Francisco Villaespesa

Francisco Villaespesa

1877–1936 · vivió 58 años -- --

Francisco Villaespesa fue un poeta español, prolífico y de gran popularidad en su época, conocido por su poesía de corte romántico y modernista, con temas centrados en el amor, la melancolía y el exotismo. Su estilo se caracteriza por la musicalidad, la riqueza sensorial y una cuidada forma métrica. Aunque su obra tuvo gran repercusión en su tiempo, su legado ha sido objeto de debate crítico posterior.

n. 1877-10-15, Láujar de Andarax · m. 1936-04-09, Madrid

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¿conoce Alguien El Amor?

¿Conoce alguien el amor?
¡El amor es un sueño sin fin!
Es como un lánguido sopor
entre las flores de un jardín...

¿Conoce alguien el amor?
Es un anhelo misterioso
que al labio hace suspirar,
torna al cobarde en valeroso
y al más valiente hace temblar;
es un perfume embriagador
que deja pálida la faz;
es la palmera de la paz
en los desiertos del dolor...

¿Conoce alguien el amor?
Es una senda florecida,
es un licor que hace olvidar
todas las glorias de la vida,
menos la gloria del amar...
Es paz en medio de la guerra.
Fundirse en uno siendo dos...
¡La única dicha que en la tierra
a los creyentes les da Dios!
Quedarse inmóvil y cerrar
los ojos para mejor ver;
y bajo un beso adormecer,
y bajo un beso despertar...
Es un fulgor que hace cegar.
¡Es como un huerto todo en flor
que nos convida a reposar!

¿Conoce alguien el amor?
¡Todos conocen el amor!
El amor es como un jardín
envenenado de dolor,
donde el dolor no tiene fin.

¡Todos conocen el amor!
Es como un áspid venenoso
que siempre sabe emponzoñar
al noble pecho generoso
donde le quieran alentar.

Al más leal traidor,
es la ceguera del abismo
y la ilusión del espejismo...
en los desiertos del dolor.

¡Todos conocen el amor!
¡Es laberinto sin salida
es una ola de pesar
que nos arroja de la vida
como los náufragos del mar!
Provocación de toda guerra,
sufrir en uno las de dos...
¡La mayor pena que en la tierra
a los creyentes les da Dios!
Es un perpetuo agonizar,
un alarido, un estertor,
que hace al más santo blasfemar...
¡Todos conocen el amor!
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Biografía

Identificación y contexto básico

Francisco Villaespesa y Romarote fue un poeta español, cuya obra se enmarca en el Romanticismo tardío y el Modernismo. Nacido en Almería, su producción literaria, escrita en español, exploró temas como el amor idealizado, el exotismo, la melancolía y la historia, gozando de una notable popularidad en su tiempo.

Infancia y formación

Nacido en una familia acomodada, Villaespesa recibió una educación esmerada que fomentó su vocación literaria. Su formación se vio influenciada por las lecturas de los grandes poetas románticos y por las nuevas corrientes estéticas que comenzaban a irrumpir en la literatura española.

Trayectoria literaria

La carrera literaria de Villaespesa se caracterizó por una gran prolificidad y una rápida consolidación de su fama. Publicó sus primeros versos en su juventud y pronto se convirtió en un poeta reconocido y celebrado. Su obra evolucionó hacia el Modernismo, sin abandonar nunca ciertos ecos románticos. Fue un colaborador asiduo de revistas y periódicos, y sus poemas fueron recogidos en numerosas antologías.

Obra, estilo y características literarias

Entre sus obras más representativas se encuentran "Astros y flores" (1892), "El alma del trovador" (1895), "La selva oscura" (1900) y "La corte de la luna" (1910). Su estilo destaca por su musicalidad, el uso de un lenguaje cuidado y evocador, y su habilidad para crear atmósferas exóticas y melancólicas. Se adscribió a las formas métricas tradicionales, pero con una sensibilidad modernista. Su voz poética es predominantemente lírica y sentimental, a menudo marcada por un tono elegíaco y un anhelo por mundos pasados o lejanos.

