Escritas

Lista de Poemas

La Infancia Es Otra Cosa

Es fácil vaticinar que los propagandistas de la infancia no van a interrumpir su campaña
quieren vendernos la inocencia cual si fuera un desodorante o un
horóscopo
después de todo saben que caeremos como gorriones en la trampa
piando nostalgias inventando recuerdos perfeccionando la ansiedad

los geniales demagogos de la infancia
así se llamen Amicis o Proust o Lamorisse
sólo recapitulan turbadores sacrificios móviles
campanarios globos que vuelven a su nube de origen
su paraíso recobrable no es exactamente nuestro siempre perdido
paraíso
su paraíso tan seguro como dos y dos son cuatro no cabe en
nuestro mezquino walhalla
ese logaritmo que nunca está en las tablas

los impecables paleontólogos de la infancia
duchos en exumar rondas triciclos mimos y otros fósiles
tienen olfato e intuición suficientes como para desenterrar y
desplegar mitos cautivantes pavores sabrosos felicidad a cuerda

esos decisivos restauradores
con destreza profesional tapan grietas y traumas
y remiendan con zurcido invisible el desgarrón que arruinaba
nuestro compacto recuerdo de cielo

sin embargo un día habrá que entrar a saco la podrida
infancia
no el desván
allí apenas habitan los juguetes rotos los álbumes de
sellos el ferrocarril rengo o sea la piel reseca de la infancia
no las fotografías y su letargo sepia
habrá que entrar a saco la miseria

porque la infancia
además del estanque de azogada piedad
que a cualquier precio adquieren los ávidos turistas del regreso
además de la espiga y la arañita
y el piano de Mompou
además del alegre asombro que dicen hubo
además de la amistad con el perro del vecino
del juego con las trenzas que hacen juego
además de todo eso
tan radiante tan modestamente fabuloso
y sin embargo tan cruelmente olvidado
la infancia es otra cosa

por ejemplo la oprobiosa galería de rostros
encendidos de entusiasmo puericultor y algunas veces de crueldad dulzona
y es (también la infancia tiene su otoño) la caída
de las primeras máscaras
la vertiginosa temporada que va de la inauguración del
pánico a la vergüenza de la masturbación inicial
rudimentaria
la gallina asesinada por los garfios de la misma buena parienta que nos
arropa al comienzo de la noche
la palabra cáncer y la noción de que no hay
exorcismo que valga
la rebelión de la epidermis las estupefacciones convertidas
en lamparones de diversos diseños y medidas
la noche como la gran cortina que nadie es capaz de descorrer y que sin
embargo oculta la prestigiosa momia del porvenir

por ejemplo la recurrente pesadilla
de diez cien veinte mil encapuchados
cuyo silencio a coro repetirá un longplay treinta años
más tarde con el alevoso fascinante murmullo de los lamas del
Tibet en sus cantos de muerte
pero que por entonces es sólo una interminable fila de
encapuchados balanceándose saliéndose del sueño
golpeando en el empañado vidrio de la cocina
proponiendo el terror y sus múltiples sobornos anexos

la otra infancia es qué duda cabe el insomnio con los ardides de
su infierno acústico
uno dejándose llevar despojado de sábanas mosquitero
camisón y pellejo
uno sin bronquios y sin tímpanos
dejándose llevar imaginándose llevado hacia un
lejanísismo casi inalcanzable círculo o celda o sima
donde no hay hormigas ni abuela ni quebrados ni ventana ni sopa y donde
el ruido del mundo llega sólo como un zumbido ni siquiera
insistente
es el golpe en la cara para ser más exacto en la nariz
el caliente sabor de la primera sangre tragada
y el arranque de la inquina la navidad del odio que irza el pelo
calienta las orejas aprieta los dientes gira los puños en un
molinete enloquecido mientras los demás asisten como un cerco de
horripiladas esperanzas timideces palabrotas y ojos con nauseas

es la chiquilina obligatoria distancia
la teresa rubia
de ojos alemanes y sonrisa para otros
humilladora de mis lápices de veneración de mis insignias
de ofrenda de mis estampillas de homenaje
futura pobre gorda sofocada de deudas y de hijos pero entonces tan
lejos y escarpada
y es también el amigo el único el mejor
aplastado en la calle


un día de éstos habrá que entrar a saco la podrida
infancia
habrá que entrar a saco la miseria

sólo después
con el magro botín en las manos crispadamente adultas
sólo después
ya de regreso
podrá uno permitirse el lujo la merced el pretexto
el disfrute
de hacer escala en el desván
y revisar las fotos en su letargo sepia.
👁️ 2.693

