Poemas neste tema

Nostalgia

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

A Manuel Mujica Lainez

Isaac Luria declara que la eterna escritura
tiene tantos sentidos como lectores. Cada
versión es verdadera y ha sido prefijada
por quien ideó el lector, el libro y la lectura.
Tu versión de la patria, con sus fastos y brillos,
entra en mi vaga sombra como si entrara el día
y la oda se burla de la oda. (La mía
no es más que una nostalgia de ignorantes
cuchillos y de viejo coraje.) Ya se estremece el canto,
ya, apenas contenidas por la prisión del verso,
surgen las muchedumbres del futuro y diverso
reino que será tuyo, su júbilo y su llanto.
Manuel Mujica Láinez algunas vez tuvimos
una patria- ¿Recuerdas?- y los dos la perdimos.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 445 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Al primer poeta de Hungría

En esta fecha para ti futuraque no alcanza el augur que la prohibida
forma de porvenir ve en los planetas
ardientes o en las vísceras del toro,
nada me costaría, hermano y sombra,
buscar tu nombre en las enciclopedias
y descubrir qué ríos reflejaron
tu rostro, que hoy es perdición y polvo,
y qué reyes, qué ídolos, qué espadas,
qué resplandor de tu infinita Hungría,
elevaron tu voz al primer canto.
Las noches y los mares nos apartan,
las modificaciones seculares,
los climas, los imperios y las sangres,
pero nos une indescifrablemente
el misterioso amor de las palabras,
este hábito de sones y de símbolos.
Análogo al arquero del eleata
un hombre solo en una tarde hueca
deja correr sin fin esta imposible
nostalgia, cuya meta es una sombra.
No nos veremos nunca cara a cara,
oh antepasado que mi voz no alcanza
Para ti ni siquiera soy un eco;
para mí soy un ansia y un arcano,
una isla de magia y de temores,
como lo son tal vez todos los hombres,
como lo fuiste tú, bajo otros astros.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 365 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 801
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Al coyote

Durante siglos la infinita arena
De los muchos desiertos ha sufrido
Tus pasos numerosos y tu aullido
De gris chacal o de insaciada hiena.
¿Durante siglos? Miento. Esa furtiva
Substancia, el tiempo, no te alcanza, lobo;
Tuyo es el puro ser, tuyo el arrobo,
Nuestra, la torpe vida sucesiva.
Fuiste un ladrido casi imaginario
En el confín de arena de Arizona
Donde todo es confín, donde se encona
Tu perdido ladrido solitario.
Símbolo de una noche que fue mía,
Sea tu vago espejo esta elegía.


"El oro de los tigres"

Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 379 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

East lansing

Los días y las noches
están entretejidos (interwoven) de memoria y de miedo,
de miedo, que es un modo de la esperanza,
de memoria, nombre que damos a las grietas del obstinado olvido.
Mi tiempo ha sido siempre un Jano bifronte
que mira el ocaso y la aurora;
mi propósito de hoy es celebrarte, oh futuro inmediato.
Regiones de la Escritura y del hacha,
árboles que miraré y no veré,
viento con pájaros que ignoro, gratas noches de frío
que irán hundiéndose en el sueño y tal vez en la patria,
llaves de luz y puertas giratorias que con el tiempo serán hábitos,
despertares en que me diré Hoy es Hoy.
Libros que mi mano conocerá,
amigos y amigas que serán voces,
arenas amarillas del poniente, el único color que me queda,
todo eso estoy cantando y asimismo
la insufrible memoria de lugares de Buenos Aires
en los que no he sido feliz
y en los que no podré ser feliz.
Canto en la víspera tu crepúsculo, East Lansing,
Sé que las palabras que dicto son acaso precisas,
Pero sutilmente serán falsas,
Porque la realidad es inasible
Y porque el lenguaje es una orden de signos rígidos.
Michigan, Indiana, Wisconsin, Iowa, Texas, California, Arizona:
Ya intentaré cantarlas.


9 de marzo de 1972

"El oro de los tigres" (1972)


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 378 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 285
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Milonga de Jacinto Chiclana

Me acuerdo. Fue en Balvanera
En una noche lejana
Que alguien dejó caer el nombre
De un tal Jacinto Chiclana.

Algo se dijo también
De una esquina y de un cuchillo;
Los años nos dejan ver
El entrevero y el brillo.

