Poemas en este tema

Alma

Juan Meléndez Valdés

Juan Meléndez Valdés

Soneto La Fuga Inútil

Tímido corzo, de cruel acero
el regalado pecho traspasado,
ya el seno de la hierba emponzoñado,
por demás huye del veloz montero;

en vano busca el agua y el ligero
cuerpo revuelve hacia el doliente lado;
cayó y se agita, y lanza congojado
la vida en un bramido lastimero.

Así la flecha al corazón clavada,
huyo en vano la muerte, revolviendo
el ánima a mil partes dolorida;

crece el veneno, y de la sangre helada
se va el herido corazón cubriendo,
y el fin se llega de mi triste vida.
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Juan Meléndez Valdés

Juan Meléndez Valdés

Soneto Al Sr D Gaspar De Jovellanos, Del Consejo De S M , Oidor En La Real Audiencia De Sevilla

Las blandas quejas de mi dulce lira,
mil lágrimas, suspiros y dolores
me agrada renovar, pues sus rigores
piadoso el cielo por mi bien retira.

El dichoso zagal que tierno admira
su linda zagaleja entre las flores
y de su llama goza y sus favores,
alegre cante lo que Amor le inspira.

Yo llore solo de mi Fili airada
el altivo desdén con triste canto,
que el eco lleve al mayoral Jovino,

alternando con cítara dorada,
ya en blando verso, o dolorido llanto,
las dulces ansias de un amor divino.
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Juan Meléndez Valdés

Juan Meléndez Valdés

Letrilla La Flor Del Zurguén


Venid, avecillas,
venid a tomar
de mi zagaleja
lección de cantar.


Venid; de sus labios,
do la suavidad
suspira entre rosas
y miel y azahar,

la alegre alborada
canoras llevad,
para cuando el día
comience a rayar.

Venid, avecillas,
venid a tomar
de mi zagaleja
lección de cantar.


Con vuestros piquitos
dulces remedad
sus juegos alegres,
su tono y compás,

las fugas y vueltas
con que enajenar
de amor logra a cuantos
oyéndola están.

Venid, avecillas,
venid a tomar
de mi zagaleja
lección de cantar.


Seguid su elevado
y ardiente trinar,
o el desfallecido
blando suspirar,

que el alma penetra
de dulzura tal,
que en pos de sus ayes
se quiere exhalar.

Venid, avecillas,
venid a tomar
de mi zagaleja
lección de cantar.


Yo, que lo he sentido,
no alcanzo a explicar
cuál mueve y encanta
su voz celestial.

Venidlo, vosotras,
venidlo a probar,
por más que su gracia
tengáis que envidiar.

Venid, avecillas,
venid a tomar
de mi zagaleja
lección de cantar.


Venid, parlerillas;
no dejéis pasar
la ocasión dichosa,
pues cantando está.

Venid revolando;
que no ha de cesar
su voz regalada
con vuestro llegar.

Venid, avecillas,
venid a tomar
de mi zagaleja
lección de cantar.
1.083
Juan Meléndez Valdés

Juan Meléndez Valdés

Canción Famosísima De Metastasio Llamada Graziè À Gl'inganni Moi Traducida Por Batilo

Merced a tus traiciones
al fin respiro, Nice;
al fin de un infelice
el cielo hubo piedad.

Ya rotas las prisiones,
libre está la alma mía;
no sueño, no, este día
mi dulce libertad.

Cesó la antigua llama,
y tranquilo y exento
ni aun un despique siento
do se disfrace amor.

Mi rostro no se inflama
si oigo tal vez nombrarte;
el pecho no al mirarte
palpita de temor.

Duermo en paz y no creo
tu imagen ser presente,
ni al despertar la mente
se empieza en ti a gozar.

Lejos de ti me veo,
sin que de ti haga cuenta
cerca estoy sin que sienta

ni gusto ni pesar.

Si hablo en tus perfecciones,
no enternecerme siento;
si mis errores cuento,
ni aun indignarme sé.

Delante te me pones,
y ya no estoy turbado;
con mi rival al lado
hablar de ti podré.


Mírame en rostro fiero,
háblame en faz humana:
tu altanería es vana,
y es vano tu favor;

que en mí el mandar primero
perdió tu hablar divino;
tus ojos no el camino
saben del corazón.

Lo que me place o enfada,
si estoy alegre o triste,
no en ser tu don consiste,
ni culpa tuya es;

que ya sin ti me agrada
el prado y selva hojosa;
toda estancia enojosa
me cansa aunque allí estés.

Mira si soy sincero:
aún me pareces bella,
pero no, Nice, aquella
que parangón no ha;

y, no el ser verdadero
te ofenda, algún defecto
noto en tu lindo aspecto,
que tuve por beldad.

Al romper las cadenas,
dígolo sonrojado,
mi corazón llagado
romper se vio y morir;

mas por salir de penas
y de prisión librarse,
en fin, por rescatarse
¡qué no es dado sufrir!

El colorín trabado
tal vez en blanda liga,
la pluma en su fatiga
deja por escapar;

mas presto matizado
se ve de pluma nueva,
ni, cauto con tal prueba,
le tornan a engañar.