Contexto cultural e histórico

Villaespesa vivió y escribió en un periodo de transición en España, marcado por la decadencia del Imperio y la búsqueda de una nueva identidad nacional. Perteneció a la generación del 98, aunque su estilo se mantuvo más ligado a las corrientes románticas y modernistas, lo que le diferenció de otros autores de su generación más preocupados por los problemas sociales y políticos.

Vida personal

Su vida, aunque menos documentada en cuanto a detalles íntimos que su obra, estuvo marcada por su dedicación casi exclusiva a la literatura y por una intensa vida social en los círculos literarios de la época. Su fama le proporcionó un reconocimiento público que, sin embargo, no siempre se tradujo en un aprecio crítico profundo por parte de las generaciones posteriores.

Reconocimiento y recepción

En su tiempo, Francisco Villaespesa fue un poeta enormemente popular, aclamado por el público y la crítica de la época. Sus recitales y lecturas de poemas eran eventos multitudinarios. Sin embargo, tras su muerte, su obra experimentó un declive en el reconocimiento crítico, siendo a menudo considerada más sentimental y efectista que profundamente innovadora, a pesar de su indudable calidad formal.

Influencias y legado

Fue influenciado por autores como Gustavo Adolfo Bécquer y los poetas románticos franceses. Si bien su influencia directa en poetas posteriores fue limitada en comparación con otros autores de su época, su obra representa un importante eslabón en la evolución de la poesía española hacia el Modernismo, y su popularidad contribuyó a mantener vivo el interés por la lírica en amplios sectores de la sociedad.

Interpretación y análisis crítico

Los análisis críticos de su obra suelen destacar su virtuosismo formal y su capacidad para evocar atmósferas, pero también señalan una cierta repetición temática y una menor profundidad existencial en comparación con otros poetas coetáneos más vanguardistas o comprometidos socialmente.

Infancia y formación

Villaespesa era conocido por su talento para la declamación, lo que contribuyó significativamente a su éxito popular. Sus viajes por Europa y Oriente influyeron en sus poemas de corte exótico.

Muerte y memoria

Falleció en Madrid, dejando tras de sí una extensa obra poética que, si bien ha sido revisada críticamente, sigue siendo un testimonio valioso de la poesía española de finales del siglo XIX y principios del XX.

Poemas

89

Por Tierras De Sol Y Sangre X Córdoba

En el sopor circular dormita
el alma con sus épicas quimeras,
bajo los arcos de la gran Mezquita
como un viejo bosque de palmeras.

De pronto, el fasto antiguo resucita
con pompas de orientales primaveras.
Resplandecen los muros y palpita
el aire en un desfile de banderas.

Fulge bajo las niveas vestiduras
el oro de las finas armaduras...
Abro los ojos, pálido, y contemplo

la faz de un viejo Cristo ensangrentado,
—simbolo de mi vida—abandonado
en la medrosa oscuridad del templo.
392

Por Tierras De Sol Y Sangre Viii El Albaicín

Con pereza oriental, en la colina dormita,
ebrio de sol, el Albaicín.
Torcida higuera su ramaje inclina
entre rojos tapiales de un jardín.

Una acritud de fruta ya madura
y podrida trasciende del vergel,
mientras el fuego de la calentura
va esculpiendo las venas en la piel.

El arco de una arábiga cisterna
nos brinda el eco de su agua interna,
que nunca doró el sol, y la frescura

de su sombra antiquísima... ¡Y advierte
la carne en su pesada calentura
la fiebre de la vida y de la muerte!
323

Por Tierras De Sol Y Sangre Vii Granada

Bajo el sopor canicular se enerva
la calle tortuosa de misterio,
donde, amarilla y fláccida, la yerba
crece como en un viejo cementerio.

El sol ciega... Las puertas entornadas
esperan algo que vendrá seguro,
ahogando en el silencio sus pisadas
y arrastrando su sombra sobre el muro.