Primera Incomunión

Sólo una temporada provisoria,
tatuaje de incontables tradiciones,
oscuro mausoleo donde empieza
a existir el futuro, a hacerse piedra.

Nada aquí, nada allá. Son las palabras
del mago lejanísimo y borroso.

Sin embargo, la infancia se empecina,
comienza a levantar sus inventarios,
a echar sus amplias redes para luego.
Es una isla limpia y sobre todo
fugaz, es un venero de primicias
que se van lentamente resecando.

Queda atrás como un rápido paisaje
del que persistirán sólo unas nubes,
un biombo, dos juguetes, tres racimos,
o apenas un olor, una ceniza.
Con luces queda atrás, a la intemperie,
yacente y aplazada para nunca,
sola con su aptitud irresistible
y un pudor incorpóreo, agazapado.
Para nunca aplazada, fabulosa
infancia entre sus redes extinguida.

Por algo queda atrás. Esa entrañable
cede paso al fervor, al pasmo, al fruto,
el azar hinca el diente en otra bruma,
somos los moribundos que nacemos
a la carne, a la sangre, al entusiasmo,
nos burlamos del sol, de la penumbra,
manejamos la gloria como un lápiz
y en las vírgenes tapias dibujamos
el amor y su viejo colmo, el odio,
el grito que nos pone la vergüenza
en las manos mucho antes que en la boca.

El celaje se enciende. Somos niebla
bajo el cielo compacto, insolidario,
el asombro hace cuentas y no puede
mantenernos serenos, apacibles,
somos el invasor protagonista
que hace trizas el tiempo, que hace ruido
pueril, que hace palabras, que hace pactos,
somos tan poderosos, tan eternos,
que cerramos el puño y el verano
comienza a sollozar entre los árboles.

Mejor dicho: creemos que solloza.
El verano es un.vaho, por lo tanto
no tiene ojos ni párpados ni lágrimas,
en sus tardes de atmósfera más tenue
es calor, es calor, y en las mañanas
de aire pesado, corporal, viscoso,
es calor, es calor. Con eso basta.

De todos modos cambia a las muchachas,
las ilumina, las ondula, y luego
las respira y suspira como acordes,
las envuelve en amor, las hace carne,
les pinta brazos con venitas tenues
en colores y luz complementarios,
les abre escotes para que alguien vierta
cualquier mirada, ese poderhabiente.

La vida, qué región esplendorosa.
¿Quién escruta la muerte, quién la tienta?
A la horca con él. ¿Quién piensa en esa
imposible quietud cuando es la hora
para cada uno de morder su fruta,
de usar su espejo, de gritar su grito,
de escupir a los cielos, de ir subiendo
de dos en dos todas las escaleras?

La muerte no se apura, sin embargo,
ni se aplaca. Tampoco se impacienta.
Hay tantas muertes como negaciones.
La muerte que desgarra, la que expulsa,
la que embruja, la que arde, la que agota,
la que enluta el amor, la que excrementa,
la que siega, la que usa, la que ablanda,
la muerte de arenal, la de pantano,
la de abismo, la de agua, la de almohada.

Hay tantas muertes como teologías,
pero todas se juntan en la espera.
Esa que acecha es una muerte sola.
Escarnecida, rencorosa, hueca,
su insomnio enloquecido se desploma
sobre todos los sueños, su delirio
se parece bastante a la cordura.
Muerte esbelta y rompiente, qué increíble
sirena para el Mar de los Suicidas.

