Escritas

Lista de Poemas

El Riesgo

Después de todo
el solo riesgo de que dios exista
es que exista en mi sueño
y allí aletee sin preguntas
dejando llagas en mi corazón

ciertamente la única
alarma de que dios exista
es que exista en mi sueño
y que yo duerma hasta que el cuerpo
aguante
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Los Candidatos

Por la avenida vienen
los candidatos

los candidatos a mosca blanca
a perengano a campeador
a talismán
a vicedéspota

los candidatos a pregonero
a rabdomante a chantapufi
a delator
a mascarón de proa

los candidatos a gran tribuno
a alabancero a estraperlista
a piel de judas
a tercer suplente

los candidatos a iracundito
a viejo verde a peor astilla
a punto muerto
a rey de bastos

por la avenida vienen
los candidatos

desde la acera
solo y deslumbrado
un candidato a candidato
avizora futuro
y se relame
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Enigmas

Todos tenemos un enigma
y como es lógico ignoramos
cuál es su clave su sigilo
rozamos los alrededores
coleccionamos los despojos
nos extraviamos en los ecos
y lo perdemos en el sueño
justo cuando iba a descifrarse

y vos también tenés el tuyo
un enigmita tan sencillo
que los postigos no lo ocultan
ni lo descartan los presagios
está en tus ojos y los cierras
está en tus manos y las quitas
está en tus pechos y los cubres
está en mi enigma y lo abandonas
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Su Amor No Era Sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando
el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no
era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella,
agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
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El Sexo De Los Ángeles

Una de las lamentables carencias de información que han padecido los
hombres y mujeres de todas las épocas se relaciona con el sexo de los
ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor
quizás signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.


Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si
bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale
decir con las adecuadas.


Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos
transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.


Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: “Semilla”, Ángela, para atizarlo, responde: “Surco”. Él dice: “Alud”, y ella tiernamente: “Abismo”.


Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.


Ángel dice: “Madero”. Y Ángela: “Caverna”.


Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe,
sigue silabeando su amor.


Él dice: “Manantial”. Y ella: “Cuenca”.


Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.


Ángel dice: “Estoque”, y Ángela, radiante: “Herida”.


Él dice: “Tañido”, y ella: “Rebato”.


Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los
cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el
amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
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El Hijo

De haber tenido un hijo
no lo habría llamado
ni mario ni orlando ni hamlet
ni hardy ni brenno
como reza mi fardo onomástico

más bien le habría
colgado un monosílabo
algo así como luis o blas o juan
o paz o luz si era mujer
de manera que uno pudiera convocarlo
con sólo respirar

de haber tenido un hijo
le habría enseñado a leer
en los libros y muros
y en los ojos veraces
y también a escribir
pero sólo en las rocas
con un buril de fuego

de modo que las lluvias
limpiaran sus palabras
defendiéndolas
de la envidia y la roña
y eso aunque nadie nunca
se arrimara a leerlas

de haber tenido un hijo
acaso no sabría qué hacer con él
salvo decirle adiós cuando se fuera
con mis heridos ojos
por la vida
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Utopías

Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías

cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza

cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea

cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada

cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo / mengana
no es algo más que lo que palpo
o que tu amor

ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos

cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro

cómo voy a creer / dijo el fulano
que la utopía ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sois mi utopía.
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La Vuelta De Mambrú

Cuando Mambrú se fue a la guerra, llevaba una almohadilla y un
tirabuzón. La almohadilla para descansar después de las
batallas y el tirabuzón para descorchar las efímeras
victorias.


También llevaba un paraguas contra venablos, aguaceros y
palabrotas; un anillo de oro para la suerte y contra los orzuelos y un
llavero con la llave de su más íntimo desván.



Como a menudo le resultaba insoportable la ausencia de la señora
de Mambrú, llevaba un ejemplar del “Cantar de los Cantares”, a
fin de sobrellevar los veranillos de San Juan, un abanico persa y otro
griego.



Llevaba una receta de sangría para sobornar al cándido
enemigo y para el caso de que este no fuera sobornable llevaba un
arcabuz y un verduguillo.


Así mismo unas botas de potro que rara vez usaba, ya que siempre
le había gustado caminar descalzo y un calidoscopio
artesanal, debido probablemente a que Marei, Edison y Lumiere no
habían nacido para inventar el cine.


Llevaba por último, un escudo de arpillera porque los de hierro
pesaban mucho y dos o tres principios fundamentales mezclados con la
capa bajo el morrión.


Nunca se supo como le fue a Mambrú en la guerra, ni cuantas
semanas o siglos se demoró en ellas. Lo cierto es que no
volvió para la Pascua ni para Navidad. Por el contrario,
transcurrieron centenares de Pascuas y Navidades sin que volviera o
enviara noticias. Ya nadie se acordaba de él ni de su perra.
Nadie cantaba ya la canción que en su tiempo era un hit.



