Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Es una joven de hoy, es decir, más o menos una joven de ayer.
Tengo el cuerpo de un joven de dieciocho años. Lo guardo en la nevera.
Después de los treinta años el cuerpo tiene voluntad propia.
Lo verdaderamente difícil es llegar a octogenario. Después de eso uno sólo tiene que seguir viviendo.
La edad madura es el tiempo en que un hombre está siempre pensando que en una semana o dos volverá a sentirse tan bien como siempre.
Tras la adolescencia pueden conocerse alegrías pero ya no embriagueces.
La vejez se consuela dando buenos consejos de su incapacidad de dar malos ejemplos.
Sabes que te estás haciendo viejo cuando las velas cuestan más que la tarta.
¿Que los años pasan muy rápidamente? Sí, para el que envejece.
Cuando se tienen veinte años uno es incendiario, pero después de los cuarenta se convierte en bombero.
En el fondo de nosotros mismos siempre tenemos la misma edad.
A cierta edad nos atraen más los brazos de un sillón que los de una mujer.
Quisiera que al llegar a mi edad se pudiese abandonar esta vida como se sale de un banquete.
El hombre nace sin dientes, sin cabello y sin ilusiones. Y muere lo mismo: sin dientes, sin cabellos y sin ilusiones.
Es fácil darse cuenta de cuando se llega a la madurez. Si al subir a un vehículo se prefiere un asiento cómodo a un asiento al lado de una mujer ya se es un hombre maduro.
No dejamos de jugar porque nos hayamos hecho viejos. Nos hacemos viejos porque dejamos de jugar.
Si alguien se pregunta quién quiere llegar a los noventa años, yo diría que cualquiera que tenga ochenta y nueve.
Muchas personas no cumplen los ochenta porque intentan durante demasiado tiempo quedarse en los cuarenta.
Si quieres ser viejo mucho tiempo hazte viejo pronto.
Es la fiebre de la juventud la que mantiene al mundo a la temperatura normal. Cuando la juventud pierde entusiasmo, el mundo entero se estremece.
El hombre llega novato a cada edad de la vida; cada edad tiene su aprendizaje.
Exceptuando algún ataque al corazón ocasional, me siento tan joven como siempre.
El anciano es un hombre que ya ha comido y observa cómo comen los demás.
Es un gran shock encontrarse a la edad de cinco o seis años con que en un mundo de gary coopers tú eres el indio.
Los niños nunca han sido buenos escuchando a sus mayores, pero nunca han fracasado en imitarlos.
Hagan sitio a los jóvenes, a los recién llegados, a los que no tienen nada que decir pero están ahí.
El hombre que a los cincuenta años ve el mundo igual a como lo veía a los veinte ha desperdiciado treinta años de su vida.
Soy tan listo que a veces no entiendo una palabra de lo que digo.
El único amor consecuente, fiel, comprensivo, que todo lo perdona, que nunca defrauda y nos acompaña hasta la muerte es el amor propio.
Hablo mucho de mí, porque soy el hombre que tengo más a mano.
Me han elogiado muchas veces y siempre me siento desconcertado... siempre me parece que no han dicho bastante.
Es tan difícil verse a uno mismo como mirar para atrás sin volverse.
Soy un idealista. No sé adónde voy, pero sí sé que estoy en mi camino.
¡Sé modesto! Es la clase de orgullo que molesta menos.
Si pudieras patear en el trasero al responsable de casi todos tus problemas, no podrías sentarte durante un mes.
La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió.
Me reservo el derecho de pensar de acuerdo con mis ideas actuales.
Hay dos clases de egoístas: los que lo admiten y el resto de nosotros.
Con nuestro juicio ocurre como con los relojes: nunca coinciden entre sí, pero cada uno confía en el suyo.
Se hiere al amor propio, no se le mata.
Tu futuro depende de tus sueños ¡no pierdas más el tiempo y vuélvete a dormir...!
Por muy bien que hablen de nosotros, no nos dicen nada nuevo.
No me mezclo de buen grado en mis asuntos privados.
Si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco.
No creo que nadie deba escribir su autobiografía hasta después de muerto.
La variedad de cicuta con la que Sócrates se envenenó se llamaba «Conócete a ti mismo».
Mostrarse orgulloso de la propia virtud es como envenenarse con un antídoto.
Si tuviéramos que tolerar a los demás todo lo que nos permitimos a nosotros mismos, la vida sería intolerable.