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Aristóteles

Aristóteles

Se ama más lo que

Se ama más lo que se ha conquistado con fatiga.
120
Isabel Allende

Isabel Allende

Me arrepiento de las dietas,

Me arrepiento de las dietas, de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud puritana.
325
Pablo Neruda

Pablo Neruda

Si Todos Los Ríos Son Dulces

Si todos los ríos son dulces
de dónde saca sal el mar?

Cómo saben las estaciones
que deben cambiar de camisa?

Por qué tan lentas en invierno
y tan palpitantes después?

Y cómo saben las raíces
que deben subir a la luz?

Y luego saludar al aire
con tantas flores y colores?

Siempre es la misma primavera
la que repite su papel?
1.667
Alfred de Musset

Alfred de Musset

Se cree en la sangre

Se cree en la sangre que corre y se duda de las lágrimas.
114
José Saramago

José Saramago

Para dios el tiempo es

Para dios el tiempo es todo uno.
102
David Hume

David Hume

Si no hubiera uniformidad en

Si no hubiera uniformidad en las acciones humanas, y si toda la experiencia que pudiéramos tener de ellas fuera irregular y anómala, seria imposible acumular observaciones generales acerca de la humanidad; y ninguna experiencia, por mucho que fuera la precisión con la que hubiera asimilado la capacidad reflexiva, tendría utilidad. *
136
Vicente García de la Huerta

Vicente García de la Huerta

Canción Que Por Encargo De La Real Academia De San Fernando Compuso

Dulce, canora Clío,
robate un breve rato al sacro coro,
dejándote traer del leve viento,
y pulsa a ruego mío
los trastes de cristal, las cuerdas de oro
del celestial dulcísono instrumento;
que, si proteges mi glorioso intento,
lograrás que a la dulce melodía
suspendan las esferas
su voluble porfía,
las aguas sus corrientes lisonjeras,
y el sol su curso pare,
mientras tu lira con mi voz sonare.

Teatro suntuoso
era un regio salón a circo grave
de ingenios de Minerva laureados.
Su recinto espacioso
parece que archivó con rica llave
los primores allí más delicados.
De piedras y de lienzos animados,
no cubrirse, formarse parecía
la magnífica pieza;
y como el arte había
en ellos apurado su destreza,
engañado el discurso
los juzgó tal vez parte del concurso.

El acto presidían
bajo regios doseles elevados
todas las Gracias sólo en dos matronas.
En sus ojos lucían,
y en su vestido virginal sembrados,
los astros más brillantes de las zonas.
Ostentaba una y otra seis coronas
a concurso de espíritus alados,
que con graves tareas
a lienzos preparados
piedra y metal trasladan mil ideas,
y compiten activos
del laurel los honores siempre vivos.


Los mármoles molestos
unos hendían, otros figuraban
edificios que a líneas dividían;
otros los indigestos
colores con fatiga quebrantaban;
templar el duro hierro otros porfían.
Aquí el luciente cobre sacudían,
haciéndole al buril más obediente;
liquidaban metales
allí con llama ardiente,
y todos daban en su afán señales,
que su ingenio fecundo
formaba el embrión de un nuevo mundo.

Sus obras ya ofrecían,
del último primor acrisoladas,
tímidos al examen riguroso.
Unos se prometían
las coronas al digno reservadas;
otro desconfiaba temeroso.
La expectación del circo numeroso
severidad al acto acrecentaba;
y al tiempo que ya Astrea
el premio preparaba
con que ilustrar la más feliz tarea,
un extraño suceso
el acto suspendió, pasmó el congreso.

Las ajustadas puertas
de fuerzas soberanas impelidas
con súbito rumor y común susto
parecieron abiertas;
retrajo de las venas comprimidas
el rojo humor el pecho más robusto.
A todos ocupaba el terror justo
cuando, sembrando luces celestiales,
con luminosa huella
ilustró los umbrales
una deidad, cuya presencia bella,
cual Febo el claro día,
a los ánimos trajo la alegría.


