Lista de Poemas

Fantasía De Puck - Alma

FANTASÍA DE PUCK

A Silvio Rebello

El hada pequeñita

de las piedras preciosas

que vive en un coral

busca al gnomo que habita

la corteza rugosa

de un antiguo nogal.

Y, juntos, de la mano

para hacer travesuras,

aquella noche van,

como hermana y hermano,

por las sendas oscuras

de la selva ideal...

Detrás va su cortejo

de dudas y sospechas...

Y una marcha triunfal

saluda al crimen, viejo

que ruge y canta endechas

con su voz de puñal.

Van los presentimientos

junto a las intenciones...

Con los recuerdos van

los malos pensamientos,

las locas tentaciones

ahogadas al brotar.

Todo lo que hay de sueños

de otra vida perdido;

lo que pasó o vendrá.

Vagas curvas de ensueños:

lo que casi no ha sido...,

lo que tal vez será...

Va, callado, cruzando

el cortejo discreto

por la selva ideal...

¡Viene el día temblando...;

va a romper el secreto

la aurora al despuntar!...

Mas sólo vio, al mostrarse,

una burbuja sobre

las olas del mar...

Y una cara borrarse

en la corteza pobre

del antiguo nogal.

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El Jardín Negro - Alma

Es noche. La inmensa
palabra es silencio...
Hay entre los árboles
un grave misterio...
El sonido duerme,
el color se ha muerto.
La fuente está loca,
y mudo está el eco.

¿Te acuerdas?... En vano
quisimos saberlo...
¡Qué raro! ¡Qué oscuro!
¡Aún crispa mis nervios,
pasando ahora mismo
tan sólo el recuerdo,
como si rozado
me hubiera un momento
el ala peluda
de horrible murciélago!...
Ven, ¡mi amada! Inclina
tu frente en mi pecho;
cerremos los ojos;
no oigamos, callemos...
¡Como dos chiquillos
que tiemblan de miedo!

La luna aparece,
las nubes rompiendo...
La luna y la estatua
se dan un gran beso.
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Gerineldos, El Paje - Alma

Del color del lirio tiene Gerineldos
dos grandes ojeras;
del color del lirio, que dicen locuras
de amor de la reina.

Al llegar la tarde,
pobre pajecillo,
con labios de rosa,
con ojos de idilio;
al llegar la noche,
junto a los macizos
de arrayanes, vaga,
cerca del castillo.

Cerca del castillo,
vagar vagamente
la reina le ha visto.
De sedas cubierto,
sin armas al cinto,
con alma de nardo,
con talle de lirio.
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Lirio - Alma

Casi todo alma,
vaga Gerineldos
por esos jardines
del rey, a lo lejos,
junto a los macizos
de arrayanes...


Besos
de la reina dicen
los morados cercos
de sus ojos mustios,
dos idilios muertos.
Casi todo alma,
se pierde en silencio,
por el laberinto
de arrayanes... ¡Besos!
Solo, solo, solo,
lejos, lejos, lejos...
Como una humareda,
como un pensamiento...
Como esa persona
extraña que vemos
cruzar por las calles
oscuras de un sueño.
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El Príncipe - Alma

Siete soles forman
el solio del príncipe
de los siete soles.

Su cetro de oro
es un haz de llamas
de mil arreboles.

Su rostro, que nadie
miró porque ciega,
las nubes esconden.

Su imperio, los mundos,
Él todo lo puede,
todo lo conoce...

Y en sus ojos, cuyo
mirar mata, brillan
¡todos los dolores!
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Eleusis - Alma

ELEUSIS

A Miguel Sawa

Se perdió en las vagas

selvas de un ensueño,

y sólo de espaldas

la vi desde lejos...

Como una caricia

dorada, el cabello,

tendido, sus hombros

cubría. Y, al verlo,

siguióla mi alma

y fuese muy lejos,

dejándome solo,

no sé si dormido o despierto.

Se fue hasta el castillo

del burgrave fiero,

que está en la alta roca:

los puentes cayeron

y se despertaron

los sones del hierro.

Pasamos... Mi alma,

tras ella corriendo,

dejándome solo,

no sé si dormido o despierto.

Se fue hasta las verdes

llanuras de Jonia; y el templo

cruzó de Partenes.

Del mármol eterno

dejó las regiones...

Y se fue más lejos

con mi alma, dejándome solo,

no sé si dormido o despierto.

Oro y negras piedras,

y muros inmensos,

y tumbas enormes

—sepulcro de un pueblo

que mira hacia Oriente

con sus ojos muertos—.

Siguió... Y arrastraba

mi alma más lejos,

dejándome solo,

no sé si dormido o despierto.

Siguió; entre menhires

pasamos y horrendos

despojos de fieras...

Siguió; y a lo lejos,

perdióse en las selvas

oscuras del sueño

dejándome solo,

no sé si dormido o despierto.

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Oriente - Flores - Alma

ORIENTE

FLORES

A Ramón del Valle Inclán

Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado,

la copa de oro olvida que está de néctar llena.

Y, creyente en los sueños que evoca la sirena,

toda en los ojos tiene su alma de soldado.

La reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores,

en la copa de Antonio las deja dulcemente...

Y prosigue su cuento de batallas y amores,

aprendido en las magas tradiciones de Oriente...

Detiénese... Y Antonio ve su copa olvidada...

Mas pone ella la mano sobre el borde de oro,

y, sonriendo, lenta hacia sí la retira...

Después, siempre a los ojos del guerrero asomada,

sella sus gruesos labios con un beso sonoro...

Y da la copa a un siervo, que la bebe y expira...

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La Corte - Alma

LA CORTE

A Jean Moreas

El conde, orgullo y gloria, las damas galantea

y a los nobles zahiere —madrigal y epigrama—,

cuando un paje, de lejos y por señas, le llama.

No lleva el paje escudo ni señorial librea.

«Venid —le dice quedo—; seguidme... ¡a donde sea!

Sólo deciros puedo que es hermosa la dama...

Mas a oscuras el sitio está donde se os llama,

y aún quiere que el camino desconocido os sea».

Duda un momento el conde, y recela, no en vano,

que siniestra emboscada aceche sus arrojos...

Mas, aferrando al cinto los dorados puñales,

al paje, que sonríe resuelto da la mano...

Y el pajecillo rubio pone sobre sus ojos

un pañuelo bordado con las armas reales.

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Oliveretto De Fermo Del Tiempo De Los Médicis - Alma

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