Quién sabe por qué razón
Me anda buscando ese nombre;
Me gustaría saber
Cómo habrá sido aquel hombre.

Alto lo veo y cabal,
Con el alma comedida,
Capaz de no alzar la voz
Y de jugarse la vida.

Nadie con paso más firme
Habrá pisado la tierra;
Nadie habrá habido como él
En el amor y en la guerra.

Sobre la huerta y el patio
Las torres de Balvanera
Y aquella muerte casual
En una esquina cualquiera.

No veo los rasgos. Veo,
Bajo el farol amarillo,
El choque de hombres o sombras
Y esa víbora, el cuchillo.

Acaso en aquel momento
En que le entraba la herida,
Pensó que a un varón le cuadra
No demorar la partida.

Sólo Dios puede saber
La laya fiel de aquel hombre;
Señores, yo estoy cantando
Lo que cifre en el nombre.

Entre las cosas hay una
De la que no se arrepiente
Nadie en la tierra. Esa cosa
Es haber sido valiente.

Siempre el coraje es mejor,
La esperanza nunca es vana;
Vaya pues esta milonga
Para Jacinto Chiclana.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 273 e 274 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Adam Cast Forth

Was there a Garden or was the Garden a dream?
Amid the fleeting light, I have slowed myself and queried,
Almost for consolation, if the bygone period
Over which this Adam, wretched now, once reigned supreme,

Might not have been just a magical illusion
Of that God I dreamed. Already it's imprecise
In my memory, the clear Paradise,
But I know it exists, in flower and profusion,

Although not for me. My punishment for life
Is the stubborn earth with the incestuous strife
Of Cains and Abels and their brood; I await no pardon.

Yet, it's much to have loved, to have known true joy,
To have had -- if only for just one day --
The experience of touching the living Garden.



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 247 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 449
Sei Shônagon

