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Dionisio Ridruejo
A Un Pino
soledad de la tarde,
tan concreto en la libre
desolación del aire,
tan alto cuando todo
se confunde y abate
y huye el sol a tu copa
tibio y agonizante.
Cómo me fortalece
la paz de tu combate,
ascensión sin fatiga,
raíz honda y constante.
Tu majestad envuelve
el cielo sin celaje
y en tu recio sosiego
la tierra se complace.
Mis ojos educados
en tu sediento mástil
ascienden y divisan
la soledad más ágil,
mientras sueña el silencio
sin astros y sin aves
como el solo decoro
de tu verde ramaje.
Pino esbelto y tranquilo,
tu soledad te guarde,
y consagre la mía
desunida y errante,
segada de su tierra,
extraña de su aire,
cuando aún es oro virgen
la cumbre de la tarde
y tú clamas e invocas
el tiempo de mi carne
y otro vuelo sin tiempo
que se sueña y se hace.
Epitafio De Una Dueña, Que Idea También Puede Ser De Todas
Más gorda que mentira de Indiano,
Más sucia que pastel en el verano,
Más necia y presumida que un dichoso,
Más amiga de pícaros que el coso,
Más engañosa que el primer manzano,
Más que un coche alcahueta, por lo anciano,
Más pronosticadora que un potroso.
Más charló que una Azuda y una Aceña,
Y tuvo más enredos que una araña,
Más humos que seis mil hornos de leña.
De mula de alquiler sirvió en España,
Que fue buen noviciado para Dueña,
Y muerta pide, y enterrada engaña.
Rafael Cadenas
No Me Lavaste
no me reuniste,
no me limpiaste del escrúpulo,
no me quitaste el estigma,
no me recibiste en tu templo.
Me dejaste afuera
con la guirnalda hecha para ti
en la mano
que las tinieblas sostienen.
Gutierre de Cetina
Ay, Mísero Pastor!, ¿dó Voy Huyendo?
¿Curar pienso un ardor con otro fuego?
¡Cuitado!, ¿adónde voy? ¿Estoy ya ciego
que ni veo mi bien ni el mal entiendo?
¿Dó me llevas, Amor? Si aquí me enciendo,
¿tendré do voy más paz o más sosiego?
Si huyo de un peligro, ¿a dó voy luego?
¿Es menor el que voy hora siguiendo?
¿Fue más ventura el Betis, por ventura,
que era agora Pisuerga? ¿Aquél no ha sido
tan triste para mí como ese agora?
Si falta en Amarílida mesura,
¿cómo la tendrá Dórida, sabido
que llevo ya en el alma otra señora?
Juan Ramón Jiménez
Voces De Mi Copla - Iv - Zinc
el de este vano cielo
que nada al alma pone,
ni nada quita al cuerpo!
Dionisio Ridruejo
Memoria
por las mudas orillas de tu ausencia.
La noche se hizo cuerpo de tu esencia
y el campo abierto se plegó vencido.
Un ayer de tus labios en mi oído,
una huella sonora, una cadencia,
hizo flor de latidos tu presencia
en el último borde del olvido.
Viniste sobre un aire de amapolas.
Como suspiros estallando rojos,
bajo el ardor de las estrellas plenas,
los labios avanzaron como olas.
Y sumiso en el sueño de tus ojos
murió el dolor en las floridas venas.
Jesús Hilario Tundidor
El Circo
acurrucado y triste,
único, solitario,
envilecido por la carne, amarga
la última residencia de mi corazón,
bajo la lona, bajo
el alto mundo de la estrella,
hundida el alma, rota
la hacedura de Dios, corvo, torcido
en el polvo estelar de la memoria,
hoy,
como un día cualquiera,
me he puesto a contemplar sin saber cómo
este río del circo de la vida.
Orhoit Gutaz
En la pequeña iglesia de Biriatu, a orillas
del Bidasoa, hay un mármol
funerario con la lista de los once hijos de Biriatu que murieron
por
Francia en la gran guerra. En la cabecera dice: "A sus hijos
que han
muerto en la guerra, el pueblo de Biriatu". Luego, la lista
de los muertos.
Y debajo: Orhoit Gutaz, esto es, "Acordaos de nosotros"
Pasasteis como pasan por el roble
las hojas que arrebata en primavera
pedrisco intempestivo;
pasasteis, hijos de mi raza noble,
vestida el alma de infantil eusquera,
pasasteis al archivo
de mármol funeral de una iglesiuca
que en el regazo recogido y verde
del Pirineo vasco
al tibio sol del monte se acurruca.
