Lista de Poemas

Luis Cernuda

En Madrid, donde me dieron la noticia de tu muerte,
en Sevilla, años después, en una extraña primavera,
en Londres, repitiendo tantas veces
el sonido de tu voz, el roce de tu mano.
En New York, mirando caer la nieve
—junto a aquel cuerpo que tanto quise—,
y en México, bajo la lluvia, frente a la piedra rajada,
que nada guarda sino tu nombre y la ceniza de un recuerdo,
has estado conmigo, fantasma de un fantasma.
Y esta tarde de Roma —en la casa en que muriera Keats—,
bajo la luz transparente de principios de otoño,
he vuelto a sentir, casi un temblor, tu presencia,
la terca pasión de tu memoria,
algo remoto y familiar como tu fotografía.
Que esa presencia, esa memoria me acompañen
hasta el día en que sean reflejo fiel,
testimonio inútil de un sueño derrotado
y una mano cierre mis ojos para siempre.
390

El Hombre Invisible

Se mira en el espejo que ya no le refleja,
todo, menos él, aparece en la fría superficie,
la habitación, muebles y cuadros, la variable luz del día.
Así aprende, con terror silencioso, a verse,
no en los gestos teatrales —aún rasgos humanos— de la muerte,
sino en los días de después, en el vacío de la nada.
Inútil cerrar los ojos, estúpido romper el terco espejo,
buscar otro más fiel o más amable.
Es él sólo, el hombre invisible, el que desaparece,
es sólo él, una huella borrada,
que no contempla a nadie, porque es nadie,
la nada en el cristal indiferente de la vida.
417

Autobiografía

Una casa vacía, otra derrumbada,
un niño muerto al que le cuentan cuentos,
despedidos fantasmas que se desvanecen,
ceniza y hueso, piedras derrotadas.
Cuartos alquilados, repetidos espacios fugaces,
las huellas de los cuerpos en las sábanas,
una pesada resaca sin destino,
voces que nadie escucha, imágenes de sueños.
Innecesarias páginas, gaviotas en la ventana,
mar o desierto, blancos despojos,
signos y rostros en la pared de la memoria.
Sucias pupilas de sol en México, tercos
los ojos redondos de la calavera
contemplan pasado, presente, futuro,
sombras tenaces, metáforas gastadas.
Miro sin ver lo que ya he visto,
humo disforme que se esfuma,
invisible mortaja bajo nubes fugaces.
Humo en la noche y la nada instantánea.
446

El Poeta Y La Muerte

Si como afirma Borges todos los hombres
son el mismo hombre, aurora y agonía,
y poco importan sus nombres y sus rasgos,
yo quisiera —olvidando la anécdota banal de mi destino—
buscar en otro rostro a ese único hombre,
otra sombra, otro sueño mejor, igualmente perdido.

Un caballero dispone sus armas,
sus escuderos ajustan la armadura,
se coloca el yelmo, sujeta con firmeza el escudo,
la luz de la mañana es un reflejo metálico del sol,
el tiempo se ha detenido en las gualdrapas del caballo.
Todo esto ocurre en 1479 y aún sigue ocurriendo
frente a las almenas del castillo de Garci-Muñoz.

El caballero blande su espada
en defensa de su lealtad y de su reina,
aún no sabe que su destino termina allí,
en el campo de Calatrava, que no verá otro día.
Entre rasgar de flechas y cascos de caballos,
oliendo a tierra seca y sangre sucia,
quizá recuerde el nombre de Guiomar de Castañeda
y piense, con justicia o con odio, en su enemigo,
el marqués de Villena que le aguarda.
Estruendo de hierro, crujido de huesos, carne desgarrada,
las huestes innumerables, pendones y estandartes y banderas,
los castillos impunables, los muros, baluartes y barreras.

Ha caído la noche sobre el campo arrasado,
la mano que sujetó una lanza, una pluma, un cuerpo de mujer,
está quieta, su mundo se ha borrado,
mientras se escuchan maldiciones y lamentos.
Ahora la muerte le atierra y le deshace.
Si todos los hombres somos el mismo,
elijo, pues es igual uno que otro,
aquel rostro en un campo de batalla,
la máscara del último rictus de su agonía,
el eco de sus palabras que aún se escucha,
un reflejo más digno de la tierra y la nada.
378

Constantinopla Año 1453

Olor acre de axilas depiladas, de pefume pasado de
rosas, de estiércol pisoteado de caballos.


Sé, me lo han contado, que las murallas de la
ciudad ya no pueden resistir al infiel. Todas las defensas han
fracasado.


El pobre emperador, nuestro bien amado Constantino
XI, intenta inútilmente salvar la ciudad de su nombre, pactar
con el enemigo, firmar desesperados tratados de paz. Pero todo, lo
sé, es completamente inútil.


Escucho griterío de mujeres, carreras
enloquecidas, golpes de puertas, aullidos de la soldadesca, mandobles y
agonías, eructos de borrachos.


Aún podría escapar, ocultarme en el
húmedo sótano disimulado, como aquella otra vez. Pero
ahora todo está perdido. Sé bien que esto es el fin.


