Poemas en este tema

Nación y Patriotismo

Efraín Huerta

Efraín Huerta

Avenida Juárez

Uno pierde los días, la fuerza y el amor a la patria,

el cálido amor a la mujer cálidamente amada,

la voluntad de vivir, el sueño y el derecho a la ternura;

uno va por ahí, antorcha, paz, luminoso deseo,

deseos ocultos, lleno de locura y descubrimientos,

y uno no sabe nada, porque está dicho que uno no debe saber nada,

como si las palabras fuesen los pasos muertos del hambre

o el golpear en el oído de la espesa ola del vicio

o el brillo funeral de los fríos mármoles

o la desnudez angustiosa del árbol

o la inquietud sedosa del agua...


Hay en el aire un río de cristales y llamas,

un mar de voces huecas, un gemir de barbarie,

cosas y pensamientos que hieren;

hay el breve rumor del alba

y el grito de agonía de una noche, otra noche,

todas las noches del mundo

en el crispante vaho de las bocas amargas.


Se camina como entre cipreses,

bajo la larga sombra del miedo,

siempre al pie de la muerte.

Y uno no sabe nada,

porque está dicho que uno debe callar y no saber nada,

porque todo lo que se dice parecen órdenes,

ruegos, perdones, súplicas, consignas.

Uno debe ignorar la mirada de compasión,

caminar por esa selva con el paso del hombre

dueño apenas del cielo que lo ampara,

hablando el español con un temor de siglos,

triste bajo la ráfaga azul de los ojos ajenos,

enano ante las tribus espigadas,

vencido por el pavor del día y la miseria de la noche,

la hipocresía de todas las almas y, si acaso,

salvado por el ángel perverso del poema y sus alas.


Marchar hacia la condenación y el martirio,

atravesado por las espinas de la patria perdida,

ahogado por el sordo rumor de los hoteles

donde todo se pudre entre mares de whisky y de ginebra.


Marchar hacia ninguna parte, olvidado del mundo,

ciego al mármol de Juárez y su laurel escarnecido

por los pequeños y los grandes canallas;

perseguido por las tibias azaleas de Alabama,

las calientes magnolias de Mississippi,

las rosas salvajes de las praderas

y los políticos pelícanos de Louisiana,

las castas violetas de Illinois,

las bluebonnets de Texas...

y los millones de Biblias

como millones de palomas muertas.


Uno mira los árboles y la luz, y sueña

con la pureza de las cosas amadas

y la intocable bondad de las calles antiguas,

con las risas antiguas y el relámpago dorado

de la piel amorosamente dorada por un sol amoroso.

Saluda a los amigos, y los amigos

parecen la sombra de los amigos,

la sombra de la rosa y el geranio,

la desangrada sombra del laurel enlutado.


¿Qué país, qué territorio vive uno?

¿Dónde la magia del silencio, el llanto

del silencio en que todo se ama?

(¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?)

Uno se lo pregunta

y uno mismo se aleja de la misma pregunta

como de un clavo ardiendo.

Porque todo parece que arde

y todo es un montón de frías cenizas,

un hervidero de perfumados gusanos

en el andar sin danza de las jóvenes,

un sollozar por su destino

en el rostro apagado de los jóvenes,

y un juego con la tumba

en los ojos manchados del anciano.


Todo parece arder, como

una fortaleza tomada a sangre y fuego.

Huele el corazón del paisaje,

el aire huele a pensamientos muertos,

los poetas tienen el seco olor de las estatuas

—y todo arde lentamente

como en un ancho cementerio.


Todo parece morir, agonizar,

todo parece polvo mil veces pisado.

La patria es polvo y carne viva, la patria

debe ser, y no es, la patria

se la arrancan a uno del corazón

y el corazón se lo pisan sin ninguna piedad.


Entonces uno tiene que huir ante el acoso de los búfalos

que todo lo derrumban, ante la furia imperial

del becerro de oro que todo lo ha comprado

—la pequeña república, el pequeño tirano,

los ríos, la energía eléctrica y los bancos—,

y es inútil invocar el nombre de Lincoln

y es por demás volver los ojos a Juárez,

porque a los dos los ha decapitado el hacha

y no hay respeto para ninguna paz,

para ningún amor.


No se tiene respeto ni para el aire que se respira

ni para la mujer que se ama tan dulcemente,

ni siquiera para el poema que se escribe.

Pues no hay piedad para la patria,

que es polvo de oro y carne enriquecida

por la sangre sagrada del martirio.


Pues todo parece perdido, hermanos,

mientras amargamente, triunfalmente,

por la Avenida Juárez de la ciudad de México

—perdón, Mexico City

las tribus espigadas, la barbarie en persona,

los turistas adoradores de Lo que el viento se llevó,

las millonarias neuróticas cien veces divorciadas,

los gángsters y Miss Texas,

pisotean la belleza, envilecen el arte,

se tragan la Oración de Gettysburg y los poemas de Walt Whitman,

el pasaporte de Paul Robeson y las películas de Charles Chaplin,

y lo dejan a uno tirado a media calle

con los oídos despedazados

y una arrugada postal de Chapultepec

entre los dedos.

1956

1.700
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Pequeñas Palabras Al Pequeño David

Te saludan:
los árboles y las banderas triunfales,
los pájaros y los ríos del pueblo,
las ágiles canciones del pionero,
las películas a colores y las fotografías.
Ludmila te sonríe desde el fondo
de su impecable belleza de soberbia señora.
Marina y Boris, Leonid Kosmatov,
Tania y Susana me preguntan por tus ojos.
Y yo les digo que miren al cielo
y solamente escuchen
metales y maderas del heraldo del día
y a todas horas de la ciudad sin horas.
Te da la mano la estrella roja
en el jardín que sueña con la estrella
que es la madre de todas las estrellas.
Te cubre de besos el alto surtidor
y los puentes se inclinan a mi paso
que es tu paso de pequeño gigante,
de capitán que duerme su milagro
de haber nacido al día bajo una tarde.
Te saludan los negros ferrocarriles
y los anchos aviones, y la paloma de la paz
se acoge a tu presencia de varón
que acaba de llegar del otro territorio.
551
Duque de Rivas

Duque de Rivas

El Fratricidio Romance Primero El Español Y El Francés

«Mosén Beltrán, si sois noble,
Doleos de mi señor,
Y deba corona y vida
A un caballero cual vos.

