Lista de Poemas
Dakar
El sol nos tapa el firmamento, el arenal acecha en los caminos, el mar es un encono.
He visto un jefe en cuya manta era más ardiente lo azul que en el cielo incendiado.
La mezquita cerca del biógrafo luce una claridad de plegaria.
La resolana aleja las chozas, el sol como un ladrón escala los muros.
África tiene en la eternidad su destino, donde hay hazañas, ídolos, reinos, arduos bosques y espadas.
Yo he logrado un atardecer y una aldea.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 74 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Blind pew
que así el amor lo que ha perdido alaba,
el bucanero ciego fatigaba
los terrosos caminos de Inglaterra.
Ladrado por los perros de las granjas,
pifia de los muchachos del poblado,
dormía un achacoso y agrietado
sueño en el negro polvo de las zanjas.
Sabía que en remotas playas de oro
era suyo un recóndito tesoro
y esto aliviaba su contraria suerte;
a ti también, en otras playas de oro,
te aguarda incorruptible tu tesoro:
la vasta y vaga y necesaria muerte.
"El hacedor" (1960)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 130 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
In memoriam A. R.
Que regem este sonho, o universo,
Permitiram-me compartir um terso
Trecho do curso com Alfonso Reyes.
Soube bem essa arte que nenhum
Outro abarcou, nem Simbad nem
Ulisses, Que é passar de um a outros países
E estar inteiramente em cada um.
Se a memória lhe cravou sua flecha
Alguma vez, lavrou com o violento
Metal da arma o numeroso e lento
Alexandrino ou a aflita endecha.
Nos trabalhos o assistiu a humana
Esperança e foi lume de sua vida
Dar com o verso que não mais se olvida
E renovar a prosa castelhana.
Além do Mio Cid de passo tardo
E dessa grei que quer ser obscura,
Rastreava a fugaz literatura
Até os arrabaldes do lunfardo.
Entre os jardins, os cinco, de Marini
Demorou-se, mas algo nele havia
Imortal e essencial que preferia
O árduo estudo e o dever divino.
A bem dizer, preferiu os jardins
Para a meditação, onde Porfírio
Erigiu ante as sombras e o delírio
A Arvore do Princípio e dos Fins.
Reyes, a indecifrável providência
Que administra o pródigo e o parco
Deu-nos, a alguns, o setor ou o arco,
Mas a ti a total circunferência.
O ditoso buscavas ou o triste
Que ocultam frontispícios e renomes;
Como o Deus de Erígena, preferiste
Ser ninguém para ser todos os homens.
Vastos e delicados esplendores
Teu estilo alcançou, precisa rosa,
E às guerras de Deus tornou gozosa
A veia militar de antecessores.
Onde anda o mexicano? (É minha questão.)
Contemplará, com o horror de Édipo
Ante a estranha Esfinge, o Arquétipo
Impassível do Rosto ou da Mão?
Ou errará, como Swedenborg queria,
Por um orbe mais vívido e complexo
Que o terreno, que é apenas reflexo
Daquela alta e celeste algaravia?
Se (como esses impérios da laca
E do ébano ensinam) a memória
Lavra seu íntimo Éden, já há na glória
Outro México e outro Cuernavaca.
Conhece Deus as cores que a sorte
Propõe ao homem para além do dia;
Por estas ruas ando. Todavia
Sei muito pouco a respeito da morte.
Só uma coisa sei. Que Alfonso Reyes
(Onde quer que o mar o tenha lançado)
Vai se aplicar feliz e desvelado
Ao outro enigma e às outras leis.
Ao ímpar tributemos, ao diverso
O clamor e os aplausos da vitória;
Não profane minha lágrima este verso
Que nosso amor inscreve em sua memória.
"El Hacedor", 1960
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 133, 134 e 135 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Ajedrez
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 115 e 116 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
La noche que en el sur lo velaron
Por el deceso de alguien
-misterio cuyo vacante nombre poseo y cuya reali-
dad no abarcamos-
hay hasta el alba una casa abierta en el Sur,
una ignorada casa que no estoy destinado a rever,
pero que me espera esta noche
con desvelada luz en las altas horas del sueño,
demacrada de malas noches, distinta,
minuciosa de realidad.
