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Meira Delmar

Meira Delmar

Soneto En Vano

¿A dónde iré que no me alcance el vuelo
de tu mirada que en azor se muda,
y la noche de sueños me desnuda
con el brillo quemante del desvelo?

¿En qué sitio del aire, el mar, el cielo,
encontrará mi corazón ayuda,
la clara mano que mi mal acuda
y en dulcedumbre me convierta el duelo?

La frente pensativa me rodeas
de lejanas memorias. Me recreas
los rostros del amor enceguecido.

Y es inútil que huya de tu acecho
si te oigo vivir dentro del pecho
con la vida sin muerte del olvido.

682
Francisco de Aldana

Francisco de Aldana

Pocos Tercetos Escritos A Un Amigo

Mientras estáis allá con tierno celo,
de oro, de seda y púrpura cubriendo
el de vuestra alma vil terrestre velo,

sayo de hierro acá yo estoy vistiendo,
cota de acero, arnés, yelmo luciente,
que un claro espejo al sol voy pareciendo.

Mientras andáis allá lascivamente
con flores de azahar, con agua clara
los pulsos refrescando, ojos y frente,

yo de honroso sudor cubro mi cara
y de sangre enemiga el brazo tiño
cuando con más furor muerte dispara.

Mientras que a cada cual con su desiño
urdiendo andáis allá mil trampantojos,
manchada el alma más que piel de armiño,

yo voy acá y allá, puestos los ojos
en muerte dar al que tener se gloria
del ibero valor ricos despojos.

Mientras andáis allá con la memoria
llena de las blanduras de Cupido,
publicando de vos llorosa historia,

yo voy aca de furia combatido,
de aspereza y desdén, lleno de gana
que Ludovico al fin quede vencido.

Mientras cual nuevo sol por la mañana
todo compuesto andáis ventaneando
en haca, sin parar, lucia y galana,

yo voy sobre un jinete acá saltando
el andén, el barranco, el foso, el lodo,
al cercano enemigo amenazando.

Mientras andáis allá metido todo
en conocer la dama, o linda o fea,
buscando introducción por diestro modo,

yo reconozco el sitio y la trinchea
deste profano a Dios vil enemigo,
sin que la muerte al ojo estorbo sea.
389
Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Xxiv

Dos rojas lenguas de fuego

que a un mismo tronco enlazadas

se aproximan y, al besarse,

forman una sola llama.

Dos notas que del laúd

a un tiempo la mano arranca,

y en el espacio se encuentran

y armoniosas se abrazan.

Dos olas que vienen juntas

a morir sobre una playa

y que al romper se coronan

con un penacho  de plata.

Dos jirones de vapor

que del lago se levantan

y, al juntarse allá en el cielo,

forman una nube blanca.

Dos ideas que al par brotan;

dos besos que a un tiempo estallan,

dos ecos que se confunden;

eso son nuestras dos almas.

847
Santiago Montobbio

Santiago Montobbio

Mujer De Poeta (mascarilla)

Para la verdadera dignidad la sociedad no tiene asiento;
pero eso se comprueba luego, y así primero fueron
los inexistentes triunfos pequeños, el manso ruido
de la colaboración diaria, esperanzadoras señales todas
del inicio
de una tan gloriosa como inevitable carrera literaria que nacía
de un extraño entusiasmo por las cosas
y también de las mordidas
lagunas de la sombra. Y aunque nunca
entendiste esas cosas con exceso
estuviste cerca, silenciosa columna
fuiste del sigilo y para navegar
por esas aguas de tu corazón
día a día hiciste pan muy blanco.
Pero para tu escondido quehacer diario
al cabo de los años resulta muy poco
y muy pobre el contrapeso del regalo —aburrido
además de ocasional— de algunos libros,
como recalentados ya los dedicados versos
y aún menos tolerable te parece el valor
de unos pretendidamente dolorosos
insomnios a destiempo. Y así dichoso,
de verdad dichoso será el día
en que comprendas todo eso y te decidas
a dejar ya para siempre abandonado
a tan miserable y estúpido sujeto.

429
Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

La Pajita

Ésta que era una niña de cera;
pero no era una niña de cera,
era una gavilla parada en la era.
Pero no era una gavilla
sino la flor tiesa de la maravilla.
Tampoco era la flor sino que era
un rayito de sol pegado a la vidriera.
No era un rayito de sol siquiera:
una pajita dentro de mis ojitos era.

¡Alléguense a mirar cómo he perdido entera,
en este lagrimón, mi fiesta verdadera!
734
José Antonio Ramos Sucre

José Antonio Ramos Sucre

La Cañonesa

LA CAÑONESA


Yo visité la ciudad de la penumbra y de los colores ateridos y
el enfado y la melancolía sobrevinieron a entorpecer mi voluntad.

El sol de un mes de lluvia provocaba el hechizo del
plenilunio en el espejo del suelo glacial. Yo salí a recrear la
vista por calles y plazas y pregunté el nombre de las estatuas
vestidas de hiedra. Prelados y caballeros, desde los zócalos
soberbios, infundían la nostalgia de los siglos armados de una
república episcopal.