»Ponedlo en cobro esta noche,
Así el cielo os dé favor;
Salvad a un Rey desdichado
Que una batalla perdió.

»Yo con la mano en mi espada,
Y la mente puesta en Dios,
En su real nombre os ofrezco,
Y ved que os lo ofrezco yo,

»En perpetuo señorío
La cumplida, donación
De Soria y de Monteagudo,
De Almansa, Atienza y Serón.

»Y a más doscientas mil doblas
De oro, de ley superior,
Con el cuño de Castilla,
Con el sello de León,

»Para que paguéis la hueste
De allende que está con vos,
Y con que fundéis estado
Donde más os venga en pro.

»Socorred al Rey Don Pedro
Que es legítimo, otro no;
Coronad vuestras proezas
Con tan generosa acción».
757
Duque de Rivas

Duque de Rivas

El Alcázar De Sevilla Romance Cuarto

Grande rumor se alza, y cunde
De armas, caballos y pueblo
De Sevilla por las calles,
Al Maestre recibiendo.

Suenan los vivas, unidos
Con los retumbantes ecos,
Que en la altísima Giralda
Esparce el bronce hasta el cielo,

Vase acercando la turba,
Pero se la escucha menos;
Ya a la plaza de palacio
Llega y párase en silencio;

Que la vista del Alcázar
Gozaba del privilegio
De apagar todo entusiasmo,
De convertir todo en miedo.

Quedó, pues, mudo el gentío,
Falto de acción y de aliento,
Para pisar la gran plaza
Con un mágico respeto;

Y el Maestre de Santiago,
Con algunos caballeros
De su Orden, entra, seguido
De corto acompañamiento.

Dirígese hacia la puerta,
Como aquel que va derecho
A encontrar de un buen hermano
El alma y brazos abiertos,

O como noble caudillo,
Que por sus gloriosos hechos
De un Rey a recibir llega
Los elogios y los premios.

Sobre un morcillo lozano,
Que espuma respira y fuego,
Y a quien contiene la brida
Si ensoberbece el arreo,

Muéstrase el noble Fadrique
Con el blanco manto suelto,
En que el collar y cruz roja
Van su dignidad diciendo;

Y una, toca de velludo
Carmesí lleva, do el viento
Agita un. blanco penacho
Con borlas de oro sujeto.
771
Duque de Rivas

Duque de Rivas

Álvaro De Luna Romance Cuarto La Plaza

Mediada está la mañana;
Ya el fatal momento llega,
Y Don Álvaro de Luna
Sin turbarse oye la seña.

Recibe la Eucaristía,
Y en Dios la esperanza puesta,
Sereno baja a la calle,
Donde la escolta le espera.

Cabalga sobre su mula,
Que adorna gualdrapa negra,
Y tan airoso cabalga,
Cual para batalla o fiesta.

Un sayo de paño negro,
Sin insignia ni venera,
Es su traje, y con el garbo
Que un manto triunfal, lo lleva;

Y sin toca ni birrete,
Ni otro adorno, descubierta,
Bien aliñado el cabello,
La levantada cabeza.

Las dos padres franciscanos
Se asen de las estriberas,
Y hombres de armas, en buen orden,
Le custodian y le cercan.

Así camina el Maestre,
Con tan gallarda presencia
Y con tan sereno rostro,
Que impone a cuantos le encuentran.

Sus enemigos no osan
Clavar la vista soberbia
En él, como consternados
Ya de su venganza horrenda:

Sus partidarios parecen
Decirle con mudas lenguas,
Que aun morirán por salvarle
Y encenderán civil guerra.

Y aquel silencio terrible
Por todas las calles reina,
Que o gran terror o despecho
Grande siempre manifiesta.

Silencio que solamente
De cuando en cuando se quiebra
Con la voz del pregonero,
Que a los más valientes hiela.

Diciendo : «Esta es la justicia
Que facer el Rey ordena
A este usurpador tirano
De su corona y sin hacienda».

Siempre que oye el Condestable
Este vil pregón, aprieta
La mano del padre Espina,
Que en voz sumisa le esfuerza.

Arriba, a la triste plaza,
Que ha pocos días le viera
Tan galán en el torneo,
Con tal poder y opulencia.

El apretado concurso
El cuadrado espacio llena;
Vese una masa compacta
De rostros y de cabezas;

Parece que el pavimento
Se ha elevado de la tierra,
que casas y palacios,
Su basa han hundido en ella.

Un callejón, que tapiales
De hombres apiñados cierran,
Sirviéndole de linderos
Lanzas en vez de arboleda,

Ofrece paso hasta donde
Lecho de muerte descuella,
En mitad del gran gentío,
Que como la mar olea.

El reducido tablado,
Enlutado con bayetas,
Una. gran tumba, parece
Que el pueblo en hombros sustenta.

Sobre él está colocado
Un altar, a la derecha,
De terciopelo vestido;
Y entre amarillas candelas,

Cuya, luz el sol deslustra
Y arder el viento no deja,
Un crucifijo de plata
En cruz de ébano campea.

Yace un ataúd humilde
Colocado a la izquierda:
Cerca de él se ve una escarpia
En un pilar de madera;

Y en medio, de firme, un tajo,
Delante una almohada negra,
Y una hacha, en cuya cuchilla
Los rayos del sol reflejan.
829
Juan de Tassis y Peralta

Juan de Tassis y Peralta

Al Príncipe De España

Émulo al Sol saldrá del cielo hesperio
un rayo de las armas, y cometa
que con agüero de feliz planeta
al Asia librará de cautiverio.

Y revelando al mundo el gran misterio
verá el Levante ocasos de su seta;
uno el ovil, una la ley perfeta;
habrá un solo pastor y un
solo Imperio
.