Torreada corona,
como suele a Minerva atribuirse,
su hermosa frente con honor ceñía.
Ornaba su persona
un ropaje, cuya obra distinguirse
el celeste esplendor no permitía.
En la siniestra por blasón regía,
en vez de cetro, del metal precioso
compás y escuadra, dando
su ademán generoso
muestras de majestad, y provocando
con amable violencia
su augusto aspecto a culto y reverencia.

La noble Arquitectura,
con real esplendor condecorada,
de todos conocida fue al momento;
y con civil dulzura,
de las caras hermanas saludada,
llegó a ocupar el superior asiento.
Entonces, dando al aire el blando acento
en delicadas voces y suaves,
con notable energía,
estas razones graves
articuló, bañando la armonía
la región leve y pura,
y el ánimo, el deleite y la dulzura.

«En vano los laureles
en mi agravio destina vuestra mano
a triunfos que a mí sola se han debido.
Pues ni Fidias ni Apeles,
ni cuantos por su ingenio soberano
libertaron sus nombres del olvido,
ni cuantos larga edad ha producido
en los climas de Europa venturosos,
disputarme pudieran
sus blasones gloriosos;
y cuando a empresa tanta se movieran,
sería el vencimiento
pena segura al ciego atrevimiento».


Sacó entonces del seno,
sobre el terso papel delineadas,
dos fábricas de dórico artificio,
en el blanco terreno
con tan grande primor perficionadas,
que el más severo dio de pasmo indicio.
No encontró el más escrupuloso juicio
sino la admiración en sus primores;
primores que excedían
los aplausos mayores
que al numeroso circo merecían,
cuyo asombro advirtiendo,
así la diosa prosiguió diciendo:

«A mí se deben sola
coronas de mayor merecimiento
y premios de más alta jerarquía;
pues el hado acrisola
su influjo grato a mi favor atento,
colmándome de dichas y alegría.
¡Oh, memorable, venturoso día
de mí con blanca piedra señalado
y digno sacrificio!
En mi pecho obligado
templo tendrás, y con humilde oficio
el ánimo devoto
repetirá cada momento el voto.

Pues noble empleo he sido,
de maestra gozando privilegios
y honores que llegó nadie a lograrlos,
y estudio ennoblecido
del desvelo de dos jóvenes regios,
digna progenie del glorioso Carlos.
Dos jóvenes excelsos, que al nombrarlos
el orbe todo con razón se humilla
y la dichosa España,
doblando la rodilla,
por cuanto el Betis, Ebro y Tajo baña
en floridos vergeles
rinde a sus pies olivas y laureles.

Aquestos monumentos,
con que hoy enriquecemos han querido
sus ilustres tareas venturosas
y sublimes talentos,
con dignidad y con honor debido,
logren veneraciones obsequiosas.
Vosotras ¡oh! deidades generosas,
y genios a la gloria consagrados,
depositarios fieles
de tan ricos dechados,
alfombras prevenid, colgad doseles,
y construid altares
a vuestros nuevos dioses tutelares.


Empresas que acreditan
aun en la tierra edad maduros bríos,
en breve el orbe llenarán de glorias,
cuando ya supeditan
tan ancho campo a los elogios míos,
y tan fértil materia a las historias.
Acumular victorias a victorias,
a ser vendrá su más digno ejercicio,
y adquirirse renombres
del común beneficio,
siendo, por eso eternizar sus nombres,
blasón de los pinceles,
gloria de los buriles y cinceles.

Los ingenios sutiles,
que los néctares liban de Helicona,
y al Pindo huellan la cerviz sombría,
en sus cultos pensiles
a sus dos frentes tejerán corona;
corona que a los siglos desafía.
Darán feliz asunto a su armonía
las conquistas de bárbaras naciones,
seguidas e imitadas
las paternas acciones,
de la fama en el templo atesoradas,
la paz establecida,
y Astrea al suelo restituida.