Abajo, el Bidasoa va y se pierde
en la mar; un peñasco
recoge de sus olas el gemido,
que pasan, tal las hojas rumorosas,
tal vosotros, oscuros
hijos sumisos del hogar henchido
de silenciosa tradición. Las fosas
que a vuestros huesos, puros,
blancos, les dan de última cuna lecho,
fosas que abrió el cañón en sorda guerra,
no escucharán el canto
de la materna lluvia que el helecho
deja caer en vuestra patria tierra
como celeste llanto...
No escucharán la esquila de la vaca
que en la ladera, al pie del caserío,
dobla su cuello al suelo,
ni a lo lejos la voz de la resaca
de la mar que amamanta a vuestro río
y es canto de consuelo.
Fuisteis como corderos, en los ojos
guardando la sonrisa dolorida
lágrimas del ocaso,
de vuestras madres el alma de hinojos,
¡y en la agonía de la paz la vida
rendisteis al acaso!...
¿Por qué? ¿Por qué? Jamás esta pregunta
terrible torturó vuestra inocencia;
nacisteis... nadie sabe
por qué ni para qué... ara la yunta,
y el campo que ara es toda su conciencia,
y canta y vuela el ave...
¡Orhoit Gutaz! Pedís nuestro recuerdo
y una lección nos dais de mansedumbre;
calle el porqué..., vivamos
como habéis muerto, sin porqué, es lo cuerdo...
los ríos a la mar..., es la costumbre
y con ella pasamos...
Rafael Cadenas
¿en La Confusión, Tu Rostro
estará en el lado opuesto también,
poniéndole el sello
al naufragio,
con el gran vendedor?
Gutierre de Cetina
Dórida, Hermosísima Pastora
cortés, sabia, gentil, blanda y piadosa,
¿cuál suerte desigual, fiera, rabiosa,
pone a mi libertad nueva señora?
El corazón que te ama y que te adora,
¿quién lo puede forzar que ame otra cosa?
¿Amarílida es más sabia o hermosa
que tú? No sé. Contempla esta alma ahora.
¿Fue jamás de Amarílida tratado
tan bien como de ti, tan sin fiereza?
¿No me acordabas tú si yo te amaba?
Pues sin mudarme yo, ¿quién me ha mudado?
Respondió el eco: «Yo, que en tanta alteza
mucho tiempo tan dulce ser duraba».
Mario Benedetti
El Sur También Existe
con la amistad surgida
de un trabajo compartido
EL SUR TAMBIÉN EXISTE
Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohíbe
con su esperanza dura
el sur también existe
con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con su gesta invasora
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el sur también existe
con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos sus misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el sur también existe
Jesús Hilario Tundidor
Vida
igual que un súbito y lejano
parpadeo o temblor de mies madura.
Como esta tierra puesta
al sol, al aire, a la mañana.
Es nuestra vida,
Mas, ¿quién llueve, quién es el que deshace
la esperanza de junio?
Como un andar. Como una
germinación que perderá su grano
desvanecida, inútilmente, en el tiempo.
Nunca igual que los túneles,
que el viajero aquél
que toma su billete a precio fijo.
Es nuestra vida.
Nunca como las aves,
como aquellos vencejos que dan giros
en el atardecer y llevan
para anidar, para incubar su puesta,
un respaldo de sol o piedra dura.
Es nuestra vida, como
ese ventico gris de la mañana.
Dionisio Ridruejo
Nostalgia Del Primer Amor
virginal y sencilla, en mi memoria,
como agua fiel de fatigada noria
viene a regar mi voz enamorada.
¡Cómo recrea el alma sosegada
la penumbra y dulzor de aquella historia
con resplandores de tardía gloria
entre abejas y frutos constelada!
¡Oh, delicada llama, ardor primero
velado en llanto y celestial mirada,
par del trino, la fuente y la azucena!
Mírame combatido y prisionero
volver a tu ilusión breve y tronchada
como un temblor en la desierta arena.
Casamiento Ridículo
Los vecinos con Jorge el extranjero,
De mosca en masa gran sepulturero
Y el que mejor pasteles aporrea.
Ella es verdad que es vieja, pero fea,
Docta en endurecer pelo y sombrero;
Faltó el ajuar y no sobró dinero,
Mas trájole tres dientes de librea.
Porque Jorge después no se alborote
Y tabique ventanas y desvanes,
Hecho tiesto de cuernos el cogote,
Con un guante, dos moños, tres refranes
Y seis libras de zarza, llevó en dote
Tres hijas, una suegra y dos galanes.
Rafael Cadenas
Xi
Lenguaje
emanado
puntual
fehaciente,
no el engaño
de la palabra que sirve a alguien.