Y la hidra inhumana, que no pudo
ver extinta con fuego ni cortada
el celo y el valor de sus abuelos,

al resplandor del soberano escudo
muerta caerá de miedo de la espada
que con filos de fe templan los cielos.

424
César Vallejo

César Vallejo

España, Aparta De Mí Este Cáliz

Niños del mundo,
si cae España —digo, es un decir—
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra madre con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!

Si cae —digo, es un decir— si cae
España, de la tierra para abajo,
niños ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!

Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que está
en su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera, aquella de la trenza;
la calavera, aquella de la vida!

¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aun
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae —digo, es un decir—,
salid, niños, del mundo; id a buscarla!...
813
César Vallejo

César Vallejo

Redoble Fúnebre A Los Escombros De Durango

Padre polvo que subes de España,
Dios te salve, libere y corone,
padre polvo que asciendes del alma.

Padre polvo que subes del fuego,
Dios te salve, te calce y dé un trono,
padre polvo que estás en los cielos.

Padre polvo, biznieto del humo,
Dios te salve y ascienda a infinito,
padre polvo, biznieto del humo.

Padre polvo en que acaban los justos,
Dios te salve y devuelva a la tierra,
padre polvo en que acaban los justos.

Padre polvo que creces en palmas;
Dios te salve y revista de pecho,
padre polvo, terror de la nada.

Padre polvo, compuesto de hierro,
Dios te salve y te dé forma de hombre,
padre polvo que marchas ardiendo.

Padre polvo, sandalia del paria,
Dios te salve y jamás te desate,
padre polvo, sandalia del paria.

Padre polvo que avientan los bárbaros,
Dios te salve y te ciña de dioses,
padre polvo que escoltan los átomos.

Padre polvo, sudario del pueblo,
Dios te salve del mal para siempre,
padre polvo español, padre nuestro.

Padre polvo que vas al futuro,
Dios te salve, te guíe y te dé alas,
padre polvo que vas al futuro.
595
César Vallejo

César Vallejo

¡cuídate, España, De Tu Propia España!

¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima apesar suyo,
del verdugo apesar suyo
y del indiferente apesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaberas!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!
649
César Vallejo

César Vallejo

Varios Días El Aire, Compañeros

Varios días el aire, compañeros,
muchos días el viento cambia de aire,
el terreno, de filo,
de nivel el fusil republicano.
Varios días España está española.

Varios días el mal
mobiliza sus órbitas, se abstiene,
paraliza sus ojos escuchándolos.
Varios días orando con sudor desnudo,
los milicianos cuélganse del hombre.
Varios días, el mundo, camaradas,
el mundo está español hasta la muerte.

Varios días ha muerto aquí el disparo
y ha muerto el cuerpo en su papel de espíritu
y el alma es ya nuestra alma, compañeros.
Varios días el cielo,
éste, el del día, el de la pata enorme.

Varios días, Gijón;
muchos días, Gijón;
mucho tiempo, Gijón;
mucha tierra, Gijón;
mucho hombre, Gijón;
y mucho dios, Gijón,
muchísimas Españas ¡ay! Gijón.

Camaradas,
varios días el viento cambia de aire.
591
César Vallejo

César Vallejo

Himno A Los Voluntarios De La República

Voluntario de España, miliciano
de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón,
cuando marcha a matar con su agonía
mundial, no sé verdaderamente
qué hacer, dónde ponerme; corro, escribo, aplaudo,
lloro, atisbo, destrozo, apagan, digo
a mi pecho que acabe, al que bien, que venga,
y quiero desgraciarme;
descúbrome la frente impersonal hasta tocar
el vaso de la sangre, me detengo,
detienen mi tamaño esas famosas caídas de arquitecto
con las que se honra el animal que me honra;
refluyen mis instintos a sus sogas,
humea ante mi tumba la alegría
y, otra vez, sin saber qué hacer, sin nada, déjame,
desde mi piedra en blanco, déjame,
solo,
cuadrumano, más acá, mucho más lejos,
al no caber entre mis manos tu largo rato extático,
quiebro con tu rapidez de doble filo
mi pequeñez en traje de grandeza!

Un día diurno, claro, atento, fértil
¡oh bienio, el de los lóbregos semestres suplicantes,
por el que iba la pólvora mordiéndose los codos!
¡oh dura pena y más duros pedernales!
!oh frenos los tascados por el pueblo!
Un día prendió el pueblo su fósforo cautivo,
oró de cólera
y soberanamente pleno, circular,
cerró su natalicio con manos electivas;
arrastraban candado ya los déspotas
y en el candado, sus bacterias muertas...

¿Batallas? ¡No! Pasiones. Y pasiones precedidas
de dolores con rejas de esperanzas,
de dolores de pueblos con esperanzas de hombres!
¡Muerte y pasión de paz, las populares!
¡Muerte y pasión guerreras entre olivos,
entendámonos!
Tal en tu aliento cambian de agujas atmosféricas los vientos
y de llave las tumbas en tu pecho,
tu frontal elevándose a primera potencia de martirio.

El mundo exclama: "¡Cosas de españoles!" Y es verdad.
Consideremos,
durante una balanza, a quemarropa,
a Calderón, dormido sobre la cola de un anfibio muerto
o a Cervantes, diciendo: "Mi reino es de este mundo, pero
también del otro": ¡punta y filo en dos papeles!
Contemplemos a Goya, de hinojos y rezando ante un espejo,
a Coll, el paladín en cuyo asalto cartesiano
tuvo un sudor de nube el paso llano
o a Quevedo, ese abuelo instantáneo de los dinamiteros
o a Cajal, devorado por su pequeño infinito, o todavía
a Teresa, mujer que muere porque no muere
o a Lina Odena, en pugna en más de un punto con Teresa...
(Todo acto o voz genial viene del pueblo
y va hacia él, de frente o transmitidos
por incesantes briznas, por el humo rosado
de amargas contraseñas sin fortuna)
Así tu criatura, miliciano, así tu exangüe criatura,
agitada por una piedra inmóvil,
se sacrifica, apártase,
decae para arriba y por su llama incombustible sube,
sube hasta los débiles,
distribuyendo españas a los toros,
toros a las palomas...