Sei Shônagon

Da primavera, o amanhecer

(1) Da primavera, o amanhecer. É quando palmo a palmo vão se definindo as esmaecidas linhas das montanhas e no céu arroxeado tremulam delicadas nuvens.
Do verão, a noite. Em especial, os tempos de luar, mas também as trevas, de vaga-lumes entrecruzando-se em profusão. Ou então, os solitários ou mesmo em pares que seguem com brilhos fugazes. A chuva também é igualmente bela.
Do outono, o entardecer. São os momentos do arrebol da tarde em que o sol se acha prestes a tocar as colinas, quando se tornam comoventes os corvos que se apressam para os ninhos em grupos de três ou quatro, ou dois e três, e o que diríamos então, ao avistarmos os minúsculos gansos selvagens seguindo em fila, que encantadores! O sol já posto, melancólico soa o ciciar do vento e o canto dos insetos.
Do inverno, o despertar. Indescritível é com a neve caindo e nele incluo a ofuscante brancura da geada. Mesmo na ausência destas, em manhãs de um frio cortante, o apressar das pessoas em acender o fogo e o corre-corre entre os aposentos com os carvões acesos são cenas típicas desta estação. O sol já nas alturas e o frio mais ameno, não nos cativa mais que a brasa já quase tornada cinzas no braseiro portátil.
(3) Coisas que são iguais embora soem diferentes. A fala do religioso. A fala do homem, a fala da mulher. Na fala dos medíocres sempre sobram palavras. O comedimento, sim, soa elegante.
(21) Mulheres que se satisfazem com uma felicidade singela e um futuro previsível e estável são deprimentes e desprezíveis. Acho, pois, que as jovens de boas famílias deveriam prestar serviço na Corte para alargar sua visão de mundo e acumular experiências como Vice-Chefe do Setor de Atendentes da Ala Feminina do Palácio Imperial. […]
(23) Coisas que deixamos de cumprir: a prática da abstinência religiosa, preparativos para compromissos num futuro distante, Reclusão prolongada no tempo.
(24) Coisas que são desdenhadas: muros danificados, pessoas conhecidas por seu coração bom demais.
(27) Coisas passadas que nos causam saudades. Flores ressequidas de malva. Ornamentos do Dia das Meninas.
Momentos em que nos deparamos com um retalho tingido de roxo-carmesim e roxo claro avermelhado prensado entre págians de uma brochura. Ou, em tedioso dia de chuva, encontrar cartas que outrora nos comoveram.
O leque do ano que passou.
(60) Para aqueles que deixam a casa da amada antes do amanhecer, parece desnecessário ter de ajeitar devidamente todos os trajes ou de atar firmemente o cordão do chapéu laqueado. Desleixados e desalinhados em trajes palacianos ou cotidianos, haveria quem deles zombasse ou criticasse quando com eles se deparassem? [...]
(66) Quanto a temas de poemas, a Capital. A planta trepadeira kuzu. A espadana d’água. O cavalo. O granizo.
(113) Quanto ao inverno, o bem frio. Quanto ao verão, o de calor sem igual.
(134) Coisas que são desprezadas. Pessoas feias e de mau caráter. Cola de arroz cozido e apodrecida. São coisas que todas as pessoas evitam, mas nem por isso vou deixar de registrá-las. Elas existem no mundo, como ainda a remanescente tenaz de bambu do cerimonial fúnebre. Esta brochura não foi escrita para as pessoas lerem e eu me propus a nela anotar inclusive as coisas estranhas e detestadas.
(154) Por estar de luto pelo falecimento do Conselheiro-Mor [...]
Preservar com cuidado os fatos passados é um gesto elegante. As mulheres não os esquecem, o que não se observa entre os homens, e é realmente muito divertido porque eles falham até na tentativa de rememorar seus próprios poemas. [...]
(160) Coisas distantes que parecem próximas. A Terra Pura. A travessia de um barco. A relação entre um homem e uma mulher.
(171) A casa de uma dama que vive sozinha apresenta-se bastante danificada: muro de terra batida por terminar, plantas aquáticas que invadem o lago e, embora o jardim ainda não esteja totalmente coberto de artemísias, podem-se ver as ervas daninhas verdes por entre as pedrinhas – uma imagem de tanta solidão chega a comover. É tão desinteressante quando nada há para ser consertado, com o portão bem trancado e tudo na mais devida ordem que nos enfastiamos muito.
(183) Em meio a uma tarde muito quente, pensava no que fazer para amenizá-la; o leque trazia-me apenas ares mornos e eu me deliciava molhando a mão na água com gelo, quando alguém me trouxe uma carta, em papel fino do mais puro vermelho, amarrada a um galho de cravina-chinesa em plena floração carmesim. Aquilo me fez sentir o cuidado profundo e a delicadeza que por mim nutria quem me escrevia em meio a tal calor e me levou a abandonar o leque que teimava em usar mesmo sem trazer alívio.
(188) Quanto a ventos [...]
Nada há de mais admirável e comovente do que a manhã seguinte ao tufão. [...]
(215) Ao atravessar o rio sob o intenso brilho do luar, é lindo ver as gotas d’água se espalhando como cristais a se fragmentar à medida que os bois caminham.
(232) Quanto ao que cai, a neve. O granizo. A neve chuvosa é detestável, mas é encantadora a brancura que se destaca quando cai. É maravilhosa a neve sobre o telhado de casca de cipreste, sobretudo quando está para derreter um pouco. É também verdadeiramente fascinante quando a neve, ainda pouca, se acumula no telhado plano e o sombreado de seu contorno faz ver formas curvas.
A chuva fina e intermitente de outono e o granizo sobre o telhado de tábuas. Também a geada sobre o telhado de tábuas. Ou no jardim.
(241) Coisas que simplesmente passam e... passam. O barco à vela. A idade das pessoas. A primavera, o verão, o outono, o inverno.
(252) Nas faces humanas, uma parte especialmente bonita é sempre digna de apreciação e admiração, por mais que a contemplemos. As pinturas, por exemplo, não mais atraem os olhos quando vistas com frequência. As pinturas de biombos que estão sempre ao lado, também, apesar de bastante apreciáveis, não mais nos prendem os olhos. As fisionomias, por sua vez, exercem uma atração intrigante.
Mesmo os objetos frios sempre têm uma parte bonita que chama a atenção. É uma pena que, do mesmo modo, também nos chama a atenção uma parte feia.
(285) Coisas que incitam à imitação. Bocejo. Criancinhas.
1 673
Sei Shônagon

Sei Shônagon

2 Rengas

O cuco-pequeno
Visitou pr’ouvir-lhe o canto
Mas é do sabor
De brotos de samambaia
Que ela se lembra saudosa!
(em pareceria com Anikobu, de 95)
Na neve que cai
Que com flores se confunde
No gélido céu
De leve faz-se sentir
Presença da primavera
(em parceria com o Conselheiro Consultor Kintô, de 102)
/// Sei Shônagon, trad. de Geny Wakisaka, Junko Ota, Lica Hashimoto, Luiza Nana Yoshida e Madalena Hashimoto Cordaro. ///
412
Fernando Pessoa

Fernando Pessoa

Sorrow no more for the faded rose,

Sorrow no more for the faded rose,
Nor of the yellow lily despair.
These, as we see them, are but their shows.
They are elsewhere.

