El Resfrío
José Antonio Ramos Sucre
EL RESFRÍO
He leído en mi niñez las memorias de
una artista del violoncelo, fallecida lejos de su patria, en el sitio
más frío del orbe. He visto la imagen del sepulcro en un
libro de estampas. Una verja de hierro defiende el hacinamiento de
piedras y la cruz bizantina. Una ráfaga atolondrada vierte la
lluvia en la soledad.
La heroína reposa de un galope consecutivo,
espanto del zorro vil. El caballo estuvo a punto de perecer en los
lazos flexibles de un bosque, en el lodo inerte.
La artista arrojó desde su caballo al
sórdido río de China un vaso de marfil, sujeto por medio
de un fiador, e ingirió el principio del cólera en la
linfa torpe. Allí mismo cautivó y consumió unos
peces de sabor terrizo. La heroína usaba de modo preferente el
marfil eximio, la materia del olifante de Roldán.
Un sol de azufre viajaba a ras del suelo en la
atmósfera de un arenal lejano y un soplo agudo, mensajero de la
oscuridad invisible, esparció una sombra de terror en el cauce
inmenso.
He leído en mi niñez las memorias de
una artista del violoncelo, fallecida lejos de su patria, en el sitio
más frío del orbe. He visto la imagen del sepulcro en un
libro de estampas. Una verja de hierro defiende el hacinamiento de
piedras y la cruz bizantina. Una ráfaga atolondrada vierte la
lluvia en la soledad.
La heroína reposa de un galope consecutivo,
espanto del zorro vil. El caballo estuvo a punto de perecer en los
lazos flexibles de un bosque, en el lodo inerte.
La artista arrojó desde su caballo al
sórdido río de China un vaso de marfil, sujeto por medio
de un fiador, e ingirió el principio del cólera en la
linfa torpe. Allí mismo cautivó y consumió unos
peces de sabor terrizo. La heroína usaba de modo preferente el
marfil eximio, la materia del olifante de Roldán.
Un sol de azufre viajaba a ras del suelo en la
atmósfera de un arenal lejano y un soplo agudo, mensajero de la
oscuridad invisible, esparció una sombra de terror en el cauce
inmenso.
Português
English
Español