Una iglesia esculpida y cincelada imitaba la de San
Sebaldo en la vetusta Nuremberg. Las imágenes de la puerta
reproducían el semblante del águila, del león y
del buey.

Los nativos se esmeraban en la fábrica de
juguetes infantiles, de tiorbas angélicas, salterios y
laúdes. Una doncella me separó de la reverencia a los
monumentos arcaicos, me otorgó el privilegio de su amistad y
vino a referirme su vida sombría, un ejemplo de sencillez y de
sacrificio. Ofrendaba su juventud a la memoria de un hermano fallecido
antes de tiempo y lo sustituía, conservándose pura y
célibe, en el consejo de una orden militar.


426
Francisco de Aldana

Francisco de Aldana

El ímpetu Cruel De Mi Destino

El ímpetu cruel de mi destino
¡cómo me arroja miserablemente
de tierra en tierra, de una en otra gente,
cerrando a mi quietud siempre el camino!

¡Oh, si tras tanto mal grave y contino,
roto su velo mísero y doliente,
el alma, con un vuelo diligente,
volviese a la región de donde vino!

Iríame por el cielo en compañía
del alma de algún caro y dulce amigo,
con quien hice común acá mi suerte.

¡Oh, qué montón de cosas le diría,
cuáles y cuántas, sin temer castigo
de fortuna, de amor, de tiempo y muerte!
318
Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

El Puro No

El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no
817
Santiago Montobbio

Santiago Montobbio

La Industria Del Corazón

¿Un hombre decente qué legión
de exilios no puede llegar
a ser capaz de padecer
sin salir jamás de casa?
384
Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

La Cajita De Olinalá

Cajita mía
de Olinalá,
palo-rosa,
jacarandá.

Cuando la abro
de golpe da
su olor de reina
de Sabá.

¡Ay, bocanada
tropical:
clavo, caoba
y el copal!

La pongo aquí,
la dejo allá;
por corredores
viene y va.

Hierve de grecas
como un país:
nopal, venado,
codorniz,

los volcanes
de gran cerviz
y el indio aéreo
como el maíz.

Así la pintan,
así, así,
dedos de indio
o colibrí;

y así la hace
de cabal
mano azteca,
mano quetzal.
751
Meira Delmar

Meira Delmar

Soneto En El Amor

Estoy, amor, en ti y en el dorado
desvelo de tu clima deleitoso,
con el ardido corazón gozoso
de su vivo tormento enamorado.

Y te nombro mi día iluminado.
Y te digo mi tiempo jubiloso.
Alto mar de hermosura sin reposo
a la cima del sueño levantado.

Estoy, amor, en ti. Bajo tu cielo
lejanamente mío, crece el duelo
y crece la sonrisa, dulcemente.

Y el canto va subiendo, sostenido
por tu mano, azahar desvanecido,
a la orilla del alba transparente.

703
José Martí

José Martí

¡dolor! ¡dolor! Eterna Vida Mía

¡Dolor! ¡Dolor! eterna vida mía,
Ser de mi ser, sin cuyo aliento muero!
962
Francisco de Aldana

Francisco de Aldana

Al Cielo

Clara fuente de luz, nuevo y hermoso,
rico de luminarias, patrio Cielo,
casa de la verdad sin sombra o velo,
de inteligencias ledo, almo reposo:

¡oh cómo allá te estás, cuerpo glorioso,
tan lejos del mortal caduco velo,
casi un Argos divino alzado a vuelo,
de nuestro humano error libre y piadoso!

¡Oh patria amada!, a ti sospira y llora
esta en su cárcel alma peregrina,
llevada errando de uno en otro instante;

esa cierta beldad que me enamora
suerte y sazón me otorgue tan benina
que, do sube el amor, llegue el amante.
386
Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Xxii

¿Cómo vive esa rosa que has prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en el mundo
junto al volcán la flor.
985
Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

Devuelto

A la cara de mi hijo
que duerme, bajan
arenas de las dunas,
flor de la caña
y la espuma que vuela
de la cascada...

Y es sueño nada más
cuanto le baja;
sueño cae a su boca,
sueño a su espalda,
y me roban su cuerpo
junto con su alma.

Y así lo van cubriendo
con tanta maña,
que en la noche no tengo
hijo ni nada,
madre ciega de sombra,
madre robada.