Tis but their shadow lives in our light.
As we see them (...)
They live more truly in our delight
Than in their forms.

The beauty they had was never lost,
It moved away
From the present hour and the form once tossed
Into space and day.

But the undying essence of the (...)

The rose that faded from yesterday
Is where yesterday is.
I shall have again the flower and the day,
The self and the bliss.
1 390
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Buenos Aires [1]

Antes yo te buscaba en tus confines
que lindan con la tarde y la llanura
y en la verja que guarda una frescura
antigua de cedrones y jazmines.

En la memoria de Palermo estabas,
en su mitología de un pasado
de baraja y puñal y en el dorado
bronce de las inútiles aldabas,

con su mano y sortija. Te sentía
en los patios del Sur y en la creciente
sombra que desdibuja lentamente

su larga recta, al declinar el día.
Ahora estás en mí. Eres mi vaga
suerte, esas cosas que la muerte apaga.



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 260 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 961
Carlos Drummond de Andrade

Carlos Drummond de Andrade

O Pleno E o Vazio

Oh se me lembro e quanto.
E se não me lembrasse?
Outra seria minh’alma,
bem diversa minha face.

Oh como esqueço e quanto.
E se não esquecesse?
Seria homem-espanto,
ambulando sem cabeça.

Oh como esqueço e lembro,
como lembro e esqueço
em correntezas iguais
e simultâneos enlaces.
Mas como posso, no fim,
recompor os meus disfarces?

Que caixa esquisita guarda
em mim sua névoa e cinza,
seu patrimônio de chamas,
enquanto a vida confere
seu limite, e cada hora
é uma hora devida
no balanço da memória
que chora e que ri, partida?
1 524
Amália Bautista

Amália Bautista

Perguntas e respostas

Eu sempre perguntava coisas tontas,
é certo. Perguntava, por exemplo,
se voltarias a amar-me tanto
como nos dias do amor mais jovem,
ou mesmo mais, ou mesmo mais que nunca,
mesmo mais que a ninguém, e se serias
capaz de confessá-lo ante qualquer.
É certo, perguntava coisas tontas,
não merecia uma resposta séria.
Aquele ser, mais escuro que a noite
mais escura da alma, respondia
sem olhar-me nos olhos: «Nunca mais.»

553
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Ricardo Güiraldes

Nadie podrá olvidar su cortesía;era la no buscada, la primera
forma de su bondad, la verdadera
cifra de un alma clara como el día.
No he de olvidar tampoco la bizarra
serenidad, el fino rostro fuerte,
las luces de la gloria y de la muerte,
la mano interrogando la guitarra.
Como en el puro sueño de un espejo
(tú eres la realidad, yo su reflejo)
te veo conversando con nosotros
en Quintana. Ahí estás, mágico y muerto.
Tuyo, Ricardo, ahora es el abierto
campo de ayer, el alba de los potros.


"Elogio de la sombra" (1969)


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 305 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 797
Carlos Drummond de Andrade

Carlos Drummond de Andrade

O Céu Livre da Fazenda

Das loucas festas na fazenda da Jaguara
não resta mais nem um cristal trincado.
Matas e lagoas não recordam
o que ali se bebeu e se dançou
enquanto o antigo dono Antônio de Abreu Guimarães
carpia em penitência portuguesa seus pecados
de contrabandista de ouro e diamantes.
As obras pias que a Jaguara devia sustentar
morreram com os festejos. Tempos rotos.
Na torre da igreja da fazenda
a suinara é o epílogo de tudo.

A ganância e a vaidade se ausentaram
destes sítios. Nem mesmo ingleses
escoram mais galerias de Morro Velho com madeiras
cortadas na Jaguara. A natureza
recompõe seus prestígios onde o homem
parou de depredar. A garça branca
pousa delicada nos espelhos d’água remansosa, onde a presença
não se percebe mais da garça rósea.