A su vigilia gravitada en muerte camino
por las calles elementales como recuerdos,
por el tiempo abundante de la noche,
sin más oíble vida
que los vagos hombres de barrio junto al apagado
almacén
y algún silbido solo en el mundo.
Lento el andar, en la posesión de la espera,
llego a la cuadra y a la casa y a la sincera puerta que
busco
y me reciben hombres obligados a gravedad
que participaron de los años de mis mayores,
y nivelamos destinos en una pieza habilitada que mira
al patio
-patio que est?bajo el poder y en la integridad de la
noche-
y decimos, porque la realidad es mayor, cosas indife-
rentes
y somos desganados y argentinos en el espejo
y el mate compartido mide horas vanas.
Me conmueven las menudas sabidurías
que en todo fallecimiento de hombres se pierden
-hábito de unos libros, de una llave, de un cuerpo
entre los otros-
frecuencias irrecuperables que fueron
la precisión y la amistad del mundo para él.
Yo s?que todo privilegio, aunque oscuro, es de linaje
de milagro
y mucho lo es el de participar en esta vigilia,
reunida alrededor de lo que no se sabe: del muerto,
reunida para incomunicar y guardar su primera noche
en la muerte.
(El velorio gasta las caras;
los ojos se nos están muriendo en lo alto como Jesús).
¿Y el muerto, el increíble?
Su realidad est?bajo las flores diferentes de él
y su mortal hospitalidad nos dar?
un recuerdo más para el tiempo
y sentenciosas calles del Sur para merecerlas despacio
y brisa oscura sobre la frente que vuelve
y la noche que de la mayor congoja nos libra:
la prolijidad de lo real.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 95 e 96 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Versos de catorce
y de calles que surcan las leguas como un vuelo,
a mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso
y arrabales azules, hechos de firmamento,
a mi ciudad que se abre clara como una pampa,
yo volví de las viejas tierras antiguas del Occidente
y recobré sus casas y la luz de sus casas
y la trasnochadora luz de los almacenes
y supe en las orillas, del querer, que es de todos
y a punta de poniente desangré el pecho en salmos
y canté la aceptada costumbre de estar solo
y el retazo de pampa colorada de un patio.
Dije las calesitas, noria de los domingos,
y el paredón que agrieta la sombra de un paraíso,
y el destino que acecha tácito, en el cuchillo,
y la noche olorosa como un mate curado.
Yo presentí la entraña de la voz las orillas,
palabra que en la tierra pone el azar del agua
y que da a las afueras su aventura infinita
y a los vagos campitos un sentido de playa.
Así voy devolviéndole a Dios unos centavos
del caudal infinito que me pone en las manos.
"Luna de enfrente" (1925)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 79 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
El poeta declara su nombradía
las bibliotecas del Oriente se disputan mis versos,
los emires me buscan para llenarme de oro la boca,
los ángeles ya saben de memoria mi último zéjel.
Mis instrumentos de trabajo son la humillación y la angustia;
ojalá yo hubiera nacido muerto.
Del Diván de Abulcasím el Hadramí (siglo XII).
"El hacedor" (1960)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 157 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Último sol en Villa Luro
La calle es como una herida abierta en el cielo.
Yo no sé si fue un Ángel o un ocaso la claridad que ardió en la hondura.
Insistente, como una pesadilla, carga sobre mí la distancia. Al horizonte un alambrado le duele.
El mundo está como inservible y tirado.
En el cielo es de día, pero la noche es traicionera en las zanjas.
Toda la luz está en las tapias azules y en ese alboroto de chicas.
Ya no sé si es un árbol o es un dios, ese que asoma por la verja herrumbrada.
Cuántos países a la vez: el campo, el cielos, las afueras. Hoy he sido rico de calles y de ocaso filoso y de la tarde hecha estupor.
Lejos, me devolveré a mi pobreza.
"Luna de enfrente" (1925)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 78 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Ariosto y los árabes
que un libro sea verdaderamente,
se requieren la aurora y el poniente,
siglos, armas y el mar que une y separa.