Salgo a la calle, maldiciones, estruendo, sollozos,
humo pestilente.


En la hoja, con gotas de sangre, de un alfanje
afilado, miro, tercamente, por última vez, el rostro de este
pobre pecador abandonado.

397

Recuerdo En Fin De Año Para Joan Vinyoli

Querido Vinyoli, en esta tarde
de violenta tramontana, oscuro azul de mar,
miro las Islas Medas, remolinos de gaviotas,
alada espuma sobre la espuma blanca,
y me llega, imagen persistente, su recuerdo,
en el día final del año de su muerte.
Golpe y crujido de árboles y viento,
terca madera, ramas furiosas,
frío que corta tras el cristal cerrado
y la pesada sombra de la noche que viene.
De pronto, salvado, un último rayo de sol
ilumina, entre nubes, rocas salvajes,
levantadas olas, gaviotas en su vuelo,
luz venciendo a la noche
en un dorado fugitivo.
A sus palabras, a las que oí y a las que leo,
a su recuerdo, asocio esta imagen sin tiempo de la vida.
301

Alberto Giacometti

Avanzan solos gris andrajo de nubes
gris pesadilla bronce herido llamaradas grises
terco pedernal de fantasmas
tierra terracota mineral
insomnes avanzan furor helado
bronce herrumbre ira petrificada
cuerpos sombras sombras cuerpos
ballet de muerte astillas de sueños
avanzan solitarios remotos
ciegos árboles andando atraviesan
puertas piedras palabras
plata roñosa paredes de espejos
lágrimas sin ojos avanzan
reclaman mendigan sueñan
otro infierno distinto
otro infierno
otro.
401

A La Mañana Siguiente Cesare Pavese No Pidió El Desayuno

Sólo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
—por vez primera había afirmado su existencia—,
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después —una extraña sonrisa dibujaba sus labios—
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.
340

Pierre Drieu La Rochelle Divaga Frente A Su Muerte

Al final pienso que tenía razón
—todo el absurdo tinglado del poder,
el cuchillo implacable de la inteligencia,
las sórdidas, políticas palabras,
los arañados proyectos imposibles—,
sí, tenía razón ese día. Me acuerdo bien
cuando pensé, echado junto a ella,
que lo único real era una buena puta,
una piel cálida, unos labios silenciosos, unas manos
expertas,
en aquel burdel cerca Neuilly, al amanecer.
Por eso, porque creo que tenía razón, soy más culpable
—libros, declaraciones, ideas, lealtades,
el secreto de todo, el revés de la nada—,
cuánto tiempo perdido para llegar a esto,
para recordar, ya sin solución, sus largos muslos,
el sabor espeso de su boca, los rosados pezones.
Llegaba una luz gris sobre la cama,
sobre su culo memorable, inmóvil,
sí, tenía razón, aquella puta
cuyo nombre nunca supe o tal vez he olvidado,
el humo de un cigarrillo, eso es todo, yo tenía razón,
y si no la tenía, ¿qué importa ahora?
288

Un Año Después De Ya No Verte

Olor de solitario y soledad, cama deshecha,
cegados ceniceros en esta tarde de domingo,
helado soplo de noviembre en el cristal
y un vaso medio lleno de cansancio.
Te escribo por hacer algo más inútil aún
que pensar en silencio o imaginar tu voz,
o escuchar una música herida de recuerdos
o pedir al teléfono un absurdo milagro.
“Éste es el corrido del caballo blanco
que en un día domingo feliz arrancara”.
Éste es el corrido, pero nadie canta,
y un muerto con mi nombre, vestido con mis trajes,
me saluda y observa por los cuartos vacíos,
me mira en la distancia como si fuera un niño
y acaricia en sus dedos un rastro de ternura.
Sobre su frente inmóvil va cayendo tu nombre
y humedece sus labios una lluvia perdida.
Olor de soledad y humo de aniversario
mientras busco, dolorosamente trato de recordar
tus ojos insomnes con su vaho de mendigo,
devorando su luz, ahogando su locura.
Tus dos ojos como picos de presa que se clavan
y rasgan y desgarran la piel de nuestro amor.
Soplo de embriagado recuerdo, agria melancolía,
rescoldo que tu lengua aún enciende
en estas horas de strip-tease solitario
en que celebro en tu derrota todas las derrotas.
Un año después y tu pelo, tu largo pelo
ardiendo desbocado entre mis manos,
clavado para siempre en esta almohada,
recorriendo esta casa, sus rincones y puertas
como un viento insaciable que buscase su fin.
Un año después de ya no verte,
definitivamente talando en tu memoria,
qué real sigues siendo, qué difícil herirte.
La sosegada certidumbre de esta mesa en que escribo
puede tener la pasión estremecida de tu piel
y la ropa que el sillón desordena
puede ahora ocultar el temblor de tus pechos.
Sobre tu seco abierto y tus muslos de arena,
sobre tus manos ciegas que persiguen la noche,
qué triste es el cuchillo, qué aciaga la hoja.
Un muerto con mi nombre y mis uñas mordidas,
un cadáver grotesco, me dicta estas palabras,
me señala en los cuadros, en la pared manchada,
el destino de hoy, de este día cualquiera,
al borde de mi vida, al borde del invierno,
al borde de otro año que empieza con tu ausencia,
al borde de mis ojos y tu voz que ahora escucho.
Un año después de ya no verte,
mientras te escribo, odiando hasta la tinta,
en esta tarde de noviembre, olor de solitario y soledad,
helado soplo en el cristal vacío. Un muerto.
325