Proletario que mueres de universo, ¡en qué
frenética armonía
acabará tu grandeza, tu miseria, tu vorágine impelente,
tu violencia metódica, tu caos teórico y práctico,
tu gana
dantesca, españolísima, de amar, aunque sea a
traición,
a tu enemigo!
¡Liberador ceñido de grilletes,
sin cuyo esfuerzo hasta hoy continuaría sin asas la
extensión,
vagarían acéfalos los clavos,
antiguo, lento, colorado, el día,
nuestros amados cascos, insepultos!
¡Campesino caído con tu verde follaje por el hombre,
con la inflexión social de tu meñique,
con tu buey que se queda, con tu física,
también con tu palabra atada a un palo
y tu cielo arrendado
y con la arcilla inserta en tu cansancio
y la que estaba en tu uña, caminando!
¡Constructores
agrícolas, civiles y guerreros,
de la activa, hormigueante eternidad: estaba escrito
que vosotros haríais la luz, entornando
con la muerte vuestros ojos;
que, a la caída cruel de vuestras bocas,
vendrá en siete bandejas la abundancia, todo
en el mundo será de oro súbito
y el oro,
fabulosos mendigos de vuestra propia secreción de sangre,
y el oro mismo será entonces de oro!

¡Se amarán todos los hombres
y comerán tomados de las puntas de vuestros pañuelos
tristes
y beberán en nombre
de vuestras gargantas infaustas!
Descansarán andando al pie de esta carrera,
sollozarán pensando en vuestras órbitas, venturosos
serán y al son
de vuestro atroz retorno, florecido, innato,
ajustarán mañana sus quehaceres, sus figuras
soñadas y cantadas!
¡Unos mismos zapatos irán bien al que asciende

sin vías a su cuerpo
y al que baja hasta la forma de su alma!
¡Entrelazándose hablarán los mudos, los tullidos
andarán!
¡Verán, ya de regreso, los ciegos
y palpitando escucharán los sordos!
¡Sabrán los ignorantes, ignorarán los sabios!
¡Serán dados los besos que no pudisteis dar!
¡Sólo la muerte morirá! ¡La hormiga
traerá pedacitos de pan al elefante encadenado
a su brutal delicadeza; volverán
los niños abortados a nacer perfectos, espaciales
y trabajarán todos los hombres,
engendrarán todos los hombres,
comprenderán todos los hombres!

¡Obrero, salvador, redentor nuestro,
perdónanos, hermano, nuestras deudas!
Como dice un tambor al redoblar, en sus adagios:
qué jamás tan efímero, tu espalda!
qué siempre tan cambiante, tu perfil!

¡Voluntario italiano, entre cuyos animales de batalla
un león abisinio va cojeando!
¡Voluntario soviético, marchando a la cabeza de tu pecho
universal!
¡Voluntarios del sur, del norte, del oriente
y tú, el occidental, cerrando el canto fúnebre del alba!
¡Soldado conocido, cuyo nombre
desfila en el sonido de un abrazo!
¡Combatiente que la tierra criara, armándote
de polvo,
calzándote de imanes positivos,
vigentes tus creencias personales,
distinto de carácter, íntima tu férula,
el cutis inmediato,
andándote tu idioma por los hombros
y el alma coronada de guijarros!

¡Voluntario fajado de tu zona fría,
templada o tórrida,
héroes a la redonda,
víctima en columna de vencedores:
en España, en Madrid, están llamando
a matar, voluntarios de la vida!

¡Porque en España matan, otros matan
al niño, a su juguete que se para,
a la madre Rosenda esplendorosa,
al viejo Adán que hablaba en alta voz con su caballo
y al perro que dormía en la escalera.
Matan al libro, tiran a sus verbos auxiliares,
a su indefensa página primera!
Matan el caso exacto de la estatua,
al sabio, a su bastón, a su colega,
al barbero de al lado —me cortó posiblemente,
pero buen hombre y, luego, infortunado;
al mendigo que ayer cantaba enfrente,
a la enfermera que hoy pasó llorando,
al sacerdote a cuestas con la altura tenaz de sus rodillas...

¡Voluntarios,
por la vida, por los buenos, matad
a la muerte, matad a los malos!
¡Hacedlo por la libertad de todos,
del explotado, del explotador,
por la paz indolora —la sospecho
cuando duermo al pie de mi frente
y más cuando circulo dando voces—
y hacedlo, voy diciendo,
por el analfabeto a quien escribo,
por el genio descalzo y su cordero,
por los camaradas caídos,
sus cenizas abrazadas al cadáver de un camino!

Para que vosotros,
voluntarios de España y del mundo, vinierais,
soñé que era yo bueno, y era para ver
vuestra sangre, voluntarios...
De esto hace mucho pecho, muchas ansias,
muchos camellos en edad de orar.
Marcha hoy de vuestra parte el bien ardiendo,
os siguen con cariño los reptiles de pestaña inmanente
y, a dos pasos, a uno,
la dirección del agua que corre a ver su límite antes que
arda.
579
César Vallejo

César Vallejo

Huaco

Yo soy el coraquenque ciego
que mira por la lente de una llaga,
y que atado está al Globo,
como a un huaco estupendo que girara.
Yo soy el llama, a quien tan sólo alcanza
la necedad hostil a trasquilar
volutas de clarín,
volutas de clarín brillantes de asco
y bronceadas de un viejo yaraví.
Soy el pichón de cóndor desplumado
por latino arcabuz;
y a flor de humanidad floto en los Andes,
como un perenne Lázaro de luz.
Yo soy la gracia incaica que se roe
en áureos coricanchas bautizados
de fosfatos de error y de cicuta.
A veces en mis piedras se encabritan
los nervios rotos de un extinto puma.
Un fermento de Sol;
levadura de sombra y corazón!
1.232
Carlos Pellicer

Carlos Pellicer

Poema En Tiempo Vegetal

POEMA EN TIEMPO VEGETAL

A José Clemente Orozco

En este bosque en que los árboles

tienen historia

y se acompañan espaciosos

a tiempo en luz,

a tiempo en sombra,

saqueo al aire los flautines

en que los pájaros devoran

la soledad húmeda y viva

de la raíz y la memoria.