Gutierre de Cetina
Debajo De Un Pie Blanco Y Pequeñuelo
tenía el corazón enamorado
Vandalio, tan ufano en tal cuidado,
que tiene en poco el mayor bien del suelo.
Cuando movido Amor de un nuevo celo,
envidioso de ver tan dulce estado,
mirando el pie hermoso y delicado,
el fuego del pastor muestra de hielo.
En tanto, el corazón que contemplaba
el pie debajo el cual ledo se vía,
con lágrimas de gozo lo bañaba.
Y el alma, que mirando se sentía,
con fogosos suspiros enjugaba
las mancillas que el llanto en el ponía.
Juan Ramón Jiménez
Voces De Mi Copla - Iii - Frente
desde esta piedra del mundo!
No estoy en el «desde aquí»,
sino en el «ya de lo último».
Duque de Rivas
El Fratricidio Romance Cuarto Los Dos Hermanos
Ante la tienda, de pronto,
Páranse dos caballeros
Ocultos en los embozos.
El rey Don Pedro era el uno,
Rodríguez Sanabria el otro,
Que en la fe de un enemigo
Piensan encontrar socorro,
Con gran priesa descabalgan,
Y ya se encuentran en torno
Rodeados de franceses
Armados y silenciosos,
En cuyos cascos gascones,
Y en cuyos azules ojos
Refleja el farol, que alumbra
Cual siniestro meteoro.
Entran dentro de la tienda
Ya vacilantes, pues todo
Empiezan a verlo entonces
De aspecto siniestro y torvo.
Una lámpara de azófar
La alumbra trémula y poco;
Mas dejan ver un bufete,
Un sillón de roble tosco,
Un lecho y una armadura,
Y lo que fue más asombro,
Cuatro hombres de armas inmobles,
De acero vivos escollos.
Jesús Hilario Tundidor
Poema Inicial
voy a decirte una palabra,
la última palabra
donde quedó tu corazón antiguo...
Aquí, tranquilamente:
Dios era carne entonces
y tú lo recreabas en tu espíritu.
Ay, arrodíllate,
no volverás dos veces a ser niño.
En Un Cementerio De Lugar Castellano
refrescaban tus sienes al volar;
las mismas que, piadosas, hoy, Teresa,
sobre tu tierra vuelan sin cesar.
Las mismas que al Señor, de la corona
espinas le quitaron al azar;
las mismas que me arrancan las espinas
del corazón, que se me va a parar.
Golondrinas que vienen de tu campo
trayéndome recuerdos al pasar
y cuya sombra acarició la yerba
bajo que has ido al fin a descansar.
Rafael Cadenas
Ii
Acuñar quimeras
como soles muertos
para los ojos de un fantasma,
no es tu tarea.
Gutierre de Cetina
Con Ansia Que Del Alma Le Salía
la mente del morir hecha adivina,
contemplando Vandalio la marina
de la ribera bética, decía:
«Pues vano desear, loca porfía,
a la rabiosa muerte me destina,
mientras la triste hora se avecina,
oye mi llanto tú, Dórida mía.
»Y si tu crüeldad contenta fuese,
por premio de esta fe firme y constante,
que sobre mi sepulcro se leyese,
»no en letras de metal, mas de diamante,
Dórida ha sido causa que muriese
el más leal y el más sufrido amante».
Mario Benedetti
Homenaje
a nicolás guillén,
en sus ochenta
Más allá de los males y los bienes
tu mejor aventura cotidiana
es lidiar con la vida lisa y llana
que lograste y afinas y mantienes
la noche se ha quedado sin rehenes
y entra el sol por tu verso y tu ventana
tengo dijiste en dimensión cubana
dijiste tengo y por supuesto tienes
pueblo que te oye bajo tantos cielos
porque has hallado simplemente el modo
de cantar nada menos que a los más
con tus ochenta y con tus dos abuelos
y tu muchacho corazón ya todo
lo tienes juan con
todo nicolás
Duque de Rivas
El Fratricidio Romance Tercero El Dormido
La campana de la vela,
Cuando un farol aparece
De Claquín ante la tienda.
Y no mísero piloto
Que sobre escollos navega,
Perdido el rumbo y el norte
En,noche espantosa y negra,
Ve al doblar una alta roca
Del faro amigo la estrella,
Indicándole el abrigo
De seguro puerto cerca,
Con más placer, que Sanabria
La luz que el alma le llena
De consuelo, y que anhelante
Esperó entre las almenas.
Latiéndole el noble pecho
Desciende súbito de ellas,
Y ciego bulto entre sombras
El corredor atraviesa.