Lista de Poemas

A Mi Buitre

Este buitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.

El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.
1.003

La Luna Y La Rosa

LA LUNA Y LA ROSA

A Jules Supervielle, después de haber gustado
Gravitations.
Mira que es hoy en flor la rosa llena;

cuando en otoño de su fruto rojo

será la rosa nueva...

En el silencio estrellado

la Luna daba a la rosa

y el aroma de la noche

le henchía —sedienta boca—

el paladar del espíritu,

que adurmiendo su congoja

se abría al cielo nocturno

de Dios y su Madre toda...

Toda cabellos tranquilos,

la Luna, tranquila y sola,

acariciaba a la Tierra

con sus cabellos de rosa

silvestre, blanca, escondida...

La Tierra, desde sus rocas,

exhalaba sus entrañas

fundidas de amor, su aroma...

Entre las zarzas, su nido,

era otra luna la rosa,

toda cabellos cuajados

en la cuna, su corola;

las cabelleras mejidas

de la Luna y de la rosa

y en el crisol de la noche

fundidas en una sola...

En el silencio estrellado

la Luna daba a la rosa

mientras la rosa se daba

a la Luna, quieta y sola.

1.040

Peñas De Neila, Os Recogió La Vista

Peñas de Neila, os recogió la vista
de Teresa en Becedas
que, moza, suspiraba la conquista
de Jesús; alisedas
del Tormes, las que veis vivir el agua
de la nieve evangélica de Gredos;
agua que hoy breza el sueño
último de Teresa,
y que templó la fragua
de su entraña, a que dedos
del Señor encendieron en la empresa
de ganar el azul; navas floridas
donde alientan los lirios su confianza
en el Padre que cubre con su manto
las sernas doloridas
del trabajo a que dobla la esperanza
de un terminal reposo santo;
encinas matriarcales
que ceñís espadañas donde sueña,
mientras la esquila duerme, la cigüeña
al peso de las horas estivales.
Encinas de verdor perenne y prieto
que guardáis el secreto
de madurez eterna de Castilla,
podada maravilla
de sosiego copudo;
encinas silenciosas
de corazón nervudo;
qué recato en las tardes bochornosas
al rumor de la fuente echar la siesta
oyendo al agua lo que siempre dijo,
el eterno acertijo
que nos agua la fiesta:
¿Será el dormir morir
y un sueño de vacío el porvenir?
Mas llega la modorra,
encinas matriarcales,
del seso nos ahorra
el poso del veneno de los males.
Buscad confianza, pero no evidencia.
Sueño nos da la fe, muerte la ciencia.
795

En Un Cementerio De Lugar Castellano

Te recitaba Bécquer... Golondrinas
refrescaban tus sienes al volar;
las mismas que, piadosas, hoy, Teresa,
sobre tu tierra vuelan sin cesar.
Las mismas que al Señor, de la corona
espinas le quitaron al azar;
las mismas que me arrancan las espinas
del corazón, que se me va a parar.
Golondrinas que vienen de tu campo
trayéndome recuerdos al pasar
y cuya sombra acarició la yerba
bajo que has ido al fin a descansar.
831

Orhoit Gutaz

ORHOIT GUTAZ

En la pequeña iglesia de Biriatu, a orillas
del Bidasoa, hay un mármol

funerario con la lista de los once hijos de Biriatu que murieron
por

Francia en la gran guerra. En la cabecera dice: "A sus hijos
que han

muerto en la guerra, el pueblo de Biriatu". Luego, la lista
de los muertos.

Y debajo: Orhoit Gutaz, esto es, "Acordaos de nosotros"


Pasasteis como pasan por el roble

las hojas que arrebata en primavera

pedrisco intempestivo;

pasasteis, hijos de mi raza noble,

vestida el alma de infantil eusquera,

pasasteis al archivo

de mármol funeral de una iglesiuca

que en el regazo recogido y verde

del Pirineo vasco

al tibio sol del monte se acurruca.