Así lo pensó Ariosto, que al agrado
lento se dio, en el ocio de caminos
de claros mármoles y negros pinos,
de volver a soñar lo ya soñado.
El aire de su Italia estaba henchido
de sueños, que con formas de la guerra
que en duros siglos fatigó la tierra
urdieron la memoria y el olvido.
Una legión que se perdió en los valles
de Aquitania cayó en una emboscada;
así nació aquel sueño de una espada
y del cuerno que clama en Roncesvalles.
Sus ídolos y ejércitos el duro
Sajón sobre los huertos de Inglaterra
Dilapidó en apretada y torpe guerra
Y de esas cosas quedó un sueño: Arturo.
De las islas boreales donde un ciego
sol dibuja el mar, llegó aquel sueño
de una virgen dormida que a su dueño
aguarda, tras el círculo de fuego.
Quién sabe si de Persia o del Parnaso
vino aquel sueño del corcel alado
que por el aire el hechicero armado
urge y que se hunde en el desierto ocaso.
Como desde el corcel del hechicero,
Ariosto vio los reinos de la tierra
surcada por las fiestas de la guerra
y del joven amor aventurero.
Como a través de tenue bruma de oro
vio en el mundo un jardín que sus confines
dilata en otros íntimos jardines
para el amor de Angélica y Medoro.
Como los ilusorios esplendores
que el Indostán deja entrever el opio,
pasan por el Furioso los amores
en un desorden de calidoscopio.
Ni el amor ignoró ni la ironía
y soñó así, de pudoroso modo,
el singular castillo en el que todo
es (como en esta vida) una falsía.
Como a todo poeta la fortuna
o el destino le dio una suerte rara;
iba por los caminos de Ferrara
y al mismo tiempo andaba por la luna.
Escoria de los sueños, indistinto
limo que el Nilo de los sueños deja,
con ellos fue tejida la madeja
de ese resplandeciente laberinto.
de ese enorme diamante en el que un hombre
puede perderse venturosamente
por ámbitos de música indolente,
más allá de su carne y de su nombre.
Europa entera se perdió. Por obra
de aquel ingenuo y malicioso arte,
Milton pudo llorar de Brandimarte
el fin y de Dalinda la zozobra.
Europa se perdió, pero otros dones
dio el vasto sueño a la famosa gente
que habita los desiertos del Oriente
y la noche cargada de leones.
De un rey que entrega, al despuntar el día,
su reina de una noche a la implacable
cimitarra, nos cuente el deleitable
libro que al tiempo hechiza, todavía.
Alas que son la brusca noche, crueles
garras de las que pende un elefante,
magnéticas montañas cuyo amante
abrazo despedaza los bajeles.
la tierra sostenida por un toro
y el toro por un pez; abracadabras,
talismanes y místicas palabras
que en el granito abren cavernas de oro;
esto soñó la sarracena gente
que sigue las banderas de Agramante;
esto, que vagos rostros con turbante
soñaron, se adueñó de Occidente.
Y el Orlando es ahora una risueña
región que alarga inhabitadas millas
de indolentes y ociosas maravillas
que son un sueño que ya nadie sueña.
Por islámicas artes reducido
a simple erudición, a mera historia,
está solo, soñándose. (La gloria
es una de las formas del olvido).
Por el cristal ya pálido la incierta
luz de una tarde más toca el volumen
y otra vez arden y otra se consumen
los oros que envanecen la cubierta.
En la desierta sala el silencioso
libro viaja en el tiempo. Las auroras
quedan atrás y las nocturnas horas
y mi vida, este sueño presuroso.
"El hacedor", (1960)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 141, 142, 143 e 144 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Una despedida
Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un ángel oscuro.
Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda intimidad de los besos.
El tiempo inevitable se desbordaba
sobre el abrazo inútil.
Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros sino para la soledad ya inmediata.
Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.
Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra que ya el lucero alivia.
Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de tu abrazo.
Como quien vuelve de un país de espadas yo volví de tus lágrimas.
Tarde que dura vívida como un sueño
entre las otras tardes.
Después yo fui alcanzando y rebasando
noches y singladuras.
"Luna de enfrente" (1925)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 66 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Comentários (2)
increible :)
imvecil va con b larga . señor :)
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