E vem o gaturamo cantarilho
nas roçadas de milho, o quero-quero
circunvoando juncos. Multicor,
a plumagem do socozinho vai cruzando
o voo horizontal das jaçanãs.
Repara, homem do asfalto, a seriema
a preparar, no capim alto, seus disfarces,
e a corruíra-do-brejo, a viuvinha,
o lenhador-de-olho-branco, a saracura,
todas essas aves que só existem
nas gravuras dos livros, na empalhada
vitrina dos museus... porque matamos
o que era vida alada em nossa volta.

Ou não repares nada. Tenho medo
de convidar-te a ver o livre espaço
da Jaguara, e teu instinto predatório
novamente açular-se, tua fome
de frequentador de restaurante cinco estrelas
cobiçar a carne tenra e não sabida
que neste lugar-refúgio se compraz
em ter forma voante e livre-azul.

Neste lugar habito em pensamento
quando Marcus Vinícius e Marco Antônio
me emprestam seus binóculos científicos
e apontam para o sabiá-laranjeira
construindo seu ninho; o carcará
metuendo, que não assusta colibris;
e cento e oito mais espécies que aqui vivem
em seus ecossistemas primitivos,
sobrantes por milagre.
Ouço, na gravação, suas linguagens.
Estão perto de mim, reis-fazendeiros
das plantas e dos bichos-alimento.
Já não é a Jaguara voluptuosa,
mas o simples refúgio, ilha de vida,
enquanto a vida nega-se a si mesma
na exacerbação das técnicas de lucro.
Pequeno paraíso vegetal
ou resto de paraíso... à sombra austera
da torre onde a suinara tem sua noite.
1 285
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Acevedo

Campos de meus avós e que guardam
Ainda o nome de Acevedo, o nosso,
Indefinidos campos que não posso
Imaginar por inteiro. Meus anos tardam
E não contemplei ainda essas cansadas
Léguas de pó e pátria que meus mortos
Viram cavalgando, esses abertos
Caminhos, seus ocasos e alvoradas.
A planície é ubíqua. Tenho-os visto
Em Iowa, no Sul, em terra hebréia,
Naquele salgueiral da Galiléia
Que palmilharam os humanos pés de Cristo.
Não os perdi. São meus. Eu os detenho
No esquecimento, num casual empenho.


"Elogio da Sombra", 1969


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 320 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 166
Fernando Pessoa

Fernando Pessoa

The day is glad and golden.

The day is glad and golden.
Over the sunhit beach
The waves do gladly embolden
Their crisp and clinging reach.

Would I were one as they
With the natural hour,
With the wide sunlit day
And the ancient sea's power.

I would not be here weeping
That I am not aught else,
My waking would be a sleeping
Like this of the sea swells

Not like an outcast from
A home I never knew
Would I be pining for home,
……

Not like a tossed sea‑weed
Between the wave and the wave,
And restless with a mute greed
For something I cannot have.

Something I cannot een dream,
Some spent life I know not...
Oh how fair would nature seem
Were it not for thought!

Dark is the golden day
Unto mine eyes that stare
Brightness and joy away
From sky and shore and here.

Dead is the changing sea,
The wind a monotone,
Oh ever to be he
That never is but alone,

I cannot dream of heaven,
Nor create one in the hour...
Pass, day, and ask not even
For my grateful eyes' dower...
1 475
Juan Gelman

Juan Gelman

Ancorado em Paris

Do que tenho saudades é do velho leão do zoo,
tomávamos sempre café no Bois de Boulogne,
contava-me as suas aventuras na Rodésia do Sul
mas mentia, era evidente que nunca tinha ido além do Sahara

Seja como for, encantava-me a sua elegância,
a sua maneira de encolher os ombros diante das mesquinharias da vida,
olhava os franceses pela vidraça do café
e dizia "os idiotas fazem filhos".

Os dois ou três caçadores ingleses que tinha comido
provocavam nele remorsos e até melancolia
"as coisas que um tipo faz para viver" pensava
mirando as melenas no espelho do café.

Sim, tenho muitas saudades dele,
nunca pagava a conta,
mas indicava a gorjeta a ser deixada
e os garçons cumprimentavam-no com especial deferência.