No canta, pero indica, marca, alude,
exhibe sus voraces argumentos,
sus afiches turísticos, explica
por qué es tan milagrosa su inminencia,
por qué es tan atractivo su desastre,
por qué tan confortable su vacío.

No canta, pero es como si cantara.
Su demagogia negra usa palomas,
telegramas y rezos y suspiros,
sonatas para piano, arpas de herrumbre,
vitrinas del amor momificado,
relojes de lujuria que amontonan
segundos y segundos y otras prórrogas.

No canta, pero es como si cantara,
su espanto vendaval silba en la espiga,
su pregunta repica en el silencio,
su loco desparpajo exuda un réquiem
que es prado y es follaje y es almena.

Hay que volverse sordo y mudo y ciego,
sordo de amor, de amor enmudecido,
ciego de amor. Olfato, gusto y tacto
quedan para alejar la muerte y para
hundirse en la mujer, en esa ola
que es tiempo y lengua y brazos y latido,
esa mujer descanso, mujer césped,
que es llanto y rostro y siembra y apetito,
esa mujer cosecha, mujer signo,
que es paz y aliento y cábala y jadeo.

Hay que amar con horror para salvarse,
amanecer cuando los mansos dientes
muerden, para salvarse, o por lo menos
para creerse a salvo, que es bastante.
Hay que amar sentenciado y sin urgencia,
para salvarse, para guarecerse
de esa muerte que llueve hielo o fuego.

Es el cielo común, el alba escándalo,
el goce atroz, el milagroso caos,
la piel abismo, la granada abierta,
la única unidad uniyugada,
la derrota de todas las cautelas.

Hay que amar con valor, para salvarse.
Sin luna, sin nostalgia, sin pretextos,
Hay que despilfarrar en una noche
—que puede ser mil y una— el universo,
sin augurios, sin planes, sin temblores,
sin convenios, sin votos, con olvido,
desnudos cuerpo y alma, disponibles
para ser otro y otra a ras de sueño.

Bendita noche cóncava, delicia
de encontrar un abrazo a la deriva
y entrar en ese enigma, sin astucia,
y volver por el aire al aire libre,
Hay que amar con amor, para salvarse.

Entonces vienen las contradicciones
o sea la razón. El mundo existe
con manchas, sin arar, y no hay conjuro
ni fe que lo desmienta o modifique.

El manantial se seca, el árbol cae,
la sangre fluye, el odio se hace muro,
¿Es mi hermano el verdugo? Ese asesino
y dios padrastro todopoderoso,
ese señor del vómito, ese artífice
de la hecatombe, ¿puede ser mi hermano?
Surtidor de napalm, profeta imbécil,
¿ése, mi prójimo?, ¿ése, el
semejante?
Sindico en todo caso de la muerte,
argumento Y proclama de la ruina,
poder y brazo ejecutor. Estiércol.

Por esta vez no he de mirar mis pasos
sino el contorno triste, calcinado.
Miro a mi sombra que está envejeciendo,
la sombra de los míos que envejecen.

El mundo existe. Con o sin sus manes,
con o sin su señal. Existe. Punto.

El mundo existe con mis ex iguales,
con mis amigos-enemigos, esos
que ya olvidé por qué se traicionaron.

Tiendo mi mano a veces y está sola
y está más sola cuando no la tiendo,
pienso en los compradores emboscados
y tengo duelo y tengo rabia y tengo
un reproche que empieza en mis lealtades,
en mis confianzas sin mayor motivo,
en mi invención del prójimo-mi-aliado.
Ni aun ahora me resigno a creerlo.

No todos son así, no todos ceden.
Tendré que repetírmelo a escondidas
y barajar de nuevo el almanaque.

Mi corazón acobardado sigue
inventando valor, abriendo créditos,
tirando cabos sólo a la siniestra,
aprendiendo a aprender, pobre aleluya,
y quién sabe, quién sabe si entre tanta
mentira incandescente, no queda algo
de verdad a la sombra. Y no es metáfora.

Nada aquí, nada allá. Son las palabras
del mago lejanísimo y borroso.