Abajo, el Bidasoa va y se pierde

en la mar; un peñasco

recoge de sus olas el gemido,

que pasan, tal las hojas rumorosas,

tal vosotros, oscuros

hijos sumisos del hogar henchido

de silenciosa tradición. Las fosas

que a vuestros huesos, puros,

blancos, les dan de última cuna lecho,

fosas que abrió el cañón en sorda guerra,

no escucharán el canto

de la materna lluvia que el helecho

deja caer en vuestra patria tierra

como celeste llanto...

No escucharán la esquila de la vaca

que en la ladera, al pie del caserío,

dobla su cuello al suelo,

ni a lo lejos la voz de la resaca

de la mar que amamanta a vuestro río

y es canto de consuelo.

Fuisteis como corderos, en los ojos

guardando la sonrisa dolorida

—lágrimas del ocaso—,

de vuestras madres —el alma de hinojos—,

¡y en la agonía de la paz la vida

rendisteis al acaso!...

¿Por qué? ¿Por qué? Jamás esta pregunta

terrible torturó vuestra inocencia;

nacisteis... nadie sabe

por qué ni para qué... ara la yunta,

y el campo que ara es toda su conciencia,

y canta y vuela el ave...

¡Orhoit Gutaz! Pedís nuestro recuerdo

y una lección nos dais de mansedumbre;

calle el porqué..., vivamos

como habéis muerto, sin porqué, es lo cuerdo...

los ríos a la mar..., es la costumbre

y con ella pasamos...

898

Junto A La Laguna Del Cristo En La Aldehuela De Yeltes, Una Noche De Luna Llena

Noche blanca en que el agua cristalina
duerme queda en su lecho de laguna
sobre la cual redonda llena luna
que ejército de estrellas encamina

vela, y se espeja una redonda encina
en el espejo sin rizada alguna;
noche blanca en que el agua hace de cuna
de la más alta y más honda doctrina.

Es un rasgón del cielo que abrazado
tiene en sus brazos la Naturaleza;
es un rasgón del cielo que ha posado

y en el silencio de la noche reza
la oración del amante resignado
sólo al amor, que es su única riqueza.
817

En Un Cementerio De Lugar Castellano

Corral de muertos, entre pobres tapias,
hechas también
de barro,
pobre corral donde la hoz no siega,
sólo una cruz, en el desierto campo
señala tu destino.
Junto a esas tapias buscan el amparo
del hostigo del cierzo las ovejas
al pasar trashumantes en rebaño,
y en ellas rompen de la vana historia,
como las olas, los rumores vanos.
Como un islote en
junio,
te ciñe el
mar dorado
de las espigas que a la brisa ondean,
y canta sobre ti la alondra el canto
de la cosecha.
Cuando baja en la lluvia el cielo al campo
baja también sobre la santa hierba
donde la hoz no corta,
de tu rincón, ¡pobre corral de muertos!,
y sienten en sus huesos el reclamo
del riego de la vida.
Salvan tus cercas de mampuesto y barro
las aladas semillas,
o te las llevan con piedad los pájaros,
y crecen escondidas amapolas,
clavelinas, magarzas, brezos, cardos,
entre arrumbadas cruces,
no más que de las aves libres pasto.
Cavan tan sólo en tu maleza brava,
corral sagrado,
para de un alma que sufrió en el mundo
sembrar el grano;
luego sobre esa siembra
¡barbecho largo!
Cerca de ti el camino de los vivos,
no como tú, con tapias, no cercado,
por donde van y vienen,
ya riendo o llorando,
¡rompiendo con sus risas o sus lloros
el silencio inmortal de tu cercado!
Después que lento el sol tomó ya tierra,
y sube al cielo el páramo
a la hora del recuerdo,
al toque de oraciones y descanso,
la tosca cruz de piedra
de tus tapias de barro
queda, como un guardián que nunca duerme,
de la campiña el sueño vigilando.
No hay cruz sobre
la iglesia de los vivos,
en torno de la cual duerme el poblado;
la cruz, cual perro fiel, ampara el sueño
de los muertos al cielo acorralados.
¡Y desde el cielo de la noche, Cristo,
el Pastor Soberano,
con infinitos ojos centelleantes,
recuenta las ovejas del rebaño!
¡Pobre corral de muertos entre tapias
hechas del mismo barro,
sólo una cruz distingue tu destino
en la desierta soledad del campo!
852