Sé que aún no crees extinto
aquel mi ardor primero
porque callar no quiero
y de él hablando estó;

sólo el natal instinto
me aguija a hacerlo, Nice,
con que cualquiera dice
los riesgos que sufrió.

Pasadas iras cuento
tras tanto ensayo fiero.
De la herida el guerrero
muestra así la señal;

así muestra contento
cautivo que de penas
escapó, las cadenas
que arrastró por su mal.

Hablo, mas sólo hablando
satisfacerme curo;
hablo, mas no procuro
que crédito me des.

Hablo, mas no demando
si aprietas mis razones;
si a hablar de mí te pones,
que tan tranquila estés.

¿Yo pierdo una inconstante?
tú un corazón sincero:
yo no sé cuál primero
se deba consolar.

Sé que un tan fiel amante
no le has de hallar, traidora;
mas otra embaucadora
bien fácil es de hallar.
497
José María Pemán

José María Pemán

Oración A La Luz

Señor: yo sé que en la mañana pura
de este mundo, tu diestra generosa
hizo la luz antes que toda cosa
porque todo tuviera su figura.

Yo sé que te refleja la segura
línea inmortal del lirio y de la rosa
mejor que la embriagada y temerosa
música de los vientos en la altura.

Por eso te celebro yo en el frío
pensar exacto a la verdad sujeto
y en la ribera sin temblor del río:

por eso yo te adoro, mudo y quieto:
y por eso, Señor, el dolor mío
por llegar a Ti se hizo soneto.
705
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Nuestro Amor En El Arco Iris

Nuestros cabellos flotan en la curva del aire
y en la curva del agua flota un barco pirata
que lleva en su cubierta entre cercos de brea
tus miradas de ámbar y el ámbar de tus manos.

Nuestros cabellos flotan en aire enrojecido
mientras su cuerpo pende hecha color su carne
de los siete colores tendidos en un arco
sobre el cielo de hule herido por sus ojos.

¿Por qué siempre rehúyes el encerrar tu carne
en mi carne cuajada de flores y de heridas
abiertas con puñales en madrugadas blancas
llegadas del desierto entre nubes de polvo?

Nuestros cabellos flotan en la curva del aire
envueltos entre ráfagas de crímenes violentos
y manos inocentes quieren lavar la sangre
derramada en la tierra por el primer amor.
431
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Huyendo Del Destino

En medio de este hueco redondo y transparente
que me persigue siempre a través de la tierra
retumban los hachazos que separan las ramas
brotadas en el tronco de mármol patinado
por el humo de pólvora y la luz de la luna
filtrada entre los dedos de tus manos de nieve.

Tus brazos recogían en sus siete colores
la lluvia de mi frente y la espuma del agua
perdiéndose en las aguas tu cabellera rubia
mientras que tu cabeza flotaba entre las olas
verde entre verdes algas con los labios abiertos
por la caricia última de mis labios de fuego.
466
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Mi Corazón Perdido

En su cuerpo de espuma nacían las espigas
que en ráfagas de viento llenan con sus rumores
mi corazón perdido en el mar de su lengua
mi corazón hallado en medio del desierto
por cadenas de voces en oasis de sangre.

Mi corazón perdido busca entre sus encajes
la llama que devore las ansias de su sombra
y las nieves que bajen de las altas montañas.
418
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Pasión Sin Límites

Vuela mi corazón
unido con los pájaros
y deja entre los árboles
un invisible rastro
de alegría y de sangre.

Las gotas de rocío
se helaron en las manos
abiertas y floridas
de los enamorados
perdidos en la brisa.

Vuela mi corazón,
mi corazón atado
con cadenas de estrellas
a la sombra de un árbol
atado con cadenas
y con cantos de pájaros.
415
José María Hinojosa

José María Hinojosa

El Fuego Calcina Nuestras Carnes

Este brazo de fuego
quemaba mi costado
recubierto de brotes
plenos de savia verde
cuando tu cabellera
fue de piedra en el viento
y mis sueños se abrían
en pétalos de carne.

Estos aires de fuego
derretirán la nieve
lejana de los polos
al cuajar en el árbol
nuestros dos corazones.
406
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Erótica Imprevista

Hundido entre juncales,
eludí la pasión
de la mujer sin carne.

Eludí la pasión,
dentro de mi ramaje
y sin quererlo yo.

Perdida entre arenales
la mujer, ya voló
mi carne con su carne.
410
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Mi Alegría

Vino a mí en espiral,
con vuelo de mañana,
su voz hecha sonrisa
de lucero del alba.

Mi sangre baña el río
en aleteo de agallas;
queda el cuerpo sin sangre
y oye la voz del alba.

Está mi cuerpo frío
ya tendido en la playa,
y huyendo de la luz
desaparece el alba.

Su voz hecha sonrisa
vino a mí en espiral;
mi gesto sin aristas
fue a ella en espiral.
452
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Sse

He perdido
la memoria de los siglos;
sólo conservo alientos
de papiros añejos.

