Amor
Poemas neste tema
Jorge Luis Borges
Invocación a Joyce
solitarios y muchos,
jugábamos a ser el primer Adán
que dio nombre a las cosas.
Por los vastos declives de la noche
que lindan con la aurora,
buscamos (lo recuerdo aún) las palabras
de la luna, de la muerte, de la mañana
y de los otros hábitos del hombre.
Fuimos el imagismo, el cubismo,
los conventículos y sectas
que las crédulas universidades veneran.
Inventamos la falta de puntuación,
la omisión de mayúsculas,
las estrofas en forma de paloma
de los bibliotecarios de Alejandría.
Ceniza, la labor de nuestras manos
y un fuego ardiente nuestra fe.
Tú, mientras tanto, forjabas
en las ciudades del destierro,
en aquel destierro que fue
tu aborrecido y elegido instrumento,
el arma de tu arte,
erigías tus arduos laberintos,
infinitesimales e infinitos,
admirablemente mezquinos,
más populoso que la historia.
Habremos muerto sin haber divisado
la biforme fiera o la rosa
que son el centro de tu dédalo,
pero la memoria tiene sus talismanes,
sus ecos de Virgilio,
y así en las calles de la noche perduran
tus infiernos espléndidos,
tantas cadencias y metáforas tuyas,
los oros de tu sombra.
Qué importa nuestra cobardía si hay en la tierra
un sólo hombre valiente,
qué importa la tristeza si hubo en el tiempo
alguien que se dijo feliz,
que importa mi perdida generación,
ese vago espejo,
si tus libros la justifican.
Yo soy los otros. Yo soy todos aquellos
que ha rescatado tu obstinado rigor.
Soy los que no conoces y los que salvas.
"Elogio de la sombra" (1969)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 321 e 322 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Religio Medici, 1643
Defiéndeme, Señor. (El vocativono implica a Nadie. Es sólo una palabra
de este ejercicio que el desgano labra
y que en la tarde del temor escribo).
Defiéndeme de mí. Ya lo dijeron
Montaigne y Browne y un español que ignoro;
algo me queda aún de todo ese oro
que mis ojos de sombra recogieron.
Defiéndeme, Señor, del impaciente
apetito de ser mármol y olvido;
defiéndeme de ser el que ya he sido,
el que ya he sido irreparablemente.
No de la espada o de la roja lanza
defiéndeme, sino de la esperanza.
"El oro de los tigres" (1972)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 351 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Al triste
del sajón y su métrica de hierro,
los mares y las islas del destierro
del hijo de Laertes, la dorada
luna del persa y los sin fin jardines
de la filosofía y de la historia,
el oro sepulcral de la memoria
y en la sombra el olor de los jazmines.
Y nada de eso importa. El resignado
ejercicio del verso no te salva
ni las aguas del sueño ni la estrella
que en la arrasada noche olvida el alba.
Una sola mujer es tu cuidado,
igual a las demás, pero que es ella.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 363 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Two english poems
The useless dawn finds me in a deserted streetcorner; I have outlived the night.
Nights are proud waves: darkblue topheavy waves laden with all hues of deep spoil, laden with things unlikely and desirable.
Nights have a habit of mysterious gifts and refusals, of things half given away, half withheld, of joys with a dark hemisphere. Nights act that way, I tell you.
The surge, that night, left me the customary shreds and odd ends: some hated friends to chat with, music for dreams, and the smoking of bitter ashes. The things my hungry heart has no use for.
The big wave brought you.
Words, any words, your laughter; and you so lazily and incessantly beautiful. We talked and you have forgotten the words.
The shattering dawn finds me in a deserted street of my city.
Your profile turned away, the sounds that go to make your name, the lilt of your laughter: these are the illustrious toys you have left me.
I turn them over in the dawn, I lose them; I tell them to the few stray dogs and to the few stray stars of the dawn.
Your dark rich life...
I must get at you, somehow: I put away those illustrious toys you have left me, I want your hidden look, your real smile -that lonely, mocking smile your mirror knows.