La Oración Del Ateo

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.
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Identificación y contexto básico

Miguel de Unamuno y Jugo, conocido simplemente como Miguel de Unamuno, fue uno de los más importantes escritores, filósofos y ensayistas españoles de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, siendo una figura prominente de la llamada Generación del 98. Nació en Bilbao, España, el 29 de septiembre de 1864, y falleció en Salamanca, España, el 31 de diciembre de 1936. Su obra abarca poesía, teatro, novela y ensayo, siempre con un fuerte cariz filosófico y existencial. Su nacionalidad era española y la lengua de escritura predominante fue el castellano. Vivió en un período de profundas transformaciones sociales, políticas y culturales en España, marcado por la pérdida de las últimas colonias en 1898, un evento que tuvo un impacto significativo en el pensamiento de su generación.

Infancia y formación

Hijo de Félix de Unamuno y de su segundo matrimonio con Salomé Jugo, Miguel de Unamuno tuvo una infancia marcada por la pérdida temprana de la madre y por un ambiente familiar que, a pesar de no ser rico, le proporcionaba acceso a la educación. Demostrando precozmente una inteligencia viva y un interés profundo por los libros, Unamuno se destacó en sus estudios. Se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, donde se doctoró en 1883 con una tesis sobre el vasco y su integración lingüística. Su juventud estuvo atravesada por la absorción de corrientes filosóficas y literarias diversas, desde el krausismo español hasta influencias del pensamiento alemán y de autores como Schopenhauer y Kierkegaard, que moldearían su visión crítica y existencial.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Unamuno se inició pronto, con publicaciones de artículos y ensayos que ya revelaban su vocación por la reflexión crítica. Su obra poética comenzó a ganar destaque más tarde, pero fue en la novela y el ensayo donde Unamuno consolidó su reputación. Escribió novelas como "San Manuel Bueno, mártir", "Niebla" y "Abel Sánchez", que exploran la condición humana con gran profundidad. Participó activamente en la vida intelectual de su tiempo, colaborando en diversas publicaciones y revistas, y siendo un crítico mordaz e influyente. Su actividad como profesor de Filología Griega y luego como rector de la Universidad de Salamanca fue también un escenario para la difusión de sus ideas.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Unamuno es vasta y multifacética. Sus novelas, a menudo definidas por él como "nivolas", desafían las convenciones narrativas, centrándose en la exploración psicológica y existencial de los personajes. Temas como la inmortalidad, la fe, la duda, la tragedia de la existencia y el deseo de trascendencia son recurrentes. Su poesía, aunque menos prolífica que la prosa, refleja la misma intensidad existencial y la búsqueda de la identidad. El estilo de Unamuno está marcado por la claridad, la fuerza argumentativa y un lenguaje directo, a veces áspero, pero siempre cargado de emoción y de un profundo cuestionamiento. Su escritura es profundamente personal, pero apela a cuestiones universales, explorando la fragmentación del yo y la angustia de la condición humana. Influenciado por el existencialismo y la tradición literaria española, Unamuno innovó al fundir los géneros literarios y al dar primacía a la reflexión filosófica.

Contexto cultural e histórico

Unamuno vivió en un período turbulento de la historia española, la "crisis de 1898", tras la pérdida de las colonias de ultramar, que generó un profundo sentimiento de desilusión nacional y una necesidad de repensar la identidad y el futuro del país. La Generación del 98, a la que pertenecía Unamuno, reaccionó a esta crisis con una crítica contundente a la realidad española, buscando un "enriquecimiento de España" a través de la regeneración moral e intelectual. Unamuno dialogó intensamente con otros intelectuales de su época, como Azorín y Baroja, y mantuvo posiciones políticas y filosóficas que, a veces, lo colocaron en conflicto con el poder establecido, culminando en su exilio durante la dictadura de Primo de Rivera. Su obra refleja la tensión entre la tradición y la modernidad, entre la fe y la razón, en un contexto de creciente secularización e incertidumbre política.