Pero ¿por qué creerle a pie juntillas?
¿En qué galaxia está el certificado?

Algo aquí, nada allá. ¿Es tan distinto?
Lo propongo debajo de mis párpados
y en mi boca cerrada.

¿Es tan distinto?
Ya sé, hay razones nítidas, famosas,
hay cien teorías sobre la derrota,
hay argumentos para suicidarse,

Pero ¿y si hay un resquicio?
¿Es
tan distinto,
tan necio, tan ridículo, tan torpe,
tener un espacioso sueño propio
donde el hombre se muera pero actúe
como inmortal?
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A Ras De Sueño

Señores,

basta una nube

para averiguar la

verdad
Joaquín Pasos
A RAS DE SUEÑO

Sólo una temporada provisoria,

tatuaje de incontables tradiciones,

oscuro mausoleo donde empieza

a existir el futuro, a hacerse piedra.


Nada aquí, nada allá. Son las palabras

del mago lejanísimo y borroso.


Sin embargo, la infancia se empecina,

comienza a levantar sus inventarios,

a echar sus amplias redes para luego.

Es una isla limpia y sobre todo

fugaz, es un venero de primicias

que se van lentamente resecando.


Queda atrás como un rápido paisaje

del que persistirán sólo unas nubes,

un biombo, dos juguetes, tres racimos,

o apenas un olor, una ceniza.

Con luces queda atrás, a la intemperie,

yacente y aplazada para nunca,

sola con su aptitud irresistible

y un pudor incorpóreo, agazapado.

Para nunca aplazada, fabulosa

infancia entre sus redes extinguida.


Por algo queda atrás. Esa entrañable

cede paso al fervor, al pasmo, al fruto,

el azar hinca el diente en otra bruma,

somos los moribundos que nacemos

a la carne, a la sangre, al entusiasmo,

nos burlamos del sol, de la penumbra,

manejamos la gloria como un lápiz

y en las vírgenes tapias dibujamos

el amor y su viejo colmo, el odio,

el grito que nos pone la vergüenza

en las manos mucho antes que en la boca.


El celaje se enciende. Somos niebla

bajo el cielo compacto, insolidario,

el asombro hace cuentas y no puede

mantenernos serenos, apacibles,

somos el invasor protagonista

que hace trizas el tiempo, que hace ruido

pueril, que hace palabras, que hace pactos,

somos tan poderosos, tan eternos,

que cerramos el puño y el verano

comienza a sollozar entre los árboles.


Mejor dicho: creemos que solloza.

El verano es un.vaho, por lo tanto

no tiene ojos ni párpados ni lágrimas,

en sus tardes de atmósfera más tenue

es calor, es calor, y en las mañanas

de aire pesado, corporal, viscoso,

es calor, es calor. Con eso basta.


De todos modos cambia a las muchachas,

las ilumina, las ondula, y luego

las respira y suspira como acordes,

las envuelve en amor, las hace carne,

les pinta brazos con venitas tenues

en colores y luz complementarios,

les abre escotes para que alguien vierta

cualquier mirada, ese poderhabiente.


La vida, qué región esplendorosa.

¿Quién escruta la muerte, quién la tienta?

A la horca con él. ¿Quién piensa en esa

imposible quietud cuando es la hora

para cada uno de morder su fruta,

de usar su espejo, de gritar su grito,

de escupir a los cielos, de ir subiendo

de dos en dos todas las escaleras?


La muerte no se apura, sin embargo,

ni se aplaca. Tampoco se impacienta.

Hay tantas muertes como negaciones.

La muerte que desgarra, la que expulsa,

la que embruja, la que arde, la que agota,

la que enluta el amor, la que excrementa,

la que siega, la que usa, la que ablanda,

la muerte de arenal, la de pantano,

la de abismo, la de agua, la de almohada.


Hay tantas muertes como teologías,

pero todas se juntan en la espera.

Esa que acecha es una muerte sola.

Escarnecida, rencorosa, hueca,

su insomnio enloquecido se desploma

sobre todos los sueños, su delirio

se parece bastante a la cordura.