Y sin embargo, fue en medio de esa amnesia que regresó en un
vuelo regular de Iberia, exactamente el miércoles pasado. Tan
rozagante que nadie osó atribuirle más de un siglo y
medio. Tan lozano que parecía el bisnieto de Mambrú.


Por supuesto ante retorno tan insólito hubo una conferencia de
prensa en el abarrotado salón Vip. Todos querían conocer
las novedades que traía Mambrú después de tanta
guerra. Cuántas heridas, Cuántos grilletes.
Cuántos casus belis. Cuántos pillajes y zafarranchos de
combate. Cuánto orgullo, cuántas lecciones.
Cuántos laureles, cuántas medallas y cruces y
chafalonías.


Ante el asedio de micrófonos que diecinueve hombres de
prensa blandían como cachiporras, Mambrú, oprimido pero
afable solo alcanzó a decir: —Señores no sé de
qué me están hablando. Traje una brisa con arpegios, una
paciencia que es un río, una memoria de cristal. Un
ruiseñor, dos ruiseñoras, traje una flecha de arco iris y
un túnel pródigo de ecos. Tres rayos tímidos y una
sonata para grillo y piano. Un lorito tartamudo y una canilla que no
tose. Traje un teléfono de ensueño y un aparejo para
náufragos. Traje éste traje y otro más. Y
un faro que baja los párpados, traje un limón
contra la muerte y muchas ganas de vivir.



Fue entonces que nació la calma y hubo un silencio transparente.
Un necio adujo que las pilas se hallaban húmedas de llanto y que
por eso los micrófonos estaban sordos y perplejos.


Poquito a poco aquel asedio se fue estrechando en un abrazo y
Mambrú viejo y joven y único sintió por fin que
estaba en casa.
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Digamos

Ayer fue yesterday
para buenos colonos
mas por fortuna nuestro
mañana no es tomorrow
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Preguntas Al Azar Iv

¿Cuánto me queda?
¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres?

¿le pregunto al azar
acaso porque sé
que el azar no responde?

y así y todo
el azar
¿es realmente un azar?

aún no he movido el rey
y la torre está quieta
o sea que hasta aquí
puedo enrocar mis riesgos

no instruí a mi reloj
para mañana
no hay por lo tanto garantía
de despertar a tiempo
por otra parte
sé proteger el sueño
con mis gastados párpados
de manera que puedo
arrimarme soñando
a esa espléndida nada
nada prometedora

la misma nada en que se despeñaron
mis hermanos de siempre
también los bienvenidos
que un día se malfueron
entre otros mi padre con su asfixia
y su postrer mirada
de candoroso pánico

¿qué diferencia podrá haber
ahí en tan hueco enigma
entre las vidas transparentes
y las compactas de asco
entre los tiernos pechos
de la hermosa lujuria
y los verdugos con medallas?
¿habrá acaso una sola y final
desolación?
¿cabrá algún jubileo?

en el gran agujero universal
¿se habrá acabado la noticia?
¿terminado el pronóstico?
¿borrado la memoria?
¿degollado el futuro?
la sobornable amnesia
del imposible dios
¿será infinita?

¿tal vez la única igualdad posible
entre yo mismo y la inminente
caravana de prójimos
será el no ser
el no existir?

¿nadie será ni más ni menos
inexistente que otros?
¿o por ventura o desventura
habrá tal vez un colmo
de oscura inexistencia?
¿una nada más nada
que las otras?

ante tan humillante incertidumbre
¿no sería mejor
confiar tan sólo en nuestras huellas
nuestro jadeo nuestro limo
en el amor que desentrañan
dos vértices de musgo
en los odios y mitos que inventamos
en las palabras como norias
en las palabras como sueños?

antes que el indecente
rasero igualitario
del no pensar
el no existir
no amar
no disfrutar
no padecer
¿no será preferible
la sideral distancia
que separa
lo justo de lo injusto?

francamente me asquea
la rara vecindad de mi no ser
con el canalla ahora inexistente
mi próximo no prójimo
en el amplio vacío

¿cuánto me queda?
¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres?

¿y qué es después de todo
eso que espera?

¿la noche interminable?
¿un sol sin atenuantes ni crepúsculos?
¿la calima tediosa?
¿la noche? ¿alguna noche?
¿la noche como muro?

lo cierto es que no tengo
con respecto a esa noche sin murciélagos
ninguna expectativa o esperanza

¿o será que la muerte
no es realmente mi noche predilecta?

le pregunto al azar
al mudo
sordo
ciego

le pregunto al azar
le pregunto al azar
desalentadamente
le pregunto al azar
que no responde

¿estará mudo sordo ciego?

¿o
para nuestro escarnio
habrá muerto
el azar?
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