Despedíamos-nos na orla do crepúsculo,
ele regresava a son bureau, como dizia,
não sem antes me advertir com uma pata no meu ombro
"tem cuidado, meu filho, com a Paris nocturna"

Tenho realmente muitas saudades dele,
os seus olhos enchiam-se às vezes de deserto
mas sabia calar-se como um irmão
quando emocionado, emocionado,
eu lhe falava de Carlitos Gardel.
1 666
Pablo Neruda

Pablo Neruda

Outro Castelo

Não sou, não sou o ígneo,
sou feito de roupa, reumatismo,
papéis rasgados, encontros esquecidos,
pobres signos rupestres
no que foram pedras orgulhosas.


No que ficou o castelo da chuva,
a adolescência com seus tristes sonhos
e aquele propósito entreaberto
de ave estendida, de águia no céu,
de fogo heráldico?


Não sou, não sou o raio
de fogo azul, cravado como lança
em qualquer coração sem amargura.


A vida não é a ponta de um punhal,
não é um golpe de estrela,
mas um gastar-se dentro de um vestuário,
um sapato mil vezes repetido,
uma medalha que se vai oxidando
dentro de uma caixa escura, escura.


Não peço nova rosa nem dores,
nem indiferença é o que me consome,
mas cada signo que se escreveu,
o sal e o vento borram a escrita
e a alma agora é um tambor calado
à margem de um rio, daquele rio
que estava ali e ali continuará sendo.
1 171
Pablo Neruda

Pablo Neruda

17

Pensando,enredando sombras na profunda solitude.
Também estás longe, ah mais longe que ninguém.
Pensando,soltando pássaros,desvanecendo imagens,
enterrando lâmpadas.

Campanário de brumas, que longe lá em cima!
Afogando lamentos, moendo esperanças sombrias,
moleiro taciturno,
A ti vem de bruços a noite, longe da cidade.

Tua presença é alheia, estranha a mim como uma coisa.
Penso, percorro longamente, minha vida antes de ti.
Minha vida antes de tudo, minha áspera vida.
O grito frente ao mar, entre as pedras,
correndo livre, louco, no hálito do mar.
A triste fúria, o grito, a solidão do mar.
Desbocado, violento, atirado aos céus.

Tu, mulher, que lá eras, que tira, que haste
desse leque imenso? Estavas longe como agora.
Incêndio no bosque! Arde em cruzes azuis.
Arde, arde, flameja, chispa em árvores de luz.
Tomba e crepita. Incêndio, incêndio.

E minha alma baila ferida de volutas de fogo.
Quem chama? Que silêncio povoado de ecos?
Tempo da nostalgia, tempo da alegria, tempo de solitude.
Meu tempo entre todos!

Búzio em que o vento passa cantando.
Tanta paixão de pranto atada a meu corpo.
Abalo de todas as raízes,
assalto de todas as ondas!
Rodava, alegre, triste, interminável, minha alma.
Pensando, enterrando lâmpadas na profunda solitude.

Quem és tu, quem és?
1 214
Adélia Prado

Adélia Prado

Limites

Uma noite me dei conta de que possuía uma história,
contínua, desde o meu nascimento indesligável de mim.
E de que era monótona com sua fieira de lábios, narizes,
modos de voz e gesto repetindo-se.
Até os dons, um certo comum apelo ao religioso
e que tudo pesava. E desejei ser outro.
Minha mãe não tinha letras.
Meu pai frequentou um ginásio por três dias
de proveitoso retiro espiritual.
Tive um mundo grandíssimo a explorar:
‘Demagogia, o que é mesmo que essa palavra é?’
Abismos de maravilha oferecidos em sermãos triunfantes:
‘Tota pulchra est Maria!’
Só quadros religiosos nas paredes.
Só um lugar aonde ir
— e já existiam Nova Iorque, Roma!
Tanta coisa eu julguei inventar,
minha vida e paixão,
minha própria morte,
esta tristeza endócrina resolvida a jaculatórias pungentes,
observações sobre o tempo. Aprendi a suspirar.
A poesia é tão triste! O que é bonito enche os olhos de
[lágrimas.
Tenho tanta saudade dos meus mortos!
Estou tão feliz! À beira do ridículo
arde meu peito em brasas de paixão.
Vinte anos de menos, só seria mais jovem.
Nunca, mais amorável.
Já desejei ser outro.
Não desejo mais não.
1 111
Carlos Drummond de Andrade

Carlos Drummond de Andrade

Nos Áureos Tempos

Nos áureos tempos
a rua era tanta.
O lado direito
retinha os jardins.
Neles penetrávamos
indo aparecer
já no esquerdo lado
que em ferros jazia.
Nisto se passava
um tempo dez mil.