Hasta que el sol bendito
al fin lo baña:
me lo devuelve en linda
fruta mondada
¡y me lo pone entero
sobre la falda!
666
Santiago Montobbio

Santiago Montobbio

Collage

Ligeras cruzan las edades, hay quien las cuenta en días,
y a través de su lluvia y su ceniza
cada vez más difícil resulta el resistirse
al perezoso vivir animal de la costumbre.
No sé por qué los versos que ahora escribo
parecen versos clásicos, y total para decir
que si después de tanto tiempo aún hoy
aprieto tu recuerdo entiendo que
estoy condenado
a naufragar todos los días
con la vejez que da el saber
que aunque me he equivocado en todo
esto es algo que especialmente he hecho
en lo que más quería.
436
José Antonio Ramos Sucre

José Antonio Ramos Sucre

El Selenita

EL SELENITA


Yo no sabría distinguir, en las cartas más fieles de los
náuticos, dónde se hallaba la isla de mi cautiverio. Debe
de aparecer con el nombre de un arrecife. La luna deprimía su
vuelo a través de la oscuridad e inspiraba la ilusión de
comenzarlo desde una torre impenetrable. Yo me recliné sobre su
escalinata pulverulenta y fui adormecido por el pífano de un
pastor de bisontes. Soñé con una doncella de otras edades
y con un vestigio de su breve estancia en la isla de los torrentes. La
reliquia de su paso, oculta en unos escombros olvidados, podía
restituirme al seno del mundo civil.

Ignoro si yo había despertado cuando
emprendí la desmanda quimérica, la vía de la
sierra. No me dejé espantar de unas mujeres bellas e irascibles,
reunidas en tumulto y armadas de tallos y de ramos de ortigas.

El hechizo del pífano me suspendía en
los aires y yo volaba, convertido en una sustancia leve, sobre los
roquedos y precipicios. La isla estaba desierta y los residuos solemnes
de una raza difunta no se daban sino en la cima de los montes
incólumes.

Yo encontré un anillo de oro, la prenda
augurada, entre las ruinas de un alcázar, vivienda rupestre, en
donde circulaban todavía el estampido y el humo de un rayo.


506
Enrique Villagrasa González

Enrique Villagrasa González

Epílogo

Epílogo


Qué más da que la nada fuera nada

si más nada será, después de todo,

después de tanto todo para nada.José Hierro


Nada


Hoy, jueves lardero, febrero de dos mil dos,

las palabras de nuevo olvidan

cómo es el lenguaje roto,

cómo es la no luz del día,

cómo es la no luz de la noche,

y cómo es la incertidumbre.


Hoy, también, nos une el vacío a los poetas,

acaso lo podemos definir,

acaso te puedo no imaginar,

acaso eres dueño de la sombra

de tu pluma.


Hoy sobre el papel la nada

no es y por no ser

nos encierra en su vacío.


¡Ah, el verso!, dura máscara

perdida en el poema

donde nada sucede:

donde se refleja tu imagen

nada: todo claridad, todo

blancura, mas nada.


Necesidad del canto

y canto mismo, palabra,

en el lecho nupcial de la quimera.
Jesús Hilario Tundidor

420
José Martí

José Martí

Tengo Un Huésped

Tengo un huésped muy inquieto
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—

Como una sierpe se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
608
Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

El Pentatotal A Qué

Lo no moroso al toque
el consonar a qué la sexta nota
los hubieron posesos
los sofocos del bis a bis acoplo de sorbentes subósculos
los erosismos dérmicos
los espiribuceos
el ir a qué con meta
los refrotes fortuitos del gravitar a qué con cuanta larva en
tedio languilate en los cubos del miasma
los tantos otros otros
la sed a qué
las equis
las instancias del vértigo
el gusto a qué desnudo
los tententedio tercos del infierneo en familia
las idóneas exnúbiles
el darse a dar a qué
el re la mi sin fin
los complejos velados
el decomiso aseto
los tejidos tejidos en el diario presidio de la sangre.
los necrococopiensos con ancestros de polvo
el “to be” a qué
o el “not to be” a qué
la suma lenta merma
la recontra
los avernitos íntimos
el ascopez paqué
cualquier a qué cualquiera
el pluriaqué
a qué
el pentatotal a qué
a qué
a qué

a qué

y sin embargo
663
Santiago Montobbio

Santiago Montobbio

Ética Confirmada

Cruzo y olvido, sangro y olvido, silbo
y olvido: no vivo y creo que hasta
mi no vivir olvido.
Engullir:
acaso soy un especialista en
engullir, en destrozar
la vida.
O
en vivir en este tiempo
de ramas hundidas y tardes enredadas,
con férrea debilidad asentado en la renuncia
y su noche reventada, en el tiempo este del no querer,
del no decir y del tenazmente ir segando con cuidado
la cabeza y las manos de las líneas que me asaltan
y más todavía el tiempo del aún así no
haber logrado
arrancarme esa frase que día tras día voy llevando
como un corazón cortado en los bolsillos.
Y aunque creo que esto ya lo he escrito
en otra parte u otra alma
supongo que lo poco que sabemos
resulta inevitable repetirlo:
que una lengua la crea el dolor, y yo he sido una lengua,
el modo extraño en que alguien se salva.

428
Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

Miedo

Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan;
se hunde volando en el Cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace el nido
y mis manos no la peinan.
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.

Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta...
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La subirían al trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla...
¡Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!
961
Meira Delmar

Meira Delmar