Sí, Carrera amaba con delirio
José Miguel Carrera
Sí, Carrera amaba con delirio aquel delicioso conjunto de su patria. Todo se lo consagró a ella desde la cuna al suplicio; el alumno del colegio Carolino que se escapaba por las paredes del aura para ir a apostar en las carreras de las haciendas de su padre, cabalgando en los potros que él pillaba con su lazo; el húsar de España que desertó de su regimiento para venir a enrolarse entre los reclutas de Chile; el Dictador de su patria por el prestigio de su brillante juventud; el emisario, después, de la América perdida en otra América libre que se alzaba ya, recién nacida, como un gigante que asustaba al Universo; el escritor y el obrero de Montevideo; el soldado de fortuna de Santa Fé; el Dictador, otra vez, de una gran nación extraña y por él sólo vencida; el Pichi-Rey de las tolderías del río Colorado; el Montonero de las Pampas; el brujo de las sierras de Córdoba; el ajusticiado, en fin, de Mendoza, fue siempre chileno, y siempre digno de Chile.
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