Y tengo la nostalgia de mí mismo
de cuando sabios eran mis consejos,
del tiempo en que mi olor
no era el de museo.

No puedo resistir
ver correr de mis ojos
arenales de lágrimas
formados por escombros.

Yo perdí la noción del calendario
y de días microbios,
pero continuaré mi papel de hierático,
con sonrisa de insomnio,
en este film inacabado.

Mi voz, mi signo indescifrado,
no lo busquéis en el presente,
buscadlo en el pasado.
439
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Puerto

Quedó la noche vacía
y no obstante estaba llena
de siluetas y misterios.

Fuimos palpando en su frente
todos nuestros pensamientos.

Quedó la noche vacía
aún con los barcos del puerto,
¿de dónde será este barco
y quiénes sus marineros?

Quedó la noche vacía,
¿y dónde irá este velero?
¿qué mares desgarrará,
y qué vientos?

El mar crujía la luz
del faro, en el antepuerto.

Cogidas de las cinturas
que sus ritmos habían hecho,
las canciones marineras
iban recorriendo el puerto,
y salían por alta mar
entre las olas de viento.

Quedó la noche vacía
de cantos de marineros.
419
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Calma

CALMA


A Luis Buñuel

¿Dónde se acaba el mar?

¿Dónde comienza el cielo?

Los barcos van flotando.

o remontan el vuelo?

Se perdió el horizonte,

en el juego mimético

del cielo y de las aguas.

Se fundió el movimiento,

en un solo color

azul, el azul quieto.

Se funden los colores;

se apaga el movimiento.

Un solo color queda;

no existe barlovento.

¿Dónde se acaba el mar?

¿Dónde comienza el cielo?

441
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Dolor

Cuerda de guitarra
que se rompe
al templarla.

La punta de la flecha
fue untada
de tristeza.

Gira la estrella
en el vacío,
y deja deslumbrada
la caverna.

Silencio de silencio.

Ni abriendo nuevos cauces
al momento,
quita sus letanías
del desierto desierto.

El sentimiento
se vuelve más espeso.
447
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Canción

Bogaba por alta mar
un marinero en su barca,
velas eran sus deseos,
y su pensamiento, el viento.

Si yo fuera marinero
sólo tendría en mi pecho
una hélice y un remo.

Como marinero no soy,
cuando me embarque en el mar
sólo llevaré el recuerdo
del ritmo de los remeros.
442
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Ambiente

El barco es más barco
en alta mar,
entre las olas
y el huracán.

Y el águila, en el aire
sabe mejor mirar,
embistiendo a las nubes
que le impiden volar.

Rompe los zancos
y comienza a andar,
sobre la tierra,
sobre la tierra de verdad.
495
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Sencillez

Los dedos de la nieve
repiquetearon
en el tamboril
del espacio.

Parábolas de nubes
forman un halo
de cristal,
sobre el monte nevado.

Una línea
y un plano.

Quiero poner mi vista
sólo en el espacio,
que es sencillo
y a la vez complicado.
439
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Elegía Posible

Yo solo me embarqué,
adónde llegaré?

Si el globo se perdiera,
caería, en qué tierra?

Si el barco naufragara,
me hundiría, en qué agua?

Yo solo me embarqué,
nadie sabe porqué.

¡Pero yo sí lo sé!
473
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Campo - Sementera

CAMPO - SEMENTERA

A Manuel Altolaguirre

El gañán

ve encender

la candela del cielo,

al amanecer.

Llega a la besana

y empieza a devanar

el ovillo de la tierra.

De vez en cuando canta.

Yunto. Yunto.

Al abrir el surco,

la tierra se besa

y se queda quieta.

Yunto. Yunto.

El gañán sigue devanando

su madeja,

pero nunca se acaba.

De vez en cuando canta.

Yunto. Yunto.

¡Pero nunca se acaba!

465
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Campo - Cañada

CAMPO - CAÑADA

A Federico G. Lorca

Ladera

cubierta de hierba.

Arroyo

sin fondo.

Un lentisco

extiende sus ramas

en círculo.

El mirlo

se deja caer

con un vuelo rítmico

y clava su flecha negra

en un plano

verde, liso.

Retamas

de filamentos grises

erguidos.

Piedras

con moho amarillo.

Una cabra

y sus dos cabritillos

transponen el viso.

El silencio gira

buscando un ruido.

456
José María Hinojosa

José María Hinojosa

Campo - Álamos

Álamos negros
junto al arroyo fresco.

Álamos blancos
junto al arroyo claro.

Álamos blancos
y negros,
cogidos del brazo,
van cantando
al son de la brisa,
por el arroyo abajo.
473
Juan de Mena

Juan de Mena

Otra Vez Invoca

E ya, pues, desrama de tus nuevas fuentes
en mí tu subçidio, inmortal Apolo;
aspira en mi boca por que pueda sólo
virtudes e viçios narrar de potentes.
A estos mis dichos mostradvos presentes,
o fijas de Tespis, con vuestro thesoro,
y con armonía de aquel dulçe choro
suplid cobijando mis inconvenientes.
408