Vida personal

La vida personal de Unamuno estuvo marcada por una intensa búsqueda interior y por crisis existenciales. Sus relaciones familiares, aunque importantes, fueron frecuentemente eclipsadas por su dedicación al pensamiento y la escritura. Era conocido por su personalidad fuerte y, a veces, irascible, pero también por una profunda empatía con el sufrimiento humano. Su fe fue siempre atormentada por la duda, un tema central en su obra, que él vivió de forma visceral. Aunque fue profesor y rector universitario, su mayor fuente de ingresos y ocupación fue su producción intelectual. Sus posiciones políticas, aunque no siempre lineales, reflejaban una preocupación por la justicia social y la libertad de pensamiento.

Reconocimiento y recepción

Miguel de Unamuno obtuvo un reconocimiento considerable en vida, tanto en España como internacionalmente, siendo considerado uno de los intelectuales más importantes de su tiempo. Fue miembro de la Real Academia Española y ocupó el cargo de rector de la Universidad de Salamanca. Su obra fue ampliamente discutida y elogiada por la crítica, que reconoció su originalidad y la profundidad de su pensamiento. Sin embargo, su figura también generó controversia debido a sus posiciones críticas y a su audacia intelectual. Su legado perdura, con su obra siendo estudiada y considerada fundamental para la comprensión del pensamiento existencial y la literatura española del siglo XX.

Influencias y legado

Unamuno fue influenciado por una vasta gama de pensadores y escritores, incluyendo a pensadores alemanes como Schopenhauer y Nietzsche, y a filósofos existencialistas como Kierkegaard. En la literatura española, bebió de la tradición clásica y de autores como Cervantes. Su legado es inmenso, habiendo influido en generaciones de escritores y filósofos, no solo en España, sino también en todo el mundo. Su enfoque único en la exploración de la condición humana, su capacidad para cuestionar las certezas y su escrita apasionada continúan resonando con los lectores contemporáneos. Unamuno es una figura ineludible en el canon literario y filosófico de lengua española.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Unamuno ha sido objeto de innumerables interpretaciones críticas, que destacan su profunda meditación sobre la mortalidad, la búsqueda de la fe en un mundo escéptico y la angustia de la existencia. Sus "nivolas" son vistas como un espejo de sus propias inquietudes y como una invitación al lector a confrontar sus propias dudas existenciales. La dualidad entre la razón y la fe, entre el deseo de inmortalidad y la certeza de la muerte, son temas centrales que continúan generando debate y reflexión. Su crítica a la sociedad y a la religión, a menudo paradójica, invita a un análisis profundo de las contradicciones humanas.

Curiosidades y aspectos menos conocidos

Un aspecto menos conocido de Unamuno es su profunda angustia en relación con la muerte y la posibilidad de no haber vida después de ella, un tema que vivió de forma tan intensa que llegó a ser visto como un "ateo que deseaba creer". Su relación con la escritura estaba marcada por una urgencia casi febril, y se dedicaba a la creación intelectual con una pasión que a veces lo consumía. Su expulsión de la Universidad de Salamanca y el subsiguiente exilio durante la dictadura de Primo de Rivera son episodios que demuestran su coraje cívico y su negativa a silenciar sus convicciones. Era conocido por escribir en cuadernos que traía siempre consigo, anotando ideas y reflexiones que más tarde serían incorporadas en sus obras.

Muerte y memoria

Miguel de Unamuno falleció en Salamanca, el 31 de diciembre de 1936, en su casa, pocos meses después del inicio de la Guerra Civil Española. Su muerte ocurrió en un contexto de gran tensión política y social. A pesar de que su figura fue objeto de controversias durante el régimen franquista, su obra y su pensamiento nunca dejaron de ser estudiados y reconocidos como un pilar de la literatura y la filosofía española. Publicaciones póstumas y la reedición continua de sus obras garantizan su memoria y su relevancia para las nuevas generaciones de lectores y pensadores.
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