Lista de Poemas

El mundo es de quien nace para conquistarlo, y no de quien sueña que puede conquistarlo.

poeta portugués.

3

Con tal que la vida no me canse, quiero que la vida fluya en mí, con tal que yo no cambie.

poeta portugués.

7
Pensar es no comprender.
1
La función última de la crítica es que satisfaga la función natural de desdeñar, lo que conviene a la buena higiene del espíritu.
5
Todos los poemas de amor son ridículos. No serian poemas de amor si no fuesen ridículos.
3
El arte es la expresión de un pensamiento a través de una emoción o, en otros términos, de una verdad general a través de una mentira particular.
3
Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo.
4

Anarquísmo

La noche y el caos forman parte de mi.
Me remonto al silencio de las estrellas.
Soy el efecto de una causa del tiempo,
del Universo [quizás lo excedo].
Para encontrarme, debo buscarme entre las flores,
los pájaros, los campos y las ciudades,
en los actos, las palabras y los pensamientos de los hombres,
en la noche del sol y las ruinas olvidadas de mundos hoy desaparecidos.
Cuanto más crezco, menos soy.
Cuando más me encuentro, más me pierdo.
Cuanto más me pruebo, más veo que soy flor
y pájaro y estrella y universo.
Cuanto más me defino, menos límites tengo.
Lo desbordo todo. En el fondo soy lo mismo que Dios.
Mi presencia actual contiene las edades anteriores a la vida,
los tiempos más viejos que la tierra,
los huecos del espacio antes de que el mundo fuera.
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Dónde está Dios, aunque no exista

¿Dónde está Dios, aunque no exista? Quiero rezar y llorar, arrepentirme de crímenes que no he cometido, disfrutar de ser perdonado por una caricia no propiamente maternal. Un regazo para llorar, pero un regazo enorme, sin forma, espacioso como una noche de verano, y sin embargo cercano, caliente, femenino, al lado de cualquier fuego… Poder llorar allí cosas impensables, faltas que no sé cuáles son, ternuras de cosas inexistentes, y grandes dudas crispadas de no sé qué futuro…Una infancia nueva, un ama vieja otra vez, y una cama pequeña donde acabe por dormirme, entre cuentos que arrullan, mal oídos, con una atención que se pone tibia, de rayos que penetraban en jóvenes cabellos rubios como el trigo… Y todo esto muy grande, muy eterno, definitivo para siempre, de la estatura única de Dios, allá en el fondo triste y somnoliento de la realidad última de las cosas…Un regazo o una cuna o un brazo caliente alrededor de mi cuello…Una voz que canta bajo y parece querer hacerme llorar…El ruido de la lumbre en el hogar… Un calor en el invierno… Un extravío suave de mi conciencia… Y después, sin ruido, un sueño tranquilo en un espacio enorme, como la luna rodando entre estrellas…Cuando coloco en un rincón, con un cuidado lleno de cariño –con ganas de darles besos- mis juguetes, las palabras, las imágenes, las frases –¡me quedo tan pequeño y tan inofensivo, tan solo en un cuarto tan grande y tan triste, tan profundamente triste…! Después de todo, ¿quién soy yo cuando no juego? Un pobre huérfano abandonado en las calles de las sensaciones, tiritando de frío en las esquinas de la Realidad, teniendo que dormir en los escalones de la Tristeza y que comer el pan regalado de la Fantasía. De un padre sé el nombre; me han dicho que se llama Dios, pero el nombre no me da idea de nada. A veces, de noche, cuando me siento solo, le llamo y lloro, y me hago una idea de él a la que poder amar… Pero después pienso que no le conozco, que quizás no sea así, que quizás no sea nunca ese padre de mi alma…¿Cuándo se terminará todo esto, estas calles por las que arrastro mi miseria, y estos escalones donde encojo mi frío y siento las manos de la noche entre mis harapos? Si un día viniese Dios a buscarme y me llevase a su casa y me diese calor y afecto… Pero el viento se arrastra por la calle y las hojas caes en la acera… Alzo los ojos y veo las estrellas que no tienen ningún sentido… Y de todo esto apenas quedo yo, un pobre niño abandonado…Tengo mucho frío. Estoy tan cansado en mi abandono. Vé a buscar, oh Viento, a mi Madre. Llévame por la Noche a la casa que no he conocido…Vuelve a darme, oh Silencio, mi alma y mi cuna y la canción con que dormía.
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El libro del desasosiego