A viagem do quarto
requeria apenas
a chama da vela.
Que longa, se o rosto
fechado no livro.
E dos subterrâneos
a chave era nossa;
como na cascata
a moça indelével
se banhava em nós,
espaço e miragem
se multiplicando
nos áureos tempos.

Nos áureos tempos
que eram de cobre
muita noite havia
com chuva soando.
Farto da cidade
um atroz coqueiro
ia para o mato.
E vinha o assassino
no pó do correio.
A riqueza da África
se perdia em vento.
E era bem difícil
continuar menino.

Chegando ao limite
dos tempos atuais,
eis-nos interditos
enquanto prosperam
os jardins da gripe,
os bondes do tédio,
as lojas do pranto.
O espaço é pequeno.
Aqui amontoados,
e de mão em mão
um papel circula
em branco e sigilo,
talvez o prospecto
dos áureos tempos.

Nos áureos tempos
que dormem no chão,
prestes a acordar,
tento descobrir
caminhos de longe,
os rios primeiros
e certa confiança
e extrema poesia.
Não me sinto forte
o quanto se pede
para interpretá-los.
O jeito é esperar.

Nos áureos tempos
coração-sorriso
meus olhos diamante
meus lábios batendo
a alvura de um cântico.
Do arraial trocado
sinto roupas novas
e escuto as bandeiras
pelo ar, que se entornam.
Nos áureos tempos
devolve-se a infância
a troco de nada
e o espaço reaberto
deixará passar
os menores homens,
as coisas mais frágeis,
uma agulha, a viagem,
a tinta da boca,
deixará passar
o óleo das coisas,
deixará passar
a relva dos sábados,
deixará passar
minha namorada,
deixará passar
o cão paralítico,
deixará passar
o círculo da água
refletindo o rosto...
Deixará passar
a matéria fosca,
mesmo assim prendendo-a
nos áureos tempos.
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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Manuel Peyrou

Tuyo fue el ejercicio generoso
De la amistad genial. Era el hermano
A quien podemos, en la hora adversa,
Confiarle todo o, sin decirle nada,
Dejarle adivinar lo que no quiere
Confesar el orgullo. Agradecía
La variedad del orbe, los enigmas
De la curiosa condición humana,
El azul del tabaco pensativo,
Los diálogos que lindan con el alba,
El ajedrez heráldico y abstracto,
Los arabescos del azar, los gratos
Sabores de las frutas y las aves,
El café insomne y el propicio vino
Que conmemora y une. Un verso de Hugo
Podía arrebatarlo. Yo lo he visto.
La nostalgia fue un hábito de su alma.
Le placía vivir en lo perdido,
En la mitología cuchillera
De una esquina del Sur o de Palermo
O en tierras que a los ojos de su carne
Fueron vedadas: la madura Francia
Y América del rifle y de la aurora.
En la vasta mañana se entregaba
A la invención de fábulas que el tiempo
No dejará caer y que conjugan
Aquella valentía que hemos sido
Y el amargo sabor de lo presente.
Luego fue declinando y apagándose.
Esta página no es una elegía.
No dije ni las lágrimas ni el mármol
Que prescriben los cánones retóricos.
Atardece en los vidrios. Llanamente
Hemos hablado de un querido amigo
Que no puede morir. Que no se ha muerto.



Jorge Luis Borges | "Poesía Completa", págs. 506 e 507 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
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Pablo Neruda

Pablo Neruda

O Tempo Que Não Se Perdeu

Não se contam as ilusões
nem as compreensões amargas,
não há medida para contar
o que não podia acontecer-nos,
o que nos rondou como besouro
sem que tivéssemos percebido
do que estávamos perdendo.
 
Perder até perder a vida
é viver a vida e a morte
não são coisas passageiras
mas sim constantes, evidentes,
a continuidade do vazio,
o silêncio em que cai tudo
e por fim nos mesmos caímos.
 
Ai! o que esteve tão cerca
sem que pudéssemos saber.
Ai! o que não podia ser
quando talvez podia ser.
 
Tantas asas circunvoaram
as montanhas da tristeza
e tantas rodas sacudiram
a estrada do destino
que já não há nada a perder.
 
Terminaram-se os lamentos.
 
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Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Jardim

Alguém diz:
«Aqui antigamente houve roseiras» —
Então as horas
Afastam-se estrangeiras,
Como se o tempo fosse feito de demoras.
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