Muerte esbelta y rompiente, qué increíble

sirena para el Mar de los Suicidas.


No canta, pero indica, marca, alude,

exhibe sus voraces argumentos,

sus afiches turísticos, explica

por qué es tan milagrosa su inminencia,

por qué es tan atractivo su desastre,

por qué tan confortable su vacío.


No canta, pero es como si cantara.

Su demagogia negra usa palomas,

telegramas y rezos y suspiros,

sonatas para piano, arpas de herrumbre,

vitrinas del amor momificado,

relojes de lujuria que amontonan

segundos y segundos y otras prórrogas.


No canta, pero es como si cantara,

su espanto vendaval silba en la espiga,

su pregunta repica en el silencio,

su loco desparpajo exuda un réquiem

que es prado y es follaje y es almena.


Hay que volverse sordo y mudo y ciego,

sordo de amor, de amor enmudecido,

ciego de amor. Olfato, gusto y tacto

quedan para alejar la muerte y para

hundirse en la mujer, en esa ola

que es tiempo y lengua y brazos y latido,

esa mujer descanso, mujer césped,

que es llanto y rostro y siembra y apetito,

esa mujer cosecha, mujer signo,

que es paz y aliento y cábala y jadeo.


Hay que amar con horror para salvarse,

amanecer cuando los mansos dientes

muerden, para salvarse, o por lo menos

para creerse a salvo, que es bastante.

Hay que amar sentenciado y sin urgencia,

para salvarse, para guarecerse

de esa muerte que llueve hielo o fuego.


Es el cielo común, el alba escándalo,

el goce atroz, el milagroso caos,

la piel abismo, la granada abierta,

la única unidad uniyugada,

la derrota de todas las cautelas.


Hay que amar con valor, para salvarse.

Sin luna, sin nostalgia, sin pretextos,

Hay que despilfarrar en una noche

—que puede ser mil y una— el universo,

sin augurios, sin planes, sin temblores,

sin convenios, sin votos, con olvido,

desnudos cuerpo y alma, disponibles

para ser otro y otra a ras de sueño.


Bendita noche cóncava, delicia

de encontrar un abrazo a la deriva

y entrar en ese enigma, sin astucia,

y volver por el aire al aire libre,

Hay que amar con amor, para salvarse.


Entonces vienen las contradicciones

o sea la razón. El mundo existe

con manchas, sin arar, y no hay conjuro

ni fe que lo desmienta o modifique.


El manantial se seca, el árbol cae,

la sangre fluye, el odio se hace muro,

¿Es mi hermano el verdugo? Ese asesino

y dios padrastro todopoderoso,

ese señor del vómito, ese artífice

de la hecatombe, ¿puede ser mi hermano?

Surtidor de napalm, profeta imbécil,

¿ése, mi prójimo?, ¿ése, el
semejante?

Sindico en todo caso de la muerte,

argumento Y proclama de la ruina,

poder y brazo ejecutor. Estiércol.


Por esta vez no he de mirar mis pasos

sino el contorno triste, calcinado.

Miro a mi sombra que está envejeciendo,

la sombra de los míos que envejecen.


El mundo existe. Con o sin sus manes,

con o sin su señal. Existe. Punto.


El mundo existe con mis ex iguales,

con mis amigos-enemigos, esos

que ya olvidé por qué se traicionaron.


Tiendo mi mano a veces y está sola

y está más sola cuando no la tiendo,

pienso en los compradores emboscados

y tengo duelo y tengo rabia y tengo

un reproche que empieza en mis lealtades,

en mis confianzas sin mayor motivo,

en mi invención del prójimo-mi-aliado.

Ni aun ahora me resigno a creerlo.


No todos son así, no todos ceden.

Tendré que repetírmelo a escondidas

y barajar de nuevo el almanaque.


Mi corazón acobardado sigue

inventando valor, abriendo créditos,

tirando cabos sólo a la siniestra,

aprendiendo a aprender, pobre aleluya,

y quién sabe, quién sabe si entre tanta

mentira incandescente, no queda algo

de verdad a la sombra. Y no es metáfora.


