Manuel Altolaguirre

Manuel Altolaguirre

1905–1959 · vivió 54 años -- --

Manuel Altolaguirre fue un poeta español, vinculado al movimiento de la Generación del 27. Su obra se caracteriza por una lírica íntima y reflexiva, a menudo teñida de melancolía y de una profunda conexión con el paisaje andaluz. Exploró temas como el amor, el paso del tiempo y la fugacidad de la existencia, empleando un lenguaje depurado y musical. Su labor como editor y gestor cultural también fue relevante, contribuyendo a la difusión de la poesía de su tiempo.

n. 1905-06-29, Málaga · m. 1959-07-26, Burgos

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Playa - Las Islas Invitadas

PLAYA

A Federico García Lorca


Las barcas de dos en dos,

como sandalias del viento

puestas a secar al sol.


Yo y mi sombra, ángulo recto.

Yo y mi sombra, libro abierto.


Sobre la arena tendido

como despojo del mar

se encuentra un niño dormido.


Yo y mi sombra, ángulo recto.

Yo y mi sombra, libro abierto.


Y más allá, pescadores

tirando de las maromas

amarillas y salobres.


Yo y mi sombra, ángulo recto.

Yo y mi sombra, libro abierto.

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Poemas

15

Playa - Las Islas Invitadas

PLAYA

A Federico García Lorca


Las barcas de dos en dos,

como sandalias del viento

puestas a secar al sol.


Yo y mi sombra, ángulo recto.

Yo y mi sombra, libro abierto.


Sobre la arena tendido

como despojo del mar

se encuentra un niño dormido.


Yo y mi sombra, ángulo recto.

Yo y mi sombra, libro abierto.


Y más allá, pescadores

tirando de las maromas

amarillas y salobres.


Yo y mi sombra, ángulo recto.

Yo y mi sombra, libro abierto.

2.083

Como un ala negra, de Ejemplos

Como un ala negra de aire
desprendida de hombro alto,
cuerpo de un muerto reflejo
en duras tierras ahogado,
la sombra quieta, tendida,
flota sobre el liso campo.

La nube, sombra en el viento
de la sombra, flor sin tallo,
de la amplia campana azul
adormecido badajo,
techo azul y suelo verde
tiene en la tarde de mayo.

Como una rama de almendro
el horizonte nublado.

La sombra quieta, tendida,
flota sobre el liso campo,
cuerpo de un muerto reflejo
en duras tierras ahogado.
807

Estoy perdido, de La lenta libertad

Profeta de mis fines no dudaba
del mundo que pintó mi fantasía
en los grandes desiertos invisibles.

Reconcentrado y penetrante, solo,
mudo, predestinado, esclarecido,
mi aislamiento profundo, mi hondo centro,
mi sueño errante y soledad hundida,
se dilataban por lo inexistente,
hasta que vacilé cuando la duda
oscureció por dentro mi ceguera.

Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo,
entre las dos tinieblas, definía
una ignorada juventud ardiente.
Encuéntrame en la noche. Estoy perdido.
1.380

Beso

¡Qué sola estabas por dentro!

Cuando me asomé a tus labios
un rojo túnel de sangre,
oscuro y triste, se hundía
hasta el final de tu alma.

Cuando penetró mi beso,
su calor y su luz daban
temblores y sobresaltos
a tu carne sorprendida.

Desde entonces los caminos
que conducen a tu alma
no quieres que estén desiertos.

¡Cuántas flechas, peces, pájaros,
cuántas caricias y besos!
932

Miradas

Ojos de puente los míos
por donde pasan las aguas
que van a dar al olvido.
Sobre mi frente de acero
mirando por las barandas
caminan mis pensamientos.

Mi nuca negra es el mar,
donde se pierden los ríos,
y mis sueños son las nubes
por y para las que vivo.

Ojos de puente los míos
por donde pasan las aguas
que van a dar al olvido.
854

La Voz Cruel

LA VOZ CRUEL

A Octavio Paz


Alzan la voz cruel

quienes no vieron el paisaje,

los que empujaron por el declive pedregoso

la carne ajena,

quienes debieron ser almas de todos

y se arrancaban de ellos mismos

cuerpos parásitos

para despeñarlos.

Mil muertos de sus vidas brotaban,

mil muertos solitarios

que miraban desde el suelo,

durante el último viaje,

la colosal estatua a la injusticia.

No eran muertos,

eran oprimidos,

seres aplastados,

ramas cortadas de un amante o de un padre,

seres conducidos por un deseo imposible,

topos de vicio

que no hallarán la luz

por sus turbias y blandas galerías.

Alzan la voz cruel

quienes no vieron el paisaje,

los que triunfaron

por la paz interior de sus mentiras.

¡Oh mundo desigual!

Mis ojos lloren

el dolor, la maldad:

la verdad humana.

924

Para Alcanzar La Luz

Dicen que soy un ángel
y, peldaño a peldaño,
para alcanzar la luz
tengo que usar las piernas.

Cansado de subir, a veces ruedo
(tal vez serán los pliegues de mi túnica),
pero un ángel rodando no es un ángel
si no tiene el honor de llegar al abismo.

Y lo que yo encontré en mi mayor caída
era blando, brillante;
recuerdo su perfume,
su malsano deleite.

Desperté y ahora quiero
encontrar la escalera,
para subir sin alas
poco a poco a mi muerte.
850

Fin De Un Amor

No sé si es que cumplió ya su destino,
si alcanzó perfección o si acabado
este amor a su límite ha llegado
sin dar un paso más en su camino.

Aún le miro subir, de donde vino,
a la alta cumbre donde ha terminado
su penosa ascensión. Tal ha quedado
estático un amor tan peregrino.

No me resigno a dar la despedida
a tan altivo y firme sentimiento
que tanto impulso y luz diera a mi vida.

No es culminación lo que lamento.
Su culminar no causa la partida,
la causará, tal vez, su acabamiento.
902

Las Caricias

¡Qué música del tacto
las caricias contigo!
¡Qué acordes tan profundos!
¡Qué escalas de ternuras,
de durezas, de goces!
Nuestro amor silencioso
y oscuro nos eleva
a las eternas noches
que separan altísimas
los astros más distantes.
¡Qué música del tacto
las caricias contigo!
905

Por Dentro

Mis ojos grandes, pegados
al aire, son los del cielo.
Miran profundos, me miran
me están mirando por dentro.

Yo pensativo, sin ojos,
con los párpados abiertos,
tanto dolor disimulo
como desgracias enseño.

El aire me está mirando
y llora en mi oscuro cuerpo;
su llanto se entierra en carne,
va por mi sangre y mis huesos,
se hace barro y raíces busca
con las que brotar del suelo.

Mis ojos grandes, pegados
al aire, son los del cielo.
En la memoria del aire
estarán mis sufrimientos.
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