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Charles Baudelaire

Charles Baudelaire

Espantoso juego del amor, en

Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo.
449
Jean-Jacques Rousseau

Jean-Jacques Rousseau

El que se ruboriza ya

El que se ruboriza ya es culpable; la verdadera inocencia no siente vergüenza por nada.
142
Pedro Salinas

Pedro Salinas

Versos 2389 A 2409

¡Qué cuerpos leves, sutiles,
hay, sin color,
tan vagos como las sombras,
que no se pueden besar
si no es poniendo los labios
en el aire, contra algo
que pasa y que se parece!

¡Y qué sombras tan morenas
hay, tan duras
que su oscuro mármol frío
jamás se nos rendirá
de pasión entre los brazos!

¡Y qué trajín, ir, venir,
con el amor en volandas,
de los cuerpos a las sombras,
de lo imposible a los labios,
sin parar, sin saber nunca
si es alma de carne o sombra
de cuerpo lo que besamos,
si es algo! ¡Temblando
de dar cariño a la nada!
669
Anatole France

Anatole France

No hay castos; solamente hay

No hay castos; solamente hay enfermos, hipócritas, maníacos y locos.
300
Juvenal

Juvenal

Haz de manera que seas

Haz de manera que seas tú admirado y no lo que te pertenece.
101
Octavio Paz

Octavio Paz

Raíz Del Hombre Iii

Ésta es tu sangre,
desconocida y honda,
que penetra tu cuerpo
y baña orillas ciegas,
de ti misma ignoradas.

Inocente, remota,
en su denso insistir, en su carrera,
detiene la carrera de mi sangre.
Una pequeña herida
y conoce a la luz,
al aire que la ignora, a mis miradas.

Ésta es tu sangre, y éste
el húmedo rumor que la delata.

Y se agolpan los tiempos
y vuelven al origen de los días,
como tu pelo eléctrico si vibra
la escondida raíz en que se ahonda,
porque la vida gira en ese instante,
y el tiempo es una muerte de los tiempos
y se olvidan los nombres y las formas.

Ésta es tu sangre, digo,
y el alma se suspende en el vacío
ante la viva nada de tu sangre.
567
Vicente Gallego

Vicente Gallego

¿dónde?

¿Dónde?

A Franciso Díaz de Castro

Donde ya no hay palabras,

donde sopla el silencio su cristal

y lo afina en la copa del consuelo;

donde el llanto se rinde, desoído en su fe,

a su duro esqueleto de alegría;

donde el hueso y la carne,

donde el dolor y el miedo callan sordos;

donde se vio atendida

un instante en su afán nuestra plegaria.

Sobre la misma muerte,

en su podrida turba, en su fermento oscuro,

donde arraiga, carnívora,

la fiera flor solar de estar con vida.

En el ciego entusiasmo, en la pureza:

donde tan sólo fuimos


—¿dónde?—

pobres almas de dios,

sólo polvo feliz

que la tormenta eleva sobre el mundo,

suplicante


relámpago


de amor,

eléctrica belleza sin custodio.

468
Giacomo Leopardi

Giacomo Leopardi

La gentileza de morir comprende

La gentileza de morir comprende
155
Jean-Jacques Rousseau

Jean-Jacques Rousseau

El más fuerte no es

El más fuerte no es nunca lo bastante fuerte para ser siempre el amo, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber.
177
Aristóteles

Aristóteles

Y no hay nada sensible

Y no hay nada sensible que no esté en un lugar.
80
Pedro Salinas

Pedro Salinas

Versos 2220 A 2272

¡Qué de pesos inmensos,
órbitas celestiales,
se apoyan
—maravilla, milagro—,
en aires, en ausencias,
en papeles, en nada!
Roca descansa en roca,
cuerpos yacen en cunas,
en tumbas; ni las islas
nos engañan, ficciones
de falsos paraísos
flotantes sobre el agua.
Pero a ti, a ti, memoria
de un ayer que fue carne
tierna, materia viva,
y que ahora ya no es nada
más que peso infinito,
gravitación, ahogo,
dime, ¿quién te sostiene
si no es la esperanzada
soledad de la noche?
A ti, afán de retorno,
anhelo de que vuelvan
invariablemente,
exactas a sí mismas,
las acciones más nuevas
que se llaman futuro,
¿quién te va a sostener?
Signos y simulacros
trazados en papeles
blancos, verdes, azules,
querrían ser tu apoyo
eterno, ser tu suelo,
tu prometida tierra.
Pero luego, más tarde,
se rompen —unas manos—,
se deshacen, en tiempo,
polvo, dejando sólo
vagos rastros fugaces,
recuerdos, en las almas.
¡Sí, las almas, finales!
¡Las últimas, las siempre
elegidas, tan débiles,
para sostén eterno
de los pesos más grandes!
Las almas, como alas
sosteniéndose solas
a fuerza de aleteo
desesperado, a fuerza
de no pararse nunca,
de volar, portadoras
por el aire, en el aire,
de aquello que se salva.