II.
What can I hold you with?
I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of the ragged suburbs.
I offer you the bitterness of a man who has looked long and long at the lonely moon.
I offer you my ancestors, my dead men, the ghost that living men have honoured in marble: my father"s father killed in the frontier of Buenos Aires, two bullets through his lungs, bearded and dead, wrapped by his soldiers in the hide of a cow; my mother"s grandfather -just twentyfour- heading a charge of three hundred men in Perú, now ghosts on vanished horses.
I offer you whatever insight my books may hold, whatever manliness humour my life.
I offer you the loyalty of a man who has never been loyal.
I offer her that kernel of myself that I have saved, somehow - the central heart that deals not in words, traffics not with dreams and is untouched by time, by joy, by adversities.
I offer you the memory of a yellow rose seen at sunset, years before you were born.
I offer you explanations of yourself, theories about yourself, authentic and surprising news of yourself.
I can give you my loneliness, my darkness, the hunger of my heart; I am trying to bribe you with uncertainty, with danger, with defeat.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 169 e 170 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
A un poeta menor de 1899
que en el confín del día nos acecha,
ligar tu nombre a su doliente fecha
de oro y de vaga sombra. Eso quisiste.
¡Con qué pasión, al declinar el día,
trabajarías el extraño verso
que, hasta la dispersión del universo,
la hora de extraño azul confirmaría!
No sé si lo lograste ni siquiera,
vago hermano mayor, si has existido,
pero estoy solo y quiero que el olvido
restituya a los días tu ligera
sombra para este ya cansado alarde
de unas palabras en que esté la tarde.
"El Otro, el Mismo" (1969)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 209 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Poema del cuarto elemento
Apresó en una playa que el bochorno lacera,
Se convirtió en león, en dragón, en pantera,
N un árbol y en agua. Porque el agua es Proteo.
Es la nube, la irrecordable nube, es la gloria
Del ocaso que ahonda, rojo, los arrabales;
Es el Maelström que tejen los vórtices glaciales,
Y la lágrima inútil que doy a tu memoria.
Fue, en la cosmogonías, el origen secreto
De la tierra que nutre, del fuego que devora,
De los dioses que rigen el poniente y la aurora.
( Así lo afirman Séneca y Tales de Mileto.)
El mar y la moviente montaña que destruye
A la nave de hierro sólo son tus anáforas,
Y el tiempo irreversible que nos hiere y que huye,
Agua, no es otra cosa que una de tus metáforas.
Fuiste, bajo ruinosos vientos, el laberinto
Sin muros ni ventana, cuyos caminos grises
Largamente desviaron al anhelado Ulises,
De la Muerte segura y el Azar indistinto.
Brillas como las crueles hojas de los alfanjes,
Hospedas, como el sueño, monstruos y pesadillas.
Los lenguajes del hombre te agregan maravillas
Y tu fuga se llama el Eúfrates o el Ganges.
( Afirman que es sagrada el agua del postrero,
Pero como los mares urden oscuros canjes
Y el planeta es poroso, también es verdadero
Afirmar que todo hombre se ha bañado en el Ganges.)
De Quincey, en el tumulto de los sueños, ha visto
Empredarse tu océano de rostros, de naciones;
Has aplacado el ansia de las generaciones,
Has lavado la carne de mi padre y de Cristo.
Agua, te lo suplico. Por este soñoliento
Nudo de numerosas palabras que te digo,
Acuérdate de Borges, tu nadador, tu amigo.
No faltes a mis labios en el postrer momento.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 177 e 178 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Del infierno y del cielo
el esplendor del fuego. Cuando el Juicio
Universal retumbe en las trompetas
y la tierra publique sus entrañas
y resurjan del polvo las naciones
para acatar la Boca inapelable,
los ojos no verán los nueve círculos
de la montaña inversa; ni la pálida
pradera de perennes asfodelos
donde la sombra del arquero sigue
la sombra de la corza, eternamente;
ni la loba de fuego que en el ínfimo
piso de los infiernos musulmanes
es anterior a Adán y a los castigos;
ni violentos metales, ni siquiera
la visible tiniebla de Juan Milton.