Sonoramente en cuerpo y alma

siento el calor

con que de enérgicas prisiones,

la luz solar se liberó.

Y estoy cantando entre los árboles

y en el follaje de mi voz

pican los pájaros del viento

lentos rincones de sabor.


Entrar a un bosque cuando el día

todo llanura

con braserillos y alfileres

a piernas ricas desanuda,

es desnudar un tronco andante

y echarlo al agua a que se una

con materiales inasibles

de olvido imágenes fortuna.


Entrar a un bosque es adueñarse

de la opulencia

con que la vida en un instante

todas sus márgenes florea,

y da a sentir su cuerpo claro,

hondo a rumores de sorpresa:

la repentina mariposa, la rama antigua que se quiebra,

lo que ceñido y desligado

se toma o deja;

algo que cae y no sabemos

qué fue y en dónde y por qué suena.


Es este bosque en que los árboles

saben hablar

de aquel silencio de obsidiana

que en fuego tuvo pedestal:

joven Cuauhtémoc que algún día

pudo sus rocas alegrar

con los dinámicos enlaces

de este gran bosque patriarcal.


Joven Cuauhtémoc silencioso,

¿qué amanecer o atardecer

fue aquí en la pluma de tu paso

tu atardecer, tu amanecer,

y en los rumores deshilados

de oculta brisa

te suspiraron gigantescos

los ahuehuetes de tu ser?


Joven Cuauhtémoc, este pueblo

de árboles, lleno de vivir,

tierra amarrada con raíces

oculta en ti,

gasta en el sol de su arboleda

tesorería varonil

¿por qué algún día tu persona

ha de volver a estar aquí?


En este bosque en que los árboles

saben callar,

he hablado a solas, he llorado

y hasta mis manos vino a dar

esa hoja que siempre cae

y que es, tal vez, una señal.

Y así en mi pecho empieza a alzarse

entre hojas secas vendaval.


Entrar a un bosque en que los árboles

tienen historia

y se acompañan espaciosos

a tiempo en luz, a tiempo en sombra,

vale como entrar a un huerto

tan lleno de frutos que todo es sombra

y en el que uno pasa sin tocar nada

porque la sed y el hambre habitan siempre

nuestra boca.


¡Cuántas veces el joven Cuauhtémoc

vendrá a este bosque

a soñar con un pueblo saludable,

lleno de justicia y no pobre!

Y cuando se retira se estremece

todo el follaje como un pulmón enorme.

¡Hermosos y fuertes árboles!

Como estos árboles han de ser un día

en México, los hombres.


El hombre árbol sus palabras

ha extendido.

La tierra de marzo abre su entraña,

pronto recibirá la semilla...

El maíz erigirá su vara

y en su talle la mazorca feliz

multiplicará su fécula sacra.

Sitúala en el hecho preciso,

oh tierra que, desnuda, te vestirás con el agua.

Porque, como el maíz y como el árbol

se siembra y sonríe y sombrea,

también, la palabra.

768
Carlos Edmundo de Ory

Carlos Edmundo de Ory

España Mística

Cerro lomo inmenso tímpano doliente
y en las perchas de los árboles
las casacas de los ángeles se pudren
Pones puertas al desierto
pantalones al espíritu
Lava un poco tu esqueleto con jabón
De los muertos muertos de hambre
pararrayos de oraciones
el ciprés

Tengo sed de alcantarillas
y de cerveza bendita
Dame prisión de campanas
con tus rosarios mohosos
Con tus capas de torero
hazme un traje funerario
un sudario de primera
Y en mi tumba pon mañana
un cocido de garbanzos con chorizo

Fiesta digna de matracas y cohetes
Oh mi España de peluca y de tomate
Matricúlame de muerto en la alcaldía
y celebra un carnaval de escapularios
ese día noche alba o madrugada
440
Carlos Bousoño

Carlos Bousoño

España En El Sueño

ESPAÑA EN EL SUEÑO

A Carmen Braga

Desde aquí yo contemplo, tendido, sin memoria

el campo. Piedra y campo, y cielo, y lejanía.

Mis ojos miran montes donde sembró la historia

el dulce sueño amargo que sueñan todavía.

Pero el amor fundido en piedra, día a día;

pero el amor mezclado con monte, o con escoria,

es duradero y te amo, oh patria, oh serranía

crespa, que te levantas, bajo el cielo, ilusoria.

Campos que yo conozco, cielos donde he existido;

piedras donde he amasado mi corazón pequeño;

bosques donde he cantado; sueños que he padecido.

Os amo, os amo, campos, montañas, terco empeño

de mi vivir, sabiendo que es vano mi latido

de amor. Mas te amo, patria, vapor, fantasma, sueño.

501
Carolina Coronado

Carolina Coronado

A S M La Reina El Día De Su Salida La Reina Que Dos Veces Ha Nacido

Madrid aguarda tu triunfal salida
para cubrir de flores tu carrera
como si el pueblo por la vez primera
celebrara en España tu venida;
la fiesta a que gozoso te convida,
cual si de nuevo a coronarte fuera,
tiene un placer que hoy halla repetido
la Reina que dos veces ha nacido.

Carlos quinto inmortal cuando ceñía
a sus sienes la fúlgida corona
del pueblo que adoraba a su persona
oyó el supremo canto de alegría;
mas para Ti, Isabel, es doble día
el de esta aclamación que el Pueblo entona.
Porque tú, cuando el seno te han herido,
para España dos veces has nacido.

Tú apareces al Pueblo castellano
con tu Niña tan dulce y tan hermosa,
como la luna de color de rosa
que ilumina las noches del verano;
y dejas luego de alumbrar el llano,
quedamos en tiniebla pavorosa,
pero ya con reflejo más lucido
luna nueva en el Cielo has renacido.