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Identificación y contexto básico

Juan Luis Panero de Chávarri fue un poeta español. Nacido en Madrid, se le asocia principalmente con la Generación de los 50 o "poesía de la experiencia", un movimiento que buscaba un lenguaje más cercano a la realidad cotidiana y a las preocupaciones vitales del ser humano, alejándose del lirismo más abstracto de generaciones anteriores. Su obra se desarrolla principalmente en español.

Infancia y formación

Nacido en una familia de la burguesía madrileña, la infancia de Panero estuvo marcada por una educación esmerada. Estudió en colegios religiosos y posteriormente cursó estudios universitarios. Sin embargo, su verdadera formación literaria la adquirió a través de la lectura y su inmersión en los círculos literarios de la época. La influencia de poetas como Blas de Otero y Gabriel Celaya, representantes de la "poesía social", y posteriormente de los poetas de la "Generación del 50" como Jaime Gil de Biedma, fue crucial.

Trayectoria literaria

Panero comenzó a escribir poesía en su juventud, publicando sus primeros versos en revistas literarias y antologías. Su trayectoria se puede dividir en varias etapas, marcadas por una evolución en su estilo y temática. Se dio a conocer con "Un joven de 45 años" (1964), poemario que ya mostraba las características de su obra. A lo largo de su carrera, colaboró en diversas publicaciones y participó en encuentros literarios, aunque siempre mantuvo un perfil discreto.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Panero se centra en la exploración de la experiencia personal, la memoria y la fugacidad de la vida. Utiliza un lenguaje directo, coloquial y a menudo confesional, pero con una gran depuración formal. Temas recurrentes son el paso del tiempo, la soledad, la búsqueda de sentido, la relación con los demás y la reflexión sobre la propia existencia. Su estilo se caracteriza por la ironía sutil, la melancolía y una aparente sencillez que esconde una profunda complejidad emocional. "Un joven de 45 años" y "Galería de espectros" son algunos de sus títulos más representativos. A menudo se le asocia con la "poesía del desengaño" o la "poesía del cuerpo" por su honestidad brutal.

Contexto cultural e histórico

Perteneciente a la Generación del 50, Panero vivió la Transición española y el fin de la dictadura franquista, un contexto que influyó en la temática de la libertad y la reflexión sobre el pasado. Sus contemporáneos incluían a poetas como Jaime Gil de Biedma, Luis García Montero y Felipe Benítez Reyes, con quienes compartía un interés por la experiencia vital y el lenguaje cotidiano.

Vida personal

La vida de Panero estuvo marcada por la enfermedad y una profunda introspección. Tuvo relaciones personales significativas que a menudo se reflejan en su poesía. Su estilo de vida, a veces bohemio, y su carácter reservado, contribuyeron a un perfil público discreto pero respetado en los círculos literarios. Sus creencias y su visión del mundo se moldearon a través de sus experiencias vitales y sus lecturas.

Reconocimiento y recepción

Aunque no alcanzó una fama masiva, Juan Luis Panero gozó de un reconocimiento sólido entre la crítica literaria y sus lectores. Su obra ha sido valorada por su autenticidad, su calidad lírica y su capacidad para conectar con las inquietudes existenciales del lector. Los estudios académicos sobre la poesía española contemporánea suelen incluir su figura y su obra.

Influencias y legado

Panero recibió la influencia de poetas de la Generación del 50 y de la poesía más íntima y existencial. Su legado reside en su aportación a la "poesía de la experiencia", un estilo que influyó en autores posteriores que buscaron un equilibrio entre la forma y el contenido, y entre lo personal y lo universal. Su obra es un ejemplo de poesía reflexiva y honesta sobre la condición humana.

Interpretación y análisis crítico

Los críticos han destacado la honestidad y la profundidad psicológica de la poesía de Panero. Se ha analizado su uso del lenguaje como reflejo de una conciencia madura y desengañada, capaz de observar la vida con una mezcla de ternura y distancia. Sus poemas invitan a la reflexión sobre la memoria, la identidad y el paso inexorable del tiempo.

Infancia y formación

Panero era conocido por su carácter reservado y su aversión a la ostentación pública. A pesar de su discreción, su obra dejó una huella imborrable en quienes la leyeron, apreciando su sinceridad y su lirismo contenido.

Muerte y memoria

Juan Luis Panero falleció en Madrid. Su muerte dejó un vacío en la poesía española contemporánea, pero su obra perdura como un testimonio de la profundidad y la belleza de la experiencia humana.