No oprimirá un odiado laberinto
de triple hierro y fuego doloroso
las atónitas almas de los réprobos.
Tampoco el fondo de los años guarda
un remoto jardín. Dios no quiere
para alegrar los méritos del justo,
orbes de luz, concéntricas teorías
de tronos, potestades, querubines,
ni el espejo ilusorio de la música
n¡las profundidades de la rosa
ni el esplendor aciago de uno solo
de Sus tigres, ni la delicadeza
de un ocaso amarillo en el desierto
ni el antiguo, natal sabor del agua.
En Su misericordia no hay jardines
ni luz de una esperanza o de un recuerdo.
En el cristal de un sueño he vislumbrado
el Cielo y el Infierno prometidos:
cuando el juicio retumbe en las trompetas
últimas y el planeta milenario
sea obliterado y bruscamente cesen
¡oh Tiempo! tus efímeras pirámides,
los colores y líneas del pasado
definirán en la tiniebla un rostro
durmiente, inmóvil, fiel, inalterable
(tal vez el de la amada, quizá el tuyo)
y la contemplación de ese inmediato
rostro incesante, intacto, incorruptible,
será para los réprobos, Infierno;
para los elegidos, Paraíso.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 173 e 174| Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Una despedida
Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un ángel oscuro.
Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda intimidad de los besos.
El tiempo inevitable se desbordaba
sobre el abrazo inútil.
Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros sino para la soledad ya inmediata.
Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.
Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra que ya el lucero alivia.
Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de tu abrazo.
Como quien vuelve de un país de espadas yo volví de tus lágrimas.
Tarde que dura vívida como un sueño
entre las otras tardes.
Después yo fui alcanzando y rebasando
noches y singladuras.
"Luna de enfrente" (1925)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 66 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Barrio norte
que está vedado por la inutilidad y el descuido,
secreto sin misterio ni juramento
que sólo por la indiferencia lo es:
hábitos de hombres y de anocheceres lo tienen,
lo preserva el olvido, que es el modo más pobre de misterio.
Alguna vez era una amistad este barrio,
un argumento de aversiones y afectos, como las otras cosas del amor;
apenas si persiste esa fe
en unos hechos distanciados que morirán:
en la milonga que de las Cinco Esquinas se acuerda,
en el patio como una firme rosa bajo las paredes crecientes,
en el despintado letrero que dice todavía La Flor del Norte,
en los muchachos de guitarra y baraja del almacén,
en la memoria detenida del ciego.
Ese disperso amor es nuestro desanimado secreto.
Una cosa invisible está pereciendo del mundo,
un amor no más ancho que una música.
Se nos aparta el barrio,
los balconcitos retacones de mármol no nos enfrentan cielo.
Nuestro cariño se acobarda en desganos,
la estrella de aire de las Cinco Esquinas es otra.
Pero sin ruido y siempre,
en cosas incomunicadas, perdidas, como los están siempre las cosas,
en el gomero con su veteado cielo de sombra,
en la bacía que recoge el primer sol y el último,
perdura ese hecho servicial y amistoso,
esa lealtad oscura que mi palabra está declarando:
el barrio.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 102 e 103 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Le regret d'Héraclite
aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 159 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
A Francisco López Merino
si tu voluntad fue rehusar todas las mañanas del mundo,
es inútil que palabras rechazadas te soliciten,
predestinadas a imposibilidad y a derrota.
Sólo nos queda entonces
decir el deshonor de las rosa que no supieron demorarte,
el oprobio del día que te permitió el balazo y el fin.
¿Qué sabrá oponer nuestra voz
a lo confirmado por la disolución, la lágrima, el mármol?
Pero hay ternuras que por ninguna muerte son menos:
las íntimas, indescifrables noticias que nos cuenta la música,
la patria que condesciende a higueras y aljibe,
la gravitación del amor, que nos justifica.