La oscuridad de pobres interiores
acuchillan de luz los resplandores
de familiares cobres, y en el fondo

la vaga y verde claridad del huerto...
¡Reina un silencio tan pesado y hondo
como si todo se encontrase muerto!
381

Por Tierras De Sol Y Sangre Vi Almería

En el espejo de tu mar tranquila
la mole secular de la Alcazaba,
como en el fondo azul de una pupila,
su morisca silueta recortaba.

En el áureo fluir del mediodía,
reclinada en mi seno su cabeza,
hinchaba el pecho y la pupila
abría para aspirar tu cálida belleza.

Y había besos y cánticos y risas
en su boca, en mi boca y en tus brisas...
Pasó el ensueño de la juventud...

Y, enlutado y sin fe, surco tus olas
en negra barca, con mi pena a solas,
¡igual que un muerto sobre un ataúd!
354

Por Tierras De Sol Y Sangre V

El alba ciñe las primeras rosas
espejo de la mar bruñido,
y agranda las pupilas ojerosas
la expectación de lo desconocido.

El sol disipa el matinal celaje,
y los brazos se tienden doloridos,
ansiosos de acabar nuestro viaje
entre otros brazos al amor tendidos.

¡Zarpamos otra vez! En la borrosa
tarde se esfuma hasta el lejano monte...
La playa se va a hundir... Ahora, ¡quién sabe

en qué isla desierta y fabulosa
sus ojos sondearán el horizonte
esperando el arribo de mi nave!
353

Por Tierras De Sol Y Sangre Iii

Frescura matutina del paisaje...
Verdores temblorosos del rocío...
A veces bajo el túnel del ramaje
brilla al sol la serpiente azul del río...

Hay olor de vendimia en los parrales.
Un silencio de paz duerme en la aldea...
Sólo algún perro ladra en los umbrales
del viejo hogar madrugador que humea.

En la azul palidez de la mañana,
cerrada para siempre la ventana
de las nocturnas citas... ¡Con sus hojas

dosel la enredadera le tejía,
y su pálido rostro sonreía
entre un temblor de campanillas rojas!
342

Por Tierras De Sol Y Sangre Iv Láujar

Mientras la fuente su canción moruna
desgarra, y el azul su luz destella
sobre el jardín un rayo de la luna
la sombra dibujó de Aben-Humeya.

Entre el astral fulgor de la armadura
flotaban sobre su perfil estoico
harapos de la regia vestidura
como jirones de su sueño heroico.

—¡Héroe!—le dije—. ¡Nuestro afán fue vano!
¡Vino la muerte cuando ya tendida
a coger el laurel iba la mano!...

Igual estrella nos brindó la suerte,
pues si un amor te arrebató la vida,
¡también a mí otro amor me da la muerte!
326

Por Tierras De Sol Y Sangre I

Buscando en la inquietud de los viajes
consuelo a este dolor que me domina
crucé ciudades y admiré paisajes
en un vuelo fugaz de golondrina.

Y sus ojos oscuros y febriles,
siempre a mi lado, contemplaron fieles
mis nostalgias en los ferrocarriles
y mis noches de insomnio en los hoteles.

Siempre en mis ojos con amor clavados
me hablaban de otros mundos ignorados
dando a las cosas su melancolía....

La tierra fue como una tumba abierta
y, ¡cómo no!, si el alma la vela
a través de los ojos de una muerta.
383

Por Tierras De Sol Y Sangre Ii

En férreas contracciones de serpiente
ondula el tren por la campiña verde;
cruza en nervioso trepidar un puente
y en la sombra de un gran túnel se pierde.

Surge a la gloria de la luz dorada
de la tarde, silbando, entre el ramaje,
y de nuevo se alegra la mirada
con la fresca belleza del paisaje.

En un bosque fragante de naranja
chispean los cristales de una granja,
cuyo blancor refléjase en la ría...

Se pierde nuestro sueño en la floresta...
—Ella, y una casita como ésta...
¡Bien poco era, Señor, lo que pedía!
365

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