausos y dinero».
La salvia me perdone,
que al comercio su máxima se opone.
Si hablase del comercio literario,
yo no defendería lo contrario,
porque en él para algunos es un vicio
lo que es en general un beneficio;
y español que tal vez recitaría
quinientos versos de Boileau y el Tasso,
puede ser que no sepa todavía
en qué lenguas los hizo Garcilaso.
El Galán Y La Dama
petimetre del gusto más extraño,
que cuarenta vestidos muda al año
y el oro y plata sin temor derrama,
celebrando los días de su dama,
unas hebillas estrenó de estaño,
sólo para probar con este engaño
lo seguro que estaba de su fama.
«¡Bella plata! ¡Qué brillo tan hermoso!»,
dijo la dama, «¡viva el gusto y numen
del petimetre en todo primoroso!»
Y ahora digo yo: «Llene un volumen
de disparates un autor famoso,
y si no le alabaren, que me emplumen».
La Primavera (tonadilla Pastoril)
la fresca primavera;
el bosque y la pradera
renuevan su verdor.
Con silbo de las ramas
los árboles vecinos
acompañan los trinos
del dulce ruiseñor.
Este es el tiempo, Silvio,
el tiempo del amor.
Escucha cual susurra
el arroyuelo manso;
al sueño y al descanso
convida su rumor.
¡Qué amena está la orilla!
¡Qué clara la corriente!
¿Cuándo exhaló el ambiente
más delicioso olor?
Este es el tiempo, Silvio,
el tiempo del amor.
Más bulla y más temprana
alumbra ya la aurora;
el sol los campos dora
con otro resplandor.
Desnúdanse los montes
del duro y triste hielo,
y vístese ya el cielo
de más vario color.
Este es el tiempo, Silvio,
el tiempo del amor.
Las aves se enamoran,
los peces, los ganados,
y aun se aman enlazados
el árbol y la flor.
Naturaleza toda,
cobrando nueva vida,
aplaude la venida
de mayo bienhechor.
Este es el tiempo, Silvio,
el tiempo del amor.
El Gato, El Lagarto Y El Grillo
en curarse con varios específicos
y en conservar su construcción orgánica,
como hábiles que son en la botánica,
pues conocen las hierbas diuréticas,
catárticas, narcóticas, eméticas,
febrífugas, estípticas, prolíficas,
cefálicas también y sudoríficas.
En esto era gran práctico y teórico
un gato, pedantísimo retórico,
que hablaba en un estilo tan enfático
como el más estirado catedrático.
Yendo a caza de plantas salutíferas,
dijo a un lagarto: «¡Qué ansias tan mortíferas!
Quiero por mis turgencias semi-hidrópicas,
chupar el zumo de hojas heliotrópicas».
Atónito el lagarto con lo exótico
de todo aquel preámbulo estrambótico,
no entendió más la frase macarrónica
que si le hablasen lengua babilónica;
pero notó que el charlatán ridículo
de hojas de girasol llenó el ventrículo,
y le dijo: «Ya, en fin, señor hidrópico,
he entendido lo que es zumo heliotrópico».
¡Y no es bueno que un grillo, oyendo el diálogo,
aunque se fue en ayunas del catálogo
de términos tan raros y magníficos,
hizo del gato elogios honoríficos!
Sí; que hay quien tiene la hinchazón por mérito,
y el hablar liso y llano por demérito.
Mas ya que esos amantes de hiperbólicas
cláusulas y metáforas diabólicas,
de retumbantes voces el depósito
apuran, aunque salga un despropósito,
caiga sobre su estilo problemático
este apólogo esdrújulo-enigmático.
El Burro Flautista
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
«¡Oh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!».
Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.
Comentários (0)
NoComments
Quién fue Tomás de Iriarte.
TOMÁS DE IRIARTE
Cuentos De Iriarte - La Música De Los Animales - Taylor Pamo
Los fabulistas: Tomás de Iriarte y Félix María Samaniego II Paula Yáñez Sahuquillo
Biografia de Tomas de Iriarte
Biografía de Tomás de Iriarte
Los dos conejos | Tomás de Iriarte | Teatro de La Frontera
El burro flautista - Fábulas infantiles - Tomás de Iriarte - Con subtítulos
La iniciación masónica del General Tomás de Iriarte.
La fábula sobre Tomás de Iriarte 🔴
🐔🦁Más fábulas de Tomás de Iriarte | Isla de las Letras
PANORAMICA LICEO CAMPESTRE THOMAS DE IRIARTE
Tomas de Iriarte - Fabulas Literarias
Fábulas de Tomás de Iriarte. Lecturas
Tomás de Iriarte. (Levantarme a las mil)
Biografía Tomás de Iriarte
Tomas de Iriarte
La ardilla y el caballo. Tomás de Iriarte
Tomás de Iriarte - El burro flautista
Tomás de Iriarte
EL BURRO FLAUTISTA (Tomás de Iriarte) - Antonio Selfa
La Fábula Samaniego e Iriarte
Joyas bibliográficas del CEDOCAM: Fábulas literarias de Tomás de Iriarte l Museos de Tenerife
LA COMPRA DEL ASNO (FÁBULA TOMÁS DE IRIARTE)
Biografía Tomas de Iriarte
La hormiga y la pulga
El gato, el lagarto, y el grillo de Tomás de Iriarte por Reynaldo Disla
Vida de Tomás de Iriarte.wmv
tomas de iriarte
LOS DOS CONEJOS. (Fabula de Tomas Iriarte).TEATREROS
PACO UN DIA CON PERICO (TOMÁS DE IRIARTE)
La abeja y el cuclillo
Tomás de Iriarte - Los dos conejos
Tomás de Iriarte - El gato, el lagarto y el grillo
Juan Ignacio Cuesta canta "El burro flautista", de Tomás de Iriarte.
El Burro flautista. Fábula de Tomás de Iriarte.
El manguito, el abanico y el quitasol
Fábulas de Tomas Iriarte
Fábula "Los huevos", de Tomás de Iriarte
La Batalla del cabo de Santa María (1804). Memorias del general Tomás de Iriarte
EL BURRO FLAUTISTA (FÁBULA TOMÁS DE IRIARTE)
LOS DOS CONEJOS (FÁBULA TOMÁS DE IRIARTE)
FÁBULA DE "LOS DOS CONEJOS" 🐇🐇 Tomás de Iriarte (1750-1791)
Regimiento de Artillería 1 "Brigadier General Tomás de Iriarte"
El Burro Flautista. Fábula. Tomás de Iriarte. Y sonó la flauta... por casualidad.....
Victoria Gonzalvo recita a Tomás de Iriarte "El burro flautista".
La abeja y los zánganos
El lobo y el pastor de Tomas de Iriarte
El león y el águila de Tomas de Iriarte
El burro flautista