Ya la Virgen te aguarda en los altares,
y a la niña cubriendo con su manto
desde el Cielo confirma el nombre santo
que el Serafín celebra en sus cantares;
¡vive, Madre feliz libre de azares,
que al triunfar de la muerte, por encanto,
doble vida del Cielo ha merecido
la Reina que dos veces ha nacido!
464
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Himno Al Nacimiento De La Princesa De Asturias, Cantado Por La Sección Lírica Del Liceo De Badajoz

«Viva, viva, la tierna heredera
que ha nacido a la Reina Isabel,
la hermosura hemos visto que impera
de las Reinas es hoy el dosel».

Españoles, con grande alegría
saludad a la hermosa Princesa,
y de hinojos haced la promesa
de velar por su cuna Real;
que en honor de Española hidalguía
la debéis ese noble homenaje;
porque es dama de excelso linaje,
porque es hija de augusta beldad.

«Viva, viva, la tierna heredera
que ha nacido a la Reina Isabel,
la hermosura hemos visto que impera,
de las Reinas es hoy el dosel».

Con Tu nombre dulcísimo el alma
de contento y placer se extasía,
que es el nombre feliz de María
esperanza de gloria inmortal.
Con Tu nombre la pena se calma,
con Tu nombre se logra el consuelo,
que es tu nombre bendito en el cielo
y protege en la tierra al mortal.

«Viva, viva, la tierra heredera
que ha nacido a la Reina Isabel,
la hermosura hemos visto que impera,
de las Reinas es hoy el dosel».

Con guirnaldas de hermosos laureles
coronada, Real sucesora,
tú del siglo futuro la aurora
bajo el solio tranquilo verás.
Y tus pueblos dichosos y fieles
grabarán en el bronce tu historia,
y de Reina serás, tú, la gloria,
y de España el orgullo serás.

«Viva, viva, la tierna heredera
que ha nacido a la Reina Isabel,
la hermosura hemos visto que impera,
de las Reinas es hoy el dosel».
751
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Para Un Obelisco En Honor De La Princesa De Asturias

Hoy princesa inocente el bravo Marte,
en holocausto a tu brillante suerte
como ha sido el primero en anunciarte,
es también el primero en protegerte.

El cañón que resuena al aclamarte
sólo sabrá sonar por defenderte,
que sin temer sus rayos en la tierra
segura estás en paz, segura en guerra.

De una reina adorada en el regazo
dormita en paz, angélica María,
mientras tu nave la gobierna y guía
del buen piloto el incansable brazo.

Unido al trono con estrecho lazo
en su lealtad tu porvenir confía,
que bogando por ti con rumbo cierto
ya no descansa hasta llevarte al puerto.
505
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Sobre La Construcción De Nuevas Plazas De Toros En España

¡Bravo!... generación; rauda caminas
a modelar tus hombres con las fieras;
¡bien tus nobles misiones adivinas,
te escapas de las cátedras latinas
y en las plazas de toros te atrincheras!

Nuevos campos de lid a los toreros
levanta ¡o patria! agota los tesoros.
¿Pueblo de sabios son los extranjeros?
Pues aquí somos pueblo de vaqueros...
necios ¿qué vale más, leyes o toros?

¿La libertad, qué importa mientras brama
el acosado toro en la llanura
y la arena socava y desparrama
y sufre el aguijón... sufre la llama,
de la infeliz España imagen pura?

Y cuando ronco ya lanza profundos
del traspasado pecho los bramidos
y hombres caen y alazanes moribundos
¡cómo es ver a los mozos rubicundos
romper en gozosísimos silbidos!

Y a las damas, las dulces, las mimadas,
corazones de leche delicados,
cebarse en contemplar ensangrentadas
las carnes del buen toro acribilladas,
los pechos del caballo desgarrados.

Mas escuchad; a defender la lucha
de hombres y toros se levanta osado
el petulante hidalgo que me escucha
«Yo vengo —exclama— aquí con gloria mucha
porque esto es Español». ¡Bien, ha gritado!

¡O Nacional ardor! cien aureolas
de rubias astas en la docta frente
coloquen del mancebo, que halla solas
en los chulos las glorias Españolas,
en los toros su fuerza prepotente.

Para aquellas ¡oh pueblo! almas de toro
el valor y el saber son extranjeros;
no aprenden en el Cid que bate al moro,
no abren de nuestros libros el tesoro
y de España osan ser con ser toreros.

Pues también en las bellas de la España
tanto el patrio cariño se acrisola
que ven con entusiasmo a la alimaña;
con ellas la bondad es planta extraña,
tan sólo la crueldad es Española.

¡Quién me diera tu numen, Jovellanos,
para tronar y despedir centellas
contra aquellos padrones castellanos
que se elevan más altos, más ufanos
en vez de perecer bajo tus huellas!

¡Varón ilustre, si tu mente pura
de los rayos del sol aquí desciende,
mira al pueblo Español en esa altura,
cómo rápido avanza en la cultura,
cómo en la escuela de la ciencia aprende!

Pan y toros tenemos —prorrumpiste—
pero tu siglo fue siglo de oro,
el nuestro, Jovellanos, es más triste,
tú, al menos, con el toro pan tuviste,
¡a nosotros nos dan sin pan el toro!
681
Carolina Coronado

Carolina Coronado

A La Comisión De Monumentos Históricos Y Artísticos De Badajoz

A vosotros que dais a lo pasado
un culto apasionado
arrancando; señores, del olvido
las gloriosas hazañas
del pueblo en sus campañas,
batiendo a los franceses atrevido,

A vosotros que un bello monumento
con generoso intento
alzáis sobre los campos de la Albuera,
para que no olvidada
tan famosa jornada
queda en la edad remota venidera,

A vosotros sus tímidos acentos
hoy por breves momentos
a dirigir se atreve mi poesía;
oídme atentamente,
que en mi entusiasmo ardiente
la disculpa hallaréis de mi osadía.

¡Oh sí! que al pronunciar el alto nombre
del más ilustre hombre
que ha visto el sol, mi corazón se inflama,
y juzgo que abrasado
su pueblo idolatrado
también se siente por la propia llama.

Os hablo de Cortés en alabanza,
aunque el numen no alcanza
al remontarse al cerco de su luna:
pues llena de sonrojos
con el llanto en los ojos
he visto al pueblo donde fue su cuna.