Nada aquí, nada allá. Son las palabras

del mago lejanísimo y borroso.


Pero ¿por qué creerle a pie juntillas?

¿En qué galaxia está el certificado?


Algo aquí, nada allá. ¿Es tan distinto?

Lo propongo debajo de mis párpados

y en mi boca cerrada.


¿Es tan distinto?

Ya sé, hay razones nítidas, famosas,

hay cien teorías sobre la derrota,

hay argumentos para suicidarse,


Pero ¿y si hay un resquicio?

¿Es
tan distinto,

tan necio, tan ridículo, tan torpe,

tener un espacioso sueño propio

donde el hombre se muera pero actúe

como inmortal?

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Intimidad

Soñamos juntos
juntos despertamos

el tiempo
mientras tanto
hace o deshace

no le importan
tu sueño
ni mi sueño

somos dóciles
torpes
destructibles
pensamos que no cae
esa gaviota

que hay más allá del fin
hay otra orilla
que la batalla es nuestra
o de ninguno

vivimos juntos
juntos
nos destruimos

pero la destrucción es una broma
un detalle
una ráfaga
un instante
un abrir y cerrarse
de ojos ciegos

ah nuestra intimidad
es tan inmensa
que la muerte la esconde
en su vacío.
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Contra Los Puentes Levadizos

