Citas

Citas para inspirar y reflexionar

Ignacio Manuel Altamirano
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Las mujeres son como los niños: sólo lloran por sus caídas, cuando las ven
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Ignacio Manuel Altamirano
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Las buenas maneras son los signos masónicos de la decencia en todo el mundo
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Ignacio Manuel Altamirano
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Las mujeres nunca encuentran inverosímil una lisonja que se les dirige
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Ignacio Manuel Altamirano
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La vida es una cadena de necedades de las que no es la menor la de no querer hacerlas
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Ignacio Manuel Altamirano
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La inocencia no tiene edad
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Ignacio Manuel Altamirano
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La envidia es una furia que se disfraza casi siempre de vieja devota
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Ignacio Manuel Altamirano
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La envidia como la ictericia se conoce en el color de los ojos y en el de la piel
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Ignacio Manuel Altamirano
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La embriaguez de la cólera es más vergonzosa que la embriaguez del vino
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Ignacio Manuel Altamirano
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La diatriba es el pus de una úlcera del alma
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Ignacio Manuel Altamirano
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La coquetería no excluye la virtud. Así como el exterior grave y solemne no excluye el vicio
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Ignacio Manuel Altamirano
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La caballerosidad en amores es un ayuno siempre expuesto a quebrantarse
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Ignacio Manuel Altamirano
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La buena educación es la mitad del camino en cualquier negocio
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Hay viejas que darían su alma por encontrar la fuente de la juventud
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Hay naturalezas nerviosas que se estremecen cuando estalla un cohete y nada sienten cuando truena el cañón. Hay almas que se escandalizan de una falta y no se alarman ante un crimen
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Hay partidarios que harían gustosos lo mismo que combaten
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Ignacio Manuel Altamirano
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El valor no consiste en la bilis, ni en la sangre: consiste en la dignidad
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Ignacio Manuel Altamirano
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En las guerras de Independencia, la fe es lo primero. Pero la acción es lo que hace útil la fe. Sin ella, esta virtud no vale nada
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
El poder es duro oficio. Pero para algunos es el único
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Que una sociedad civilizada crea en los dogmas inventados por la Humanidad en su infancia, es tan sensato como que una mujer de edad madura llore y ría con las muñecas que creyó vivas cuando estaba mamando
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Ignacio Manuel Altamirano
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El placer es débil cuando no se forja en la fragua del deseo
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Ignacio Manuel Altamirano
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El poder tiene espinas. Pero para algunos gobernantes es sabroso, con todo y ellas, como las sardinas
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Ignacio Manuel Altamirano
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El matrimonio es como la moda: todo el mundo habla mal de ella, pero todo el mundo la acepta para sí y su familia
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Si los elogios que durante la ausencia se hacen los amigos íntimos fueran a reproducirse en los papeles públicos, habría duelos a muerte todos los días
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
El celo se espanta con poco y se tranquiliza con menos
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
El amor y el celo nacen en el mismo huevo x
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Ignacio Manuel Altamirano
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Creer uno que sabe Historia porque la conoce en los compendios, es querer formarse una idea de la grandeza del mar, al comer una ostra
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Ignacio Manuel Altamirano
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Decid a los hombres las verdades como dais purgas a los niños. De otro modo, lograreis irritarlos sin corregirlos
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Ignacio Manuel Altamirano
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Contra el salteador, el pistolero y el ratero, hay la acción criminal. Contra el ladrón literario no hay nada
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Ignacio Manuel Altamirano
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Si veis a un hombre que se enfurece contra todo el mundo, abordadle sin cuidado: es un ser inofensivo
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Siempre va más alto el que camina sin remordimientos y sin manchas
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Asearse con esmero no es cuestión de opinión política, sino de higiene y educación
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
No disculparse del exceso cometido en la embriaguez de la cólera es más insensato aún que cometerlo. Es el orgullo sosteniendo la estupidez
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Ignacio Manuel Altamirano
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Para las mujeres todo es posible
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Los fatuos son los que menos gozan de las mujeres, pero son los que más las perjudican
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Para echar abajo a un león basta herirlo con una bala o con un dardo. Pero, una vez que un reptil se ha enredado en la punta de una roca o al tronco de un árbol, hay que arrancarlo a pedazos. En la política es lo mismo: los ministros orgullosos caen al primer tiro. Los culebras se pegan mucho
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Los amigos íntimos son los que están más próximos a tornarse enemigos acérrimos
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
La voz de la envidia es el pregón de la inferioridad del envidioso
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
La franqueza áspera produce las más de las veces odio. Pero, la lisonja produce desprecio siempre
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
La mujer siempre halla motivo para llamarse desgraciada
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
La envidia es al mérito lo que la cobardía al valor
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Sufrir por la libertad es marchar por un sendero de abrojos que sólo se convierte en rosas cuando uno ha pasado
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
El que comete un exceso, ebrio de vino, tiene el recurso de disculparse con el vino. Pero quien lo comete ebrio de cólera, no tiene más recurso que la humillación
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
El que grita estando colérico es tan patán como el que ríe a carcajadas
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Dominar la cólera tiene más mérito que batirse en duelo por no haberla dominado
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
El celo, hijo de la desconfianza, es hermano de la credulidad
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Para algunos hombres que hacen gala de ser demócratas, la democracia es una camisa de fuerza
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
Así como la tierna corteza de un árbol sumergida por mucho tiempo en las aguas de cientos de ríos se petrifica, el corazón humano sumergido en el pesar, al fin se vuelve empedernido
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Ignacio Manuel Altamirano
Ignacio Manuel Altamirano
El corazón que despierta tarde cree que despierta a tiempo. Por eso, las mujeres que aman de viejas, aman como jóvenes
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