Y ¡oh vergüenza! ¡vergüenza! allí olvidada
y a su primera morada
asilo de las pobres golondrinas,
sin un solo letrero
este otoño primero
va a desplomarse en míseras ruinas,

Y ¿qué nos quedará de tanta gloria
si esa débil memoria
furioso el aquilón nos arrebata?
¿Qué de tantos honores
como nos dio, señores,
en cambio le dará su tierra ingrata?

¿No tendrá entre sus mármoles Castilla
una piedra sencilla
donde su ilustre nombre coloquemos?
Con nuestras propias manos
guerreros y artesanos
y... hasta las damas a grabarlo iremos.

Más trabajo, más pena, más fatiga
en la tierra enemiga
pasó el gran capitán por darle sólo
a su patria grandeza
por hacer que en riqueza
fuera el reino mayor de polo a polo.

Por él fue nuestra patria rica y fuerte
por él con tanta suerte
el soberbio cristal del Océano,
surgieron cien navíos,
transportando carguíos
del inmenso tesoro americano.

Ved hoy esas magníficas ciudades
que fueron soledades
tristes ayer alzarse florecientes,
fundadas por su mano,
llevando el nombre hispano
en su poder, en esplendor crecientes.

Él hizo interminable nuestra tierra
con la perpetua guerra,
asolación del pueblo mejicano,
y por él solamente
flota entre aquella gente
la santa insignia del pendón cristiano.

Y ¿se dirá que ingratos y egoístas
sus valientes conquistas
nosotros españoles desdeñamos?
¿Que un puñado de cobre
por una piedra pobre
con voluntad siquiera no le damos?

En tanto que su nombre no ensalcemos
y en Medellín alcemos
un monumento a los brillantes soles
de su gloriosa guerra,
las gentes de esta tierra
¡¡no somos ni extremeños ni españoles!!
687
Carolina Coronado

Carolina Coronado

A Neira Golondrinas, Grullas Y Patos

A NEIRA. GOLONDRINAS, GRULLAS Y PATOS


Carolina Coronado acompaña en su despedida a las golondrinas, a
las grullas y a los patos.



Ya, Neira, despedí a la golondrina

que en el techo campestre haciendo el nido

mansa inocente mi compaña ha sido

en la estación risueña que termina;

la grulla en cambio ya vino dañina

el fruto a destrozar recién nacido

que en este yermo a fuerza de sudores

lograron cultivar los labradores.


El pato en enturbiar las claras fuentes

de este valle purísimo obcecado

revuelve con el fondo encenagado

los graciosos espejos trasparentes;

¡lástima que desdeñe las corrientes

de un brillo tan hermoso y azulado,

donde lucir pudiera entre la espuma,

por hundir en el fango el alba pluma!


¿Quién nos diera encontrar siempre a la bella

que en nuestros techos amorosa anida

y en su cantar sencillo entretenida

nos divierte feliz de sol a estrella?

¿Quién nos diera encontrarla siempre a ella

que a nadie ofende, cuya dulce vida

consagrada a los suyos, sobre el heno,

ni daña al labrador ni anda entre cieno?


¿Hay en mi tierra hermosos olivares

formados como tropas, en hileras?

Pues a dañar su flor a sus praderas

vienen bandos de grullas a millares.

¿Hay arroyos que van entre juncares

retratando el verdor de estas laderas?

Pues acuden los patos a bandadas,

«¿Aves estas no son civilizadas?»


¿Qué más da que en mi lira sean cantados

hombres o grullas si en diversos nombres

disfrazadas las grullas van de hombres

y los hombres de grullas disfrazados?

¿Por qué han de ser los patos desdeñados

si los hombres tal vez con sus renombres

viviendo en bacanales, como en cieno,

no fueron ni más puros ni más buenos?


¿Qué más da pues que yo cante los hechos

con mi endeble laúd, mi voz de niña

de las aves que pueblan la campiña

y las aves que habitan bajo techos?

Con iguales instintos y derechos

todas viven del daño y la rapiña;

soldados-grullas talan los sembrados

y las ciudades ¡ay! grullas-soldados.


Galanes patos de la fuente empañan

el manantial que beben los pastores,

patos galanes, patos impostores

en las virtudes la calumnia ensañan;

hombres-patos, en fin, sus alas bañan

en fétidos pantanos corruptos;

patos-hombres sepultan en orgías

su bella juventud, sus bellos días.


¿Por qué al mísero pato guerra tanta,

por qué a la infeliz grulla tanta guerra,

si hay seres más indignos en la tierra

y el hombre docto los celebra y canta?

Cada piedra, cada ave, cada planta,

una vida, una historia, un mundo encierra

y muchos en el mundo, bien lo sabes,

valen menos que piedras, plantas, aves.


Pues no siempre he de hallar por mi camino

golondrinas, que pocas han quedado,

mejor canto a las grullas, que al malvado.

A los patos mejor que al libertino:

esos nombres de Atila, Jerjes, Nino

siempre al numen benigno han espantado

y siempre aborrecí como a enemigos

los Paris, los Nerones, los Rodrigos.


Una grulla el gran Jerjes vale en suma,

pero el rico Nerón no vale un pato

que fuera a dar el pájaro barato

aun dando por Nerón no más la pluma:

¿pues por qué si la historia nos abruma

con uno y otro nombre tan ingrato

no ha de cantar, sin que te cause risa,

a la grulla y al pato la poetisa?


Lo mismo da las aves que los hombres

lo mismo el campo da que las ciudades,

pues componen entrambas vecindades,

los mismos seres con distintos nombres;

grullas hay en el mundo con nombres,

patos bajo soberbias potestades,

y en ciudades lo mismo que entre encinas

sobre grullas y patos golondrinas.

Badajoz, 1846

632
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Una Fiesta Dedicada A La Reina Gobernadora

Ya el enemigo de la patria mía,
el genio de la guerra destructora
dobla rabioso la falange impía
ante la paz gloriosa y vencedora.