Pero ¿cómo sería tu amor

sin tus rencores?
Pablo Armando Fernández
hurrah! por fin ninguno

es inocente
Juan Gelman


CONTRA LOS PUENTES LEVADIZOS
1

Nos han contado a todos

cómo eran los crepúsculos

de hace noventa o novecientos años


cómo al primer disparo los arrepentimientos

echaban a volar como palomas

cómo hubo siempre trenzas que colgaban

un poco sucias pero siempre hermosas

cómo los odios eran antiguos y elegantes

y en su barbaridad venturosa latían

cómo nadie moría de cáncer o de asco

sino de tisis breves o de espinas de rosa


otro tiempo otra vida otra muerte otra tierra

donde los pobres héroes iban siempre a caballo

y no se apeaban ni en la estatua propia


otro ocaso otro nunca otro siempre otro modo

de quitarle a la hembra su alcachofa de ropas


otro fuego otro asombro otro esclavo otro dueño

que tenía el derecho y además del derecho

la propensión a usar sus látigos sagrados


abajo estaba el mundo

abajo los de abajo

los borrachos de hambre

los locos de miseria

los ciegos de rencores

los lisiados de espanto


comprenderán ustedes que en esas condiciones

eran imprescindibles los puentos movedizos.
2


No sé si es el momento

de decirlo

en este punto muerto

en este año desgracia


por ejemplo

decírselo a esos mansos

que no pueden

resignarse a la muerte

y se inscriben a ciegas

caracoles de miedo

en la resurrección

qué garantía


por ejemplo

a esos ásperos

no exactamente ebrios

que alguna vez gritaron

y ahora no aceptan

la otra

la imprevista

reconvención del eco


o a los espectadores

casi profesionales

esos viciosos

de la lucidez

esos inconmovibles

que se instalan

en la primera fila

así no pierden

ni un solo efecto

ni el menor indicio

ni un solo espasmo

ni el menor cadáver


o a los sonrientes lúgubres

los exiliados de lo real

los duros

metidos para siempre en su campana

de pura sílice

egoísmo insecto

ésos los sin hermanos

sin latido

los con mirada acero de desprecio

los con fulgor y labios de cuchillo


en este punto muerto

en este año desgracia

no sé si es el momento

de decirlo

con los puentes a medio descender

o a medio levantar

que no es lo mismo.
3


Puedo permanecer en mi baluarte

en ésta o en aquella soledad sin derecho

disfrutando mis últimos

racimos de silencio

puedo asomarme al tiempo

a las nubes al río

perderme en el follaje que está lejos


pero me consta y sé

nunca lo olvido

que mi destino fértil voluntario

es convertirme en ojos boca manos

para otras manos bocas y miradas


que baje el puente y que se quede bajo


que entren amor y odio y voz y gritos

que venga la tristeza con sus brazos abiertos

y la ilusión con sus zapatos nuevos

que venga el frío germinal y honesto

y el verano de angustias calcinadas

que vengan los rencores con su niebla

y los adioses con su pan de lágrimas

que venga el muerto y sobre todo el vivo

y el viejo olor de la melancolía


que baje el puente y que se quede bajo


que entren la rabia y su ademán oscuro

que entren el mal y el bien

y lo que media

entre uno y otro

o sea

la verdad ese péndulo

que entre el incendio con o sin la lluvia

y las mujeres con o sin historia

que entre el trabajo y sobre todo el ocio

ese derecho al sueño

ese arco iris


que baje el puente y que se quede bajo


que entren los perros

los hijos de perra

las comadronas los sepultureros

los ángeles si hubiera

y si no hay

que entre la luna con su niño frío


que baje el puente y que se quede bajo


que entre el que sabe lo que no sabemos

y amasa pan

o hace revoluciones

y el que no puede hacerlas

y el que cierra los ojos


en fin

para que nadie se llame a confusiones

que entre mi prójimo ese insoportable

tan fuerte y frágil

ese necesario

ése con dudas sombra rostro sangre

y vida a término

ese bienvenido


que sólo quede afuera

el encargado

de levantar el puente


a esta altura

no ha de ser un secreto

para nadie


yo estoy contra los puentes levadizos.

👁️ 719

Próximo Prójimo

En caso de vida o muerte, se debe

estar siempre con el más próximo.
Antonio Machado


Y está tu corazón

próximo prójimo

hermano a borbotones

ensimismado dócil triste exangüe

con terribles secretos en tu fondo

con tu ebria soledad acompañada


próximo

algunas veces lejanísimo prójimo

cuantos rostros me diste

me estás dando

sobreviviente atroz sobreviviente

de esta herida sin labios

de esta hiedra sin muro


qué maga

qué sin trenzas viniste

ah prójimo-muchacha la primera

a instalarte delante de mis ojos de niño

que no sabía nada

que no sabía nada

mi dialecto era verte y anunciar para siempre

entre diez compañías de soldados de plomo

mi gran amor deslumbre

mi pobre amor a cuerda


vino el amigo absorto

sin percances

y no se habló de muertes

en su cercado limbo

tan sólo se jugaba

al más allá

y el sábado

era una bruma pero sin reloj

sin llave urgente ni contradicciones

amigo nada más

amigo muerto


los padres

claro

como un gran suburbio

amor congénito en mansa barbarie

subordinado e invasor

amor ciego o miope o astigmático

aún puedo abrigarme en sus imágenes

están aquí al alcance

viejo

vieja

un poco sordos para su propia incógnita

pero siempre pendientes

de mi nueva llegada


venga maestro

no lo olvido

usted me abrió los cielos

colonizó mi alma

con el meñique se alisó la barba

y miró el mundo

(yo estaba en el mundo)