Pienso en ellas y pienso también, amigo escondido,
que tal vez a imagen de la predilección, obramos la muerte,
que la supiste de campanas, niña y graciosa,
hermana de tu aplicada letra de colegial,
y que hubieras querido distraerte en ella como en un sueño.
Si esto es verdad y si cuando el tiempo nos deja,
nos queda un sedimento de eternidad, un gusto del mundo,
entonces es ligera tu muerte,
como los versos en que siempre estás esperándonos,
entonces no profanarán tu tiniebla
estas amistades que invocan.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 101 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Sophia de Mello Breyner Andresen
Para Arpad Szenes
E una se multiplica
Para inventar o espanto o alvoroço a festa
Do reino revelado
Oásis e palmar — distância justa
Atenta invenção do que foi dado
O pintor pinta no tempo respirado
Reconhece o mundo como um rosto amado
Pinta as longas extensões as longas lisas linhas
O caminhar comprido da terra e suas crinas
Pinta o quadro dentro do qual o quadro
Se tece malha a malha como em tear a teia
O outro quadro do quadro convocador convocado
Pinta o bicho egípcio os dedos da palmeira
Assim a luz ao madrugar liberta
A ternura funda nossa aliança com as coisas
Eis o mito solar a fina mão do trigo o bicho grego
O amor que move o sol e os outros astros
— Como o Dante Alighieri disse
Move e situa o quarto o dia o quadro
Sophia de Mello Breyner Andresen
Apolo Musageta
Banhando os horizontes de louvor.
Eras o espírito a falar em cada linha
Eras a madrugada em flor
Entre a brisa marinha.
Eras uma vela bebendo o vento dos espaços
Eras o gesto luminoso de dois braços
Abertos sem limite.
Eras a pureza e a força do mar
Eras o conhecimento pelo amor.
Sonho e presença
De uma vida florindo
Possuída e suspensa.
Eras a medida suprema, o cânon eterno
Erguido puro, perfeito e harmonioso
No coração da vida e para além da vida
No coração dos ritmos secretos.
Sophia de Mello Breyner Andresen
Cante Jondo
Homens sem nome levaram pela rua
Um corpo nu e morto que era o meu.
Sophia de Mello Breyner Andresen
O Rei de Chipre
Sob o excessivo tumulto do seu corpo
Nem fosse a solidão que tudo esfria
Como pequena pedra que irradia
Mas antes um lugar de transparência
E o rei de Chipre tão só a companhia
E a clareza do trigo em sua face
Como quem só em ilhas habitasse
Sophia de Mello Breyner Andresen
Casas
Casas — casas roucas
Atentos muros — umbrais medidos e solenes
Quarto após quarto penumbra sequiosa
Tectos lentos
Como no espelho afloram
Lagos e magia: caminho
Submerso do possível
A paixão habita seu jogo mais secreto
Sua trágica e precisa
Perfeição
1987
Sophia de Mello Breyner Andresen
Viii. Canção de Matar
O teu amor em mim
Está como o gume
De uma faca nua
Ele me atravessa
E atravessa os dias
Ele me divide
Tudo o que em mim vive
Traz dentro uma faca
O teu amor em mim
Que por dentro me corta
Com uma faca limpa
Me libertarei
Do teu sangue que põe
Na minha alma nódoas
O teu amor em mim
De tudo me separa
No gume de uma faca
O meu viver se corta
Do dia nada sei
E a própria noite azul
Me fecha a sua porta
Do dia nada sei
Com uma faca limpa
Me libertarei.