646
Anatole France

Anatole France

Lo admirable no es que

Lo admirable no es que existan las estrellas sino que el hombre haya podido dar cuenta de su existencia.
265
David Hume

David Hume

¿Y me va a decir

¿Y me va a decir a mí alguien en serio que un universo ordenado tiene que provenir de algún pensamiento y algún arte semejantes a los del hombre porque tenemos experiencia de ello?
97
Juvenal

Juvenal

La Naturaleza, al darnos las

La Naturaleza, al darnos las lágrimas, muestra que ha otorgado al hombre un corazón compasivo
86
Giacomo Leopardi

Giacomo Leopardi

En todos los climas, bajo

En todos los climas, bajo todos los cielos, la felicidad siempre está en otra parte.
174
Vicente Gallego

Vicente Gallego

En La Casa De Nadie

En la casa de nadie

A José Luis Martínez


Futuros galeotes

de este sueño engañoso, mirad a quien amáis:

mirad cómo apuntala el frágil entramado

su ser de vuestro ser.

¿Es posible que muera?


¿Y quién sabrá deciros que fue nuestra

la dicha virginal que hoy se os ofrece?

¿Quién sabrá convenceros

de que nosotros fuimos, como vosotros sois,

dueños solos del mundo, que floreció el jazmín

tan sólo por nosotros, que se inventó el amor

para nosotros sólo?


Qué milagro perverso

—¿y quién lo hizo?—,

qué lujoso derroche nuestra naturaleza:

desguarnecido pájaro de inquebrantable aliento

que su verdad le canta, despreciando la noche,

a su perfecta aurora.


Dueños solos del mundo,

como dueño del mundo

os deseo fortuna en esta casa,

esta casa de nadie donde la nada urde

vuestra luz venidera en mi balcón de sombra.

481
Charles Baudelaire

Charles Baudelaire

Esa necesidad de olvidar su

Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.
371
Jean-Jacques Rousseau

Jean-Jacques Rousseau

El honor de un Hombre

El honor de un Hombre no está en mano de los demás; está en nosotros mismos y no en la opinión pública. No se defiende con la espada ni con el escudo, sino con una vida íntegra e intachable.
200
Pedro Salinas

Pedro Salinas

Versos 2124 A 2149

¡Si tú supieras que ese
gran sollozo que estrechas
en tus brazos, que esa
lágrima que tú secas
besándola,
vienen de ti, son tú,
dolor de ti hecho lágrimas
mías, sollozos míos!

Entonces
ya no preguntarías
al pasado, a los cielos,
a la frente, a las cartas,
qué tengo, por qué sufro.
Y toda silenciosa,
con ese gran silencio
de la luz y el saber,
me besarías más,
y desoladamente.
Con la desolación
del que no tiene al lado
otro ser, un dolor
ajeno; del que está
solo ya con su pena.
Queriendo consolar
en un otro quimérico
el gran dolor que es suyo.


642
Anatole France

Anatole France

Las verdades que revela la

Las verdades que revela la inteligencia permanecen estériles. Sólo el corazón es capaz de fecundar los sueños.
327
Juvenal

Juvenal

Este es el castigo más

Este es el castigo más importante del culpable; nunca ser absuelto en el tribunal de su propia conciencia.
155
Octavio Paz

Octavio Paz

Raíz Del Hombre Ii

Ardan todas las voces
y quémense los labios;
y en la más alta flor
quede la noche detenida.

Nadie sabe tu nombre ya;
en tu secreta fuerza influyen
la madurez dorada de la estrella
y la noche suspensa,
inmóvil océano.

Amante, todo calla
bajo la voz ardiente de tu nombre.
Amante, todo calla. Tú, sin nombre,
en la noche desnuda de palabras.
606
Giacomo Leopardi

Giacomo Leopardi

Confía en los que se

Confía en los que se esfuerzan por ser amados; duda de los que solo procuran parecer amables.
159
Vicente Gallego

Vicente Gallego

Oración Pagana

Sopla recio a mi espalda,
viento oscuro y tenaz del desarraigo,
confúndeme los pasos y sitúa mi norte
donde no halle el amparo de esta mansa morada.
Quiero arder en la noche como un fuego sin dueño
mientras la noche dure,
y que el santo egoísmo
de quien busca el placer y renuncia al soborno
con que compra el resguardo voluntades
me atraviese de espinas por pretender la rosa.
Yo le entrego al diablo cuanto tengo por mío,
y que él lo malvenda,
y sólo pido a cambio caminar a su lado.
De la paz pusilánime que en el orden anida
no mendigo limosna: que el desconcierto traiga
su cizaña a la casa que mis manos levanten.

Porque sólo en el roto corazón de lo turbio
he encontrado la luz verdadera del fuego,
que las sombras me lleven,
y yo lleve conmigo, cuando sea la hora,
la clara vecindad de la tiniebla ardida
de mi noche a la noche.
527