Cesó el llanto y la sangre y la agonía
que derramó la espada vengadora
y tras del triste y pavoroso día
luce risueña suspirada aurora.

Ya de Cristina el genio prepotente
venció de Carlos la arrogancia altiva,
que doblegando la orgullosa frente

el ramo ofrece de apacible oliva;
cantemos, o Cristina, la victoria,
que a España da la paz, y a vos la Gloria.
574
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Al Liceo De Badajoz

Vamos a vindicar de Extremadura
la capital oscura
y a levantar en palmas, extremeños:
que, por Dios es vergüenza,
que otra ciudad nos venga
siendo de igual poder nosotros dueños.

Vamos a levantarla como espuma,
la pereza que abruma
los talentos brillantes sacudiendo;
y un mentís de tal modo
a dar al reino todo
que está de nuestra inercia sonriendo.

Porque los ojos fijos en la tierra,
que ilustre cuna encierra
del más valiente capitán del mundo,
España atentamente
siempre aguarda impaciente
nuevas llores de suelo tan fecundo.

Porque tuvimos héroes esforzados,
vernos quiere ilustrados;
porque tuvimos sabios y poetas
nos piden ciencia y canto;
y nosotros, en tanto,
¿mudos dejamos nuestras glorias quietas?

Juventud numerosa en torno veo
que en ardiente deseo
de aspirar a saber arde y se inflama;
juventud animosa
que vuela hoy presurosa
donde la voz de ilustración la llama.

No ha menester buscar en otro suelo
la juventud modelo
para trazar creaciones inmortales;
que en la ciudad oscura,
si adora la pintura,
tiene en soberbio altar al gran Morales.

Si de otros genios las carreras bellas,
quiere andar por sus huellas,
no ha menester cruzar tierras lejanas,
que un siglo solamente
presenta en nuestra gente
Donosos, Esproncedas y Quintanas.

En las armas, las letras y las artes,
cunden por todas partes,
de ingenios extremeños las victorias
y nuestros pueblos sólo
los más rudos del polo,
¿habrán de desdeñar tan altas glorias?

¡Tierra bendita, donde brotan, crecen,
se ensanchan y florecen
los más hermosos troncos de Castilla;
las fuerzas te ofrecemos
con que cultivo demos
a tu nueva y riquísima semilla!

Ábranse libros, ármense pinceles,
y acudan los donceles
en esta lid a conquistar hazañas;
y vosotras doncellas
no os esquivéis por bellas,
que ya no sois a este recinto extrañas.

En danzas y festines os han visto,
y no es, por Jesucristo,
la danza y el festín más inocente
que la bella pintura,
que la música pura,
y la rima sonora y elocuente.

Dejad atrás preocupaciones viejas,
dejad rancias consejas,
mostrad, si lo tenéis, ingenio hermoso;
que sólo el vicio feo,
y no el útil recreo
es en las damas malo y vergonzoso.

Venid, todos venid: de Extremadura
la capital oscura
a vindicar con vuestro celo ardiente:
y a esta ciudad ufana,
tal vez, puedan mañana
cuna llamar de la discreta gente.

¡Constancia! ¡aplicación! yo la primera
alumna placentera
vuestras lecciones aprender deseo,
y hoy con mi débil canto
por beneficio tanto,
saludo a los señores del Liceo.
659
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Versos Improvisados Con Varios Motivos La Empresa Del Ferrocarril De Extremadura

Bien llegados a España, caballeros.
Esta joven nación, su tierra pura
os brinda a los amigos extranjeros
que lecciones la ofrecen de cultura:
por el terso carril marchen ligeros
los hijos de la rica Extremadura,
vuestras artes, y ciencias y portentos
a igualar y vencer con sus talentos.

¡O mi pueblo, sencillo patriarca
tan agreste pacífico y tan rudo,
de ferrados-carriles tu comarca
van a ornar, y ya en vez del torpe y mudo
buey que sus pasos por minutos marca
¡rodará gran vapor!... ¿Quién tanto pudo?
¿Qué impulso, qué vigor, qué movimiento
pone a tan bella fábrica el cimiento?

Hay una tierra, en medio el Océano
donde O''Connell nació y a Byron cuenta,
¿qué reino hallar más fuerte y soberano
que la patria feliz que a ambos alienta?
Pues ya del genio y del poder Britano
tanto el raudal inmenso se acrecienta
que sus diques rompiendo a inundar pasa
el virgen suelo que de sed se abrasa.

Ya corren hasta aquí sus manantiales;
ya el campo bebe su copioso riego;
ya florecen brillando a sus cristales
el extremeño prado y el manchego.
¡Ay! los que tal pobreza y tantos males
en la guerrera lucha a sangre y fuego,
soportaron pacientes, ¿cómo ahora,
dicha comprenderán tan seductora?

Agriado el corazón por los azares,
perdida en desengaños la esperanza,
nada aguardamos ya sino pesares,
sólo en el mal tenemos confianza;
por eso hacia la gente de los mares
torva la vista, y suspicaz se lanza
y rechazando el bien porque suspira
responde el español: «Fraude, mentira».

Empero, no a los hijos de Bretaña
que nos tendieron las amigas manos
cuando el Coloso amenazó a la España
deben temer los nobles castellanos;
antes bien recordar la fiel campaña
que hicieron los dos reinos como hermanos
para que aliento infunda a la memoria
de Wellington su lauro y nuestra gloria.

¡Por qué ese recelar eterno y triste!
¡Por qué en el porvenir tal desconsuelo!
¡Por qué así nuestro espíritu reviste
con su negro color el blanco cielo!
Tal vez el hado en el rencor desiste
con que siguió nuestro cefrado suelo,
y su primer sonrisa alegremente
nos muestra en el camino reluciente.

¡Cuánta prosperidad, cuánta grandeza!
¡Cuán fecundos los montes hoy salvajes
pavimentos darán con su corteza,
moradas ornarán con sus ramajes!;
cuántos pueblos, alzando la cabeza
por contestar de Europa a los ultrajes
«venid aquí —dirán— pueblos hambrientos,
¡que nosotros estamos opulentos!»
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