Las ciencias obsequiosas,
fomentadas también por todas partes,
publicarán sus timbres igualmente;
y con muestras piadosas
favorecidas las sutiles artes
extenderán su fama al continente
del nuestro más remoto y diferente.
Pasmo será y envidia al extranjero
la relación gloriosa
del paternal esmero,
con que las honren, y será famosa
en cuanto Febo baña
por tan heroicos príncipes España.

Aunque a tantos primores
con que hoy ilustran nuestro docto gremio,
y en permanentes sellos reduplican
nuestras glorias mayores,
podremos prevenir en vano premio
competente al honor que nos aplican.
Pero ya las esferas les dedican
en sus estancias plácidas y bellas
premios más permanentes
en coronas de estrellas,
cuando, felices hechas ya las gentes
de los dos hemisferios,
trasladen a los astros sus imperios.


Y en tanto, porque vea
el orbe de su amor claras señales,
a Carlos y Gabriel el premio debe
la dichosa tarea,
y el círculo de ramas inmortales,
con que el sudor ilustre se promueve».
Esto dijo, y lloviendo el viento leve
guirnaldas, en un punto coronadas
las vencedoras sienes
quedaron, y embargadas
del súbito placer y extraños bienes
del cuerpo las acciones,
y hecho el sentido un mar de admiraciones.

La común algazara,
los dos amados nombres repitiendo,
al cielo con estrépito subía.
La esfera pura y clara,
a las voces del suelo respondiendo,
el aplauso esforzó con su armonía.
Y yo, que parte fui de la alegría,
obedeciendo al superior mandato
que me ilustra y apremia,
perpetuar así trato
el suceso feliz, docta Academia,
si por ventura Clío
no desdeñó el humilde ruego mío.

323
Giacomo Casanova

Giacomo Casanova

La gente quiere saberlo todo,

La gente quiere saberlo todo, y que inventar cuando no pueden adivinar ni la nada.
66
Isabel Allende

Isabel Allende

Los chilenos seguimos conectados a

Los chilenos seguimos conectados a la tierra, como los campesinos que antes fuimos.
134
Carl Sagan

Carl Sagan

Los pocos fragmentos que han

Los pocos fragmentos que han quedado de los escritos de este científico revelan una mente lógica e intuitiva
290
Alfred de Musset

Alfred de Musset

Quien ama a su madre,

Quien ama a su madre, jamás será perverso.
182
Pablo Neruda

Pablo Neruda

O Le Acuestan Para Dormir

O le acuestan para dormir
sobre sus alambres de púas?

O le están tatuando la piel
para lámparas del infierno?

O lo muerden sin compasión
los negros mastines del fuego?

O debe de noche y de día
viajar sin tregua con sus presos?

O debe morir sin morir
eternamente bajo el gas?
930
Olga Orozco

Olga Orozco

La Realidad Y El Deseo

La realidad, sí, la realidad,
ese relámpago de lo invisible
que revela en nosotros la soledad de Dios.

Es este cielo que huye.
Es este territorio engalanado por las burbujas de la muerte.
Es esta larga mesa a la deriva
donde los comensales persisten ataviados por el prestigio de no estar.
A cada cual su copa
para medir el vino que se acaba donde empieza la sed.
A cada cual su plato
para encerrar el hambre que se extingue sin saciarse jamás.
Y cada dos la división del pan:
el milagro al revés, la comunión tan sólo en lo
imposible.
Y en medio del amor,
entre uno y otro cuerpo la caída,
algo que se asemeja al latido sombrío de unas alas que vuelven desde la eternidad,
al pulso del adiós debajo de la tierra.

La realidad, sí, la realidad:
un sello de clausura sobre todas las puertas del deseo.