Pedí tan poco a la vida y ese mismo poco la vida me lo negó. un haz de parte del sol, un campo próximo, un poco de sosiego con un poco de pan, no pesarme mucho el saber que existo, y no exigir nada de los otros ni ellos nada de mí. esto mismo me fue negado, como quien niega la limosna no por falta de buena alma, sino por tener que desabrocharse la chaqueta. Escribo, triste, en mi cuarto tranquilo, solo como siempre yo he estado, solo como siempre estaré. y pienso si mi voz, aparentemente tan poca cosa, no encarna la sustancia de millares de voces, el hambre de decirse de millares de vidas, la paciencia de millones de almas sometidas como la mía al destino cotidiano, al sueño inútil, a la esperanza sin vestigios. en estos momentos mi corazón late más alto por mi conciencia de él. vivo más porque vivo mayor. Siento en mi persona una fuerza religiosa, una especie de oración, un símil de clamor. pero mi reacción contra mi desciende desde mi inteligencia... me veo en el cuarto piso de la rua dos douradores, me ayudo con sueño; miro, sobre el papel medio escrito, la vida sana sin belleza y el cigarro barato que apurándolo extiendo sobre el secante viejo. ¡yo, aquí, en este cuarto piso, interpelando a la vida!, ¡diciendo lo que las almas sienten!, ¡haciendo prosa como los genios y los célebres! ¡yo, aquí, así...!
(...)
El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción –la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad. Toda acción es, por naturaleza, la proyección de la personalidad sobre el mundo exterior, y como el mundo exterior está en buena y en su principal parte compuesto por seres humanos, se deduce que esa proyección de la personalidad consiste esencialmente en atravesarnos en el camino ajeno, en estorbar, herir o destrozar a los demás, según nuestra manera de actuar. Para actuar es necesario, por tanto, que no nos figuremos con facilidad las personalidades ajenas, sus penas y alegrías. Quien simpatiza, se detiene. El hombre de acción considera el mundo exterior como compuesto exclusivamente de materia inerte –inerte en sí misma, como una piedra sobre la que se pasa o a la que se aparta del camino; o inerte como un ser humano que, por no poder oponerle resistencia, tanto da que sea hombre o piedra, pues, como a la piedra, o se le apartó o se le pasó por encima. El máximo ejemplo de hombre práctico, por reunir la extrema concentración de la acción junto con su importancia extrema, es la del estratega. Toda la vida es guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. Ahora bien, el estratega es un hombre que juega con vidas como el jugador de ajedrez juega con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensara que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y el dolor a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga hacia la sensibilidad que la acción tuvo que olvidar.
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Identificación y contexto básico

Fernando António Nogueira Pessoa nació en Lisboa, Portugal. Es considerado el poeta más importante de la literatura portuguesa y una figura capital de la literatura universal. Es célebre por la creación de sus heterónimos, personalidades literarias completas con sus propias biografías y obras.

Infancia y formación

Paso gran parte de su infancia en Durban, Sudáfrica, donde su padrastro era cónsul. Esta experiencia le proporcionó un dominio excepcional del inglés, lengua en la que escribió sus primeros poemas. A su regreso a Lisboa, continuó su formación de manera autodidacta, sumergiéndose en la filosofía, la literatura y las artes.

Trayectoria literaria

Inició su carrera literaria escribiendo en inglés y francés, pero pronto se volcó al portugués. Fue una figura clave del vanguardismo literario portugués, participando en movimientos como el Orpheu. Su obra más conocida es "Mensagem", pero la mayor parte de su producción, especialmente la de sus heterónimos, fue publicada póstumamente.

Obra, estilo y características literarias

Su obra es inmensa y se diversifica a través de sus heterónimos: Alberto Caeiro (el poeta de la naturaleza y la simplicidad), Ricardo Reis (el clasicista y epicúreo), Álvaro de Campos (el futurista y moderno) y Bernardo Soares (el autor del "Libro del desasosiego"). Cada uno aborda temas y estilos distintos, explorando el yo, la realidad, la subjetividad, la angustia existencial, la melancolía y la fugacidad del tiempo.

Contexto cultural e histórico

Vivió en una época de profundos cambios en Portugal y Europa, marcada por el fin de la monarquía, la inestabilidad política y el surgimiento de las vanguardias artísticas. Fue testigo y participante del ambiente cultural de Lisboa, interactuando con otros escritores y artistas de la época.

Vida personal

Llevó una vida discreta y se dedicó principalmente a la escritura y a trabajos como traductor y corresponsal comercial. Sus relaciones personales fueron complejas y a menudo marcadas por la soledad y la introspección, lo cual se refleja en su obra.

Reconocimiento y recepción

Aunque en vida tuvo un reconocimiento limitado, en la posguerra su obra comenzó a ser redescubierta y valorada, hasta convertirse en uno de los autores más estudiados y traducidos de la literatura portuguesa. La publicación póstuma de gran parte de su obra fue fundamental para su consagración.

Influencias y legado

Influenciado por poetas como Walt Whitman y por corrientes filosóficas, Pessoa ejerció una influencia decisiva en la poesía portuguesa y mundial. Su concepto de heteronimia y su profunda exploración de la identidad han inspirado a generaciones de escritores y pensadores.

Interpretación y análisis crítico

Su obra es objeto de innumerables estudios que analizan la complejidad de sus heterónimos, la multiplicidad de voces y la profundidad de su pensamiento filosófico. La duda, la fragmentación del yo y la búsqueda de la verdad son temas centrales en su obra.

Infancia y formación

Se dice que Pessoa llevaba una vida casi anónima, y que su genialidad se manifestó plenamente a través de sus creaciones literarias. Su "Libro del desasosiego" es un diario fragmentario que revela su profunda introspección.

Muerte y memoria

Falleció en Lisboa. Su monumental obra, en su mayoría inédita en vida, fue descubierta y publicada gradualmente, asegurando su inmortalidad literaria y consolidando su figura como un gigante de la literatura del siglo XX.