con un desprecio cruel

no le perdono

SU vocación de estafa

ni aun ahora

que está bien muertecito

dios mediante


prójimo

hermano literal

quién sabe

dónde quedó el momento en que jugamos

lanzando al aire nuestros ocho años

de diferencia o de encadenamiento

duermes y duermo

el sueño y el espanto

viajan de tu fatiga a mi fatiga

y viceversa vuelven a viajar

hasta que al fin también

ellos se duermen


prójimo mí enemigo

que me conoce y finge no saberme

y en su tedio descubre

ese rencor enorme y tan minúsculo

por cierto no lo envidio

cuando pronuncia vida y piensa muerte

cuando repite cristo y piensa judas

a esta altura tal vez ya esté oxidado

su resentido embuste didascálico

quizá contemporice y diga ciencia

por no decir conciencia


estás en el pupitre

como yo desterrado

en tanto que en el patio

llueve diagonalmente

el alemán rechina y tú divagas

hasta que la trompada

ese viejo argumento

cae sobre tu oreja que es la mía

y tu alarído estalla para siempre

y ahora la lluvia es sólo vertical


mi mujer está aquí

pero antes mucho antes

se acercó por un patio

de baldosas en rombos

y allí empecé a tomar tremendas decisiones

entonces fui a mirarla desde buenos aires

yo era su prójimo sin lugar a dudas

volví y le dije

piénsalo

pero ella dijo

no necesito pensarlo


prójimo el admirable

el cándido

el impuro

te vi una vez pero nunca me viste

no capitularé ni capitularemos

tan importante como julio verne

vas tripulando una nave una isla

un cuerpo extraño inverosímil nuevo

pero en un lustro apenas

será el cuerpo de todos

ojalá y cotidiano


prójimo en que me amparo

tu compacta amistad

tu vida un tanto mustia

tu faro de confianzas

tus vísperas de solo

son para mí el contorno imprescindible

prójimo-muro gris acribillado

prójimo-pasamano en que me apoyo

cuando desciendo la escalera y temo

que algún peldaño pueda estar podrido


rostro herido heridor

ojos que lo supieron

aduana de la dulce simetría

olvidada presencia inolvidable

estás en algún sitio

en algún tríptico de resignaciones

yo pienso en ti cuando la noche clava

para siempre qué suerte para siempre

otra lanza-nostalgia

en mi costado

y está curazón

próximo prójimo

no te avergüences de su llanto.


la cabeza hace trizas el pasado

fríamente coloca sus razones invictas

divide en lotes la melancolía

negocia cautamente tus acciones en alza

desorganiza para siempre tu magia

te despoja del cándido futuro

amuebla los infiernos que te esperan

después del provisorio desamparo

te hace lúcido y hueco

cruel y lúcido

voraz y pobre lúcido


pero también

por suerte

está tu corazón


ese embustero

ese piadoso

ese mesías.

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La Trampa

Qué trampa este crepúsculo
qué calma desplomada sobre todo
qué simulacro inútil
qué sonrojo

en paz siguen las nubes
cómo quisiera en paz
y silenciosa
el aire tiene gracia
por una vez tangible
compartida
y nadie está sediento
o por lo menos nadie tan sediento
como para matar
o destrozarse

qué trampa esa lejana
bocina
que se quiebra
como un viejo sollozo
qué mentira ese tango esa guitarra
esa clara desierta inexplicable
melancolía de las azoteas

qué trampa
qué artimaña

qué lástima
saber
que es una trampa.
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A La Izquierda Del Roble

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.

El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
como en Millán y Reyes galopan los tranvías.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños,
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.

Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanáticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico.
Ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.
No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puede ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico.
Vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.
No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube ha resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.

Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.
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Entre Estatuas (no Te Salves)

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de gracia
no te arrepientas
cuando
alguien te lo aconseje
no reserves del mundo
sólo
un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados
pesados como juicios
no te seques sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

y si
después de todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y te quedas inmóvil
y te salvas
entonces
no te quedes
conmigo.
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Bandera En Pena

Están izando mi bandera
con ceremonia y sin pudor
pobre bandera
mi bandera
está alegre como una sábana
pero triste como un adiós
ondea sólo a la derecha
y ya no sé si tiene sol
está nueva como un trofeo
pero vieja como un perdón

están arriando mi bandera
con ceremonia y sin pasión
pobre bandera
mi bandera
los autobuses se detienen
y hay un silencio que es rencor
como son pocos los que miran
por lo menos la miro yo
y hasta el clarín que la saluda
se atraganta de compasión

están llevando mi bandera
con ceremonia y sin honor
pobre bandera
mi bandera
la doblarán en ocho pliegues
la guardarán en un cajón
la cerrarán con un candado
madeinusa de lo mejor

pero si miras hacia arriba
tendrás acaso otra visión
hay un fantasma de bandera
lindo trapo de cielo y sol
y esa alma en pena
esa bandera
bandera en pena
o qué sé yo
está en jirones
tiene sangre
y no se olvida
no.
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