781
José Saramago

José Saramago

No soy yo quien juega

No soy yo quien juega con las palabras, son ellas las que juegan conmigo.
156
Giacomo Casanova

Giacomo Casanova

Es una miseria el saber

Es una miseria el saber que alguien no se lamenta después de su muerte.
100
Vicente Gerbasi

Vicente Gerbasi

Escritos En La Piedra

En el valle que rodean montañas de la infancia
encontramos escritos en la piedra,
serpientes cinceladas, astros,
en un verano de negras termiteras.
En el silencio del tiempo vuelan los gavilanes,
cantan cigarras de tristeza
como en una apartada tarde de domingo.
Con el verano se desnudan los árboles,
se seca la tierra con sus calabazas.
Pero volverán las lluvias
y de nuevo nacerán las hojas
y los pequeños grillos de las praderas
bajo el soplo de una misteriosa nostalgia del mundo.
Y así para siempre
en torno a estos escritos en la piedra,
que recuerdan una raza antigua
y tal vez hablan de Dios.
552
Aristóteles

Aristóteles

Quiero decir lo siguiente: que

Quiero decir lo siguiente: que si las partes elementales de aquí y las del otro mundo se relacionan entre sí de manera semejante, entonces lo que se sustraiga de las de aquí no se relacionará en absoluto con las de cualquier otro mundo de manera diferente de como se relacione con las del suyo, sino de la misma manera: pues específicamente no difieren entre sí en nada.
100
Isabel Allende

Isabel Allende

La infancia feliz es un

La infancia feliz es un mito.
213
Pablo Neruda

Pablo Neruda

Cuál Es El Trabajo Forzado

Cuál es el trabajo forzado
de Hitler en el infierno?

Pinta paredes o cadáveres?
Olfatea el gas de sus muertos?

Le dan a comer las cenizas
de tantos niños calcinados?

O le han dado desde su muerte
de beber sangre en un embudo?

O le martillan en la boca
los arrancados dientes de oro?
887
Alfred de Musset

Alfred de Musset

¿Quién ha mirado mi oculto

¿Quién ha mirado mi oculto llanto? / ¿Quién mis amores pudo advertir? / padezco a solas y sufro tanto / que, de callarlo, voy a morir.
75
José Saramago

José Saramago

No he tenido que renunciar

No he tenido que renunciar al comunismo para llegar al Nobel.
154
David Hume

David Hume

Si juzgamos por nuestra experiencia

Si juzgamos por nuestra experiencia limitada e imperfecta, la generación tiene algunas ventajas sobre la razón; porque todos los días vemos a la última provenir de la primera, pero nunca a la primera de la última.
62
Vicente Gerbasi

Vicente Gerbasi

Canto Xv

Sí, la noche sostenida en las grandes hojas espesas,
en las lianas que bajan hasta las aguas negras,
como lentas serpientes encantadas por los brujos,
en los brillos que huyen como soplos azules,
dando un temblor fugaz a las ocultas flores,
te dio el secreto antiguo de mi ardorosa tierra.
Tocaste las raíces, las piedras y las frutas,
abrazando los árboles, corriste por pantanos,
penetraste en las cuevas, heriste el armadillo,
que semeja un cruzado de bruñidas corazas,
perdido en las penumbras de la selva y el río.
Viste las madrugadas de las lluvias calientes
y oíste el murmurar de árboles y animales,
ese reclamo eterno de la tierra en la noche
que a veces llora y grita y ronca en la pantera.
Y viste el estallido de las grandes semillas,
y el nacer de la hoja y el abrir de la flor.
Y hablaste, circundado por venados atónitos:
“¡Ampárame, oh tierra maravillosa!
Yo me estaré contigo adorando tus peñas
que en las penumbras tienen rostros de nuevos dioses.
Yo vengo de los puertos, de las casas oscuras,
donde el viento de enero destruye niños pobres,
donde el pan ha dejado de ser pan para los hombres.
Yo vengo de la guerra, del llanto y de la cruz.
¡Ampárame, oh tierra maravillosa!”
507
Giacomo Casanova

Giacomo Casanova

Aprende de mí que un

Aprende de mí que un hombre prudente, que ha escuchado una acusación penal relacionados con tantos pormenores absurdo deja de ser prudente cuando se hace a sí mismo el eco de lo que ha escuchado, ya que si la acusación debía ser un factor calumnia, el orador A sí mismo convertido en el cómplice de la slanderer.
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