Sophia de Mello Breyner Andresen
Glosa de «So, We’Ll Go No More A-Roving» de Byron
Pela noite fora
Embora a lua brilhe tanto como outrora
Embora como outrora
Não cesse do amor a voz uivante
Que me devora
Pois o coração gasta o peito
E a espada gasta a bainha
O tempo rói o coração desfeito
E a alma é sozinha
Embora a noite sempre peça amor
E o dia volte demasiado cedo
E o luar corte como espada nua
Não irei mais em pânico e segredo
Sob a luz da lua
Sophia de Mello Breyner Andresen
Poema para a filha Maria
No escuro percebi que eras tu, Maria,
A minha filha adorada, boa como o pão
e fonte de alegria
(ilegível)
Pareceu-me que era felicidade a mais ficares
Até altas horas decifrando o azul escuro
Dos rostos da noite e era para mim a inteira
Maria, bela, misteriosa, boa
E tudo em mim ficou confiança e amor partilhado
E Deus tinha derramado sobre nós
A benção da sua mais alta estrela
E a beleza da noite nos acompanha
Hoje onze de Agosto
E a noite parecia encantada
Poema inédito
Sophia já estava bastante doente quando escreve este poema
para a filha Maria, na noite de 11 de Agosto de 2002, em Lagos, Meia-Praia.
Fonte: Biblioteca Nacional de Portugal, 2011
Sophia de Mello Breyner Andresen
Floresta
Não em redor das coisas mas subindo
Através do calor das suas veias
Não em redor das coisas mas morrendo
Transfigurada em tudo quanto amei.
Entre o luar e a sombra caminhei:
Era ali a minha alma, cada flor
— Cega, secreta e doce como estrelas —
Quando a tocava nela me tornei.
E as árvores abriram os seus ramos
Os seus ramos enormes e convexos
E no estranho brilhar dos seus reflexos
Oscilavam sinais, quebrados ecos
Que no silêncio fantástico beijei.
Sophia de Mello Breyner Andresen
Vi
Onde nuvens escuras como aranhas
Roem o perfil roxo das montanhas
Entre poentes cor-de-rosa e frios.
Transbordante passei entre as imagens
Excessivas das terras e dos céus
Mergulhando no corpo desse deus
Que se oferece, como um beijo, nas paisagens.
Sophia de Mello Breyner Andresen
Os Nossos Dedos Abriram Mãos Fechadas
Cheias de perfume
Partimos à aventura através de vozes e de gestos
Pressentimos paixões como paisagens
E cada corpo era um caminho.
Mas um se ergueu tomando tudo
E escorreram asas dos seus braços.
Florestas, pântanos e rios,
Viajámos imóveis debruçados,
Enquanto o céu brilhava nas janelas.
E a cidade partiu como um navio
Através da noite.
Susana Thénon
Poema
R. M. Rilke
Ontem à tarde pensei que nenhum jardim justifica
o amor que se afoga desaforadamente em minha boca
e que nenhuma pedra colorida, nenhum jogo,
nenhuma tarde com mais sol que de costume
é o bastante para formar a sílaba,
o sussurro esperado como um bálsamo,
noite e noite.
Nenhum significado, nenhum equilíbrio, nada existe
quando o não, o adeus,
o minuto morto agora, irreparável,
se levantam inesperadamente e cega,
até morrermos em todo o corpo, infinitos.
Como uma fome, como um sorriso, penso,
deve ser a solidão
assim nos engana bem e entra
e assim a surpreendemos uma tarde
reclinada sobre nós.
Como uma mão, como um canto simples
e sombrio
deveria ser o amor
para tê-lo perto e não renegá-lo
cada vez que nos invade o sangue.
Não há silêncio nem canção que justifiquem
esta morte tão lenta,
este assassinato que nada condena.
Não há liturgia nem fogo nem exorcismo
para deter o fracassar ridículo
dos idiomas que conhecemos.
A verdade é que não me afogo sem lamentar,
pelo menos tenho resistido ao engano:
não participei da festa mansa, nem do ar cúmplice,
nem da metade da noite.
Mordo entretanto e ainda que pouco o bastante
meu sorriso guarda um amor que assustaria a deus.
Susana Thénon
Nomes
sob a angústia que me cega
eu busco nomes para meu amor:
meu amo quase ódio,
apenas sol.
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