Lista de Poemas
Al Marqués De Ayamonte Que, Pasando Por Córdoba, Le Mostró Un Retrato De La Mar
Por vuestra sangre y vuestro entendimiento,
Claro dos veces otras, y otras ciento
Por la luz, de que no me sois avaro,
De los dos soles que el pincel más raro
Dio de su luminoso firmamento
A vuestro seno ilustre (atrevimiento
Que aun en cenizas no saliera caro);
¿Qué águila, señor, dichosamente
La región penetró de su hermosura
Por copiaros los rayos de su frente?
Cebado vos los ojos de pintura,
En noche camináis, noche luciente,
Que mal será con dos soles obscura.
Al Marqués De Ayamonte, Partiendo De Su Casa Para Madrid
Las altas cumbres, con rigor armadas
De calvos riscos, de hayas levantadas,
Cunas inaccesibles de milanos,
Y el río que a piratas africanos
Espadañas opone en vez de espadas,
Testigos son las torres coronadas
De Lepe, cuando no lo sean los llanos.
Pisado el yugo al Tajo y sus espumas,
Que salpicando os dorarán la espuela,
El nido venerad humildemente
Del Fénix hoy que reinos son sus plumas.
¿Qué mucho si el Oriente es, cuando vuela,
Una ala suya, y otra el Occidente?
A La Embarcación En Que Se Entendió Pasaran A Nueva España Los Marqueses De Aya
Que visten hojas de inquieto lino;
Puente inestable y prolija, que vecino
El Occidente haces apartado:
Mañana ilustrará tu seno alado
Soberana beldad, valor divino,
No ya el de la manzana de oro fino
Griego premio, hermoso, mas robado.
Consorte es generosa del prudente
Moderador del freno mexicano.
Lisonjeen el mar vientos segundos;
Que en su tiempo (cerrado el templo a Jano,
Coronada la paz) verá la gente
Multiplicarse imperios, nacer mundos.
De Don Rodrigo Sarmiento, Conde De Salinas
O ya por fuerte o ya por generoso,
Que a dos Sarmientos, cada cual glorioso,
Obedeció mejor que al bastón grave,
Real cachorro y pámpano suave
En este infante en tierna edad dichoso;
Cupido con dos soles, que hermoso
De ángel tiene lo que el otro de ave.
La alta esperanza en él se vea lograda
Del claro padre y de la antigua casa
Que a España le da héroes, si no leyes,
Tal, que do el Norte yela al mar su espada
Temida, y donde el Sol la arena abrasa,
Triunfador siempre, coma con sus reyes.
¿vos Sois Valladolid? ¿vos Sois El Valle
De olor? ¡Oh fragrantísima ironía!
A rosa oléis, y sois de Alejandría,
Que pide al cuerpo más que puede dalle.
Serenísimas damas de buen talle,
No os andéis cocheando todo el día,
Que en dos mulas mejores que la mía
Se pasea el estiércol por la calle.
Los que en esquinas vuestros corazones
Asáis por quien, alguna noche clara,
Os vertió el pebre y os mechó sin clavos,
¿Pasáis por tal que sirvan los balcones,
Los días a los ojos de la cara,
Las noches a los ojos de los rabos?
¡oh Qué Malquisto Con Esgueva Quedo,
Con su agua turbia y con su verde puente!
Miedo le tengo: hallará la gente
En mis calzas los títulos del miedo.
¿Quiere ser río? Yo se lo concedo;
Corra, que necesaria es su corriente,
Con orden y ruido, el que consiente
Antonio en su reglilla de ordo pedo.
Camine ya con estos pliegos míos
Peón particular, quitado el parte,
Y ejecute en mis versos sus enojos;
Que le confesaré de cualquier arte
Que, como el más notable de los ríos,
Tiene llenos los márgenes de ojos.
Jura Pisuerga A Fe De Caballero
Que de vergüenza corre colorado
Sólo en ver que de Esgueva acompañado
Ha de entrar a besar la mano a Duero.
Es sucio Esgueva para compañero
(Culpa de la mujer de algún privado),
Y perezoso para dalle el lado,
Y así ha corrido siempre muy trasero.
Llegados a la puente de Simancas,
Teme Pisuerga, que una estrecha puente
Temella puede el mar sin cobardía.
No se le da a Esguevilla cuatro blancas;
Mas ¿qué mucho, si pasa su corriente
Por más estrechos ojos cada día?
A Una Dama Que Conoció Niña Y Después Vio Mujer Muy Hermosa
Prendió mi libertad, ¿qué hará ahora,
Que en tus ojos, dulcísima señora,
Armado vuela, ya que no vestido?
Entre las vïoletas fui herido
Del áspid que hoy entre los lilios mora;
Igual fuerza tenías siendo aurora,
Que ya como sol tienes bien nacido.
Saludaré tu luz con voz doliente,
Cual tierno ruiseñor en prisión dura
Despide quejas, pero dulcemente.
Diré como de rayos vi tu frente
Coronada, y que hace tu hermosura
Cantar las aves, y llorar la gente.
De Los Señores Reyes Don Felipe Iii Y Doña Margarita, En Una Montería
Al español Adonis vio la Aurora
Al tronco de una encina vividora
Las prodigiosas armas de un venado.
Conducida llegó a pisar el prado,
Del blanco cisne que en las aguas mora,
Su venus alemana, y fue a tal hora,
Que en sus brazos depuso su cuidado.
«Este trofeo dijo a tu infinita
Beldad consagro»; y la lisonja creo
Que en ambos labios se la dejó escrita.
Silbó el aire y la voz de algún deseo,
«¡Viva Filipo, viva Margarita,
Dijo los años de tan gran trofeo!»
Para Lo Mismo
Del Cielo, con razón, pues nascí en ella;
Ceñí de un Duque excelso, aunque flor bella,
De rayos más que flores frente dina.
Lo caduco esta urna peregrina,
Oh peregrino, con majestad sella;
Lo fragrante, entre una y otra estrella,
Vista no fabulosa determina.
Estrellas son de la guirnalda griega
Lisonjas luminosas, de la mía
Señas oscuras, pues ya el Sol corona.
La suavidad que expira el mármol (llega)
Del muerto lilio es; que aun no perdona
El santo olor a la ceniza fría.
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